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jueves, 18 de junio de 2026

Oraciones a la Madre del Perpetuo Socorro

 Oraciones a la Madre del Perpetuo Socorro para mantener a Dios cerca

Oraciones a la Madre del Perpetuo Socorro


Esta oración inicial del triduo nos mueve a reconocer nuestra fragilidad, consagrándonos como siervos de María y clamando su auxilio constante ante las acechanzas del enemigo.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! He aquí a vuestros pies a un pobre pecador que a Vos recurre y en Vos confía ¡Oh Madre de misericordia! Tened piedad de mí; oigo que todos os llaman refugio y esperanza de los pecadores; sed, pues, mi refugio y mi esperanza.

Socorredme por amor a Jesucristo; dad la mano a un infeliz caído que a Vos se recomienda, y se os consagra como siervo perpetuo. Bendigo y doy gracias a Dios que por su misericordia me ha inspirado esta confianza en Vos, la cual yo tengo por prenda de mi eterna salvación.

¡Ah! Yo, miserable, he caído hasta ahora tantas veces por no haber acudido a Vos. Sé que con vuestro socorro venceré; sé que me auxiliaréis, si a Vos me encomiendo; pero temo que en las ocasiones peligrosas deje de invocaros, y así me pierda.

Esta gracia, pues, os pido; sí, encarecidamente os suplico que, en los asaltos del infierno, siempre recurra a Vos, y os diga:

«María, ayúdame; Madre del Perpetuo Socorro, no permitas que pierda a mi Dios».

Cinco Avemarías

  • Rezar devotamente Cinco Avemarías meditadas.

  • V. Nos habéis sido dada, Señora, como refugio.

  • R. Como auxilio oportuno en la tribulación.

1. Súplica de Humildad y Amparo (Pág. 66)

Esta oración reconoce la humana fragilidad e invoca el auxilio constante de la Virgen ante las acechanzas del día a día.

¡Ah! Yo, miserable, he caído hasta ahora tantas veces por no haber acudido a Vos. Sé que con vuestro socorro venceré; sé que me auxiliaréis, si a Vos me encomiendo; pero temo que en las ocasiones peligrosas deje de invocaros, y así me pierda.

Esta gracia, pues, os pido; sí, encarecidamente os suplico que, en los asaltos del infierno, siempre recurra a Vos, y os diga:

«María, ayúdame; Madre del Perpetuo Socorro, no permitas que pierda a mi Dios».

Cinco Avemarías

  • Rezar devotamente Cinco Avemarías meditadas.

  • V. Nos habéis sido dada, Señora, como refugio.

  • R. Como auxilio oportuno en la tribulación.

2. Oración Colecta de Protección (Pág. 66)

Dios omnipotente y misericordioso, que nos disteis a venerar la imagen de vuestra aventurada Madre bajo el título especial del Perpetuo Socorro; concedednos propicio que en todas las vicissitudes de nuestra peregrinación en esta vida, seamos de tal manera asistidos por la continua protección de la misma Inmaculada y siempre Virgen María, que merezcamos conseguir los premios de vuestra eterna redención.

Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos.

R. Amén.

3. Oración para el Día Segundo (Pág. 67)

Oración central del segundo día de la novena, enfocada en el poder salvífico del Santo Nombre de María.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Concededme que yo siempre pueda invocar vuestro poderosísimo nombre, ya que vuestro nombre es el socorro del que vive y la salvación del moribundo.

¡Ah! María purísima, María dulcísima, haced que vuestro nombre sea de hoy en adelante el aliento de mi vida. Apresuraos, Señora, a socorrerme cada vez que os llame, pues en todas las tentaciones que me asalten, y en todas las necesidades que me agobien jamás quiero dejar de llamaros, repitiendo siempre:

¡María! ¡María!

Qué fortaleza, qué dulzura, qué confianza, qué ternura siente mi alma con sólo invocaros, con sólo pensar en Vos! Agradezco al Señor que para bien mío os dado ese nombre tan dulce, tan amable y tan poderoso. Mas no me contento con pronunciar solamente vuestro nombre, quiero pronunciarlo con amor, quiero que el amor me recuerde que siempre debo llamaros:

Madre del Perpetuo Socorro.

Devoción de Cierre (Día Segundo)

  • Rezar Cinco Avemarías como el día anterior.

4. Oración para el Día Tercero (Pág. 68)

En el tercer día se medita sobre la Virgen como dispensadora de todas las gracias divinas y abogada del pecador arrepentido.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Vos sois la dispensadora de todas las gracias que Dios concede a nosotros miserables. Si Él os ha hecho tan poderosa, tan rica y tan benigna, es para que nos socorráis en nuestras miserias. Vos sois la abogada de los reos más miserables y abandonados que a Vos acuden; socorredme, pues, a mí, ya que a Vos me encomiendo.

En vuestras manos pongo mi eterna salvación, a Vos entrego mi alma. Contadme en el número de vuestros siervos predilectos, acogedme a vuestra protección, y esto me basta, sí; porque si Vos me socorréis, nada temo; no temo mis pecados porque Vos me obtendréis el perdón; no temo a los demonios porque Vos sois más poderosa que todo el infierno; no temo ni al mismo Juez, Jesucristo, porque a una súplica vuestra, Él se aplaca.

Sólo temo que por negligencia deje de encomendarme a Vos, mía y así me pierda. Alcanzadme, Señora mía, el perdón de mis pecados, el amor a Jesucristo, la perseverancia final y la gracia de acudir siempre a Vos.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!

