Oraciones a la Madre del Perpetuo Socorro
Oraciones a la Madre del Perpetuo Socorro para mantener a Dios cerca
Esta oración inicial del triduo nos mueve a reconocer nuestra fragilidad, consagrándonos como siervos de María y clamando su auxilio constante ante las acechanzas del enemigo.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! He aquí a vuestros pies a un pobre pecador que a Vos recurre y en Vos confía ¡Oh Madre de misericordia! Tened piedad de mí; oigo que todos os llaman refugio y esperanza de los pecadores; sed, pues, mi refugio y mi esperanza.
Socorredme por amor a Jesucristo; dad la mano a un infeliz caído que a Vos se recomienda, y se os consagra como siervo perpetuo. Bendigo y doy gracias a Dios que por su misericordia me ha inspirado esta confianza en Vos, la cual yo tengo por prenda de mi eterna salvación.
¡Ah! Yo, miserable, he caído hasta ahora tantas veces por no haber acudido a Vos. Sé que con vuestro socorro venceré; sé que me auxiliaréis, si a Vos me encomiendo; pero temo que en las ocasiones peligrosas deje de invocaros, y así me pierda.
Esta gracia, pues, os pido; sí, encarecidamente os suplico que, en los asaltos del infierno, siempre recurra a Vos, y os diga:
«María, ayúdame; Madre del Perpetuo Socorro, no permitas que pierda a mi Dios».
Cinco Avemarías
Rezar devotamente Cinco Avemarías meditadas.
V. Nos habéis sido dada, Señora, como refugio.
R. Como auxilio oportuno en la tribulación.
1. Súplica de Humildad y Amparo (Pág. 66)
Esta oración reconoce la humana fragilidad e invoca el auxilio constante de la Virgen ante las acechanzas del día a día.
¡Ah! Yo, miserable, he caído hasta ahora tantas veces por no haber acudido a Vos. Sé que con vuestro socorro venceré; sé que me auxiliaréis, si a Vos me encomiendo; pero temo que en las ocasiones peligrosas deje de invocaros, y así me pierda.
Esta gracia, pues, os pido; sí, encarecidamente os suplico que, en los asaltos del infierno, siempre recurra a Vos, y os diga:
«María, ayúdame; Madre del Perpetuo Socorro, no permitas que pierda a mi Dios».
Cinco Avemarías
Rezar devotamente Cinco Avemarías meditadas.
V. Nos habéis sido dada, Señora, como refugio.
R. Como auxilio oportuno en la tribulación.
2. Oración Colecta de Protección (Pág. 66)
Dios omnipotente y misericordioso, que nos disteis a venerar la imagen de vuestra aventurada Madre bajo el título especial del Perpetuo Socorro; concedednos propicio que en todas las vicissitudes de nuestra peregrinación en esta vida, seamos de tal manera asistidos por la continua protección de la misma Inmaculada y siempre Virgen María, que merezcamos conseguir los premios de vuestra eterna redención.
Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos.
R. Amén.
3. Oración para el Día Segundo (Pág. 67)
Oración central del segundo día de la novena, enfocada en el poder salvífico del Santo Nombre de María.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Concededme que yo siempre pueda invocar vuestro poderosísimo nombre, ya que vuestro nombre es el socorro del que vive y la salvación del moribundo.
¡Ah! María purísima, María dulcísima, haced que vuestro nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Apresuraos, Señora, a socorrerme cada vez que os llame, pues en todas las tentaciones que me asalten, y en todas las necesidades que me agobien jamás quiero dejar de llamaros, repitiendo siempre:
¡María! ¡María!
Qué fortaleza, qué dulzura, qué confianza, qué ternura siente mi alma con sólo invocaros, con sólo pensar en Vos! Agradezco al Señor que para bien mío os dado ese nombre tan dulce, tan amable y tan poderoso. Mas no me contento con pronunciar solamente vuestro nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo llamaros:
Madre del Perpetuo Socorro.
Devoción de Cierre (Día Segundo)
Rezar Cinco Avemarías como el día anterior.
