Aoraciones

Las quince oraciones de Santa Brígida por un año

 Oraciones - Las quince oraciones de Santa Brígida por un año

Las quince oraciones de Santa Brígida por un año


Para empezar, invoquemos al Dulce Huésped de nuestras almas.


Señal de la Cruz.


Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego eterno de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.


Oremos:


Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre y gocemos de la dulzura del bien de sus divinos consuelos. Por Cristo nuestro Señor. Así sea.


Un Credo al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo un acto de Fe.


PRIMERA ORACIÓN: Las quince oraciones de Santa Brígida por un año


¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza nuestra! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este sublime deseo, ¡Oh bendito amor! El que te llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh Verbo Encarnado!, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura. Recuerda Señor tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu ya próxima Pasión.


Fue en el huerto de los Olivos, ¡Oh Señor!, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: "¡Mi alma está triste hasta la muerte!"... Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes!, que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, y los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, ¡hasta la consumación de los tiempos!


Pero, ¡Oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre: "¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!" E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Ángel para confortarte... Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello!


Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna!


Y te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos... e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y llenarte de salivazos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacía. De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron mutilando tu cabeza de mala manera; ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para contemplar la mofa a tu condición de Rey, te dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en tus sagradas manos.


¡Oh sublime enamorado de nuestras almas!, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente!... No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes... La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios!


Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por nosotros antes de la crucifixión, concédenos antes de morir un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, que podamos satisfacer por ellos, que hagamos una santa confesión, te recibamos en la Santísima Eucaristía, y así, alimentada nuestra alma, podamos volar hacia Ti.

Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SEGUNDA ORACIÓN


¡Oh salud y alimento de mi alma, libertad verdadera de ángeles y santos!, ¡Paraíso de delicias! Recuerda el horror y la tristeza que sufriste camino al lugar donde te aguardaba una cruz, cuatro clavos y los verdugos cuando toda aquella turba se apretujaba a tu paso, y te golpeaba e insultaba impunemente, haciéndote víctima de las más espantosas crueldades. Pero más te dolía la ingratitud de ellos, que los golpes que te infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el género humano, que llevabas aquella Cruz sobre tus hombros destrozados.


Por todos aquellos tormentos y ultrajes, y por las blasfemias proferidas en contra de Ti, te rogamos, ¡Oh dueño de nuestra alma! que nos libres de nuestros enemigos, visibles e invisibles, y que bajo tu protección logremos tal perfección y santidad, que merezcamos entrar contigo en tu Reino. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


TERCERA ORACIÓN


¡Oh dueño de nuestra existencia! Tú que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de ángeles y hombres, a quien nada puede abarcar ni limitar y que todo lo envuelves y sostienes con tu amoroso poder, sin embargo, te dejaste matar por tu obra maestra, el hombre, para justificarlo ante Ti mismo.


Recuerda cada dolor sufrido, cada tormento soportado por nuestro amor, cuando los judíos con enormes clavos taladraron tus sagradas manos y pies. ¡Que espantosa escena se produjo cuando con indescriptible crueldad, tu cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas heridas! ¡Cómo agregaron dolor al dolor, cuando tuvieron que estirar tus sagrados miembros violentamente en todas direcciones! ¡Oh Varón de dolores!


Recuerda cuando tus músculos y tendones eran estirados sin misericordia, y tus venas se rompían, y tu piel virginal se desgarraba horriblemente, y tus huesos eran dislocados.


¡Oh Cordero Divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te rogamos nos concedas la gracia de amarte y honrarte cada día más y más. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


CUARTA ORACIÓN


¡Oh divino mártir de amor! ¡Oh médico celestial que te dejaste suspender en la Cruz para que por tus heridas las nuestras fueron curadas! Recuerda cada una de aquellas heridas y la tremenda debilidad de tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al tuyo. Desde la cabeza a los pies eras todo llaga, todo dolor, todo sufrías; eras una masa rota y sanguinolenta, y aún así llegaste, para sorpresa de tus verdugos, a suplicar a tu Padre, eterno perdón para ellos diciéndole: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!


¡Oh Cristo bendito! En memoria de esta gran misericordia que tuviste, que muy bien pudiste lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo acto de tu poderosa voluntad, por aquella tan grande misericordia que superó a tu justicia divina, concédenos una contrición perfecta y la remisión total de nuestros pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás volvamos a ofenderte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


QUINTA ORACIÓN


¡Oh Jesús, Oh esplendor de la eternidad! Recuerda cuando contemplaste en la Luz de tu Divinidad, las almas de los predestinados que serían rescatados por los méritos de tu Sagrada Pasión, también viste aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto te quejaste por ellos! Te compadeciste, oh buen Jesús, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu sangre, ni se alimentarían con tu Carne Eucarística.


Por tu infinita compasión y piedad, y acordándote de tu promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡Oh salud y alimento de nuestra alma! muéstranos esta misma misericordia en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SEXTA ORACIÓN


¡Oh Rey muy amado y deseado por mi corazón ¡ acordaos del dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común y corriente, fuiste clavado y elevado en la Cruz. Cómo te dolió el ver que tus familiares y amigos desertaran. Pero allí estaba tu muy amada Madre y tu discípulo Juan, que permanecieron contigo hasta tu último suspiro. No importando que su naturaleza humana, desmayando estaba, y para colmo de tu inmenso amor por nosotros, nos hiciste aquel precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡Cuánto te debemos Salvador nuestro, por este sublime regalo! Sólo tuviste que decir a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!” y a Juan: “!He aquí a tu Madre!”


¡Te suplicamos, oh Rey de la Gloria! por la espada de dolor que entonces atravesó el alma de tu Santísima e Inmaculada Madre, que te compadezcas de nosotros en todas nuestras aflicciones y tribulaciones tanto corporal como espiritual, y que nos asistas en cada prueba, especialmente en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SÉPTIMA ORACIÓN


¡Oh Rey de Reyes! ¡Fuente de compasión que jamás se agota! Recuerda cuando sentiste aquella tremenda sed por las almas y que te llevó a exclamar desde la Cruz: "¡Tengo Sed!" Sí, no solamente tenías sed física, sino sed insaciable por la salvación de la raza humana.


Por este gesto de amor por nosotros, te rogamos, oh prisionero de nuestro amor, que inflames nuestros corazones con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos nuestros actos, que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. Así sea


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


OCTAVA ORACIÓN


¡Oh constante dulzura nuestra! ¡Oh deleite diario de nuestro espíritu! Por el sabor tan amargo de aquella hiel y vinagre que te dieron a probar en lugar de agua, para aplacar tu sed física, te suplicamos que aplaques nuestra sed por tu vivificadora sangre, y nuestra hambre por tu Redentora Carne, ahora y siempre, y que no nos falte en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


NOVENA ORACIÓN


¡Oh Jesús, Virtud Real y gozo del alma! Acuérdate del dolor que sentiste, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por tus verdugos, clamaste en alta voz que habías sido abandonado por Tu Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿Porqué me has abandonado?” Por aquella angustia que padeciste en aquellos momentos finales de tu Pasión, te rogamos oh nuestro Salvador que no nos abandones en los terrores y dolores de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús, que eres principio y fin de todo lo creado , Virtud, Luz y Verdad! Acuérdate que por causa nuestra fuiste sumergido en un abismo de penas; sufriendo dolor en todo tu Santísimo Cuerpo: En consideración a la enormidad de tanta llaga que te hicimos los hombres; enséñanos a guardar por puro amor a Ti, todos tus Mandamientos; cuyo camino de Tu Ley Divina es amplio y agradable, para aquellos que te aman. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


UNDÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús mío!, abismo insondable de misericordia, te rogamos en memoria de tus heridas, las cuales penetraron hasta la médula de tus huesos y hasta lo más profundo de tu ser, ¡que nos apartes para siempre del pecado! ¡que no te ofendamos más! Reconocemos con bochorno que somos unos miserables pecadores y que te hemos ofendido ¡tantas veces! Que tememos que tu divina justicia nos condene.