Devoción de Cierre (Día Tercero)

  • Rezar Cinco Avemarías como el día anterior.

  • Nota histórica del devocionario: El Papa Pío IX concededió a cada una de estas tres oraciones, el 17 de mayo de 1886, cien días de indulgencias una vez al día aplicables a las almas del purgatorio.

5. Oración en Forma de Letanía a la Virgen del Perpetuo Socorro (Págs. 69, 70 y 71)

Solemne plegaria responsorial para clamar el amparo de la Madre Celestial en cada una de las batallas y dificultades de la vida.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ese nombre que lleváis hace que mi corazón rebose en confianza para con Vos. Heme, pues, aquí a vuestros pies. Vengo a manifestaros todas las necesidades de mi vida y las de mi muerte. Vengo a invocar vuestro maternal socorro para que me protejáis en todas ellas. Dignaos, Madre mía, escucharme desde lo alto de los cielos.

  • V. En todas las dificultades, penas y miserias:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tuviere la desgracia de pecar, para que pronto me levante:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si algún lazo funesto me cautivara en el servicio del demonio, para que luego lo rompa:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tardare en convertirme, para que pronto me rinda:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si fuere esclavo de una pasión tiránica, para que triunfe de ella:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si fuere un hijo pródigo, endurecido y encegado en el vicio, para que vuelva a mi Padre:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si viviere en la tibieza, para que Jesucristo no me vomite de su boca:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tuviere la desgracia de vivir en el sacrilegio, para que tenga valor de confesarme bien:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Cuando me olvidare o descuidare de acudir a Vos, para que pronto lo haga:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si alguna vez me rebajare en vuestro servicio, para que luego vuelva a enfervorizarme:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En la obligación de confesarme para que fielmente cumpla con ella:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En la obligación de recibir la sagrada comunión, para cumplir digna y fervorosamente:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En todos los ejercicios de un cristiano fervoroso y especialmente en la meditación y oración:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que conserve o recobre la castidad:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que logre amar a Dios con todo mi corazón:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que por amor a Dios, me conforme en todo con su santa voluntad:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En todos mis pensamientos, acciones y negocios:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que cumpla fielmente todas las obligaciones de mi estado:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si la enfermedad afligiere mi cuerpo y postrare mi alma:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh [Madre bondadosa!]

5. Oración en Forma de Letanía a la Virgen del Perpetuo Socorro (Págs. 69, 70, 71, 72, 73 y 74)

Solemne plegaria responsorial para clamar el amparo de la Madre Celestial en cada una de las batallas y dificultades de la vida.

¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ese nombre que lleváis hace que mi corazón rebose en confianza para con Vos. Heme, pues, aquí a vuestros pies. Vengo a manifestaros todas las necesidades de mi vida y las de mi muerte. Vengo a invocar vuestro maternal socorro para que me protejáis en todas ellas. Dignaos, Madre mía, escucharme desde lo alto de los cielos.

  • V. En todas las dificultades, penas y miserias:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En el momento peligroso de la tentación, para que yo resista:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tuviere la desgracia de pecar, para que pronto me levante:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si algún lazo funesto me cautivara en el servicio del demonio, para que luego lo rompa:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tardare en convertirme, para que pronto me rinda:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si fuere esclavo de una pasión tiránica, para que triunfe de ella:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si fuere un hijo pródigo, endurecido y encegado en el vicio, para que vuelva a mi Padre:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si viviere en la tibieza, para que Jesucristo no me vomite de su boca:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si tuviere la desgracia de vivir en el sacrilegio, para que tenga valor de confesarme bien:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Cuando me olvidare o descuidare de acudir a Vos, para que pronto lo haga:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si alguna vez me rebajare en vuestro servicio, para que luego vuelva a enfervorizarme:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En la obligación de confesarme para que fielmente cumpla con ella:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En la obligación de recibir la sagrada comunión, para cumplir digna y fervorosamente:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En todos los ejercicios de un cristiano fervoroso y especialmente en la meditación y oración:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que conserve o recobre la castidad:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que logre amar a Dios con todo mi corazón:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que por amor a Dios, me conforme en todo con su santa voluntad:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En todos mis pensamientos, acciones y negocios:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que cumpla fielmente todas las obligaciones de mi estado:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si la enfermedad afligiere mi cuerpo y postrare mi alma:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si el pesar y la tristeza se apodera de mí:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si el mundo me hiciere sufrir:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si Dios me afligiere con penas interiores:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si la Providencia me probare con la pobreza:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si encontrare en mi propia familia motivos de aflicción:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Si fuere humillado, contrariado o maltratado:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que consiga la conversión y alivio de los que amo:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que procure la libertad de las almas del Purgatorio:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que coopere a la salvación de los pecadores:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que alcance la gracia de la perseverancia final:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que nunca me olvide de pedir esta gracia:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Cuando llegue mi última enfermedad:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En las últimas tentaciones que precedan y acompañen a mi agonía:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Al exhalar el último suspiro:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Cuando me presente a vuestro Hijo para ser juzgado:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Cuando padezca en el purgatorio:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. En todo tiempo y en todo lugar:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que os sirva, os ame y os invoque siempre:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que ame a Jesucristo:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

  • V. Para que os haga amar y servir de muchos cristianos:

  • R. Venid a mi socorro, ¡oh Madre bondadosa!

Alabanza Final (Pág. 74)

¡Sea amada, alabada y eternamente bendita la Virgen del Perpetuo Socorro! Sed mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi refugio y mi vida. Amén.

6. Breve Oración a la Virgen del Perpetuo Socorro (Pág. 74)

Oración compacta diaria para consagrar la jornada y pedir la santa bendición.