4. Oración para el Día Tercero (Pág. 68)
En el tercer día se medita sobre la Virgen como dispensadora de todas las gracias divinas y abogada del pecador arrepentido.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Vos sois la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a nosotros miserables. Si Él os ha hecho tan poderosa, tan rica y tan benigna, es para que nos socorráis en nuestras miserias. Vos sois la abogada de los reos más miserables y abandonados que a Vos acuden; socorredme, pues, a mí, ya que a Vos me encomiendo.
En vuestras manos pongo mi eterna salvación, a Vos entrego mi alma. Contadme en el número de vuestros siervos predilectos, acogedme a vuestra protección, y esto me basta, sí; porque si Vos me socorréis, nada temo; no temo mis pecados porque Vos me obtendréis el perdón; no temo a los demonios porque Vos sois más poderosa que todo el infierno; no temo ni al mismo Juez, Jesucristo, porque a una súplica vuestra, Él se aplaca.
Sólo temo que por negligencia deje de encomendarme a Vos, mía y así me pierda. Alcanzadme, Señora mía, el perdón de mis pecados, el amor a Jesucristo, la perseverancia final y la gracia de acudir siempre a Vos.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!
Devoción de Cierre (Día Tercero)
Rezar Cinco Avemarías como el día anterior.
Nota histórica del devocionario: El Papa Pío IX concededió a cada una de estas tres oraciones, el 17 de mayo de 1886, cien días de indulgencias una vez al día aplicables a las almas del purgatorio.
5. Oración en Forma de Letanía a la Virgen del Perpetuo Socorro (Págs. 69, 70 y 71)
Solemne plegaria responsorial para clamar el amparo de la Madre Celestial en cada una de las batallas y dificultades de la vida.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ese nombre que lleváis hace que mi corazón rebose en confianza para con Vos. Heme, pues, aquí a vuestros pies. Vengo a manifestaros todas las necesidades de mi vida y las de mi muerte. Vengo a invocar vuestro maternal socorro para que me protejáis en todas ellas. Dignaos, Madre mía, escucharme desde lo alto de los cielos.
V. En todas las dificultades, penas y miserias:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tuviere la desgracia de pecar, para que pronto me levante:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si algún lazo funesto me cautivara en el servicio del demonio, para que luego lo rompa:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tardare en convertirme, para que pronto me rinda:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si fuere esclavo de una pasión tiránica, para que triunfe de ella:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si fuere un hijo pródigo, endurecido y encegado en el vicio, para que vuelva a mi Padre:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si viviere en la tibieza, para que Jesucristo no me vomite de su boca:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tuviere la desgracia de vivir en el sacrilegio, para que tenga valor de confesarme bien:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Cuando me olvidare o descuidare de acudir a Vos, para que pronto lo haga:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si alguna vez me rebajare en vuestro servicio, para que luego vuelva a enfervorizarme:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En la obligación de confesarme para que fielmente cumpla con ella:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En la obligación de recibir la sagrada comunión, para cumplir digna y fervorosamente:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En todos los ejercicios de un cristiano fervoroso y especialmente en la meditación y oración:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que conserve o recobre la castidad:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que logre amar a Dios con todo mi corazón:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que por amor a Dios, me conforme en todo con su santa voluntad:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En todos mis pensamientos, acciones y negocios:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que cumpla fielmente todas las obligaciones de mi estado:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si la enfermedad afligiere mi cuerpo y postrare mi alma:
R. Venid a mi socorro, ¡oh [Madre bondadosa!]
5. Oración en Forma de Letanía a la Virgen del Perpetuo Socorro (Págs. 69, 70, 71, 72, 73 y 74)
Solemne plegaria responsorial para clamar el amparo de la Madre Celestial en cada una de las batallas y dificultades de la vida.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ese nombre que lleváis hace que mi corazón rebose en confianza para con Vos. Heme, pues, aquí a vuestros pies. Vengo a manifestaros todas las necesidades de mi vida y las de mi muerte. Vengo a invocar vuestro maternal socorro para que me protejáis en todas ellas. Dignaos, Madre mía, escucharme desde lo alto de los cielos.
