Aoraciones

El Silencio Facilita la Intimidad con Dios

 La experiencia del silencio facilita la intimidad con Dios 

El Silencio Facilita la Intimidad con Dios - aoraciones


Nos dice el papa San Juan Pablo II en su carta apostólica del 4 de  Diciembre de 2003, con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia:

“Un aspecto que es preciso cultivar con más esmero en nuestras comunidades es la experiencia del silencio. Resulta necesario para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia. En una sociedad que vive de manera cada vez más frenética, a menudo aturdida por ruidos y dispersa en lo efímero, es vital redescubrir el valor del silencio. No es casualidad que, también más allá del culto cristiano, se difunden prácticas de meditación que dan importancia al recogimiento. 

¿Por qué no emprender con audacia pedagógica una educación específica en el silencio dentro de las coordenadas propias de la experiencia cristiana?

 Debemos tener ante nuestros ojos el ejemplo de Jesús, 

"el cual salió de casa y se fue a un lugar desierto, y allí oraba (Mc 1, 35). La liturgia, entre sus diversos momentos y signos, no puede descuidar el del silencio” (San Juan Pablo II Spiritus et Sposan. 13).

El adviento es tiempo de conversión, tiempo de espera real y escatológica del Señor.  

Es necesario hacer de nuestra espera en Adviento, un tiempo de perfecto y sagrado de silencio.

El silencio es la condición necesaria de la oración y la guarda de los pensamientos santos.

El Silencio nos desprende, la charla nos embrolla; el silencio nos hace vigilantes sobre nosotros mismos y nos protege; la conversación, incluso la necesaria, nos compromete. Si guardamos perfectamente el silencio durante una semana, cuántas faltas desaparecen de nuestra confesión semanal: faltas de paciencia, de caridad, de obediencia, de conformidad, de discreción etc.

El silencio fomenta la calidad del santo temor. La reverencia ante la presencia de Dios nos hace silenciosas y fortalecidas por ese silencio. 

¿Quién romperá el silencio si está penetrada de la presencia de Dios?

También la esperanza es fortalecida por el silencio, porque el alma silenciosa es mejor instruida por las lecciones particulares del Señor sobre el Espíritu Santo y eso trae siempre al alma esperanza y suavidad.

Debemos de distinguir dos espacios de silencio:

* Silencio personal en momentos determinados de nuestra vida cotidiana, especialmente en el momento de oración.

* Silencio en los momentos de encuentro comunitario (liturgia).

¿Por qué hay momentos de silencio en la liturgia?

Es necesario el silencio para escuchar la Palabra de Dios, para prepararnos a escuchar esa Palabra. Dios se hizo Palabra en Jesús, y condición para escuchar esa Palabra es el silencio: silencio del corazón, de la mente, de los sentidos, silencio ambiental.

Hay un hermoso pasaje de la Biblia en 1 Sam 3, 10 cuando el joven Samuel en el silencio de la noche le dice a Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

Guardamos silencio para escuchar a Dios.

¿Cuáles son esos momentos de silencio?

Antes de la eucaristía y de cualquier celebración litúrgica nos deberíamos preparar con el silencio, para reflexionar y pensar: ¿Qué vamos a hacer?; ¿con quién vamos a encontrarnos?; ¿qué nos pedirá Dios en esta ceremonia?; ¿cómo debemos vivir esta celebración?; ¿qué traemos a esta celebración?; ¿qué deseamos en esta eucaristía?; ¿qué pensamos dar a Dios?.

Por eso urge hacer silencio ya que hemos entrado en el recinto sagrado y hay que preparar el corazón, que será el terreno donde Dios depositará la semilla fecunda de la salvación.

Silencios en la eucaristía y su significado

1.- Antes del “Yo confieso”: es un silencio para ponernos en la presencia del tres veces santo, reconocer nuestra condición de pecadores y pedirle perdón, y de esta manera poder entrar dignos a celebrar y vivir los misterios de pasión, muerte y resurrección de Cristo.

2.- Antes de la oración colecta: el sacerdote dice: “Oremos”. Es aquí donde el sacerdote, en nombre de Cristo, recoge todas nuestras peticiones y súplicas, traídas a la Eucaristía. Antiguamente se usaban también otras fórmulas, dichas por el diácono, para llamar la atención de la asamblea antes de esta oración: “Guardad silencio”. ”Prestad oídos al Señor”. En este silencio cada uno concreta sus propias intenciones. Por eso se llama oración colecta, porque colecciona y recoge los votos, intenciones y peticiones de toda la Iglesia orante.

3.- Después de la lectura del Evangelio o de la homilía; ¿Qué significado tiene ese breve silencio? Dejar que la Palabra de Dios, leída y explicada por el ministro de la Iglesia, vaya penetrando y germinando en nuestra alma. ¡Ojalá se encuentre siempre el alma abierta!

4.- Momento de la elevación de la Hostia consagrada y del Cáliz con la sangre de Cristo en la consagración. Es un silencio de adoración, de gratitud, de admiración ante ese milagro eucarístico. Es un silencio donde nos unimos a ese Cristo que se entrega por nosotros.

5.- Después de la comunión, viene el gran silencio. Silencio para escuchar a ese Dios que vino a nuestra vida, en forma de pan, silencio para compartir nuestra intimidad con Él. Silencio para ponernos en sus manos.

Silencio para unirnos a todos los que han comulgado y encomendar a quienes no han podido comulgar. ¡Aquí está la fuerza de la comunión!

También se recomienda un brevísimo silencio después de cada petición en la oración de los fieles. Aquí es un silencio impetratorio, donde pedimos por todas las necesidades de la Iglesia, del mundo y de los hombres.

6.- Es muy aconsejable, después de la eucaristía quedarse unos minutos más en silencio, para poder agradecer a Dios el habérsenos dado como alimento, al que nos ha permitido participar en la santa misa.


Fuente

Rafael Pla Calatayud. Boletín CAMINO A BETANIA nº 45



Nayib Bukele inaugura una iglesia en honor a la Virgen de Fátima

 Nayib Bukele participó en la solemne dedicación de la nueva basílica

Nayib Bukele inaugura una iglesia en honor a la Virgen de Fátima


El pasado 13 de mayo, el presidente Nayib Bukele participó en la solemne dedicación de la nueva basílica promovida por los Heraldos del Evangelio en San Salvador, El Salvador.


Y hubo un detalle que muchos no pudieron ignorar.


Aunque Bukele no es católico, quedó profundamente impactado por la belleza, el silencio y la reverencia de la liturgia católica. En un tiempo donde el mundo se acostumbra al ruido, aquella ceremonia parecía recordar que Dios todavía habla en lo sagrado.


El Salvador —cuyo nombre original significa “Nuestro Señor Jesucristo, Salvador del Mundo”— tiene una historia marcada por la fe. Más de la mitad de su población es católica, y ver a su presidente presente en un acto de tanta solemnidad tocó el corazón de muchos creyentes.


Porque hay momentos donde la gracia actúa en silencio.

Nayib Bukele inaugura una iglesia en honor a la Virgen de Fátima


No siempre comienza con palabras.

A veces comienza con una mirada.

Con el asombro ante lo santo.

Con el alma sintiendo algo que no puede explicar.


Miles de católicos ahora elevan una misma oración: que Nayib Bukele pueda encontrarse plenamente con Cristo en la Iglesia Católica.


La belleza auténtica no entretiene…

conduce a Dios.


Oremos:


“Señor Jesús, toca el corazón de quienes te buscan sinceramente. Derrama tu gracia sobre Nayib Bukele y guía sus pasos hacia la plenitud de la verdad. Que El Salvador permanezca siempre bajo Tu protección. Amén.”

Papa León XIV - reciben confirmación y desaparecen

El Papa León XIV habló desde el corazón:  Reciben la Confirmación y después desaparecen

Papa León XIV - reciben confirmación y desaparecen


Frente a cientos de jóvenes confirmandos de la Arquidiócesis de Génova, el Santo Padre expresó un dolor que muchos sacerdotes, catequistas y padres conocen demasiado bien: ver cómo tantos adolescentes se alejan de la Iglesia justo después de recibir uno de los sacramentos más importantes de su vida.


“No se vuelve a ver a los niños”, lamentó.


Pero sus palabras no fueron un regaño.


Fueron el grito de un padre espiritual que no quiere perder a sus hijos.


León XIV recordó que la Confirmación no es un “acto de graduación” para abandonar la parroquia, sino el momento en que el Espíritu Santo fortalece el alma para seguir a Jesucristo con valentía en medio de un mundo que constantemente intenta apartar a los jóvenes de Dios.


Y entonces dejó una petición que resonó profundamente:


“Presten especial atención a uno de los dones del Espíritu Santo: la perseverancia”.


Porque la fe no se sostiene solo con emociones pasajeras.


Se sostiene cuando llega el cansancio.