Santísima Virgen del Perpetuo Socorro. Madre mía amantísima y esperanza mía, yo me acojo bajo vuestro manto, y bajo vuestro manto yo quiero vivir y morir. No permitáis ¡Oh amada Madre mía! Que ni hoy ni jamás ofenda a vuestro Divino Hijo, y dadme siempre vuestra santa bendición.

7. Acto de Consagración (Págs. 74 y 75)

1. A María

¡Oh María! Ya que para inspirarme confianza habéis querido llamaros Madre del Perpetuo Socorro, y yo N. N., aunque indigno de ser inscrito en el afortunado número de vuestros siervos, deseando, no obstante, participar de los benéficos efectos de vuestra misericordia, postrado ante vuestro trono, os consagro mi entendimiento, para que pienses siempre en el amor que merecéis; os consagro mi lengua, para que ensalce vuestras grandes prerrogativas y propague la devoción a Vos; os consagro mi corazón para que después de Dios os ame sobre todas las cosas.

Recibidme ¡Oh gran Reina! En el venturoso número de vuestros siervos; acogedme bajo vuestra protección, socorredme en todas mis necesidades espirituales, y especialmente en el peligroso trance de mi agonía. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Sé que me amáis más de lo que yo pueda amarme a mí mismo; por eso os constituyo en Señora y Árbitro de mis intereses y de todos mis asuntos; disponed, pues, libremente de mí y de todo lo mío conforme os agradare.

Bendecidme ¡Oh madre mía! Y con vuestra poderosa intercesión robusteced mi flaqueza, a fin de que, sirviendoos fielmente en esta vida, pueda alabaros, amaros y daros gracias en la otra eternamente. Amén.

Jaculatoria Final (Pág. 75)

¡Oh María, Madre del Perpetuo Socorro! Rogad por mí.

Lectio Divina: Padre nuestro que estás en los cielos

 Lectio Divina: jueves, 18 de junio de 2026 

Lectio Divina: Padre nuestro que estás en los cielos

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial 

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 6,7-15

 «Y, al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. «Vosotros, pues, orad así: 

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

3) Reflexión

El evangelio de hoy nos presenta la oración del Padre Nuestro, el Salmo que Jesús nos ha dejado. Hay dos redacciones del Padre Nuestro

  1. la de Lucas (Lc 11,1-4) y 
  2. la de Mateo (Mt 6,7-13). 

La redacción de Lucas es más breve

Lucas escribe para las comunidades que venían del paganismo. Trata de ayudar a las personas que están iniciando el camino de la oración. 

En el evangelio de Mateo

El Padre Nuestro está en aquella parte del Sermón del Monte, donde Jesús orienta a los discípulos y a las discípulas en la práctica de las tres obras de piedad: limosna (Mt 6,1-4), oración (Mt 6,5-15) y ayuno (Mt 6,16-18). El Padre Nuestro forma parte de una catequesis para judíos convertidos. Ellos estaban ya acostumbrados a rezar, pero tenían ciertos vicios que Mateo trata de corregir. En el Padre Nuestro Jesús resume toda su enseñanza en siete preces dirigidas al Padre. En estas sietes peticiones, retoma las promesas del Antiguo Testamento y manda pedir al Padre que Le ayude a realizarlas. Los primeros tres hablan de nuestra relación con Dios. Los otros cuatro tienen que ver con nuestra relación con los demás. 

• Mateo 6,7-8: 

La introducción al Padre nuestro. Jesús critica a las personas para quienes la oración era una repetición de fórmulas mágicas, de palabras fuertes, dirigidas a Dios para obligarlo a responder a sus pedidos y necesidades. Quien reza debe buscar en primer lugar el Reino, mucho más que los intereses personales. La acogida de la oración de parte de Dios no depende de la repetición de las palabras, sino de la bondad de Dios que es Amor y Misericordia. Él quiere nuestro bien y conoce nuestras necesidades, antes que recitemos nuestras oraciones. 

• Mateo 6,9a: 

Las primeras palabras: “¡Padre Nuestro, que estás en el cielo!” Abba, Padre, es el nombre que Jesús usa para dirigirse a Dios. Expresa la intimidad que tenía con Dios y manifiesta la nueva relación con Dios que debe caracterizar la vida de la gente en las comunidades cristianas (Gal 4,6; Rom 8,15). Mateo añade al nombre del Padre el adjetivo nuestro y la expresión que estás en el Cielo.

La oración verdadera es una relación que nos une al Padre, a los hermanos y a las hermanas y a la naturaleza. La familiaridad con Dios no es intimista, sino que expresa la conciencia de pertenecer a la gran familia humana, de la que participan todas las personas, de todas las razas y credos: Padre Nuestro. Rezar al Padre y entrar en la intimidad con él, es también colocarse en sintonía con los gritos de todos los hermanos y hermanas. Es buscar el Reino de Dios en primer lugar. La experiencia de Dios como Padre es el fundamento de la fraternidad universal.

• Mateo 6,9b-10: 

Las tres peticiones por la causa de Dios: el Nombre, el Reino, la Voluntad. En la primera parte del Padre-nuestro, pedimos para que se restaure nuestra relación con Dios. Para restaurar la relación con Dios, Jesús pide 

  1. la santificación del Nombre revelado en el Éxodo en ocasión de la liberación de Egipto; 
  2. pide la venida del Reino, esperado por la gente tras el fracaso de la monarquía; 
  3. pide el cumplimiento de la Voluntad de Dios, revelada en la Ley que estaba en el centro de la Alianza. El Nombre, el Reino, la Ley: son los tres ejes sacados del Antiguo Testamento que expresan cómo debe ser la nueva relación con Dios. 