No obstante, acudimos presurosos a tu misericordia infinita, para que nos escondas urgentemente en tus preciosas LLagas, y así, ocultados de tu indignado Rostro, pueda tu amante Corazón una vez más, lavar nuestras culpas con tu Sangre liberadora. De esa forma Redentor nuestro, tu enojo e indignación cesarán de inmediato. ¡Gracias Señor! Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DUODÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús, eterna verdad, símbolo de la perfecta caridad y de la unidad! Te suplicamos que te acuerdes de aquella multitud de laceraciones, de aquellas horribles heridas que te hicimos la humanidad pecadora que querías salvar. Estabas hecho un guiñapo humano, enrojecido por tu propia sangre. ¡Que inmenso e intenso dolor padeciste en tu Carne Virginal por amor a nosotros! ¡Oh dulzura infinita!, ¿qué pudiste hacer, que ya no hayas hecho por nosotros? Nada falta. Todo lo has cumplido.


Ayúdanos, Oh Señor, a tener siempre presente ante los ojos de nuestro espíritu, un fiel recuerdo de tu Pasión, para que el fruto de tus sufrimientos se vea continuamente renovados en nuestra alma, y para que tu amor se agrande en cada momento más y más en nuestro corazón, hasta que llegue aquel feliz día en que te veamos en el cielo, y ser uno contigo, que eres el tesoro y suma total de todo gozo y bondad. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA TERCERA ORACIÓN


¡Oh dulce consuelo de nuestra alma, maravilloso liberador, Rey inmortal e invencible! Recuerda cuando inclinando tu adorable cabeza, toda desfigurada por los golpes, la sangre y el polvo del camino, exclamaste: "Todo está consumado"... Toda tu fuerza mental y física se agotaron completamente.


Por este Gran Sacrificio y por las angustias y tormentos que padeciste antes de morir, te rogamos, oh buen Jesús, que tengas misericordia de nosotros en la hora de nuestra muerte, cuando nuestra mente esté tremendamente perturbada; y nuestra alma sumergida en inquietudes y angustias. Que no temamos nada, que te tengamos a Ti a nuestro lado y dentro de nuestro ser. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA CUARTA ORACIÓN


¡Oh doliente Jesús, oh incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, esplendor y figura de su esencia! Recuerda cuando con gran voz entregaste tu alma a Tu Padre Celestial diciéndole: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Tu cuerpo estaba despedazado, y tu corazón destrozado, pero tus entrañas de misericordia quedaron abiertas para redimirlos! Así expiraste, oh amor infinito...


Por tu Dolorosa Muerte; te suplicamos, Oh Rey de Santos y Arcángeles, que nos confortes y nos ayudes a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus pérfidas, y a la carne con sus vicios, para que así, muertos a los enemigos de nuestras almas, vivamos solamente para Ti. Por eso te rogamos, Oh Dulce Redentor y Salvador, que a la hora de nuestra muerte recibas nuestras pobres almas desterradas que regresan a Ti. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA QUINTA ORACIÓN


¡Oh vencedor de la muerte! ¡Vid verdadera y fructífera! Recuerda a aquel torrente de sangre que brotó de cada parte de tu Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar.


Desde el lugar de la flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella vía dolorosa, hasta la colina sagrada, tu Sangre derramada escribía las bellas páginas de la historia del Corazón que más nos ama...¡El tuyo! Recuerda como la tierra agradecida, pero a la vez espantada, recibía tu preciosa Sangre. toda la naturaleza; de horror temblaba y los Cielos se estremecían, los Ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, oh Jesús ¡Abrías el cielo para la humanidad pecadora!


Por tres largas horas tu Cuerpo colgó de la Cruz. Presentabas un aspecto doliente, triste, todo lleno de dolor, Tu Sangre aún manando, recorriendo aquella que ya se había secado, que ya había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino....


Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar tus cabellos y barbas que ahora daban la impresión que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Tus oídos y nariz tupidos estaban de sangre. ¡Hasta tus ojos y boca sangraban! En verdad que todos tus sentidos fueron atrozmente atormentados.


Así inclinaste la cabeza y entregaste tu Espíritu.... Entonces vino Longinos y perforó Tu costado, con tanta violencia, que la punta de la lanza casi sale por el otro costado. Tu corazón te lo desgarraron, oh Jesús, ese Corazón que ¡tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, hasta no quedar en Tu Cuerpo Gota alguna. Tu cuerpo era cual bulto colgado, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne tuya fue destrozada; la Sustancia de tu Cuerpo fue marchitada, y disecada la Médula de tus huesos. Es entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos y la naturaleza y los elementos dieron amplio testimonio de que Aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios!

Por esta amarga Pasión, y por la Efusión de Tu divina Sangre, te suplicamos oh dulcísimo Jesús, que recibas nuestra alma, cuando estemos sufriendo en la agonía de nuestra muerte.


Oh maravillosa realidad, escándalo para los infieles, ¡gozo indescriptible para los que te amamos! Ese tu infinito sacrificio pagó el rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo, ¡dejaste bien abiertas las puertas para aquellos que quisieran seguirte! Oh Señor, por tu amarga Pasión y preciosa sangre, te rogamos traspases nuestros corazones, para que nuestras lágrimas de amor, adoración y penitencia, sean nuestro alimento noche y día. Haz que nos convirtamos totalmente a Ti, que nuestros corazones sean tu perpetuo lugar de reposo; que nuestras conversaciones te sean siempre agradable; y que al final de nuestra vida merezcamos que graves, oh Dios de amor, el Sello de Tu Divinidad en nuestra alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo, te vean bien reproducido en nosotros, y poder así ser contados entre tus Santos para que te alabemos para siempre por toda la eternidad. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


ORACIÓN FINAL


¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.


Sea por siempre, Bendito y Alabado Jesús, que con su Sangre nos redimió (tres veces)

Oración por los difuntos

 Oración por un ser querido fallecido


“Padre santo, Dios eterno y Todopoderoso, te pedimos por (el nombre del difunto), que llamaste de este mundo.


Dale la felicidad, la luz y la paz. Que él, habiendo pasado por la muerte, participe con los santos de la luz eterna, como le prometiste a Abraham y a su descendencia.


Que su alma no sufra más, y te dignes a resucitarlo con los santos el día de la resurrección y la recompensa.


Perdónale sus pecados, para que alcance junto a ti la vida inmortal en el reino eterno.


Por Jesucristo, Tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Amén.”


Oración por un difunto

¡Oh Dios! Nuestro creador y redentor, con tu poder Cristo conquistó la muerte y volvió a ti glorioso. Que todos tus hijos que nos han precedido en la fe (especialmente N...) participen de su victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria donde Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.


María, Madre de Dios, y Madre de misericordia, ruega por nosotros y por todos los que han muerto en el regazo del Señor. Amén.”


Oración de San Agustín

Oración de San Agustín


“No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudiérais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudiérais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudiérais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!


Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.


Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás. Amén.”

Oración Oh Jesús mío

 Oración de Fátima - Oración de la Década - Oración Oh Jesús mío



También llamada oración «Oh Jesús mío» y «Oración de la Década», la oración de Fátima se reza después del Gloria de cada decena del Rosario. María se la dio a los tres niños de Fátima en su segunda aparición.


«Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia».


 Canonización - Oración Oh Jesús mío

El Papa Francisco canonizó a Jacinta y Francisco en 2017 en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima como los no mártires más jóvenes en ser hechos santos.


Confirmados en esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables gracias concedidas a lo largo de estos últimos cien años. Todos ellos pasaron bajo el manto de luz que Nuestra Señora ha extendido sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, comenzando por esta tierra de Portugal, tan rica en esperanza. Podemos tomar como ejemplo a San Francisco y Santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el inmenso océano de la luz de Dios y enseñó a adorarle. Ésa era la fuente de su fuerza para superar la oposición y el sufrimiento. La presencia de Dios se hizo constante en sus vidas, como demuestran sus insistentes oraciones por los pecadores y su deseo de permanecer siempre cerca de «Jesús oculto» en el tabernáculo.