Cuando aparecen las dudas.

Cuando el mundo se burla.

Cuando nadie más quiere caminar hacia la Iglesia.


El Papa también recordó algo esencial:

nadie puede vivir la fe solo.


Por eso animó a los jóvenes a volver a sus parroquias, crear amistades sanas, construir comunidad y permanecer cerca de Jesús.


Porque un corazón que se aleja lentamente de Dios termina vacío… aunque el mundo le prometa lo contrario.


La Iglesia necesita jóvenes que no solo reciban sacramentos, sino discípulos que permanezcan.


Señor, danos la gracia de perseverar cuando todo invite a alejarnos de Ti.

Que nuestros jóvenes no pierdan la fe en medio del ruido del mundo.

Y que nunca se cansen de volver a Tu casa.


Amén.

Oración del papa Francisco por el Jubileo de la Misericordia


Oración del papa Francisco por el Jubileo de la Misericordia


 Señor Jesucristo,

tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,

y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.

Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo

de la esclavitud del dinero;

a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad

solamente en una creatura;

hizo llorar a Pedro luego de la traición,

y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.

Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra

que dijiste a la samaritana:

¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible,

del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo

 con el perdón y la misericordia:

haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti,

su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad

para que sientan sincera compasión por los que se encuentran

en la ignorancia o en el error:

haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado,

amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción

para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor

y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo,

 llevar la Buena Nueva a los pobres

proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos

y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,

a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Amén

Cómo evitar el Purgatorio según el Padre Paul O’Sullivan

Prefacio: Cómo evitar el Purgatorio según el Padre Paul O’Sullivan

Cómo evitar el Purgatorio según el Padre Paul O’Sullivan


Nuestro Señor vino a la tierra expresamente para darnos una redención perfecta. Nos dio una Ley de Amor, una religión que se adapta a la perfección a nuestros corazones humanos, destinada a hacernos santos y felices. Sus mandamientos, consejos y promesas están llenos de paz, alegría, misericordia y amor.


La idea de que casi todos nosotros, a pesar de todo, tendremos que pasar un período más o menos largo en los fuegos agonizantes del Purgatorio después de la muerte parece estar en desacuerdo con este plan todomisericordioso y todo amoroso de nuestro Divino Señor.


Es cierto que somos débiles y caemos muchas veces, y que la justicia de Dios es rigurosa y exigente, pero es igualmente cierto que la misericordia y el amor de Dios están por encima de todas sus obras.


Es igualmente cierto que Nuestro Señor nos ha concedido abundante gracia y fortaleza para salvarnos del pecado, así como numerosos (y muy eficaces) medios para expiar cualquier pecado que hayamos cometido. Este último hecho parece ser casi completamente ignorado o mal comprendido por la mayoría de los católicos.


Por supuesto, aquellos que persisten en el pecado deliberadamente, que no hacen ningún esfuerzo por corregir sus faltas y que se niegan a utilizar los muchos medios maravillosos que Dios les ofrece para expiar sus pecados, se condenan a sí mismos al Purgatorio.


El objetivo de este pequeño libro es mostrar cómo podemos evitar el Purgatorio utilizando los medios que Dios nos ha ofrecido tan generosamente y, en segundo lugar, demostrar que el uso de estos medios está al alcance de todo cristiano común.




¿PODEMOS EVITAR EL PURGATORIO? SÍ.

Muchos creen que es prácticamente imposible para el cristiano común evitar el Purgatorio. Todos debemos ir allí, o eso dicen.


Entre risas, comentan: «¡Qué bien nos irá si alguna vez llegamos allí!». ¡Ay! Cuando sea demasiado tarde, se darán cuenta de lo terriblemente imprudentes que fueron sus palabras. Como consecuencia de tales ideas fatalistas, muchos no hacen ningún esfuerzo serio por evitar el Purgatorio, ni siquiera por acortar el tiempo que les toque pasar allí. Gracias a Dios, no todos tienen una visión tan pesimista.


EN LAS SIGUIENTES PÁGINAS NOS ESFORZAREMOS POR MOSTRAR


  • Cómo todos pueden acortar notablemente su período de expiación en el Purgatorio;
  •  Y cómo incluso pueden evitar el Purgatorio por completo. Vale la pena leer y releer estas páginas. De hecho, muchas almas van al Purgatorio y permanecen allí durante largos años simplemente porque nunca se les explicó cómo podrían haberlo evitado.


Los métodos que proponemos son sencillos, prácticos y accesibles para todos. Además, lejos de ser molestos, su uso contribuirá a que nuestra vida en la tierra sea más santa y feliz, y disipará el miedo exagerado a la muerte que aterroriza a tantos.


Estimado lector, le pedimos que comparta este pequeño folleto con todos sus amigos. No podría hacerles un mayor favor.


¿CÓMO PODEMOS EVITAR EL PURGATORIO?


La razón por la que debemos pasar por el Purgatorio después de la muerte es que hemos pecado y no hemos expiado nuestros pecados. Cada pecado debe ser expiado, ¡en esta vida o en la otra! Ni la más mínima sombra de pecado o maldad puede entrar en la santísima presencia de Dios.


Cuanto más graves y frecuentes sean los pecados, más largo será el período de expiación y más intenso el dolor.


¡No es culpa de Dios, ni su voluntad, que vayamos al Purgatorio! La culpa es toda nuestra.


Hemos pecado y no hemos expiado nuestras culpas.


Incluso después de nuestro pecado, Dios, en su infinita bondad, pone a nuestra disposición muchos medios fáciles y eficaces mediante los cuales podemos reducir considerablemente nuestro período de expiación, o incluso cancelarlo por completo.


La mayoría de los cristianos, con una imprudencia incomprensible, descuidan estos medios y, por lo tanto, tienen que pagar sus deudas en la terrible prisión del Purgatorio.


Enumeraremos brevemente algunos de los principales medios por los cuales podemos evitar el Purgatorio, o al menos disminuir su severidad y duración.


EL PRIMER MEDIO: ELIMINAR LA CAUSA


El primer medio para evitar el Purgatorio es, manifiestamente, eliminar la causa que nos envía allí, que es el pecado.


Puede que no sea fácil abstenerse de todo pecado, incluso de los más pequeños, pero todo cristiano común puede, mediante el uso frecuente de los Sacramentos, abstenerse fácilmente del pecado mortal.


En segundo lugar, todos podemos evitar el pecado venial grave y deliberado. Es terrible ofender al buen Dios deliberadamente. La premeditación intensifica enormemente la malicia del pecado y ofende a Dios mucho más que las faltas por debilidad o los pecados cometidos cuando bajamos la guardia.


Por último, debemos esforzarnos al máximo por romper con los malos hábitos. Los hábitos, al igual que la deliberación, contribuyen seriamente a la malicia del pecado.


Una mentira deliberada es mucho peor que una excusa apresurada, y una mentira que resulta del hábito arraigado de mentir es mucho peor que una mentira casual.


Una señora nos contó una vez que, cuando era joven, tenía la costumbre de hablar mal constantemente de sus vecinos.


Tras escuchar un sermón sobre el tema, tomó la firme decisión de no volver a hacerlo jamás, y la cumplió.


Esa sencilla pero firme resolución cambió por completo el rumbo de su vida y la salvó de miles de pecados, y muy seguramente de un largo y doloroso Purgatorio.


¿Quién no puede hacer una resolución similar y cumplirla?


Si un cristiano evita, como le es fácil, estas tres clases de pecado, a saber, los pecados mortales, los pecados veniales deliberados y graves, y los hábitos de pecado, le será relativamente fácil expiar las faltas de debilidad, como veremos en breve.


RESOLUCIÓN


Haríamos bien en pronunciar con especial énfasis y fervor, cada vez que digamos el Padre Nuestro, las palabras:


"Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"


Estas son las mismísimas palabras de Dios mismo, y repetirlas con frecuencia y fervor sin duda nos obtendrá el perdón de nuestros pecados.


EL SEGUNDO SIGNIFICA: PENITENCIA


El segundo medio para evitar el Purgatorio es expiar nuestros pecados en esta vida mediante la penitencia. «Haced penitencia o todos pereceréis igualmente». Hacer penitencia o arderéis largos años en el Purgatorio es un hecho ineludible.


Es un pensamiento aterrador que hace estremecer al hombre más valiente. ¿Quién de nosotros no tiembla al pensar en aquellos que han muerto quemados lentamente? ¿Qué temor no sentiríamos si tuviéramos que enfrentar una muerte similar? Sin embargo, su sufrimiento fue relativamente breve. ¡El fuego incomparablemente más feroz del Purgatorio, al que podríamos tener que enfrentarnos, podría durar 20, 50 o 100 años!