Las tres peticiones muestran que es preciso vivir en la intimidad con el Padre, haciendo con que su Nombre sea conocido y amado, que su Reino de amor y de comunión se vuelva realidad, y que se haga su Voluntad así en la tierra como en el cielo. En el cielo, el sol y las estrella obedecen a la ley de Dios y crean el orden del universo. La observancia de la ley de Dios "así en la tierra como en el cielo" tiene que ser la fuente y el espejo de armonía y de bienestar en toda la creación. Esta relación renovada con Dios, se vuelve visible en la relación renovada entre nosotros que, a su vez, es objeto de cuatro peticiones más: el pan de cada día, el perdón de las deudas, el no caer en la tentación y la liberación del Mal. 

• Mateo 6,11-13: 

Las cuatro peticiones por la causa de los hermanos: Pan, Perdón, Victoria, Libertad. En la segunda parte del Padre nuestro, pedimos que sea restaurada y renovada la relación entre las personas. Las cuatro peticiones muestran cómo deben ser transformadas las estructuras de la comunidad y de la sociedad para que todos los hijos y las hijas de Dios vivan con igual dignidad. 

Pan de cada día: La petición del "Pan de cada día" (Mt 6,11) recuerda el maná de cada día en el desierto (Ex 16,1-36). El maná era una “prueba" para ver si la gente era capaz de caminar según la Ley de Señor (Ex 16,4), esto es, si era capaz de acumular comida sólo para un día como señal de fe que la providencia divina pasa por la organización fraterna. Jesús invita a realizar un nuevo éxodo, una nueva convivencia fraterna que garantice el pan para todos. La petición de "perdón por las deudas" (6,12) recuerda el año sabático que obligaba a los acreedores al perdón de las deudas a los hermanos (Dt 15,1-2). El objetivo del año sabático y del año jubilar (Lev 25,1-22) era de deshacer las desigualdades y empezar de nuevo. ¿Cómo rezar hoy: “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores? Los países ricos, todos ellos cristianos, se enriquecen gracias a la deuda externa de los países pobres. No caer en la Tentación: la petición "no caer en la tentación" (6,13) recuerda los errores cometidos en el desierto, donde el pueblo cayó en la tentación (Ex 18,1-7; Núm 20,1- 13; Dt 9,7-29). Es para imitar a Jesús que fue tentado y venció (Mt 4,1-17). En el desierto, la tentación llevaba a la gente a seguir por otros caminos, a volverse atrás, a no asumir el camino de la liberación y a reclamar de Moisés que lo conducía la liberación. Liberación del Mal: el mal es el Maligno, Satanás, que trata de desviar y que, de muchas maneras, trata de llevar a las personas a no seguir el rumbo del Reino, indicado por Jesús. Tentó a Jesús para que abandonara el Proyecto del Padre y fuera el Mesías conforme a las ideas de los fariseos, de los escribas y de otros grupos. El Maligno aleja de Dios y es motivo de escándalo. Entra en Pedro (Mt 16,23) y tienta a Jesús en el desierto. Jesús lo vence (Mt 4,1-11). 

4) Para la reflexión personal 

• Jesús dice "perdona nuestras deudas", pero hoy rezamos "perdona nuestras ofensas" ¿Qué es más fácil: perdonar las ofensas o perdonar las deudas? • ¿Cómo sueles recitar el Padre Nuestro: mecánicamente o poniendo toda tu vida y tu compromiso en él? 

5) Oración final

Los montes se derriten como cera, ante el Dueño de toda la tierra; los cielos proclaman su justicia, los pueblos todos ven su gloria. (Sal 97,5-6) 

miércoles, 17 de junio de 2026

Lectio Divina: Oración, Limosna y Ayuno

 Lectio Divina: miércoles, 17 de junio de 2026 

Lectio Divina: Oración, limona y ayuno - Aoraciones

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial

 ¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 6,1-6.16-18

 «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

3) Reflexión 

El evangelio de hoy da continuidad a la meditación sobre el Sermón del Monte. En los días anteriores hemos reflexionado sobre el mensaje del capítulo 5 del evangelio de Mateo. En el Evangelio de hoy y en los días siguientes vamos a meditar el mensaje del capítulo 6 del mismo evangelio. La secuencia de los capítulos 5 y 6 puede ayudar en su comprensión. Los pasajes en itálico indican el texto del evangelio de hoy. He aquí el esquema: 

• Mateo 5,1-12

Las bienaventuranzas: solemne apertura de la nueva Ley. 

• Mateo 5,13-16

La nueva presencia en el mundo: Sal de la tierra y luz del mundo. 

• Mateo 5,17-19

La nueva práctica de la justicia: relación con la antigua ley. 

• Mateo 5, 20-48

La nueva práctica de la justicia: observando la nueva Ley. 

• Mateo 6,1-4:

La nueva práctica de las obras de piedad: la limosna. 

• Mateo 6,5-15:

La nueva práctica de las obras de piedad: la oración. 

• Mateo 6,16-18

La nueva práctica de las obras de piedad: el ayuno. 

• Mateo 6,19-21

 La nueva relación con los bienes materiales: no acumular. 

• Mateo 6,22-23

Nueva relación con los bienes materiales: visión correcta. 

• Mateo 6,24: 

Nueva relación con los bienes materiales: Dios o el dinero. 