Papa Francisco

Oración a San Benito para alejar los malos espíritus

 

Oración a San Benito para alejar los malos espíritus

“Santísimo confesor del Señor;

 Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente.


Destierra de nuestra vida, de nuestra casa, las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías, de malas lenguas y hechicerías.


 Pídele al Señor, remedie nuestras necesidades espirituales, y corporales. Pídele también por el progreso de la santa Iglesia Católica; y porque mi alma no muera en pecado mortal, para que así confiado en Tu poderosa intercesión, pueda algún día en el cielo, cantar las eternas alabanzas. Amén.”


Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Oración de exorcismo del Papa León XIII

Oración de exorcismo del Papa León XIII


Oración de exorcismo del Papa León XIII, abreviada 


Glorioso Príncipe de los Ejércitos Celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos en nuestra batalla contra los principados y potestades, contra los gobernantes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12). Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado a su semejanza y a quienes ha redimido a un gran precio de la tiranía del diablo. 

 La Santa Iglesia te venera como su guardián y protector; a ti, el Señor ha confiado las almas de los redimidos para que sean conducidas al cielo. Ruega, pues, al Dios de la Paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies, para que ya no mantenga cautivos a los hombres ni perjudique a la Iglesia. 

Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que sin demora atraiga su misericordia sobre nosotros; agarra al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, átalo y arrójalo al abismo para que ya no seduzca a las naciones. (Apocalipsis 20:2-3) En el nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, fortalecidos por la intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del Bendito Arcángel Miguel, de los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, y poderosos en la santa autoridad de nuestro ministerio, nos comprometemos con confianza a repeler los ataques y engaños del diablo. 

Dios se levanta; sus enemigos son dispersados ​​y quienes lo odian huyen ante él. Como se dispersa el humo, así son ellos dispersados; como la cera se derrite ante el fuego, así los malvados perecen en la presencia de Dios. 
 V/ He aquí la Cruz del Señor, huid de las bandas enemigas. 
 R. El León de la tribu de Judá, descendiente de David, ha vencido. 
 V/ Que tu misericordia, Señor, descienda sobre nosotros.
 R. Tan grande como nuestra esperanza en Ti. 

 Os expulsamos de nosotros, quienesquiera que seáis, espíritus inmundos, todos los poderes satánicos, todos los invasores infernales, todas las legiones malvadas, asambleas y sectas. 

En el Nombre y por el poder de Nuestro Señor Jesucristo, 
+ que seáis arrebatados y expulsados ​​de la Iglesia de Dios y de las almas hechas a imagen y semejanza de Dios y redimidas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero.
 + Serpiente astuta, ya no osarás engañar a la raza humana, perseguir a la Iglesia, atormentar a los elegidos de Dios y zarandearlos como trigo. 
+ El Dios Altísimo te lo manda, 
+ Aquel con quien, en vuestra gran insolencia, todavía pretendéis ser iguales. Dios que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. (1 Tim. 2:4) Dios Padre te lo manda. 
+ Dios Hijo te lo manda. 
+ Dios Espíritu Santo te lo manda.
 + Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, te lo manda; 
+ Aquel que, para salvar a nuestra raza, superada por vuestra envidia, se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte (Fil. 2:8); aquel que edificó su Iglesia sobre la roca firme y declaró que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, porque Él morará con ella todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt. 28:20) La sagrada Señal de la Cruz os lo ordena, 
+ como también el poder de los misterios de la fe cristiana. 
+ La gloriosa Madre de Dios, la Virgen María, os lo ordena; 
+ ella que por su humildad y desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó vuestra orgullosa cabeza.
La fe de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y de los demás apóstoles, os lo ordena.
 + La sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los santos os lo ordenan. 
+ Así, maldito dragón, y ustedes, legiones diabólicas, los conjuramos por el Dios vivo, 
+ por el Dios verdadero, 
+ por el Dios santo, 
+ por el Dios que tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único, para que toda alma que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna; (San Juan 3:16) dejen de engañar a las criaturas humanas y de derramar sobre ellas el veneno de la condenación eterna; dejen de dañar a la Iglesia y obstaculizar su libertad. Vete, Satanás, inventor y maestro de todo engaño, enemigo de la salvación del hombre. 

Dale lugar a Cristo en Quien no has encontrado ninguna de tus obras; dale lugar a la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica adquirida por Cristo al precio de Su Sangre. 

Inclínate bajo la Mano todopoderosa de Dios; temblad y huid cuando invocamos el Santo y terrible Nombre de Jesús, este Nombre que hace temblar los infiernos, este Nombre al cual se someten humildemente las Virtudes, las Potestades y las Dominaciones del cielo, este Nombre que los Querubines y Serafines alaban repitiendo sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos. 


 V/ Oh Señor, escucha mi oración. 
 R. Y llegue hasta Ti mi clamor. 
 V/ Que el Señor esté contigo.
 R. Y con tu espíritu.
 Oremos 
 Dios del cielo, 
Dios de la tierra, 
Dios de los ángeles,
Dios de los arcángeles, 
Dios de los patriarcas, 
Dios de los profetas, 
Dios de los apóstoles,
 Dios de los mártires, 
Dios de los confesores, 
Dios de las vírgenes, 

Dios que tienes poder para dar vida después de la muerte y descanso después del trabajo: porque no hay otro Dios que Tú y no puede haber otro, pues Tú eres el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles, cuyo reino no tendrá fin, nos postramos humildemente ante Tu gloriosa Majestad y te suplicamos que nos libres por Tu poder de toda la tiranía de los espíritus infernales, de sus trampas, sus mentiras y su furiosa maldad. 

Dígnate, oh Señor, concedernos Tu poderosa protección y mantenernos sanos y salvos. Te lo suplicamos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 
 V/ De las trampas del diablo, 
 R. Líbranos, Señor. 
 V/ Para que tu Iglesia te sirva en paz y libertad: 
 R. Te suplicamos que nos escuches. 
 V/ Para que aplastes a todos los enemigos de tu Iglesia: 
 R. Te suplicamos que nos escuches”. 
 ¿Qué son los exorcismos? 

Un exorcismo es un ritual realizado exclusivamente por obispos y sacerdotes capacitados (« exorcistas »), que piden «públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona u objeto sea protegido del poder del Maligno» (Catecismo de la Iglesia Católica). 

Los exorcistas intervienen cuando las personas son atacadas o creen estar poseídas por el demonio . Estos sacerdotes oran por las víctimas o junto con ellas, según rituales específicos, apropiados y aprobados por la Iglesia. 

 Oremos por la intercesión de los santos con Aoraciones  La oración del Papa León XIII comienza pidiendo la ayuda de San Miguel Arcángel para combatir el mal . Y tiene sentido, ya que San Miguel es descrito como el comandante del ejército del Señor, quien en el Apocalipsis lideró a otros ángeles en la batalla y derrotó al Dragón. 

La Iglesia Católica le dirige muchas oraciones pidiendo su protección. Tú también puedes orar por la protección de San Miguel diciendo esta hermosa novena. 

Anuncio del Ángel de la guarda

Anuncio del Ángel de la Guarda, oración y penitencia, imagen devocional de Aoraciones
Anuncio del Ángel de la Guarda, oración y penitencia. Imagen devocional para inspirar tu oración diaria y fortalecer tu vida espiritual.

Tener un corazón de niño

«¡Oh Amor!, ¿Qué se puede decir de Ti? Quien te siente, no te comprende; Quien quiere comprenderte, no puede conocerte. ¡Oh fuego de Amor!, ¿Qué haces en este hombre? Tú le purificas como el fuego purifica el oro, y después le conduces contigo a la patria, A este fin para el cual le has creado.»
Santa Catalina de Génova, Tratado sobre el Purgatorio, Diálogo III 

Estaba en la cárcel y me visitasteis

La voz de Jesús se hizo oír en mi Alma, muy claramente, muy íntimamente: 
Quiero que se rece por estas benditas Almas del Purgatorio, ya que mi Divino Corazón arde por ellas.
¡Deseo ardientemente su liberación, para poder unirlas a mí por fin totalmente!
Reza por ellas y escribe todo lo que te sea revelado.
No te olvides de mis palabras: 
«Estaba en la cárcel y me habéis visitado»
Aplícalas a estas benditas Almas; es a Mí a quien ínsita en ellas, con tus Oraciones y tus obras en su favor y por sus intenciones. Mira su perfección, que debe servirte de enseñanza; sufriendo las penas más
terribles; no miran, sin embar o, sus tormentos, ya que están totalmente abandonadas a mi Amor y a la Voluntad de mi Padre. Su única preocupación es nuestra Gloria. Aprende de estas Almas santas la pureza del Amor, que mira solamente hacia mi Corazón. Quédate en paz, hijo mío, y haz lo que te pido.