Mucha gente le tiene tanto miedo a la penitencia que ni siquiera se plantea practicarla. Es como el miedo que tienen los niños a los fantasmas: un miedo muy grande, pero totalmente infundado. Piensan que la penitencia es algo terrible. Tal vez recuerden las severas penitencias de los grandes santos y, por supuesto, les da miedo intentar algo parecido.


El segundo medio: la penitencia


Por lo general, Dios no nos pide que hagamos actos heroicos. Cuando lo hace, nos da toda la fuerza necesaria, como en el caso de los santos. Nos pide a cada uno que hagamos un poco. Si tememos hacer mucho, y es natural que algunos lo hagan, hagamos al menos un poco. Solo un cobarde teme hacer un poco, sobre todo si recibe mucho a cambio.


El camino fácil al Cielo de Santa Teresa de Lisieux, la Pequeña Flor, consiste en hacer muchas pequeñas cosas. Dios se complació infinitamente con la ofrenda de la viuda; se complacerá igualmente con nuestras pequeñas penitencias.


Mediante pequeñas mortificaciones, podemos librarnos de las terribles llamas del Purgatorio y acumular valiosos méritos para el Cielo. Profundizando en el tema, la mortificación o la penitencia no presentan mayor dificultad, a pesar del absurdo temor que algunas personas les tienen.


La penitencia no solo es fácil, sino útil y necesaria, y nos brindará una gran felicidad. No hacer penitencia es la mayor de todas. De hecho, todo hombre en el mundo se mortifica de forma natural y espontánea. El primer principio, por ejemplo, de la cortesía y la buena educación es sacrificar nuestros caprichos y gustos por el bien de los demás. El hombre egoísta es un patán; el hombre generoso es el ídolo de todos.


Una vez más, la única manera de gozar de buena salud es evitar los manjares más apetitosos cuando nos perjudican y optar por alimentos sencillos cuando nos benefician. Comer en exceso es la causa de la gran mayoría de las enfermedades y muertes prematuras.


Pongamos otro ejemplo. El secreto del éxito reside en el trabajo arduo, metódico y constante. Ahora bien, la generosidad, la abnegación, el método y la constancia son otras formas de mortificación genuina pero práctica. Sin embargo, nadie puede prescindir de ellas. Insistir en nuestros propios gustos y aversiones, en hacer solo lo que nos place, es llevar una vida plagada de dificultades, en la que cada deber es una carga, cada buena acción un esfuerzo y una labor.


Los boy scouts y las girl scouts están obligados a realizar una buena acción cada día, aunque les suponga un gran esfuerzo. Los cristianos, sin duda, deberían hacer aún más. Los actos diarios de autocontrol, de paciencia con los demás, de bondad hacia los demás y el cumplimiento exacto del deber son espléndidas penitencias y una gran ayuda para la felicidad.


RESOLUCIÓN


Si tenemos miedo de hacer mucho, hagamos muchas cosas pequeñas.


EL TERCER MEDIO: SUFRIMIENTO


El tercer medio para evitar el Purgatorio es muy sencillo. Consiste en hacer virtud de la necesidad, soportando con paciencia lo inevitable, y más aún puesto que el sufrimiento, soportado con paciencia, se vuelve fácil y ligero. El sufrimiento, si se acepta con serenidad y por amor a Dios, pierde todo su aguijón. Si se recibe mal, con espíritu de rebeldía y repugnancia, se intensifica cien veces y se vuelve casi intolerable.


En este valle de lágrimas, todos debemos afrontar innumerables y variadas aflicciones. Cruces ligeras y pesadas son nuestro destino. Por extraño que parezca, estas aflicciones, de las que la mayoría preferiríamos prescindir, son en verdad las mayores gracias de Dios. Son la pequeña parte que Él nos ofrece de su Pasión y que nos pide que soportemos por amor a Él y como penitencia por nuestros pecados.


Impulsados ​​por este espíritu, reducirán considerablemente nuestro tiempo en el Purgatorio y muy posiblemente lo eliminarán por completo; con la diferencia de que el Purgatorio, incluso uno de 50 o 100 años, no aumentará en absoluto nuestros méritos en el Cielo; mientras que todo dolor, tristeza y decepción en esta vida disminuirá nuestro sufrimiento en el Purgatorio y también nos traerá más felicidad y gloria en el Cielo.


Qué triste es que tantos cristianos, por falta de reflexión, hagan que sus sufrimientos sean mil veces peores de lo que son y pierdan todos los inmensos méritos que podrían obtener tan fácilmente.


RESOLUCIÓN


Suframos con calma y serenidad por amor a Dios. Así nos salvaremos del Purgatorio.


EL CUARTO SIGNIFICA: CONFESIÓN, COMUNIÓN, SANTA MISA


El cuarto medio por el cual podemos reducir nuestro tiempo en el Purgatorio, o evitarlo por completo, es mediante la Confesión frecuente, la Comunión y la asistencia diaria a la Misa.


La confesión aplica a nuestras almas la Preciosa Sangre de Cristo, borra nuestros pecados, nos ilumina para ver su malicia, nos llena de horror ante el pecado y, sobre todo, nos da fuerza para evitarlo. En la Sagrada Comunión recibimos al Dios de infinita misericordia y amor, el Dios de toda santidad, que viene expresamente a perdonar nuestros pecados y a ayudarnos a no pecar más.


Visitó la casa de Zaqueo una vez, y en esa única visita, Zaqueo obtuvo el perdón completo de todos sus pecados.


¿Cómo es posible que el mismo Dios de bondad y dulzura venga, no a nuestras casas, sino a nuestros corazones en la Sagrada Comunión, y no nos conceda las mismas gracias, o incluso mayores? Visitó a Zaqueo una vez; nos visita a nosotros cada día si se lo permitimos.


Muchos, por desgracia, nunca sienten ni comprenden la inmensa alegría y el consuelo de la Sagrada Comunión.


La Misa es idéntica al Sacrificio del Calvario en su esencia, en su valor y en las gracias que otorga. El Sacrificio del Calvario bastó para salvar al mundo entero, a millones y millones de almas, y también para salvar a innumerables mundos pecadores, de haber existido. Al asistir a la Misa, podemos aplicar toda esta abundancia de gracias a nuestras propias almas, no solo una vez, sino todos los días.


RESOLUCIÓN


Asistamos a misa y recibamos la Sagrada Comunión todos los días. No hay nada mejor. Un día con misa y comunión vale más que cien días sin ellas.


EL QUINTO SIGNIFICA: PEDIRLE A DIOS


El quinto medio para evitar el Purgatorio es pedirle esta gracia a Dios. Algunos católicos sabios tienen un secreto muy valioso, aunque sencillo, que vale la pena aprender y utilizar para nuestro propio beneficio.


Dios nos promete de la manera más solemne y deliberada (y Él no puede faltar a su promesa) que nos dará todo lo que le pidamos en oración, si es bueno para nosotros.


Ahora bien, dos condiciones, en particular, hacen que la oración sea infalible: la perseverancia y la fe. Dios no puede rechazar tal oración.


Estos católicos de los que hablamos rezan expresamente cada día de su vida para que Dios los libere del Purgatorio. En cada oración que rezan, en cada misa a la que asisten, en cada buena acción que realizan, tienen la intención expresa de pedirle a Dios, ante todo y con todo su corazón, que los libre del Purgatorio.


¿Cómo? Eso lo decide Dios.


Resulta difícil comprender cómo Dios podría rechazar una oración tan constante e incesante. El hecho de que se reciten estas oraciones diariamente y varias veces al día, durante 20, 30 o 50 años, demuestra que se hacen con una fe inquebrantable y una perseverancia admirable.


Exhortamos a todos nuestros lectores a adoptar esta práctica. Cuanto más conozcan y reflexionen sobre el Purgatorio, con mayor fervor elevarán esta oración.


RESOLUCIÓN


Cada vez que recemos el Ave María, digamos con todo el fervor de nuestros corazones estas palabras: «Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».


UN SEXTO SIGNIFICA: LA RESPONSABILIDAD A LA MUERTE


Algunos grandes santos nos ofrecen un sexto medio para evitar el Purgatorio: dicen que cuando una persona enferma se da cuenta de que se está muriendo y ofrece a Dios su muerte con perfecta resignación, es muy probable que vaya directamente al Cielo.


La muerte es el terrible castigo del pecado, y cuando la aceptamos, como por supuesto debemos hacerlo, con sumisión y resignación, nuestro acto agrada tanto a Dios que puede satisfacer perfectamente todos nuestros pecados.


La idea del Papa San Pío X era la misma cuando concedió una indulgencia plenaria en la hora de la muerte a quienes rezan al menos después de una Sagrada Comunión la siguiente oración:


"Padre Eterno, desde este día en adelante, acepto con corazón alegre y resignado la muerte que Tú tengas a bien enviarme, con todos sus dolores y sufrimientos."


Será aún mejor rezar esta oración después de cada Sagrada Comunión que recibamos.