• Mateo 6,25-34

Nueva relación con los bienes materiales: abandono en la Providencia. El evangelio de hoy trata de tres asuntos: la limosna (6,1-4), la oración (6,5-6) y el ayuno (6,16-18). Son las tres obras de piedad de los judíos.

• Mateo 6,1

No practicar el bien para ser vistos por los otros. Jesús critica los que practican las buenas obras sólo para ser vistos por los hombres (Mt 6,1). Jesús pide apoyar la seguridad interior en aquello que hacemos por Dios. En los consejos que él da transpare un nuevo tipo de relación con Dios: “Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará" (Mt 6,4). “Antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan” (Mt 6,8). “Si perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará” (Mt 6,14). Es un nuevo camino que aquí se abre de acceso al corazón de Dios Padre. Jesús no permite que la práctica de la justicia y de la piedad se use como medio de autopromoción ante Dios y la comunidad (Mt 6,2.5.16). 

• Mateo 6,,2-4

Como practicar la limosna. Dar la limosna es una manera de realizar el compartir tan recomendado por los primeros cristianos (Hec 2,44-45; 4,32-35). La persona que practica la limosna y el compartir para promoverse a sí mismo ante los demás merece la exclusión de la comunidad, como fue el caso de Ananías y Safira (At 5,1-11). Hoy, tanto en la sociedad como en la Iglesia, hay personas que hacen gran publicidad del bien que hacen a los demás. Jesús pide el contrario: hacer el bien de forma tal que la mano izquierda no sepa lo que hace la mano derecha. Es el total desapego y la entrega total en la gratuidad del amor que cree en Dios Padre y lo imita en todo lo que hace. 

• Mateo 6,5-6: Como practicar la oración

La oración coloca a la persona en relación directa con Dios. Algunos fariseos transformaban la oración en una ocasión para aparecer y exhibirse ante los demás. En aquel tiempo, cuando tocaba la trompeta en los tres momentos de la oración: mañana, mediodía y tarde, ellos debían pararse eel lugar donde estaban para hacer sus oraciones. Había gente que procuraba estar en las esquinas en lugares públicos, para que todos pudiesen ver cómo rezaban. Ahora bien, una actitud así, pervierte nuestra relación con Dios. Es falsa y sin sentido. Por esto, Jesús dice que es mejor encerrarse en un cuarto y rezar en secreto, preservando la autenticidad de la relación. Dios te ve también lo secreto y él te escucha siempre. Se trata de la oración personal, no de la oración comunitaria. 

• Mateo 6,16-18

Como practicar el ayuno. En aquel tiempo la práctica del ayuno iba acompañada de algunos gestos exteriores bien visibles: no lavarse la cara ni peinarse, usar ropa de color oscuro. Era la señal visible del ayuno. Jesús critica esta manera de actuar y manda hacer lo contrario, para que nadie consiga percibir que estás ayunando: báñate, usa perfume, péinate bien el pelo. Y así el Padre que ve en lo secreto recompensará. 

4) Para la reflexión personal 

• Cuando rezas, ¿cómo vives tu relación con Dios? • ¿Cómo vives tu relación con los demás en la familia y en la comunidad? 

5) Oración final 

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! La reservas para tus adeptos, se la das a los que a ti se acogen a la vista de todos los hombres. (Sal 31,20) 

 


Santísima Madre de La Luz

 Consagración al Mayor Culto y Honra de Nuestra Divinísima y Santísima Madre de La Luz

Culto de los Miércoles del Año

Hecha la señal de la cruz é hincado delante de una efigie de la Santísima Virgen, se dirá la siguiente:

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Ermosísima y amantísima Señora, Reina del cielo y Madre de los pecadores: llegó el momento en que mi corazón, afligido por la culpa y agobiado por el peso que le han impuesto sus pasiones, vea sus errores y conozca el deplorable estado en que se encuentra: no tengo á quien volver mis tristes ojos; nadie puede darme el alivio ni extender la mano para socorrer á un desvalido; sólo tú, Señora; tú, que eres el remedio de los afligidos, el consuelo de los desamparados, la Madre de los pecadores y la luz que puede alumbrarnos; aquí estoy, Señora, postrado ante tus altares, regándolos con mi llanto y presentándote compungido mi corazón.

¿Para quién, Señora, se hicieron los favores? ¿No fueron para el infeliz? Sí, Señora, es honor vuestro amparar á un desvalido: muévate á piedad la obscuridad en que me hallo; alúmbrame, Señora, y seré salvo; extiende tu mano protectora, y respirará un cautivo del pecado: todo cuanto miro en ti me alienta y conforta; la dulzura de tu nombre, ese semblante agradable y risueño, todo, todo me hace esperar mi felicidad: permite, Señora, que un desgraciado te llame Madre; sí, Madre Santísima, Madre de la Luz, Madre mía, piedad, misericordia; acepta, por tanto, las alabanzas que mis labios te dan, y usa conmigo de tus antiguas gracias.

Oración a Santísima Madre de La Luz

Amantísima y piadosísima Madre de la Luz: quien no conozca tus bondades, quien no sepa lo mucho que amas á los pecadores y el placer que éstos te causan cuando en sus aflicciones y necesidades acuden á la fuente riquísima é inagotable de bienes que manan de tu corazón; ese, pues, soberana Reina, no se acogerá á Ti, que eres la dispensadora de los bienes celestiales y el único amparo de los que gimen en este mundo de miseria y tropiezos.

