Lectio Divina: domingo, 14 de junio
de 2023
XI Domingo del Tiempo Ordinario: La misión de los doce discípulos
Mateo 9,36-38; 10,1-8
1
Oración inicial
Padre nuestro, tu Palabra mora en el mundo por medio de la venida de Jesús tu Hijo. Él
nos la ha anunciado con sus enseñanzas, pero sobre todo con sus obras y el don de su
vida. El Verbo se hizo carne. Antes de dejarnos, nos prometió la ayuda del Espíritu para que pudiésemos recordar todo lo que había dicho y comprender más profundamente
el significado escondido en nuestros corazones endurecidos por el pecado. Dónanos
ahora tu Espíritu revelador y consolador. Que nuestro corazón se inflame con su
presencia y tu Palabra se vuelva provocante viva y eficaz para servirte en los hermanos
con gozo.
2. Lectura
a) El contexto del pasaje evangélico:
Estamos al comienzo del segundo de los cinco “discursos” de Mateo, el de la misión.
Jesús, el nuevo Moisés, continúa llevando a su cumplimiento (Mt 5,17) la ley antigua
enviando a los ciudadanos del nuevo Reino no a juzgar (Jn 3,17s; Mt 11,4-5), sino a liberar
a su pueblo de toda suerte de dolencias y enfermedades como hace Él. Este envío en
misión sucede durante la vida pública de Jesús. Habrá después otro, solemne y
universal, después de la resurrección (Mt 28,18-20). Los doce apóstoles, en continuidad
y rotura con las doce tribus de Israel, están llamados a recoger las esperanzas del viejo
Israel que asemeja a un pueblo desorientado, como un rebaño sin pastor (Mt 9,36).
b) Una posible división del pasaje:
Mateo 9, 36-38: Introducción narrativa
Mateo 10,1: La transmisión del poder
Mateo 10, 2-4: Los nombres de los doce
Mateo 10, 5-8: Instrucción y envío
c) El Texto:
Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y
abatidos como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies
es mucha y los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a
su mies.»
10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para
expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce
Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el
de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano;
Santiago el de Alfeo y Tadeo; 4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó.
5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino
de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las ovejas
perdidas de la casa de Israel. 7 Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. 8
Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.
Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
3. Silencio
Acojamos la resonancia de la Palabra en nosotros.
a) Algunos interrogantes para ayudar a la interiorización y actualización:
¿La visión de la gente ha suscitado en mí, alguna vez, un sentimiento particular?
¿Recuerdo un momento de compasión que haya tenido?¿En qué circunstancias?¿He
conocido a alguien que haya tenido una gran pasión por la humanidad? ¿He pedido a Dios que me haga su enviado, ser su apóstol? ¿En qué consiste la misión confiada por
Jesús a sus discípulos? ¿Misión imposible? ¿Por qué es gratuita?
b) Una clave de lectura:
Jesús, después de haber propuesto su nuevo programa alternativo a la mentalidad
corriente (Mt 5), después de haber anunciado la superación de la ley y de la observancia
con las exigencias más grandes del amor (Mt 6-7), después de haber dado testimonio
con gestos concretos de liberación de aquello que había anunciado (Mt 8-9), llama a
sus discípulos y los envía a las gentes dándoles sus mismos poderes (Mt 10). La
comunidad está llamada a prolongar y alargar su acción liberadora, restauradora
salvífica. El nuevo pueblo de Dios, sobre el fundamento de los doce apóstoles, es un
pueblo sacerdotal, real, profético (1Pt 2,4-9) llamado a colaborar con Jesús.
4. Meditación
Profundicemos en algunos particulares.
• Y al ver a la muchedumbre sintió compasión, porque estaban vejados y abatidos,
como ovejas que no tienen pastor.
• En la introducción, partiendo del versículo 35, viene resumido el ministerio público
de Jesús. Repite en parte el 4,23-25, la introducción al discurso de la montaña.
Nuestro fragmento parte de la constatación de que le seguían grandes
muchedumbres. Gente sin pastor (1Re 22,17) cansada de oír palabras sin el
seguimiento de los hechos, abatidas por las innumerables observancias, oprimidas
por los jefes que les imponen leyes incomprensibles (Mt 23, 1-4). La compasión que
Jesús experimenta (Mt 15,30; Lc 9,11; Jn 6,5) por los hambrientos (Mc 6-34) está aquí
dirigida a los “pobres ignorantes del campo”, malditos de los fariseos (Jn 7,49). No
hay quien les ame y quien los busque como un buen pastor (Jn 10). 9,37 Entonces
dice a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. 38 ¡Rogad, pues, al
Dueño de la mies que envíe obreros a su mies!” La misión se compara a la siega (cfr.
Lc 10,2-3; Jn 4,35-38). Hay muchos hombres dispuestos a responder al evangelio,
muchos que esperan una palabra de vida. Los mensajeros de paz son siempre pocos,
la multitud es inmensa. La exhortación a la oración viene a significar que Dios está al
origen de la misión, Él es el responsable de la mies, a Él debemos convertirnos con
la oración. El Espíritu Santo está ya obrando, de hecho la mies está disponible. La
mies es un término ligado originariamente al juicio final (Is 27,12; Os 6,11; Jl 3,13). Juan
Bautista creía que había llegado el momento del juicio (Mt 3,12). Pero aquí no son los
ángeles los llamados a realizar esta obra, sino los hombres a salvar del juicio a otros
hombres y no a juzgarlos. Vivimos un tiempo de misericordia, no ha llegado todavía
el juicio.