Nos conviene aceptar la voluntad de Dios en todo lo que nos sucede en la vida y en la muerte.


Nada puede ser más fácil cuando recordamos que Dios siempre desea lo mejor para nosotros. Si hacemos lo que Dios no quiere, sin duda sufriremos.


RESOLUCIÓN


Cada vez que recemos el Padrenuestro, digamos con especial fervor: «Hágase tu voluntad». En todas nuestras tribulaciones, grandes o pequeñas, hagamos lo mismo. Así, todo nos granjeará mérito. Con este sencillo acto, transformamos la tristeza en alegría, las preocupaciones de la vida en oro para el Cielo.


EL SÉPTIMO SIGNIFICA: EXTREMIDAD UNCIÓN


El séptimo medio para evitar el purgatorio es la Extremaunción: Dios mismo nos ha dado un sacramento cuyo fin es llevarnos directamente al Cielo. Este sacramento es la Extremaunción, que, según Santo Tomás y San Alberto Magno, fue instituido especialmente para obtener la gracia de una muerte santa y feliz y prepararnos para la entrada inmediata al Cielo.


Muchos católicos no comprenden esta doctrina tan consoladora, y debido a que no la comprenden, no se preparan adecuadamente para recibir la Unción de los Enfermos y, por lo tanto, pierden muchas de sus grandes gracias.


Todo sacramento recibido debidamente produce su efecto. El bautismo nos limpia del pecado original y de cualquier otro pecado que hayamos cometido como adultos antes de recibir el sacramento.


El Sacramento del Orden Sagrado otorga al sacerdote todos sus inmensos poderes. El Matrimonio convierte al hombre y a la mujer en marido y mujer. De la misma manera, la Unción de los Enfermos, si se recibe con devoción, prepara al cristiano moribundo para su entrada inmediata al Cielo, librándolo así del Purgatorio.


¡Qué insensatez, pues, posponer la recepción de este Sacramento hasta muy tarde, cuando el moribundo está demasiado exhausto para recibirlo con pleno conocimiento de lo que hace y con el debido fervor y devoción! El momento de la muerte es el momento supremo de nuestras vidas. Es el momento que decide nuestro destino para toda la eternidad.


RESOLUCIÓN


Utilicemos todos los medios a nuestro alcance para asegurar una muerte feliz y santa, especialmente recibiendo la Unción de los Enfermos con la mayor devoción y lo antes posible.


INDULGENCIAS Y PURGATORIO


[Las normas para la concesión de indulgencias se modificaron en 1968. Véase el Enchiridion de Indulgencias de 1968].


Dios, en su infinita misericordia y compasión, nos ofrece un medio maravilloso y sencillo para disminuir o anular nuestro Purgatorio.


Consciente de nuestra debilidad y sabiendo también el temor que muchos sienten ante la penitencia, Él abre de par en par el tesoro de su bondad y nos ofrece abundantes indulgencias a cambio de algún pequeño acto de devoción.


Por cada recitación de breves oraciones jaculatorias, Él concede 100, 300 o más días de indulgencia. Podemos recitarlas cientos de veces al día. Quienes recitan la breve jaculatoria: «Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío» cien veces al día, obtienen 30 000 días de indulgencia. Quienes la recitan mil veces, como muchos, ¡obtienen 300 000 días de indulgencia cada día!


No hay nada más fácil que adquirir el hábito de decir esta pequeña oración durante todo el día, incontables veces al día.


¡Entonces, por cada Ave María del Rosario, se obtienen más de 2.000 días de indulgencia!


Además de un número inmenso de indulgencias parciales, existen muchísimas indulgencias plenarias (completas) que se pueden obtener durante la vida y en el momento de la muerte.


Estos dones son dados especialmente por la Iglesia para que podamos evitar el Purgatorio.


Estas indulgencias pueden aplicarse a nuestras propias almas, expiando así directamente nuestros pecados. O bien, podemos aplicarlas a las almas del Purgatorio, quienes velarán por que nuestra generosidad no nos perjudique.


RESOLUCIÓN


Esforcémonos por obtener todas las indulgencias posibles.


LAS TERCERAS ÓRDENES


Entre las gracias extraordinarias que obtienen los católicos al hacerse miembros de una Tercera Orden se encuentra la participación en muchas misas y oraciones.


Por ejemplo, en el caso de la Tercera Orden de Santo Domingo, el Papa Benedicto XV, que fue terciario, dijo: "Una de las maneras más fáciles y efectivas de alcanzar un alto grado de santidad es convertirse en terciario dominico".


Los miembros de esta orden reciben en vida una participación diaria en miles de misas y oraciones, y después de la muerte, cuando, por desgracia, tantos son olvidados por sus familiares, aquellos que son miembros de esta Tercera Orden tienen una participación diaria en miles de otras misas y oraciones, ¡mientras permanezcan en el Purgatorio!


Entre las muchas y hermosas características de la Orden de Santo Domingo se encuentra su profunda devoción y amor por las almas del Purgatorio, especialmente por las almas de sus miembros, amigos y benefactores. Tan cierto es esto que un joven noble italiano que consultó al Papa sobre a qué orden religiosa le convendría ingresar recibió como respuesta: «Hijo mío, puedes con mucho provecho unirte a cualquiera de las Órdenes, pues en cada una encontrarás abundantes medios para alcanzar la santidad. Sin embargo, después de la muerte, sé dominico». El Santo Padre quería decir que los sufragios concedidos después de la muerte a sus miembros fallecidos son, en efecto, más abundantes en la Orden Dominicana.


Los requisitos para ingresar en esta orden son tan sencillos y las ventajas tantas que la mitad del mundo se haría terciaria dominica si conociera estas ventajas.


AQUELLOS QUE AYUDAN SINCERAMENTE A LAS ALMAS DEL PURGATORIO BIEN PUEDEN ESPERAR EVITAR EL PURGATORIO.


Las almas del Purgatorio a quienes aliviamos o liberamos con nuestras misas y buenas obras interceden por nosotros con un fervor tan indescriptible que Dios no puede negarse a escuchar sus oraciones. Una de las principales gracias que piden para sus amigos es que estos tengan poco o ningún Purgatorio. Nadie conoce mejor que ellos la terrible intensidad de las llamas del Purgatorio; por lo tanto, nadie puede interceder por nosotros como ellos lo hacen. Recordemos que:


  1. Dios agradece como si se le hiciera a Él lo que hacemos por los demás. Cuando aliviamos o liberamos a alguna de las almas del Santísimo Sacramento, aliviamos o liberamos, por así decirlo, a Dios mismo. Por lo tanto, ¡cuán dispuesto estará Él a escuchar las oraciones que estas almas ofrecen por nosotros!
  2. Nuestro Señor establece claramente la gran ley: «Con la medida con que midáis, se os medirá». Por consiguiente, la misericordia y la generosidad de Dios hacia nosotros serán proporcionales a nuestra generosidad hacia las almas del Purgatorio. Quienes trabajan con dedicación para el alivio de las almas del Purgatorio pueden, por tanto, esperar que su Purgatorio sea remitido por completo o notablemente reducido. Por otro lado, quienes descuidan a las almas del Purgatorio pueden temer, con razón, un juicio severo y un largo Purgatorio.


RESOLUCIÓN


Que todos se unan sin falta a la Asociación de las Almas Santas. Todos los miembros de la familia deberían hacerlo. Los requisitos son muy sencillos. Si la Asociación no está establecida en su parroquia, escriba a: Asociación de las Almas Santas, Monjas Dominicas del Rosario Perpetuo, Monasterio de Pío XII, Rua do Rosario 1, 2495 Fátima, Portugal, que es uno de los centros de esta devoción.


Santiago Apóstol ofrece otro método muy eficaz para evitar o reducir nuestra estancia en el Purgatorio. Dice: 

«Quien salva un alma, salva la suya propia y expia multitud de pecados».


Si alguien tuviera la fortuna de salvar la vida del único hijo de un rey, el heredero al trono, de una muerte horrible, ¿qué recompensa no esperaría recibir del agradecido monarca? Sin embargo, ningún rey podría estar tan agradecido y deseoso de recompensar a quien salvó a su hijo como Dios lo está de recompensar a quien salva un alma del infierno.


Todos nosotros podemos, de mil maneras diferentes, salvar no una, sino muchas almas del infierno. Por ejemplo:


1. Podemos hacerlo orando fervientemente por ellos. ¡Cuántas veces una madre salva el alma de su hijo con sus oraciones! Podemos salvar almas dando buenos consejos y también con nuestro buen ejemplo. ¡Cuántos jóvenes deben sus excelentes cualidades a los sabios consejos de un buen padre o amigo!


2. Otro método eficaz para salvar almas es mediante la propagación de la fe, a saber, la acción católica.


¡La increíble ignorancia, apatía e indiferencia de los católicos es el mal de nuestros días!