Mas yo, Reina mía, consuelo mío, tesoro mío, única esperanza y refugio de mi atribulado corazón; yo, celestial Reina, aunque indigno y pecador, me pongo bajo la custodia de tu maternal amparo. Hasta hoy, divina Señora, te ha invocado el desvalido, y al punto le has socorrido en sus trabajos; has oído llorar al desgraciado, y al instante lo has llenado de consuelo; has visto al pecador contrito y humillado, y al punto le has abierto tus brazos maternales.

¿Andarás Tú esquiva conmigo, Madre mía, que sin cesar prodigas tus bondades? ¿He de ser yo el único que, habiendo acudido á Ti, vuelva sin hallar el consuelo y amparo apetecido? ¡Imposible, piadosísima Señora!

Confío y estoy seguro de que me concederás el remedio en mis presentes necesidades, interponiendo para esto tus súplicas hacia tu Santísimo Hijo, que por amor nuestro vertió su sangre en el Calvario. Mas si mis delitos y pecados no me hicieron acreedor á la gracia que solicito, entonces, Madre mía, sumiso acataré tu voluntad, seguro de que después de sufrir en este mundo me llevarás á la eterna bienaventuranza. Amén.

Alabanzas a Nuestra Madre Santísima

Salve al esplendor del cielo,

De piedad fuente infinita;

Madre de la Luz bendita, Sé nuestro amparo y consuelo.

Salve, Reina inmaculada,

Refugio del desvalido,

Consuelo del afligido

Y Virgen la más amada.

Pues eres nuestra abogada,

Haz que gocemos el cielo;

Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.

Entre todas las mujeres

Fuiste tú la más hermosa,

Y prodigas generosa

La dicha, paz y placeres.

Y puesto, Señora, que eres

De perfecciones modelo,

Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.

Tú sola fuiste escogida

Para Madre del Eterno,

Y al dominar al infierno,

Diste al hombre nueva vida.

Por eso, Reina querida,

Ruega por nos con anhelo;

Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.

Agrada al Omnipotente

El que por tu amor le rueguen,

Y no hay dichas que se nieguen

A quien te ama reverente.

Jaculatorias Trinitarias

Eres de la Trinidad

Sagrario, divina Aurora;

Misericordia, Señora;

Madre de la Luz, piedad.

V. Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto.

(Rezar un Ave María)

Cuando el Señor te escogió

Para su Madre y Esposa,

De verte tan primorosa

Todo un Dios se suspendió.

V. Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto.

(Rezar un Ave María)

En el tiempo del dolor,

Como única mujer fuerte,

Viste acabar con la muerte

La vida del Redentor;

V. Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen castísima después del parto.

(Rezar un Ave María)

Tu nombre, bella María,

Que causa espanto al infierno,

Es para el hombre tan tierno,

Que en él halla su alegría.

V. Dios te salve, María Santísima, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.

(Rezar un Ave María)

El canto de la Aurora

Como el viajero que desviado llora,

Gime y suspira por la luz del día,

Así mi pecho tu piedad implora,

Virgen gloriosa, cándida María.

Salve mil veces, ¡oh radiante Aurora!

¡Oh Madre de la Luz, clemente y pía!

A tu esplendor huyó la noche obscura,

Y el cielo se admiró de tu hermosura.

¡Oh Madre de la Luz indeficiente,

Concebida en la gracia más temprana,

Raudal de luz que brota del Oriente,

Purísimo esplendor de la mañana!

Alcánzanos, ¡oh Virgen inocente!,

La gracia de la alteza soberana,

Y de las fauces del dragón furioso

Libértenos tu brazo poderoso.

Práctica de los 7 Sábados

Origen y Modo de Hacerse

Uno de los obsequios más del agrado de la Señora son los siete sábados que preceden á su fiesta. Ordenó que el día de su fiesta fuese el miércoles inmediato antes de la Pascua del Espíritu Santo, y que á la solemnidad de ella precediera la devoción de los siete sábados. Debe por esto comenzarse el Sábado de Gloria. Los obsequios son confesar y comulgar en cada uno, ayunar ó practicar alguna mortificación, y sobre todo evitar toda culpa mortal y venial.

Acto de Contrición de los Sábados

Amabilísimo y dulcísimo Jesús, esplendor del Eterno Padre; imagen viva suya, eterna sabiduría, único y sumo bien de mi alma, por ser quien eres, y porque te amo más que al cielo y la tierra, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Yo propongo, prostrado á tus pies y á los de tu Madre María Santísima, no pecar más y desear tu caridad ardentísima. Amén.

Ofrecimiento al Espíritu Santo

Santísimo Espíritu, te doy gracias por los siete dones que comunicaste á tu Esposa, María, Madre inmaculada de la Luz, y te ofrezco estos siete Padrenuestros, junto con todos los himnos de alabanza de la corte celestial, suplicándote que me hagas participante de tus santos dones. Amén.

Oraciones Propias de los Sábados

Sábado Primero: Fuente de Luz Pura

Amabilísima Señora, Madre Santísima de la Luz, os adoro y venero como fuente de Luz la más pura y hermosa. Os pido que me miréis con los ojos de vuestra misericordia, y con los rayos de vuestra clemencia disipéis las obscuras tinieblas de mi ceguedad. Ante vuestra sagrada imagen os consagro mi corazón para siempre. Amén.

Sábado Segundo: Trono de Sabiduría

¡Oh Trono de la verdadera Sabiduría, María Santísima! Ilumina á este ciego; abre mis ojos para seguir la verdadera sabiduría; conforta mi entendimiento para conocer la falsedad y corrobora mi voluntad para amar la verdad. Amén.