• 10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio el poder sobre los espíritus inmundos
para expulsarlos y curar toda enfermedad y toda dolencia Esta llamada de los doce
en Mateo no es como en Marcos 3,13-15 o en Lc 6,13. No es el resultado de una
selección, sino del encargo que se les confía. Es un grupo ya formado (Mt 4,18; 8,19-
22) que ahora recibe un mandato. El número doce está referido a las doce tribus de
Israel. Para anunciar la nueva ley del nuevo Moisés, hay necesidad de un nuevo
pueblo que acoja la palabra del nuevo Moisés (Jesús). En la Sagrada Escritura el
número doce indica, sobre todo, el pueblo de Dios en su totalidad. Sobre el fondo del
pueblo de las doce tribus hay que colocar la llamada de “los doce” (Mc 9,35; 10,32 par.;
Jn 6,70; 20,24; 1Cor 15,5 y en otros sitios) por parte de Jesús durante su ministerio en Galilea. El número doce no hay que entenderlo en sentido restrictivo, sino de
excelencia. La misión de los discípulos está puesta en estrecho paralelo con la misión
de Jesús. La idea dominante es que el ministerio de los apóstoles es la prolongación
del de Jesús. Se les da a los discípulos el mismo “poder” que tenía Jesús (9,6-8; 7,29;
8,9) y el mismo obrar sanador (4,23; 9,35). No se trata de un poder de guiar, de
mandar, sino de aquello que se necesita para realizar la misión a ellos confiada, para
servir a la humanidad. El contesto es aquí antes de la resurrección. El término
“apóstol” se encuentra solo en Mateo, en otro lugar habla de discípulos (11,1; 20,17,
26,14.20.47).
• No se usa como en Lucas y Pablo para indicar un encargo, sino en el sentido
etimológico como “mandados” “ enviados”. Por tanto se puede entender como una
invitación dirigida a todo el nuevo Israel a través de los doce, columnas del nuevo
pueblo de la nueva ley, la del amor. La comunidad de judíos convertidos a los que se
dirigía Mateo veía aquí el comienzo del nuevo Israel, la Iglesia. Continuidad y rotura
con la sinagoga. 10:2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón,
llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón
el Cananeo Y Judas el Iscariote, el que le entregó.
• Las varias listas de los doce (Mc 3.16-19; Lc 6,13-16; Act 1-13) colocan siempre a Pedro
en el primer puesto y a Judas en el último. Los nombres tiene pocas anotaciones que
varían en las diversas listas. Hay que anotar las dos parejas de hermanos (SimónAndrés y Santiago-Juan) como indicando la fraternidad como fundamento de la
nueva comunidad. La diversidad: un publicano, un cananeo, un iscariota que lo
traicionará.
• Nada de gente grande, ni ilustre, ni de toda confianza. La llamada proviene de una
libre elección de Jesús y no por los méritos o por la importancia de las personas, para
que en la debilidad de éstos se revele la potencia de Dios (1Cor 27-29).
• 10:5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: “No toméis
camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las
ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el reino de los Cielos está
cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios.
Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
• La instrucción para la misión, traída aquí solo en parte, se completa al final del
versículo 16. Los versículos 5-8 son exclusivos de Mateo, excepto el mandato de
proclamar que el reino está cerca (Lc 10,9.11). La limitación de los confines de la misión
en este contexto antes de la resurrección no está en contradicción con Mt 24,25,
después de la resurrección, en el que se dice ir a todo el mundo. Subraya la prioridad
que hay que dar a la casa de Israel. Un interés por “las ovejas perdidas” (Ez 34,1-16; Is
53-16) ante todo y luego por aquellas “desconocidas” (los gentiles). Mateo pone en
evidencia el amor de Dios por el pueblo de Israel. El mandato confiado a los apóstoles
es muy comprometido: curar enfermos, resucitar muertos, arrojad demonios. ¿Hay
que entenderlo en sentido metafórico? Ciertamente hay enfermedades y muertes
espiritualmente no menos fáciles de curar y revivir que las físicas, hay también los
poseídos por ideologías y mentalidades destructivas. Hay que recordar que es Jesús
el que envía, que nada le es imposible “creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en
mí; sino, creedlo por las mismas obras. En verdad os digo: también el que cree en mí
hará las obras que yo hago y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre” (Jn
14,11-12). Juan Pablo II de venerada memoria escribió en la encíclica Redemptoris missio: “La liberación y la salvación, puertas del reino de Dios alcanzan a la persona
humana en sus dimensiones tanto físicas como espirituales” (RM 14) La misión por
tanto está hecha de predicación y curación, anuncio y promoción humana, venida
del reino junto con la lucha por la justicia y la paz.
• La misión por tanto no puede ser nada más que gratuita, no pertenece a los
enviados. No puede ser disfrutada para propio aprovechamiento material, así se
pone en acto el espíritu de las bienaventuranzas (Mt 6, 25-34).
5. Oración con el Salmo 100
¡Aclama a Yahvé, tierra entera, servid a Yahvé con alegría, llegaos a él con júbilo!
Sabed que Yahvé es Dios, él nos ha hecho y suyos somos, su pueblo y el rebaño de sus
pastos.
Entrad por sus puertas dando gracias, por sus atrios cantando alabanzas, dadle gracias,
bendecid su nombre.
Pues bueno es Yahvé y eterno su amor, su lealtad perdura de edad en edad.
6. Contemplación
Oh Padre, que has hecho de nosotros un pueblo profético y sacerdotal, llamado a ser
signo visible de la nueva realidad de tu reino; concédenos vivir en plena comunión
contigo en el sacrificio de alabanza y en el servicio a los hermanos, para llegar hacer
misioneros y testigos del Evangelio. Haz que tu compasión sea nuestra compasión, tu
urgencia misionera nuestra urgencia, ¡sí Señor, mándame!