Es deber ineludible de los católicos difundir miles y miles de panfletos de todo tipo, llenos de vida, vigor y un interés ardiente, concisos, incisivos, claros y contundentes. De lo contrario, resultan inútiles.


Cada panfleto o folleto debe transmitir un mensaje directo al corazón del lector, conmoviéndolo, convenciéndolo e impulsándolo a la acción.


PARA EVITAR EL PURGATORIO, HAGA LO SIGUIENTE

  1. En cada oración que reces, en cada misa que escuches, en cada comunión que recibas, en cada buena obra que realices, ten la intención expresa de implorar a Dios que te conceda una muerte santa y feliz, y que no vayas al purgatorio. Sin duda, Dios escuchará una oración dicha con tal confianza y perseverancia.
  2. Procura siempre hacer la voluntad de Dios. Es, en todo sentido, lo mejor para ti. Cuando haces o buscas algo que no es la voluntad de Dios, sin duda sufrirás. Por lo tanto, repite con fervor cada vez que reces el Padrenuestro: «Hágase tu voluntad».
  3. Acepta todos los sufrimientos, tristezas, dolores y decepciones de la vida, sean grandes o pequeños: la enfermedad, la pérdida de bienes, la muerte de tus seres queridos, el calor o el frío, la lluvia o el sol, como provenientes de Dios. Sopórtalos con calma y paciencia por amor a Él y como penitencia por tus pecados. Por supuesto, puedes hacer todo lo posible por evitar los problemas y el dolor, pero cuando no puedas evitarlos, sopórtalos con entereza.
  4. La impaciencia y la rebeldía hacen que el sufrimiento sea mucho mayor y más difícil de soportar.
  5. La vida y las acciones de Cristo son muchas lecciones que podemos imitar.
  6. El acto más importante de su vida fue su Pasión. Así como Él tuvo una Pasión, cada uno de nosotros también la tiene. Nuestra pasión consiste en los sufrimientos y trabajos de cada día. La penitencia que Dios impuso al hombre por el pecado fue ganarse el pan con el sudor de su frente. Por lo tanto, hagamos nuestro trabajo, aceptemos las decepciones y las dificultades, y soportemos nuestros dolores unidos a la Pasión de Cristo. Ganamos más mérito con un poco de dolor que con años de placer.
  7. Perdonad todas las ofensas y los daños, porque en la medida en que perdonamos a los demás, Dios perdona a nosotros.
  8. Evita los pecados mortales y los pecados veniales deliberados, y abandona todos los malos hábitos. Así te resultará relativamente fácil satisfacer la justicia divina por los pecados de debilidad. Sobre todo, evita los pecados contra la caridad y la castidad, ya sea de pensamiento, palabra u obra, pues estos pecados [y su expiación] son ​​la razón por la que muchas almas permanecen en el Purgatorio durante largos años.
  9. Si tienes miedo de hacer mucho, haz muchas cosas pequeñas, actos de bondad y caridad, da la limosna que puedas, cultiva la regularidad en la vida, el método en el trabajo y la puntualidad en el cumplimiento del deber; no te quejes ni protestes cuando las cosas no sean como te plazca; no censures ni te quejes de los demás; nunca te niegues a hacer un favor a los demás cuando sea posible.
  10. Estos y otros pequeños actos similares constituyen una espléndida penitencia.
  11. Haz todo lo que esté a tu alcance por las almas del Purgatorio. Reza por ellas constantemente, anima a otros a hacerlo, únete a la Asociación de las Almas del Purgatorio y pide a todos tus conocidos que hagan lo mismo. Las almas del Purgatorio te lo agradecerán enormemente.
  12. No hay manera más poderosa de obtener de Dios una muerte santísima y feliz que mediante la Confesión semanal, la Misa diaria y la Comunión diaria.
  13. Una visita diaria al Santísimo Sacramento —tan solo tres o cuatro minutos— es una manera sencilla de obtener la misma gracia. Arrodillándonos en presencia de Jesús, con la mirada fija en el Sagrario, seguros de que Él nos observa, repitamos durante unos minutos algunas oraciones sencillas como estas: «Jesús mío, ten piedad». «Jesús mío, ten compasión de mí, pecador». «Jesús mío, te amo». «Jesús mío, dame una muerte feliz».


CÓMO PODEMOS AYUDAR A LAS ALMAS DEL PUEBLO


I. El primer medio es unirse a la Asociación de las Almas Santas. Los requisitos son sencillos.


ASOCIACIÓN DE LAS ALMAS SANTAS


Aprobado por el Cardenal Patriarca de Lisboa, junio de 1936.


1. Se solicita a los miembros que envíen su nombre completo y dirección a: Asociación de las Almas Santas, Monjas Dominicas del Rosario Perpetuo, Monasterio Pío XII, Rua do Rosario 1, 2495 Fátima, Portugal.


2. Los miembros deben ofrecer una Misa una vez por semana por las Almas del Purgatorio (la Misa del domingo puede cumplir con esta obligación).


3. Los miembros rezan por las almas del Purgatorio y promueven la devoción a ellas. (Recomendamos los folletos «Léeme o te arrepentirás» y «Cómo evitar el Purgatorio»).


4. Se solicita a los miembros que aporten una limosna anual al Fondo para las Misas. Esta limosna se utiliza para celebrar misas por las almas del Purgatorio todos los meses.


II. Un segundo medio para ayudar a las almas del Purgatorio es ofrecer misas por ellas. Sin duda, esta es la forma más eficaz de aliviar su sufrimiento.


III. Quienes no puedan conseguir que se ofrezcan muchas Misas por falta de recursos, deben asistir a tantas Misas como les sea posible con esta intención.


Un joven que ganaba un salario muy modesto le dijo al escritor: "Mi esposa murió hace unos años. Mandé a celebrar diez misas por ella. No podía hacer más, pero escuché mil por su alma".


IV. El rezo del Rosario (con sus grandes indulgencias) y el Vía Crucis (que también goza de abundantes indulgencias) son excelentes medios para ayudar a las Almas del Purgatorio.


Como vimos, San Juan Massias liberó del Purgatorio a más de un millón de almas, principalmente mediante el rezo del Rosario y ofreciendo sus grandes indulgencias por ellas.


V. Otra manera fácil y eficaz es mediante la repetición constante de breves oraciones con indulgencias, ofreciéndolas por las almas del Purgatorio. Mucha gente tiene la costumbre de decir 500 o 1000 veces al día la breve exclamación: «Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío» o la palabra «Jesús». Estas devociones son muy consoladoras y brindan abundantes gracias a quienes las practican, además de un inmenso alivio a las almas del Purgatorio.


Quienes recitan las jaculatorias 1000 veces al día obtienen 300 000 días de indulgencia. ¡Cuánta multitud de almas pueden aliviar así! ¿Qué no será al final de un mes, un año o cincuenta años? Y si no recitan las jaculatorias, ¡cuántas gracias y favores habrán perdido! Es perfectamente posible, e incluso fácil, recitar estas jaculatorias 1000 veces al día. Pero si uno no las recita 1000 veces, que las recite 500 o 200 veces.


VI. Otra oración poderosa es:


"Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Jesús, junto con todas las Misas que se celebran hoy en todo el mundo, por las almas del Purgatorio."


Nuestro Señor le mostró a Santa Gertrudis una gran cantidad de almas que salían del Purgatorio y iban al Cielo como resultado de esta oración que la santa solía rezar con frecuencia durante el día.


VII. El acto heroico consiste en ofrecer a Dios, en favor de las almas del purgatorio, todas las obras de satisfacción que practicamos en vida y todos los sufragios que se ofrecerán por nosotros después de la muerte. Si Dios recompensa tan abundantemente la más insignificante limosna dada a un pobre en su nombre, ¡cuánta recompensa no concederá a quienes ofrecen todas sus obras de satisfacción en vida y en la muerte por las almas que tanto ama!


Esta ley no impide que los sacerdotes celebren la Misa por las intenciones que deseen, ni que los laicos recen por las personas o por las intenciones que deseen. Recomendamos a todos que realicen este acto.


LAS LIMOSNAS AYUDAN A LAS ALMAS SANTAS


San Martín le dio la mitad de su manto a un pobre mendigo, para luego descubrir que en realidad se lo había dado a Cristo. Nuestro Señor se le apareció y le dio las gracias.


El beato Jordán, de la Orden Dominicana, jamás podía negarse a dar limosna cuando se le pedía en nombre de Dios. Un día, había olvidado su bolsa. Un pobre le imploró limosna por amor a Dios. En lugar de negársela, Jordán, que entonces era estudiante, le dio un precioso cinturón o cíngulo que el pobre atesoraba. Poco después, entró en una iglesia y encontró su cíngulo ciñendo la cintura de una imagen de Cristo Crucificado. Él también había dado su limosna a Cristo. Todos damos nuestra limosna a Cristo.