Sábado Tercero: Espejo de Virtud

¡Oh dechado y Espejo fiel de todas las virtudes! Encamíname por el sendero de las virtudes, esforzándome, Señora, para que viva en adelante con los ojos fijos en el modelo de tu vida y merezca tu santo galardón. Amén.

Sábado Cuarto: Manantial de Beneficencia

Amabilísima Señora, bienhechora liberalísima del mundo, yo te adoro como manantial indeficiente de todos los bienes. Concededme el perdón de mi ingratitud y alcanzadme los auxilios continuos de la gracia. Amén.

Sábados Quinto al Séptimo: Amor, Gracia y Gloria

¡Oh Madre del Puro Amor, Dispensadora de la Gracia y Reina Coronada de los Cielos! Te suplicamos en estos últimos sábados que enciendas nuestro corazón en el fuego divino de la caridad, nos conserves en gracia santificante y nos guíes de la mano en nuestra postrera agonía hasta el Trono de tu Gloria Celestial. Amén.


martes, 16 de junio de 2026

Lectio Divina: Ser Perfecto como el Padre celestial es perfecto

 Lectio Divina: martes, 16 de junio de 2026 

Lectio Divina: Ser Perfecto como el Padre celestial es perfecto


Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial 

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 5,43-48

«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. 

3) Reflexión

En el evangelio de hoy llegamos a la cima de la Montaña de las Bienaventuranzas, donde Jesús proclamó la Ley del Reino de Dios, cuyo ideal se resume en esta frase lapidaria: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). ¡Jesús estaba corrigiendo la Ley de Dios! Cinco veces de seguido había afirmado: “¡Se os dijo, pero yo os digo!” (Mt 5,21.27,31.33.38). Es una señal de mucho valor de su parte corregir, públicamente, ante toda la gente reunida, el tesoro más sagrado de la gente, la raíz de su identidad, que era la Ley de Dios. Jesús quiere comunicar una nueva mirada para entender y practicar la Ley de Dios. La llave para poder tener esta nueva mirada es la afirmación: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Nunca nadie podrá llegar a decir: “¡Hoy fui perfecto como el Padre celestial es perfecto!” Estaremos siempre por debajo de la medida que Jesús nos ha puesto delante. ¿Por qué él nos puso delante un ideal que para nosotros los mortales es imposible alcanzar?

• Mateo 5,43-45

 Oísteis que se os digo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. En esta frase Jesús explicita la mentalidad con la cual los escriba explicaban la ley; mentalidad que nacía de las divisiones entre judíos y no judíos, entre prójimo y no prójimo, entre santo y pecador, entre puro e impuro, etc. Jesús manda subvertir este pretendido orden nacido de divisiones interesadas. Manda superar las divisiones. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?”. Aquí sacamos de la fuente, de donde brota la novedad del Reino. Esta fuente es Dios mismo, reconocido como Padre, que hace nacer el sol sobre malos y buenos. Jesús manda que imitemos a este Dios: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (5,48). Es imitando a este Dios que creamos una sociedad justa, radicalmente nueva. 

• Mateo 5,46-48

 Ser perfecto como el Padre celestial es perfecto. Todo se resume en imitar a Dios: " Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial." (Mt 5,43-48). El amor es el principio y el fin de todo. No hay mayor amor que dar la vida para los hermanos (Jn 15,13). Jesús imitó al Padre y reveló su amor. Cada gesto, cada palabra de Jesús, desde el nacimiento hasta la hora de morir en la cruz, era una expresión de este amor creador que no depende del presente que recibe, ni discrimina al otro por motivo de raza, sexo, religión o clase social, sino que nace de un querer al otro, gratuitamente. Fue un creciendo continuo desde el nacimiento hasta la muerte en Cruz.

• La manifestación plena del amor creador en Jesús

 Fue cuando en la Cruz ofreció el perdón al soldado que lo torturaba y lo mataba. El soldado, empleado del imperio, tomó el pulso de Jesús y lo apoyó sobre el brazo de la cruz, luego colocó un clavo y empezó a dar golpes. Varios martillazos. La sangre corría. El cuerpo de Jesús se contorcía por el dolor. El soldado, mercenario ignorante, ajeno a lo que estaba haciendo y a lo que estaba ocurriendo a su alrededor, seguía dando golpes como si fuera un clavo en la pared de la casa para colgar un cuadro. En este momento Jesús dirige al Padre esta oración: “Padre, ¡perdona¡ ¡No saben lo que hacen!” (Lc 23,34). Por más que los hombres quisieran la falta de humanidad no consiguió apagar en Jesús la humanidad. Ellos lo prenderán, lo insultarán, escupirán en el rostro, le darán tortazos, harán de él un rey payaso con la corona de espinas en la cabeza, le flagelarán, le torturarán, le harán andar por las calles como un criminal, tiene que escuchar los insultos de las autoridades religiosas, en el calvario lo dejarán totalmente desnudo a la vista de todos y de todas. Pero el veneno de la falta de humanidad no consiguió alcanzar la fuente de la humanidad, que brotaba desde dentro de Jesús. El agua que brotaba desde dentro era más fuerte que el veneno que venía de fuera, queriendo de nuevo contaminarlo todo. Mirando aquel soldado ignorante y bruto, Jesús tuvo pena del muchacho y rezó por él y por todos: “¡Padre, perdona!” y hasta consigue una disculpa: “Son ignorantes. ¡No saben lo que están haciendo!” Ante el Padre, Jesús se hizo solidario de los que lo torturaban y maltrataban. Era como el hermano que va con sus hermanos asesinos ante el juez y él, víctima de sus propios hermanos, dice al juez: “Son mis hermanos, sabe. Son ignorantes. ¡Pero mejorarán! ” Era como si Jesús estuviera con miedo que la mínima rabia contra el muchacho pudiera apagar en él el pequeño resto de humanidad que aún llevaba dentro. Este gesto increíble de humanidad y de fe en la posibilidad de recuperación de aquel soldado fue la mayor revelación del amor de Dios. Jesús puede morir: “¡Está todo consumado!” E inclinando la cabeza, entrega el espíritu (Jn 19,30). Realizó la profecía del Siervo sufriente (Is 53). 