Durante la Oración de la mañana, mientras rezaba por las Almas del Purgatorio, mi Ángel de la guarda se manifestó a mi Alma y lo hizo, de manera totalmente interior, al oír el saludo habitual: «¡Alabado sea Jesucristo!», me incliné para responder y el Ángel me inspiró levantar la cabeza para recibir la señal de la Cruz, que trazó sobre mi frente. Podía contemplarle, mensajero del Amor Divino aureolado de luz y mi Alma estaba en una gran paz, en un gozo profundo. 

Su cara resplandecía y me miraba con dulzura y gravedad. A la vista de su cinturón de color morado sobre su túnica blanca, comprendí lo que el Señor quería de mí: Oración y penitencia.

Me hizo entender cómo nos ama el Señor y de qué modo desea descubrir a cada Alma las maravillas de su Amor. Jesús quiere desde ahora, de manera más particular, invitarme a la luz de Su Corazón, al descubrimiento y a la contemplación del misterio del Purgatorio. Sentí una ligera angustia, pero el Ángel me tranquilizó diciéndome:

No tengas pena, ni miedo; el Purgatorio es un misterio de Amor y misericordia; y al descubrirlo, tu Alma se sentirá llamada a un Amor más grande hacia el Señor. El conocimiento del Purgatorio te aportará grandes gracias de santificación; te permitirá ensanchar tu caridad y entrar más profundamente en la Pura Voluntad de Dios.

Estoy a tu lado para sostenerte, no tengas miedo.
En efecto ¿no está el Ángel a nuestro lado para sostenernos, guardarnos e iluminar nuestra Alma? No tenía nada que temer, sólo disponerme y entregarme a la Pura Voluntad de Dios ¡Qué poco importa el resto! Así se lo dije al Ángel, pidiéndole que me ayudara y enseñara a cumplir siempre mejor lo que el Señor desea de mí. Que Jesús disponga de mí según lo que quiere, ya que es tan bueno que no nos desvela más que progresivamente sus planes sobre nosotros. Sabe bien que nuestra debilidad no podría soportar una confrontación inmediata y total a las exigencias del Amor Divino... Sólo con la ayuda de la Gracia y con un conocimiento progresivo, ella los admite, ya que nuestra naturaleza tiene que ser purificada sin cesar. Y el Ángel prosiguió:

El Purgatorio es un gran misterio.
Aprenderás y descubrirás pronto muchas cosas.
Algunas serán muy bellas y consoladoras, otras te parecerán terribles.
Sin embargo, no olvides nunca que, por rudo y doloroso que te parezca el Purgatorio,
es un misterio tanto de justicia, como de misericordia.
Es sobre todo un don gratuito del Amor.
Pase lo que pase, queda en paz.
Tendrás que sufrir mucho para aprender a amar mucho. Sabes que Jesús quiere elevarte
cada vez más, de conocimiento en conocimiento, de Amor en Amor, hasta su Corazón
Eucarístico, fuente de todo Amor.
Entonces el Ángel desapareció de mi vista interior. Permanecí en una gran paz a
pesar de estas palabras tan serias. Pero la perspectiva de tener que escribir todo eso
me atormentaba; ¡otro efecto de esta terrible voluntad, propia que nos frena sin cesar
en nuestra marcha hacia el Único Bien! ...

El Ángel de la Guarda

Recibo durante la Oración luces puramente interiores e intelectuales, pero mi santo Ángel de la guarda interviene algunas veces, de manera discreta para hacerme algunas precisiones y sobre todo, para ayudarme en la formalización de las realidades misteriosas que mi inteligencia capta. 
Percibo la presencia luminosa del Ángel de una manera distinta, con los ojos del Alma, es una imagen desde luego, puesto que no tiene cuerpo y no aparece perceptible a la mirada exterior; pero es una imagen tan clara, tan precisa, tan evidente que no puedo dudar de la presencia de quien la utiliza
para comunicarse conmigo. Es la presencia, no la imagen, lo importante, la comunicación establecida entre el Alma y lo Divino. Dios es dueño de sus dones y los utiliza para su Gloria y nuestra santificación, para estimular en nosotros la fe, la esperanza y la caridad.

El Ángel aparece casi siempre de forma inesperada. Sería muy peligroso implicar la imaginación en un deseo ardiente de ver y de entender. A Dios gracias, la obediencia a mi Padre espiritual y también el miedo que suscitaban en mí al principio las intervenciones del Ángel, me han permitido evitar este escollo. La visión del Ángel, asentándose en la imaginación, encubre de alguna manera la visión intelectual y enriquece la memoria. Nunca he tenido una visión imaginaria que no haya ido precedida de una visión intelectual de la misma realidad, ya que el papel de la visión imaginaria es secundario, no hace más que comunicar a los poderes inferiores (imaginación, memoria, entendimiento) aquello que son incapaces de percibir de las realidades sobrenaturales.

Las enseñanzas del Ángel son antes que todo una Llamada a la Oración y a una constante purificación interior. Llenan el Alma de paz, de dulzura, enardeciéndola y poniéndola ante su Dios en un estado de humildad que aumenta sin cesar. ¡Dios quiera que esta humildad y este Amor, tan efectivo durante la visión, puedan prolongarse después en la vida diaria! Ahí está la meta....

Enseñanza del Ángel de la guarda

Cuando estaba yo meditando sobre las últimas gracias recibidas, mi Ángel se manifestó a mi visión interior en una luz muy viva. Eso me asustó al principio, como siempre. Él trazó pausadamente una cruz sobre mi frente, y me dijo con seriedad:
Hijo mío, escúchame y acuérdate bien de todo lo que te digo. El Altísimo permitirá que algunas Almas que están todavía en él Purgatorio se te manifiesten misteriosamente. Tú no tienes nada que temer; sólo has de humillarte profundamente ante la Majestad Divina y ponerte, al servicio del Señor. Estas benditas Almas no pueden venir a ti sin un permiso Divino y ellas nunca te harán daño, más bien, al contrario.
Estas palabras me asustaron todavía más. Pregunté al Ángel cómo podría yo discernir entre la verdad y las eventuales ilusiones —ya que la imaginación trabaja a veces demasiado—, o los prodigios o manifestaciones de origen diabólico, el demonio esforzándose siempre por hundir las Almas en la incertidumbre, la duda o el error. Le pregunté también si estas manifestaciones eran indispensables. Me respondió con bondad:
Si él Altísimo actúa así contigo, es por tu bien y por el de la Iglesia; se sirve de ti como
de un canal.
En ti está saber transmitir el agua a tus hermanos sin retenerla celosamente para ti. Tu Alma debe estar en una triple disposición: Total sumisión a la Pura Voluntad de Dios; una profunda humildad, en presencia de estas benditas Almas; y obediencia radical y confianza en tu Padre.
Dios es Amor; si permite que tengas estas gracias, es para tu santificación, para abrir tu Alma hacia su Amor infinito, para ensancharla en el Amor a todos tus hermanos, para purificarte en la Cruz de Jesucristo. Estas gracias serán para ti ocasión de sufrimientos, así como de profundas alegrías espirituales.
Ofrece todo por estas benditas Almas, para glorificar la Misericordia de Dios. Asentí en silencio, estaba orando. Enseguida prosiguió el Ángel:
Cuando venga alguna de estas benditas Almas, la saludarás en el nombre de Jesús; te contestará siempre o mediante un signo o hablando. Algunas Almas no podrán hablarte, ya que están en el Gran Purgatorio; ellas no te pueden ver. Dios las muestra a los ojos de tu Alma, para que reces por ellas. A veces, sin embargo, podrán contestar a tu saludo «Laudemus Dominum” (Alabemos al Señor) y santiguarse al llegar cerca de ti. Pide siempre un signo, no es temeridad sino prudencia. Nunca preguntes a un Alma, sólo Dios es él Maestro de lo que te dirán, si te lo deben decir. Mira, en estas gracias del Purgatorio, solamente se te pide una cosa: Amar y, en consecuencia, orar, que es lo mismo. Si el Señor abre el Purgatorio a tu insta interior, es para estimular en ti él Amor. Si quiere que escribas, es para suscitar el Amor en las Almas. Todo, todo está encaminado a una sola cosa: El Amor. 