RESOLUCIÓN


a) Demos todas las limosnas que podamos; b) Celebremos todas las misas que podamos; c) Asistamos a tantas más como sea posible; d) Ofrezcamos todos nuestros dolores y sufrimientos por el alivio de las Santas Almas.


De este modo, liberaremos del Purgatorio a innumerables almas, que nos lo recompensarán diez mil veces.


EL ESCAPULAR MARRÓN


(La siguiente información oficial fue obtenida del Centro Nacional del Escapulario, Darien, Illinois, el 9 de mayo de 1986).


Dos maravillosas promesas de Nuestra Señora del Monte Carmelo están disponibles para aquellos que se han inscrito en el Escapulario Marrón.


La gran promesa de la Santísima Virgen María, dada a San Simón Stock el 16 de julio de 1251, es la siguiente: "Quien muera llevando este escapulario no sufrirá el fuego eterno".


La segunda Promesa del Escapulario de Nuestra Señora, conocida como el Privilegio Sabatino (la palabra "Sabatino" significa "Sábado"), fue dada por la Santísima Virgen María al Papa Juan XXII en el año 1322 y dice lo siguiente: "Yo, la Madre de la Gracia, descenderé el sábado después de su muerte, y a quien encuentre en el Purgatorio, lo liberaré".


Para obtener este privilegio hay tres condiciones: 

  1. llevar el escapulario marrón; 
  2. practicar la castidad según el estado de vida de cada uno; 
  3. rezar diariamente el Oficio Parroquial de la Santísima Virgen María.


Quienes no sepan leer pueden abstenerse de comer carne los miércoles y sábados en lugar de rezar el Oficio Parvo. Asimismo, cualquier sacerdote con facultades diocesanas (la mayoría de los sacerdotes) tiene la facultad adicional de sustituir el tercer requisito por otra obra piadosa, como por ejemplo, el rezo diario del Rosario.


Debido a la grandeza del privilegio sabatino, la Orden Carmelita sugiere que el tercer requisito no se conmute por nada menos que la recitación diaria de siete Padrenuestros, siete Avemarías y siete Glorias a los Padres.


La lectura atenta de estas páginas será fuente de gran beneficio y consuelo para todos los que las lean.

El autor los ofrece al amoroso Corazón de Jesús y le pide que los bendiga.

Las quince oraciones de Santa Brígida por un año

 Oraciones - Las quince oraciones de Santa Brígida por un año

Las quince oraciones de Santa Brígida por un año


Para empezar, invoquemos al Dulce Huésped de nuestras almas.


Señal de la Cruz.


Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego eterno de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.


Oremos:


Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre y gocemos de la dulzura del bien de sus divinos consuelos. Por Cristo nuestro Señor. Así sea.


Un Credo al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo un acto de Fe.


PRIMERA ORACIÓN: Las quince oraciones de Santa Brígida por un año


¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza nuestra! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este sublime deseo, ¡Oh bendito amor! El que te llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh Verbo Encarnado!, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura. Recuerda Señor tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu ya próxima Pasión.


Fue en el huerto de los Olivos, ¡Oh Señor!, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: "¡Mi alma está triste hasta la muerte!"... Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes!, que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, y los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, ¡hasta la consumación de los tiempos!


Pero, ¡Oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre: "¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!" E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Ángel para confortarte... Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello!


Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna!


Y te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos... e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y llenarte de salivazos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacía. De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron mutilando tu cabeza de mala manera; ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para contemplar la mofa a tu condición de Rey, te dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en tus sagradas manos.


¡Oh sublime enamorado de nuestras almas!, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente!... No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes... La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios!


Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por nosotros antes de la crucifixión, concédenos antes de morir un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, que podamos satisfacer por ellos, que hagamos una santa confesión, te recibamos en la Santísima Eucaristía, y así, alimentada nuestra alma, podamos volar hacia Ti.

Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SEGUNDA ORACIÓN


¡Oh salud y alimento de mi alma, libertad verdadera de ángeles y santos!, ¡Paraíso de delicias! Recuerda el horror y la tristeza que sufriste camino al lugar donde te aguardaba una cruz, cuatro clavos y los verdugos cuando toda aquella turba se apretujaba a tu paso, y te golpeaba e insultaba impunemente, haciéndote víctima de las más espantosas crueldades. Pero más te dolía la ingratitud de ellos, que los golpes que te infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el género humano, que llevabas aquella Cruz sobre tus hombros destrozados.


Por todos aquellos tormentos y ultrajes, y por las blasfemias proferidas en contra de Ti, te rogamos, ¡Oh dueño de nuestra alma! que nos libres de nuestros enemigos, visibles e invisibles, y que bajo tu protección logremos tal perfección y santidad, que merezcamos entrar contigo en tu Reino. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


TERCERA ORACIÓN


¡Oh dueño de nuestra existencia! Tú que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de ángeles y hombres, a quien nada puede abarcar ni limitar y que todo lo envuelves y sostienes con tu amoroso poder, sin embargo, te dejaste matar por tu obra maestra, el hombre, para justificarlo ante Ti mismo.


Recuerda cada dolor sufrido, cada tormento soportado por nuestro amor, cuando los judíos con enormes clavos taladraron tus sagradas manos y pies. ¡Que espantosa escena se produjo cuando con indescriptible crueldad, tu cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas heridas! ¡Cómo agregaron dolor al dolor, cuando tuvieron que estirar tus sagrados miembros violentamente en todas direcciones! ¡Oh Varón de dolores!


Recuerda cuando tus músculos y tendones eran estirados sin misericordia, y tus venas se rompían, y tu piel virginal se desgarraba horriblemente, y tus huesos eran dislocados.


¡Oh Cordero Divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te rogamos nos concedas la gracia de amarte y honrarte cada día más y más. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


CUARTA ORACIÓN


¡Oh divino mártir de amor! ¡Oh médico celestial que te dejaste suspender en la Cruz para que por tus heridas las nuestras fueron curadas! Recuerda cada una de aquellas heridas y la tremenda debilidad de tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al tuyo. Desde la cabeza a los pies eras todo llaga, todo dolor, todo sufrías; eras una masa rota y sanguinolenta, y aún así llegaste, para sorpresa de tus verdugos, a suplicar a tu Padre, eterno perdón para ellos diciéndole: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!


¡Oh Cristo bendito! En memoria de esta gran misericordia que tuviste, que muy bien pudiste lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo acto de tu poderosa voluntad, por aquella tan grande misericordia que superó a tu justicia divina, concédenos una contrición perfecta y la remisión total de nuestros pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás volvamos a ofenderte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


QUINTA ORACIÓN


¡Oh Jesús, Oh esplendor de la eternidad! Recuerda cuando contemplaste en la Luz de tu Divinidad, las almas de los predestinados que serían rescatados por los méritos de tu Sagrada Pasión, también viste aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto te quejaste por ellos! Te compadeciste, oh buen Jesús, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu sangre, ni se alimentarían con tu Carne Eucarística.


Por tu infinita compasión y piedad, y acordándote de tu promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡Oh salud y alimento de nuestra alma! muéstranos esta misma misericordia en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SEXTA ORACIÓN


¡Oh Rey muy amado y deseado por mi corazón ¡ acordaos del dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común y corriente, fuiste clavado y elevado en la Cruz. Cómo te dolió el ver que tus familiares y amigos desertaran. Pero allí estaba tu muy amada Madre y tu discípulo Juan, que permanecieron contigo hasta tu último suspiro. No importando que su naturaleza humana, desmayando estaba, y para colmo de tu inmenso amor por nosotros, nos hiciste aquel precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡Cuánto te debemos Salvador nuestro, por este sublime regalo! Sólo tuviste que decir a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!” y a Juan: “!He aquí a tu Madre!”


¡Te suplicamos, oh Rey de la Gloria! por la espada de dolor que entonces atravesó el alma de tu Santísima e Inmaculada Madre, que te compadezcas de nosotros en todas nuestras aflicciones y tribulaciones tanto corporal como espiritual, y que nos asistas en cada prueba, especialmente en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


SÉPTIMA ORACIÓN


¡Oh Rey de Reyes! ¡Fuente de compasión que jamás se agota! Recuerda cuando sentiste aquella tremenda sed por las almas y que te llevó a exclamar desde la Cruz: "¡Tengo Sed!" Sí, no solamente tenías sed física, sino sed insaciable por la salvación de la raza humana.