V. En todas las dificultades, penas y miserias:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tuviere la desgracia de pecar, para que pronto me levante:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si algún lazo funesto me cautivara en el servicio del demonio, para que luego lo rompa:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tardare en convertirme, para que pronto me rinda:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si fuere esclavo de una pasión tiránica, para que triunfe de ella:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si fuere un hijo pródigo, endurecido y encegado en el vicio, para que vuelva a mi Padre:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si viviere en la tibieza, para que Jesucristo no me vomite de su boca:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si tuviere la desgracia de vivir en el sacrilegio, para que tenga valor de confesarme bien:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Cuando me olvidare o descuidare de acudir a Vos, para que pronto lo haga:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si alguna vez me rebajare en vuestro servicio, para que luego vuelva a enfervorizarme:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En la obligación de confesarme para que fielmente cumpla con ella:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En la obligación de recibir la sagrada comunión, para cumplir digna y fervorosamente:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En todos los ejercicios de un cristiano fervoroso y especialmente en la meditación y oración:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que conserve o recobre la castidad:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que logre amar a Dios con todo mi corazón:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que por amor a Dios, me conforme en todo con su santa voluntad:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En todos mis pensamientos, acciones y negocios:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que cumpla fielmente todas las obligaciones de mi estado:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si la enfermedad afligiere mi cuerpo y postrare mi alma:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si el pesar y la tristeza se apodera de mí:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si el mundo me hiciere sufrir:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si Dios me afligiere con penas interiores:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si la Providencia me probare con la pobreza:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si encontrare en mi propia familia motivos de aflicción:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Si fuere humillado, contrariado o maltratado:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que consiga la conversión y alivio de los que amo:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que procure la libertad de las almas del Purgatorio:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que coopere a la salvación de los pecadores:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que alcance la gracia de la perseverancia final:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que nunca me olvide de pedir esta gracia:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Cuando llegue mi última enfermedad:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En las últimas tentaciones que precedan y acompañen a mi agonía:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Al exhalar el último suspiro:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Cuando me presente a vuestro Hijo para ser juzgado:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Cuando padezca en el purgatorio:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. En todo tiempo y en todo lugar:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que os sirva, os ame y os invoque siempre:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que ame a Jesucristo:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
V. Para que os haga amar y servir de muchos cristianos:
R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!
Alabanza Final (Pág. 74)
¡Sea amada, alabada y eternamente bendita la Virgen del Perpetuo Socorro! Sed mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi refugio y mi vida. Amén.
6. Breve Oración a la Virgen del Perpetuo Socorro (Pág. 74)
Oración compacta diaria para consagrar la jornada y pedir la santa bendición.
Santísima Virgen del Perpetuo Socorro. Madre mía amantísima y esperanza mía, yo me acojo bajo vuestro manto, y bajo vuestro manto yo quiero vivir y morir. No permitáis ¡Oh amada Madre mía! Que ni hoy ni jamás ofenda a vuestro Divino Hijo, y dadme siempre vuestra santa bendición.
7. Acto de Consagración (Págs. 74 y 75)
1. A María
¡Oh María! Ya que para inspirarme confianza habéis querido llamaros Madre del Perpetuo Socorro, y yo N. N., aunque indigno de ser inscrito en el afortunado número de vuestros siervos, deseando, no obstante, participar de los benéficos efectos de vuestra misericordia, postrado ante vuestro trono, os consagro mi entendimiento, para que pienses siempre en el amor que merecéis; os consagro mi lengua, para que ensalce vuestras grandes prerrogativas y propague la devoción a Vos; os consagro mi corazón para que después de Dios os ame sobre todas las cosas.
Recibidme ¡Oh gran Reina! En el venturoso número de vuestros siervos; acogedme bajo vuestra protección, socorredme en todas mis necesidades espirituales, y especialmente en el peligroso trance de mi agonía. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Sé que me amáis más de lo que yo pueda amarme a mí mismo; por eso os constituyo en Señora y Árbitro de mis intereses y de todos mis asuntos; disponed, pues, libremente de mí y de todo lo mío conforme os agradare.
Bendecidme ¡Oh madre mía! Y con vuestra poderosa intercesión robusteced mi flaqueza, a fin de que, sirviendoos fielmente en esta vida, pueda alabaros, amaros y daros gracias en la otra eternamente. Amén.
Jaculatoria Final (Pág. 75)
¡Oh María, Madre del Perpetuo Socorro! Rogad por mí.