Mi Alma estaba en una paz muy grande. Le di las gracias al Ángel, que me animó con un gesto y concluyó:
¡Si supierais quién es el Amor!
El Amor es don de Dios, porque es Dios que se da a vosotros.
Vuelve a leer estos pasajes de la Escritura «Dios es Amor y quien mora en el Amor, mora en Dios; y Dios mora en él».
Lee a menudo este versículo; te dará fuerza, alegría y paz.
Si supierais que sois hijos de Dios, si estuvierais convencidos de que sois verdaderamente los hijos del Amor Infinito.
¡Dejad que Dios venga a vosotros, dejad al Amor establecerse en vosotros, comunicarse con vosotros, derramarse como un río de fuego que abrase todo el univer so!
¡Sed portadores de este fuego de Amor, de esta luz!
Dios es Amor... Dios es Amor... Dios es Amor...

Al decir estas palabras, el Ángel estaba resplandeciente, como elevado en éxtasis, deslumbrante, contemplando la faz de este Amor infinito. Yo veía reflejadas en él las manifestaciones del Amor Divino y sin darme cuenta, me puse de rodillas ante esta Oración del Ángel. No puede uno imaginarse lo que es; mi Alma estaba arrebatada a la vista de este coloquio de Amor, entre el Amor y su mensajero, se sentía asociada a ese intercambio de Amor, que era suave e inefable; al mismo tiempo que cantaba el Amor Divino, el Ángel me comunicaba ese Amor; no puedo explicarlo. De todos modos, perdí el uso de todos mis sentidos, interiores y exteriores; y mi Alma fue sumergida en el Amor.

Unas imágenes para que entiendas

Durante la tarde, estuve preguntándome algo que me extrañaba ¿Qué era lo que ocurría para que pudiera percibir tantas cosas que tenían que ver con este gran misterio del Purgatorio? ¿Y por qué bajo estas formas tan notables? Al momento se manifestó mi Ángel la vista de mi Alma, radiante y sonriente. La preciosa Cruz de color púrpura que adorna su traje resplandeciente sobre su pecho. Él puso su mano sobre mi brazo y me dijo con dulzura:

Hijo mío, eso son imágenes destinadas a hacerte entender realidades espirituales, donde no podrías penetrar sin esta ayuda.
El Todopoderoso quiere servirse de todas las riquezas de tu imaginación, para enseñarte y hacerte entrar siempre más profundamente en estos misterios. Estas explicaciones me causaron una gran sorpresa y mi Alma, no sé por qué se angustió. «Si todo esto es imaginación, es ilusión», pensaba yo. Empezó a atenazarme el miedo. Entonces el Ángel me hablo con bondad:
No, hijo mío, no son ilusiones
¿Desde cuándo son las visiones imaginarías una ilusión? Son sencillamente un modo de conocimiento que el Señor concede a las Almas; e impone ante todo no deformarlas, ni adornarlas o arreglarlas según industrias humanas.
Por eso te pido siempre que anotes todo lo que has visto y oído, y que lo hagas enseguida después de haber recibido estas gracias; no hay que dejar pasar el tiempo, por miedo a que pensamientos humanos vengan a mezclarse con el don de Dios.
Quédate en la paz de Jesucristo.
Dicho esto, sonrió y desapareció de golpe. Mí Alma se quedó tranquila y apaciguada.

La imaginación al servicio de la inteligencia

Cuando estaba trabajando en el jardín, mi Ángel de la guarda se mostró a mi vista interior, en una luz deslumbrante, tan viva que trastornaba todo, tirando de mí con fuerza y quitando de mi vista todo lo que no estaba en ella. Entonces me dijo.
«¡Alabado sea Jesucristo!»

Pero fue tal la sorpresa que me quedé con la boca abierta, mientras intentaba convencerme de que no era más que una ilusión. Entonces, sin decir nada, el Ángel se me acercó y con su pulgar trazó sobre mi frente la señal de la cruz. Siempre lo hace, pero esta vez fue verdaderamente especial; apoyó tan fuerte que me sobresalté.

Prosiguió con su voz tranquila:

¿Desde cuándo las visiones  imaginarias son ilusión? Mi confusión era tan grande que me quedé allí sin decir nada, la cruz sobre mi frente me dolía, por lo menos, esa sensación no era una ilusión. El Ángel prosiguió con gravedad:

Bueno, tengo que explicarte qué es una visión imaginaria y tú lo escribirás y lo volverás a leer en ocasiones; también se lo transmitirás a tu Padre Espiritual. ¡Dios mío! Así es como yo quería sustraerme a vuestra voluntad; pero en vuestra infinita ternura hacia mí, me habéis enviado a vuestro Ángel y por su boca me recordáis que no es mi voluntad la que cuenta, sino la vuestra. Qué miserable soy...
Entonces le dije al Ángel que oraba en silencio mientras levantaba mi Alma hacia el Señor:
¡Alabado sea Jesucristo; ¡Ángel santísimo, sed para mi portador de la Luz y del Amor infinito de Dios, al que tenéis la gracia de contemplar sin cesar!

Al oír estas palabras, que habían salido más de mi corazón que de mi boca, y bajo el efecto de un profundo impulso interior, mi Ángel, todavía más resplandeciente de luz, se prosternó profundamente, con el rostro entre sus manos, diciendo:

¡Adoración, Alabanza, Honor y Gloria a nuestro Dios tres veces Santo, nuestro Creador y vuestro Padre!

Después se levantó lentamente, cruzó las manos sobre el pecho y prosiguió con su enseñanza:
Ver y comprender en Dios, son una misma cosa.

Las visiones imaginarias no son más que un medio concedido al Alma por el Señor, que le hace comprender lo que tiene que conocer. Dios infunde una luz en la inteligencia y el Alma percibe esta luz como visión intelectual.

No puede expresarlo a menudo ni traducirlo en una comunicación que otras Almas podrían recibir como una relación; o ver como una enseñanza.

Ocurre entonces, que el Señor quiere dar la posibilidad de que esta luz —infusa en la inteligencia y percibida por el Alma como visión intelectual— sea comprendida y comunicada. Entonces, Él mismo traza en la imaginación, imágenes que convierten esta luz en fuerzas sensibles que el Alma puede contemplar y describir. No es la visión imaginaría; ya ves, que no tiene nada de un fantasma.
Yo escuchaba esta explicación con mucho interés y atención. Pedí a mi Ángel que me explicara de qué modo él mismo resultaba perceptible para mi vista interior. Me dijo esto:

Los Ángeles, como sabes, no tenemos cuerpo, por lo que no podéis vemos como realmente somos; también nos manifestamos como imágenes perceptibles a vuestros sentidos interiores, imágenes que recubren y manifiestan de alguna manera nuestra presencia cerca de vosotros.

Los Santos se manifiestan de esta misma forma y las pobres Almas del Purgatorio. Vuestros ojos no pueden verlas y sin embargo, existen en la realidad. Cuando el Señor quiere que se os aparezcan, infunde en vuestra inteligencia la profunda realidad de su presencia entre vosotros y hace que se manifieste esta presencia de manera sensible, imprimiendo en nuestra imaginación su imagen.