Por este gesto de amor por nosotros, te rogamos, oh prisionero de nuestro amor, que inflames nuestros corazones con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos nuestros actos, que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. Así sea


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


OCTAVA ORACIÓN


¡Oh constante dulzura nuestra! ¡Oh deleite diario de nuestro espíritu! Por el sabor tan amargo de aquella hiel y vinagre que te dieron a probar en lugar de agua, para aplacar tu sed física, te suplicamos que aplaques nuestra sed por tu vivificadora sangre, y nuestra hambre por tu Redentora Carne, ahora y siempre, y que no nos falte en la hora de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


NOVENA ORACIÓN


¡Oh Jesús, Virtud Real y gozo del alma! Acuérdate del dolor que sentiste, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por tus verdugos, clamaste en alta voz que habías sido abandonado por Tu Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿Porqué me has abandonado?” Por aquella angustia que padeciste en aquellos momentos finales de tu Pasión, te rogamos oh nuestro Salvador que no nos abandones en los terrores y dolores de nuestra muerte. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús, que eres principio y fin de todo lo creado , Virtud, Luz y Verdad! Acuérdate que por causa nuestra fuiste sumergido en un abismo de penas; sufriendo dolor en todo tu Santísimo Cuerpo: En consideración a la enormidad de tanta llaga que te hicimos los hombres; enséñanos a guardar por puro amor a Ti, todos tus Mandamientos; cuyo camino de Tu Ley Divina es amplio y agradable, para aquellos que te aman. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


UNDÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús mío!, abismo insondable de misericordia, te rogamos en memoria de tus heridas, las cuales penetraron hasta la médula de tus huesos y hasta lo más profundo de tu ser, ¡que nos apartes para siempre del pecado! ¡que no te ofendamos más! Reconocemos con bochorno que somos unos miserables pecadores y que te hemos ofendido ¡tantas veces! Que tememos que tu divina justicia nos condene.


No obstante, acudimos presurosos a tu misericordia infinita, para que nos escondas urgentemente en tus preciosas LLagas, y así, ocultados de tu indignado Rostro, pueda tu amante Corazón una vez más, lavar nuestras culpas con tu Sangre liberadora. De esa forma Redentor nuestro, tu enojo e indignación cesarán de inmediato. ¡Gracias Señor! Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DUODÉCIMA ORACIÓN


¡Oh Jesús, eterna verdad, símbolo de la perfecta caridad y de la unidad! Te suplicamos que te acuerdes de aquella multitud de laceraciones, de aquellas horribles heridas que te hicimos la humanidad pecadora que querías salvar. Estabas hecho un guiñapo humano, enrojecido por tu propia sangre. ¡Que inmenso e intenso dolor padeciste en tu Carne Virginal por amor a nosotros! ¡Oh dulzura infinita!, ¿qué pudiste hacer, que ya no hayas hecho por nosotros? Nada falta. Todo lo has cumplido.


Ayúdanos, Oh Señor, a tener siempre presente ante los ojos de nuestro espíritu, un fiel recuerdo de tu Pasión, para que el fruto de tus sufrimientos se vea continuamente renovados en nuestra alma, y para que tu amor se agrande en cada momento más y más en nuestro corazón, hasta que llegue aquel feliz día en que te veamos en el cielo, y ser uno contigo, que eres el tesoro y suma total de todo gozo y bondad. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA TERCERA ORACIÓN


¡Oh dulce consuelo de nuestra alma, maravilloso liberador, Rey inmortal e invencible! Recuerda cuando inclinando tu adorable cabeza, toda desfigurada por los golpes, la sangre y el polvo del camino, exclamaste: "Todo está consumado"... Toda tu fuerza mental y física se agotaron completamente.


Por este Gran Sacrificio y por las angustias y tormentos que padeciste antes de morir, te rogamos, oh buen Jesús, que tengas misericordia de nosotros en la hora de nuestra muerte, cuando nuestra mente esté tremendamente perturbada; y nuestra alma sumergida en inquietudes y angustias. Que no temamos nada, que te tengamos a Ti a nuestro lado y dentro de nuestro ser. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA CUARTA ORACIÓN


¡Oh doliente Jesús, oh incomprensible Segunda Persona de la Trinidad, esplendor y figura de su esencia! Recuerda cuando con gran voz entregaste tu alma a Tu Padre Celestial diciéndole: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" Tu cuerpo estaba despedazado, y tu corazón destrozado, pero tus entrañas de misericordia quedaron abiertas para redimirlos! Así expiraste, oh amor infinito...


Por tu Dolorosa Muerte; te suplicamos, Oh Rey de Santos y Arcángeles, que nos confortes y nos ayudes a resistir al mundo con sus errores, a Satanás con sus pérfidas, y a la carne con sus vicios, para que así, muertos a los enemigos de nuestras almas, vivamos solamente para Ti. Por eso te rogamos, Oh Dulce Redentor y Salvador, que a la hora de nuestra muerte recibas nuestras pobres almas desterradas que regresan a Ti. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


DÉCIMA QUINTA ORACIÓN


¡Oh vencedor de la muerte! ¡Vid verdadera y fructífera! Recuerda a aquel torrente de sangre que brotó de cada parte de tu Bendito Cuerpo, igual que la uva exprimida en el lagar.


Desde el lugar de la flagelación y a través de las calles de Jerusalén, por toda aquella vía dolorosa, hasta la colina sagrada, tu Sangre derramada escribía las bellas páginas de la historia del Corazón que más nos ama...¡El tuyo! Recuerda como la tierra agradecida, pero a la vez espantada, recibía tu preciosa Sangre. toda la naturaleza; de horror temblaba y los Cielos se estremecían, los Ángeles y hasta los demonios se sorprendían ante ¡aquella increíble escena! ¡Todo un Dios moría! ¿Qué era aquello? ¿Qué sucedía? Aquel primer Viernes Santo, oh Jesús ¡Abrías el cielo para la humanidad pecadora!


Por tres largas horas tu Cuerpo colgó de la Cruz. Presentabas un aspecto doliente, triste, todo lleno de dolor, Tu Sangre aún manando, recorriendo aquella que ya se había secado, que ya había coagulado. Y a todo esto se adhirió el polvo y la tierra del camino....


Qué tristeza y dolor padecieron María y Juan al contemplar tus cabellos y barbas que ahora daban la impresión que estaban compuestos de alambres, llenos de Sangre y de tierra. Tus oídos y nariz tupidos estaban de sangre. ¡Hasta tus ojos y boca sangraban! En verdad que todos tus sentidos fueron atrozmente atormentados.


Así inclinaste la cabeza y entregaste tu Espíritu.... Entonces vino Longinos y perforó Tu costado, con tanta violencia, que la punta de la lanza casi sale por el otro costado. Tu corazón te lo desgarraron, oh Jesús, ese Corazón que ¡tanto nos ama! Y de allí brotó Sangre y Agua, hasta no quedar en Tu Cuerpo Gota alguna. Tu cuerpo era cual bulto colgado, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne tuya fue destrozada; la Sustancia de tu Cuerpo fue marchitada, y disecada la Médula de tus huesos. Es entonces que el Sol y las estrellas negaron su luz, hubo terremotos y la naturaleza y los elementos dieron amplio testimonio de que Aquel que negaron ¡era el Hijo de Dios!

Por esta amarga Pasión, y por la Efusión de Tu divina Sangre, te suplicamos oh dulcísimo Jesús, que recibas nuestra alma, cuando estemos sufriendo en la agonía de nuestra muerte.


Oh maravillosa realidad, escándalo para los infieles, ¡gozo indescriptible para los que te amamos! Ese tu infinito sacrificio pagó el rescate, y al resucitar y ascender gloriosamente al Cielo, ¡dejaste bien abiertas las puertas para aquellos que quisieran seguirte! Oh Señor, por tu amarga Pasión y preciosa sangre, te rogamos traspases nuestros corazones, para que nuestras lágrimas de amor, adoración y penitencia, sean nuestro alimento noche y día. Haz que nos convirtamos totalmente a Ti, que nuestros corazones sean tu perpetuo lugar de reposo; que nuestras conversaciones te sean siempre agradable; y que al final de nuestra vida merezcamos que graves, oh Dios de amor, el Sello de Tu Divinidad en nuestra alma, para que tanto el Padre como el Espíritu Santo, te vean bien reproducido en nosotros, y poder así ser contados entre tus Santos para que te alabemos para siempre por toda la eternidad. Así sea.


(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)


ORACIÓN FINAL


¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.


Sea por siempre, Bendito y Alabado Jesús, que con su Sangre nos redimió (tres veces)

Oración por los difuntos

 Oración por un ser querido fallecido


“Padre santo, Dios eterno y Todopoderoso, te pedimos por (el nombre del difunto), que llamaste de este mundo.


Dale la felicidad, la luz y la paz. Que él, habiendo pasado por la muerte, participe con los santos de la luz eterna, como le prometiste a Abraham y a su descendencia.


Que su alma no sufra más, y te dignes a resucitarlo con los santos el día de la resurrección y la recompensa.


Perdónale sus pecados, para que alcance junto a ti la vida inmortal en el reino eterno.


Por Jesucristo, Tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Amén.”


Oración por un difunto

¡Oh Dios! Nuestro creador y redentor, con tu poder Cristo conquistó la muerte y volvió a ti glorioso. Que todos tus hijos que nos han precedido en la fe (especialmente N...) participen de su victoria y disfruten para siempre de la visión de tu gloria donde Cristo vive y reina contigo y el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


Dales, Señor, el descanso eterno. Brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.


María, Madre de Dios, y Madre de misericordia, ruega por nosotros y por todos los que han muerto en el regazo del Señor. Amén.”


Oración de San Agustín

Oración de San Agustín


“No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudiérais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudiérais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudiérais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!


Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.


Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás. Amén.”

Oración Oh Jesús mío

 Oración de Fátima - Oración de la Década - Oración Oh Jesús mío



También llamada oración «Oh Jesús mío» y «Oración de la Década», la oración de Fátima se reza después del Gloria de cada decena del Rosario. María se la dio a los tres niños de Fátima en su segunda aparición.


«Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia».


 Canonización - Oración Oh Jesús mío

El Papa Francisco canonizó a Jacinta y Francisco en 2017 en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima como los no mártires más jóvenes en ser hechos santos.


Confirmados en esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables gracias concedidas a lo largo de estos últimos cien años. Todos ellos pasaron bajo el manto de luz que Nuestra Señora ha extendido sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, comenzando por esta tierra de Portugal, tan rica en esperanza. Podemos tomar como ejemplo a San Francisco y Santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el inmenso océano de la luz de Dios y enseñó a adorarle. Ésa era la fuente de su fuerza para superar la oposición y el sufrimiento. La presencia de Dios se hizo constante en sus vidas, como demuestran sus insistentes oraciones por los pecadores y su deseo de permanecer siempre cerca de «Jesús oculto» en el tabernáculo.


Papa Francisco

Oración a San Benito para alejar los malos espíritus

 

Oración a San Benito para alejar los malos espíritus

“Santísimo confesor del Señor;

 Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente.


Destierra de nuestra vida, de nuestra casa, las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías, de malas lenguas y hechicerías.


 Pídele al Señor, remedie nuestras necesidades espirituales, y corporales. Pídele también por el progreso de la santa Iglesia Católica; y porque mi alma no muera en pecado mortal, para que así confiado en Tu poderosa intercesión, pueda algún día en el cielo, cantar las eternas alabanzas. Amén.”


Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Oración de exorcismo del Papa León XIII

Oración de exorcismo del Papa León XIII


Oración de exorcismo del Papa León XIII, abreviada 


Glorioso Príncipe de los Ejércitos Celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos en nuestra batalla contra los principados y potestades, contra los gobernantes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12). Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado a su semejanza y a quienes ha redimido a un gran precio de la tiranía del diablo. 

 La Santa Iglesia te venera como su guardián y protector; a ti, el Señor ha confiado las almas de los redimidos para que sean conducidas al cielo. Ruega, pues, al Dios de la Paz que aplaste a Satanás bajo nuestros pies, para que ya no mantenga cautivos a los hombres ni perjudique a la Iglesia. 

Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que sin demora atraiga su misericordia sobre nosotros; agarra al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, átalo y arrójalo al abismo para que ya no seduzca a las naciones. (Apocalipsis 20:2-3) En el nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, fortalecidos por la intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, del Bendito Arcángel Miguel, de los Benditos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, y poderosos en la santa autoridad de nuestro ministerio, nos comprometemos con confianza a repeler los ataques y engaños del diablo. 

Dios se levanta; sus enemigos son dispersados ​​y quienes lo odian huyen ante él. Como se dispersa el humo, así son ellos dispersados; como la cera se derrite ante el fuego, así los malvados perecen en la presencia de Dios. 
 V/ He aquí la Cruz del Señor, huid de las bandas enemigas. 
 R. El León de la tribu de Judá, descendiente de David, ha vencido. 
 V/ Que tu misericordia, Señor, descienda sobre nosotros.
 R. Tan grande como nuestra esperanza en Ti. 

 Os expulsamos de nosotros, quienesquiera que seáis, espíritus inmundos, todos los poderes satánicos, todos los invasores infernales, todas las legiones malvadas, asambleas y sectas. 

En el Nombre y por el poder de Nuestro Señor Jesucristo, 
+ que seáis arrebatados y expulsados ​​de la Iglesia de Dios y de las almas hechas a imagen y semejanza de Dios y redimidas por la Preciosa Sangre del Divino Cordero.
 + Serpiente astuta, ya no osarás engañar a la raza humana, perseguir a la Iglesia, atormentar a los elegidos de Dios y zarandearlos como trigo. 
+ El Dios Altísimo te lo manda, 
+ Aquel con quien, en vuestra gran insolencia, todavía pretendéis ser iguales. Dios que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. (1 Tim. 2:4) Dios Padre te lo manda. 
+ Dios Hijo te lo manda. 
+ Dios Espíritu Santo te lo manda.
 + Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, te lo manda; 
+ Aquel que, para salvar a nuestra raza, superada por vuestra envidia, se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte (Fil. 2:8); aquel que edificó su Iglesia sobre la roca firme y declaró que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, porque Él morará con ella todos los días, hasta el fin del mundo. (Mt. 28:20) La sagrada Señal de la Cruz os lo ordena, 
+ como también el poder de los misterios de la fe cristiana. 
+ La gloriosa Madre de Dios, la Virgen María, os lo ordena; 
+ ella que por su humildad y desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó vuestra orgullosa cabeza.
La fe de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y de los demás apóstoles, os lo ordena.
 + La sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los santos os lo ordenan. 
+ Así, maldito dragón, y ustedes, legiones diabólicas, los conjuramos por el Dios vivo, 
+ por el Dios verdadero, 
+ por el Dios santo, 
+ por el Dios que tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único, para que toda alma que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna; (San Juan 3:16) dejen de engañar a las criaturas humanas y de derramar sobre ellas el veneno de la condenación eterna; dejen de dañar a la Iglesia y obstaculizar su libertad. Vete, Satanás, inventor y maestro de todo engaño, enemigo de la salvación del hombre. 

Dale lugar a Cristo en Quien no has encontrado ninguna de tus obras; dale lugar a la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica adquirida por Cristo al precio de Su Sangre. 

Inclínate bajo la Mano todopoderosa de Dios; temblad y huid cuando invocamos el Santo y terrible Nombre de Jesús, este Nombre que hace temblar los infiernos, este Nombre al cual se someten humildemente las Virtudes, las Potestades y las Dominaciones del cielo, este Nombre que los Querubines y Serafines alaban repitiendo sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos. 


 V/ Oh Señor, escucha mi oración. 
 R. Y llegue hasta Ti mi clamor. 
 V/ Que el Señor esté contigo.
 R. Y con tu espíritu.
 Oremos 
 Dios del cielo, 
Dios de la tierra, 
Dios de los ángeles,
Dios de los arcángeles, 
Dios de los patriarcas, 
Dios de los profetas, 
Dios de los apóstoles,
 Dios de los mártires, 
Dios de los confesores, 
Dios de las vírgenes, 

Dios que tienes poder para dar vida después de la muerte y descanso después del trabajo: porque no hay otro Dios que Tú y no puede haber otro, pues Tú eres el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles, cuyo reino no tendrá fin, nos postramos humildemente ante Tu gloriosa Majestad y te suplicamos que nos libres por Tu poder de toda la tiranía de los espíritus infernales, de sus trampas, sus mentiras y su furiosa maldad. 

Dígnate, oh Señor, concedernos Tu poderosa protección y mantenernos sanos y salvos. Te lo suplicamos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 
 V/ De las trampas del diablo, 
 R. Líbranos, Señor. 
 V/ Para que tu Iglesia te sirva en paz y libertad: 
 R. Te suplicamos que nos escuches. 
 V/ Para que aplastes a todos los enemigos de tu Iglesia: 
 R. Te suplicamos que nos escuches”. 
 ¿Qué son los exorcismos? 

Un exorcismo es un ritual realizado exclusivamente por obispos y sacerdotes capacitados (« exorcistas »), que piden «públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona u objeto sea protegido del poder del Maligno» (Catecismo de la Iglesia Católica). 

Los exorcistas intervienen cuando las personas son atacadas o creen estar poseídas por el demonio . Estos sacerdotes oran por las víctimas o junto con ellas, según rituales específicos, apropiados y aprobados por la Iglesia. 

 Oremos por la intercesión de los santos con Aoraciones  La oración del Papa León XIII comienza pidiendo la ayuda de San Miguel Arcángel para combatir el mal . Y tiene sentido, ya que San Miguel es descrito como el comandante del ejército del Señor, quien en el Apocalipsis lideró a otros ángeles en la batalla y derrotó al Dragón. 

La Iglesia Católica le dirige muchas oraciones pidiendo su protección. Tú también puedes orar por la protección de San Miguel diciendo esta hermosa novena.