En vuestra vida espiritual importa mucho que nuestra imaginación sea constantemente purificada y domada; debe ser la sirvienta de la inteligencia. Pero la imaginación es una vagabunda y encuentra muy a menudo una cómplice en la memoria; la memoria es una golosa, que se traga todo lo que la imaginación le presenta después de que ésta lo haya recogido de aquí o de allí.
Estas dos potencias son muy versátiles, les encanta trabajar con independencia de la voluntad y de la inteligencia. 

¡Sin embargo, deben someterse!

Cuando tengas visiones de este tipo, solamente les harás caso si te aportan luces que te permiten entender mejor lo que el Señor te da en una visión intelectual. Dios da estas gracias para el crecimiento del Alma en el conocimiento y el Amor; no hay que sobrestimarlas, pero sería temerario despreciarlas: Son un Don de Dios.

Mira siempre al Donante. El Don que te regala en su misericordia debe siempre hacerte volver a Él. Tras terminar su enseñanza, el Ángel cruzó sus manos lentamente y las colocó sobre la cruz que adorna su túnica de luz. Se inclinó en una silenciosa adoración a Dios, y desapareció de mi vista interior.

Consagrando las Últimas Dos horas de Nuestra Vida a La Santísima Virgen

Consagración de las últimas dos horas de nuestra vida a la Santísima Virgen María, devoción mariana, Aoraciones
Consagración de las últimas dos horas de nuestra vida a la Santísima Virgen María, buscando su amparo en la hora de nuestra partida. Imagen devocional publicada en Aoraciones.

 

CONSAGRANDO LAS ULTIMAS DOS HORAS DENUESTRA VIDA A LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA

Compuesta por el recién fallecido, Rev. Fr. Ildefonso M. Izaguirre, O.P.

Postrado a Vuestros pies, y humillado por mis pecados, con plena confianza acudo a
Vos, ¡O María! Os ruego aceptar la petición que mi corazón os viene a presentar para
los últimos momentos de mi vida. Madre querida, deseo pedir Vuestra protección y
maternal amor a fin de que, al instante decisivo, hagáis todo cuanto Vuestro amor os
sugiera en mi favor.

A Vos, O Madre de mi alma, consagro LAS DOS HORAS PASADAS de mi vida.
Apresuraos a mi lado, y recibid mi último suspiro. Y cuando la muerte haya destrozado
el hilo de mis días, presentad mi alma a Jesús, diciéndole:"YO LO AMO". Esa única
palabra Vuestra bastará para asegurarme la bendición de Dios y la dicha de
contemplaros por toda la eternidad.

¡O Madre y Esperanza mía! En Vos confío. Y mi confianza no será en vano.
¡O María! ¡Rogad por Vuestro hijo y conducidle a Jesús!

Amén.

"Abandonar a la Madre es un solo paso

de abandonar al Hijo."


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Coronilla del Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos - Almas Benditas del Purgatorio

Coronilla del Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María por las Benditas Almas del Purgatorio
Coronilla por las Benditas Almas del Purgatorio - Apostolado de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Imagen devocional publicada en Aoraciones.

Coronilla del Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María por las Benditas Almas del Purgatorio

¡Ave María Purísima, sin pecado original concebida!

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
† En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Abre Señor mis labios y mi boca proclamará tus alabanzas.
Ven ¡Oh, Dios! en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme.

 Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, Creador, Padre y Redentor
mío, por ser Tú quien eres y porque te amo sobre todas las cosas, me arrepiento
de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he
dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el Sumo Bien y
digno de ser amado sobre todas las cosas.

Ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados. Propongo
firmemente, con la ayuda de tu Gracia, hacer penitencia, no volver a pecar y
huir de las ocasiones de pecado. Señor, por los méritos de tu Pasión y Muerte,
con los cuales Tú expiaste por mis pecados, ofreciendo un dolor tan grande e
intenso que te hizo sudar sangre, apiádate de mí.

Madre mía del Cielo, alcánzame de Jesús este suspirado perdón. Amén.

Oración de Invocación al Espíritu Santo (dictada el 28 de octubre de 2014)

  • Ven mi Dios, Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón 
  • Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
  • Ven mi Dios, Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón
  • Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.
  • Ven mi Dios, Espíritu Santo, a través de la poderosa intercesión del Corazón
  • Doloroso e Inmaculado de María, tu amadísima Esposa.

Oración

  • Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el Fuego de tu Amor.
  • V/. Envía tu Espíritu y todo será creado.
  •  R/. Y renovarás la faz de la tierra.

Oración

¡Oh, Dios! que iluminaste los corazones de tus hijos con la Luz del Espíritu Santo,
haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su
consuelo, por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Oración al Divino Espíritu Santo (dictada el 15 de agosto de 2014)

Divino Esposo de María Santísima, mi Dios y Señor Espíritu Santo, enciende en
cada alma el Fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagres como
apóstoles del Corazón Doloroso e Inmaculado de María y apóstoles de los
Últimos Tiempos, protege con tu sombra a la Iglesia Católica, salva a las almas
del mundo y realiza el Reino Inflamado de Amor de los Corazones Unidos de
Jesús y María. Amén.

Oración al Corazón Doloroso e Inmaculado de María

Doloroso e Inmaculado Corazón de María, habitación pura y santa, cobijad mi
alma con vuestra maternal protección. Por este medio, permaneceré fiel a la
Voz de Jesús y mi alma podrá corresponder a su Amor, y obedecer su Divina
Voluntad.

¡Oh, Madre mía! mi deseo es mantener ante mi vista, sin cesar, vuestra
participación de Corredentora. Con este recuerdo viviré íntimamente unido a
vuestro Corazón Doloroso e Inmaculado, que siempre permanece totalmente
unido al Sagrado Corazón Eucarístico de vuestro Divino Hijo. Por los méritos de
vuestras virtudes y angustias, clavadme a este Divino Corazón, protegedme
ahora y siempre. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en
Jesucristo, su Único Hijo, Nuestro Señor, que fue Concebido por Obra y Gracia
del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer
día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha
de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el
perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Rezar Padre Nuestro

Tres Ave María de los Últimos Tiempos

Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor está Contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el Fruto de tu Vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Corredentora de las almas, ruega
por nosotros pecadores, y derrama el efecto de Gracia de tu Llama de Amor, de
tu Doloroso e Inmaculado Corazón sobre toda la humanidad, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Rezar Gloria al Padre

 Primer Misterio

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo por medio de tu sudor de Sangre producto del dolor, que derramaste en el Huerto de los Olivos; te pedimos, con el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, que tengas piedad de las Almas del purgatorio. ¡Líbralas de su temor, su dolor y consuélalas con el
triunfo del consuelo celestial!. Amén.

En las cuentas grandes oramos, después de cada misterio:

Dios Padre Tierno y Misericordioso, unidos en el Espíritu Santo, la Iglesia
Militante con la Iglesia Triunfante en el Cielo, te suplicamos tengas piedad de
las Benditas Almas del Purgatorio. Amén.
Diez veces:
Dios Padre Tierno y Misericordioso, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu
Divino Hijo Jesús, en unión con las Santas Misas celebradas hoy día a través del
mundo por todas las Benditas Almas del purgatorio. Por todos los pecadores
del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en la propia
casa y dentro de mi familia. Amén.

Jaculatoria

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, abre el corazón y la mente de los
pecadores a la verdad, al amor y a la luz de Dios, nuestro Padre Tierno y
Misericordioso. Doloroso e Inmaculado Corazón de María Corredentora, ruega
para que la humanidad se convierta al Amor de Dios y sus Sagrados Corazones
Unidos Reinen en el mundo entero. Amén.

Segundo Misterio

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, por la dolorosa flagelación, que
padeciste con paciencia por nosotros pecadores; te pedimos, con el Corazón
Doloroso e Inmaculado de María, que tengas piedad de las Almas del
Purgatorio. ¡ Aleja de ellas el dolor de tu enojo y concédeles la
tranquilidad eterna!. Amén.

Tercer Misterio

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, por la dolorosa coronación de
espinas, que Tú sufriste con paciencia por nosotros pecadores; te pedimos,
con el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, que tengas piedad de las
Almas del Purgatorio, y, ¡Concédeles la corona de la felicidad eterna!. Amén.

Cuarto Misterio

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, por la dolorosa carga de la Cruz,
que Tú sufriste con tanta paciencia por nosotros pecadores; te pedimos,
con el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, que tengas piedad de las
Almas del Purgatorio. ¡Quítales la pesada carga del sufrimiento y llévalas a la
paz eterna!. Amén.

Quinto Misterio

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, por la dolorosa crucifixión, que Tú
sufriste con paciencia por nosotros pecadores; te pedimos, con el
Corazón Doloroso e Inmaculado de María, que tengas piedad de las
Almas del Purgatorio. ¡Muéstrales tu Santo Rostro y llévalas hoy contigo al
Paraíso!. Amén.

Al finalizar la Coronilla oramos tres veces

Dios Padre Tierno y Misericordioso, dales el descanso eterno

Y brille para ellos la luz perpetua
Descansen en paz
Amén.

Oración

¡Sagrado Corazón Eucarístico de Jesucristo, por tus Benditas Llagas y por la
Preciosísima Sangre que derramaste, te pedimos con el Corazón Doloroso e
Inmaculado de María, que tengas piedad de las Benditas Almas del Purgatorio,
y en especial, de nuestros Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, padres, parientes,
benefactores y las Benditas Almas olvidadas, por las que nadie ora! Cura
sus dolorosas heridas causadas por el pecado y permíteles disfrutar y
participar totalmente de la salvación. Amén.

Oración por los Agonizantes

Misericordioso Jesús, amante de las almas, te suplico, por la Agonía de
tu Sacratísimo Corazón Eucarístico y por los Dolores de tu Madre Inmaculada,
que purifiques –con tu Sangre Preciosa– a los pecadores de todo el mundo que están ahora en agonía y van a morir hoy, y por aquellas almas que,
ahora, están en su Juicio Particular ante el Padre Tierno y Misericordioso. Amén.

Oración por las Santas Almas del Purgatorio

Dios Padre Tierno y Misericordioso, en unión con la Iglesia triunfante en el Cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu Amado Hijo.

Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de paz y felicidad. Dios Padre Tierno y Misericordioso, te doy gracias por el Don de la perseverancia que has concedido a las almas de los Fieles Difuntos.

Amable Salvador, Jesucristo, eres el Rey de reyes en el país de la dicha. Te pido, que, por tu misericordia, oigas mi oración y liberes las Almas del Purgatorio, en particular N... Llévalas de la prisión de las tinieblas a la Luz y Libertad de los hijos de Dios en el Reino de tu Gloria.

Amable Salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu Preciosísima Sangre, salvándolas de la muerte eterna. Dios Espíritu Santo, enciende en mí el Fuego de tu Divino Amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio. 

Quiero aplicar los méritos de esta Devoción en favor de toda la Iglesia Sufriente y en especial por mis difuntos padres, hermanos, hermanas, bienhechores, parientes y amigos. Atiende mi plegaria para que podamos reunirnos en el Reino de tu Gloria.

Dios Espíritu Santo, te doy gracias por todos los beneficios con que has santificado, fortalecido y aliviado a estas benditas almas; y en especial, por consolarlas en los actuales sufrimientos con la certeza de la felicidad eterna.

Que pronto se unan contigo y oigan aquellas benditas palabras que las llaman al hogar del Cielo:

"¡Vengan, los bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del Reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo" (Mt 25, 34).

Jesús, en tu Divino Querer, te imploro que los ruegos y ofrecimientos de las Benditas Almas del Purgatorio acerquen pronto tu Reinado Eucarístico a la humanidad, a través del Triunfo del Doloroso e Inmaculado Corazón de la Mamá Celestial. Amén.

Jaculatoria Final

Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús
Doloroso e Inmaculado Corazón de María
Casto y Amante Corazón de San José
Triunfen y Reinen.
Amén .

† En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



LLAMADO DE AMOR Y CONVERSIÓN DEL CORAZÓN DOLOROSO E INMACULADO DE MARÍA

Queridos hijos, mi Corazón Inmaculado se regocija y se consuela cuando todo
mi Ejército Mariano me acompaña, repara y proclama su devoción a mi
Inmaculado Corazón.

Los Primeros Sábados de cada mes también son un ancla de salvación para el
mundo entero. Cada Primer Sábado, el Ejército Celestial de los Ángeles, viene
a recoger las oraciones de mis hijos fieles, y estas oraciones regresan a la
tierra en bendiciones y en misericordia.

Los Primeros Sábados de cada mes y los Primeros Viernes dedicados al
Corazón de mi Hijo son días de misericordia, pues estas dos grandes
Devociones han detenido el brazo del Padre.

Hijos, cada Primer Sábado que se reúnen para orar junto a Mi, como hijos
en torno a su Madre, también las almas del purgatorio reciben
consuelo y compañía, e incluso muchas almas son liberadas por las
oraciones que se ofrecen.

Queridos hijos, que todo mi Ejército, que todo mi Remanente Fiel, reavive en
sus corazones la Devoción de los Primeros Sábados a mi Corazón Doloroso e
Inmaculado; y los Primeros Viernes al Sagrado Corazón de mi Hijo Jesús. Estas
dos Devociones son tablas de salvación.

Hijitos, es necesaria la oración para que crezcan en santidad y en virtud.
Vuestra Madre que les ama, la siempre Virgen Inmaculada, Santa María de
las Gracias, les da su bendición.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María

Paisaje panorámico en Italia con montañas y cielo despejado
Paisaje panorámico en Italia con montañas y cielo despejado.

 Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María: La guía completa para vivir la verdadera devoción a María según San Luis María Grignion de Montfort

Introducción: Por qué leer el Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María hoy

En tiempos de confusión, relativismo y búsqueda de sentido, el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María de San Luis María Grignion de Montfort se alza como una joya espiritual que ofrece un camino seguro, profundo y sencillo para acercarse a Cristo a través de María.

Este tratado no es un libro de piedad superficial: es un camino de santidad probado por santos, recomendado por Papas, practicado por miles de almas fervorosas que desean amar a Jesús con pureza y profundidad. Vivir esta devoción transforma el corazón, ordena las pasiones, fortalece en la fe y da un sentido concreto a nuestra entrega cristiana.

Aquí descubrirás cómo esta consagración mariana cambia vidas, qué significa vivir la verdadera devoción a María, cómo prepararte para tu consagración y cómo integrar este estilo de vida en tu día a día con esperanza, valentía y alegría.


¿Qué es el Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María y quién lo escribió?

El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María es una obra espiritual escrita por San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), sacerdote misionero francés, considerado uno de los grandes apóstoles de la devoción mariana.

Este tratado enseña que la mejor y más segura manera de llegar a Jesús es por medio de María, quien es Madre, Medianera y Camino seguro hacia Cristo. En él, San Luis explica que la consagración total a Jesús por María es la más perfecta renovación de las promesas bautismales, comprometiendo el alma a vivir completamente para Cristo, con la ayuda y protección maternal de María.

Este libro, encontrado más de cien años después de su muerte, ha iluminado a Papas como San Juan Pablo II, cuyo lema “Totus Tuus” se inspira en este tratado, y ha sido recomendado en la Encíclica Redemptoris Mater como vía segura de santidad.


El contexto histórico y espiritual del Tratado de la Verdadera Devoción a María

San Luis escribió el Tratado en un contexto de tibieza y relajación espiritual en la Francia de su tiempo, donde el jansenismo enfriaba la fe y muchos católicos vivían superficialmente su religión. Frente a esta crisis, San Luis proclamó que el remedio era amar y consagrarse a María, la Esclava Fiel, para formar en nosotros a Cristo.

A nivel espiritual, el Tratado se basa en la convicción de que:

  • María es el medio escogido por Dios para traer a Cristo al mundo y, por tanto, para formarlo en nuestras almas.

  • El alma se consagra como “esclava de amor” a María, imitando la humildad de Cristo, quien se sometió a ella en Nazaret.

  • Esta consagración ayuda al alma a despojarse del amor propio y del pecado, revistiendo al cristiano con las virtudes de María para asemejarse a Jesús.

San Luis afirma con contundencia que “la devoción a María es necesaria para la salvación”, no como dogma, sino como camino ordinario de salvación, pues quien ama a María y vive conforme a sus inspiraciones se aleja del pecado y se adhiere a Cristo con mayor fidelidad.


Los pilares de la verdadera devoción mariana según San Luis María Grignion de Montfort

En el Tratado, San Luis expone que la verdadera devoción mariana tiene cinco características esenciales:

1️⃣ Interior: Brota del espíritu y del corazón, no de meras prácticas exteriores.
2️⃣ Tierna: Llena de confianza filial, acudiendo a María como Madre en todas las necesidades.
3️⃣ Santa: Lleva a evitar el pecado y a imitar las virtudes de María.
4️⃣ Constante: No es una devoción de emociones pasajeras, sino que se mantiene en la adversidad y en la sequedad espiritual.
5️⃣ Desinteresada: Busca a Dios y su gloria, no los consuelos espirituales ni intereses personales.

Estas notas permiten distinguir la verdadera devoción de las falsas devociones a María, que pueden ser:

  • Críticas y escrupulosas (evitan hablar de María por miedo a ofender a Jesús).

  • Exterioristas (se limitan a rezos sin compromiso interior).

  • Presuntuosas (creen que con rezar a María pueden seguir pecando).

  • Inconstantes (cambian de devociones sin perseverar).

  • Hipócritas (practican devociones para ser vistos).

San Luis invita a los fieles a vivir esta devoción de forma radical y sincera, permitiendo que María reine en su vida para llevarlos a Jesús.


¿Por qué consagrarse a la Virgen María? Beneficios espirituales y transformaciones en el alma

San Luis enseña que la consagración a la Virgen María es la forma más perfecta de consagrarse a Jesucristo, puesto que:

  • María es el camino más seguro, corto y perfecto para llegar a Jesús.

  • Esta consagración nos ayuda a despojarnos del amor propio y de la esclavitud del pecado.

  • María nos protege, nos cuida y nos forma en las virtudes de Cristo.

  • Se convierten nuestras acciones en méritos mayores, pues María las embellece y purifica.

  • El alma vive en libertad interior y en profunda paz, abandonada en las manos de María.

San Luis afirma: “Si supieran todos cuán poderosa es María y cuán fiel a los que se le consagran, todos se le entregarían sin miedo.”

Muchos testimonios a lo largo de la historia confirman que esta consagración ha transformado vidas, fortalecido vocaciones, sanado heridas del alma y ayudado a encontrar sentido y firmeza en la fe.


Cómo prepararse para la consagración a María: pasos prácticos según el Tratado

San Luis propone una preparación de 33 días antes de realizar la consagración, divididos así:

🔹 12 días iniciales: para vaciarse del espíritu del mundo, renunciar a los ídolos y desapegarse de lo que aleja de Dios.
🔹 7 días para conocerse a sí mismo, viendo las propias miserias y el pecado con humildad.
🔹 7 días para conocer a la Virgen María, sus virtudes, su papel en la historia de la salvación, y aprender a amarla como Madre.
🔹 7 días para conocer a Jesucristo, contemplando su vida, pasión y amor por nosotros.

Durante este tiempo se recomienda:
✅ Rezar el Santo Rosario diariamente.
✅ Hacer examen de conciencia frecuente y confesarse.
✅ Leer el Evangelio y meditar pasajes sobre María y Jesús.
✅ Rezar las oraciones propuestas por San Luis.
✅ Vivir con espíritu de penitencia y recogimiento.

El día 34 se realiza la consagración total a Jesús por María, utilizando la fórmula que San Luis propone en el Tratado, de forma solemne, en un altar, con vela encendida, preferiblemente después de la Misa y la comunión.


La consagración total a Jesús por María: qué significa en la vida diaria

Consagrarse a Jesús por María no es un acto puntual que termina tras la oración de consagración, sino que es el inicio de un estilo de vida mariano. Significa:

  • Vivir cada pensamiento, palabra y acción bajo la mirada de María.

  • Ofrecerle cada obra buena para que ella la presente a Jesús.

  • Pedirle su guía antes de tomar decisiones importantes.

  • Confiar en ella en momentos de tentación y dificultad.

  • Imprimir en el alma las virtudes de María: humildad, pureza, caridad, obediencia, fe y fortaleza.

San Luis insiste en que María forma en nosotros a Cristo, si le permitimos actuar en nuestra alma. Por eso, esta consagración lleva a una transformación progresiva, ayudando a purificar las intenciones, amar a Dios con mayor intensidad y vivir en gracia.


Errores comunes al leer y aplicar el Tratado de la Devoción a María y cómo evitarlos

Algunos errores frecuentes son:

🚫 Creer que sustituye la relación con Cristo: Al contrario, nos lleva a Cristo de forma más perfecta.
🚫 Pensar que es superstición: No es una fórmula mágica, sino un compromiso serio de vida cristiana.
🚫 Quedarse solo en lo exterior: La verdadera devoción es interior, aunque las prácticas externas ayuden a sostenerla.
🚫 Hacer la consagración sin preparación: La preparación ayuda a asumir la consagración con madurez y fruto espiritual.
🚫 No renovar la consagración: Se recomienda renovarla al menos una vez al año, preferiblemente en una fiesta mariana.

La mejor forma de evitar estos errores es leer el Tratado con oración, guiado por un sacerdote o director espiritual si es posible, y tener un corazón dispuesto a dejarse transformar.


Testimonios e historias que muestran el poder de la consagración mariana

🌹 San Juan Pablo II afirmó que este Tratado cambió su vida y fue su guía espiritual durante toda su existencia.
🌹 San Maximiliano Kolbe se consagró a la Virgen y fundó la Milicia de la Inmaculada, siendo mártir de caridad en Auschwitz.
🌹 Santa Teresa de Calcuta recomendaba esta consagración a todos sus misioneros como medio de permanecer fieles a Cristo.
🌹 Muchos fieles laicos han relatado cómo, tras esta consagración, lograron abandonar vicios, superar crisis espirituales y vivir con mayor alegría y entrega.


Preguntas frecuentes sobre la devoción a la Santísima Virgen María y la consagración

¿Es obligatorio consagrarse a María para ser buen católico?
No es obligatorio, pero es un camino recomendado para quienes desean avanzar en santidad.

¿Puedo hacer la consagración más de una vez?
Sí, puedes renovarla anualmente o en fechas marianas importantes.

¿Debo cambiar de vida tras la consagración?
Sí, la consagración implica un compromiso de lucha contra el pecado y de vivir en gracia, confiando en María como Madre y Maestra.

¿Puedo consagrarme aunque sea pecador?
Sí, todos somos pecadores. María nos ayuda a levantarnos y perseverar.


Oraciones recomendadas durante el proceso de consagración mariana

  • Santo Rosario diario.

  • Letanías de la Virgen María.

  • Oración de San Luis María de consagración.

  • Ave Maris Stella.

  • Acto de abandono a María: “Madre mía, te entrego todo cuanto soy y tengo para que seas tú quien me conduzca a Jesús.”


Conclusión: La importancia de la devoción a María para acercarnos a Jesús hoy

El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María sigue siendo actual, transformador y poderoso. En un mundo herido y necesitado de amor verdadero, María nos ofrece su manto maternal para guiarnos hacia Jesús con firmeza, humildad y esperanza.

Consagrarse a María no es huir de las responsabilidades, sino asumirlas con la fuerza que brota de un corazón unido a Cristo por medio de María. Es un camino que forja santos, que renueva almas y que da sentido a la vida cristiana.

Si deseas vivir con mayor entrega, amar a Jesús con un amor puro y encontrar un camino seguro de santidad, no dudes en abrir las páginas de este Tratado y recorrer este camino de la mano de la Virgen.

María, “la obra maestra del Altísimo”, quiere hacer de tu alma un pequeño Nazaret donde Jesús viva y reine. Permítele actuar en tu vida, y descubrirás que esta devoción es el secreto para una vida cristiana plena y fecunda.