4) Para la reflexión personal 

• ¿Cuál es la motivación más profunda del esfuerzo que haces para observar la Ley de Dios: merecer la salvación o agradecer la bondad inmensa de Dios que te ha creado, te mantiene en vida y te salva? • ¿Cómo entiendes la frase: “ser perfecto como el Padre celestial es perfecto?” 

5) Oración final 

Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, purifícame de mi pecado. (Sal 51,3-4)  

lunes, 15 de junio de 2026

Lectio Divina: Montaña de las Bienaventuranzas

 Lectio Divina: lunes, 15 de junio de 2026 

Lectio Divina: Montaña de las Bienaventuranzas

Tiempo Ordinario 

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor. 

2) Lectura del santo Evangelio según Mateo 5,38-42 

«Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

3) Reflexión 

El evangelio de hoy forma parte de una pequeña unidad literaria que va desde Mt 5,17 hasta Mt 5,48, en la que se describe como pasar de la antigua justicia de los fariseos (Mt5,20) para la nueva justicia del Reino de Dios (Mt 5,48). Describe como subir la Montaña de las Bienaventuranzas, de donde Jesús anunció la nueva Ley del Amor. El gran deseo de los fariseos era alcanzar la justicia, ser justo ante Dios. Es éste también el deseo de todos nosotros. Justo es aquel o aquella que consigue vivir allí donde Dios quiere que lo haga. Los fariseos se esforzaban para alcanzar la justicia a través de la observancia estricta de la Ley. Pensaban que era por el esfuerzo que podrían llegar hasta el lugar donde Dios los quería. Jesús toma postura ante esta práctica y anuncia que la nueva justicia tiene que superar la justicia de los fariseos (Mt 5,20). En el evangelio de hoy estamos casi llegando a la cima de la montaña. Falta poco. La cima está descrita con la frase:

 “Sed perfecto como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48), que meditaremos en el evangelio de mañana. Veamos de cerca este último grado que nos falta para llegar a la cima de la Montaña, de la que San Juan de la Cruz dice: “Aquí reinan el silencio y el amor”.

• Mateo 5,38

Ojo por ojo, diente por diente. Jesús cita un texto de la Ley antigua diciendo: "Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente!”. El abrevia el texto diciendo: ”Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Ex 21,23-25). Como en los casos anteriores, aquí también Jesús hace una relectura enteramente nueva. El principio: “ojo por ojo, diente por diente” estaba en la raíz de la interpretación que los escribas hacían de la ley. Este principio debe ser subvertido, pues pervierte y perjudica la relación entre las personas y con Dios. 

• Mateo 5,39ª

No devolver mal con mal. Jesús afirma exactamente lo contrario: “Pero yo os digo: no os vengáis de quien os hace el mal”. Ante una violencia recibida, nuestra relación natural es pagar al otro con la misma moneda. La venganza pide: “ojo por ojo, diente por diente”. Jesús pide retribuir el mal no con el mal, sino con el bien. Pues, si no sabremos superar la violencia recibida, la espiral de violencia lo invadirá todo y no habrá salida. Lamec decía:

“Pongan atención a mis palabras. Yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un moretón que recibí. Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces” (Gn 4,24).

Fue por causa de esta venganza extremada que todo terminó en la confusión de la Torre de Babel (Gen 11,1-9). Fiel a la enseñanza de Jesús, Pablo escribe en la carta a los Romanos: “antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. “No devuelvan a nadie mal por mal, procuren ganarse el aprecio de todos los hombres. No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien”. (Rom 12,17.21). Para poder tener esta actitud, es necesario tener mucha fe en la posibilidad que el ser humano tiene de recuperarse. ¿Cómo hacer esto en la práctica? Jesús nos ofrece 3 ejemplos concretos. 

• Mateo 5,39b-42

 Los cuatro ejemplos para superar la espiral de violencia. Jesús dice: 

  1. al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; 
  2. al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; 
  3. y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. 
  4. a quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.(Mt 5,40-42). 

¿Cómo entender estas cuatro afirmaciones? 

Jesús mismo nos ofreció una ayuda de cómo debemos entenderlas. Cuando el soldado le dio una bofetada en el rostro, él no ofreció la otra. Por el contrario, reaccionó con energía: “Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23) Jesús no enseña la pasividad. San Pablo piensa que, retribuyendo el mal con el bien, “haciendo esto, amontonarás brasas sobre su cabeza” (Rom 12,20). Esta fe en la posibilidad de recupero del ser humanosólo es posible desde una raíz que nace de la total gratuidad del amor creador que Dios mostró para con nosotros en la vida y en las actitudes de Jesús. 

4) Para la reflexión personal 

• ¿Has sentido alguna vez una rabia tan grande como para querer aplicar la venganza “ojo por ojo”, diente por diente”? ¿Cómo hacer para superarla? • ¿Será que la convivencia comunitaria hoy en la iglesia favorece el tener en nosotros el amor creador que Jesús sugiere en el evangelio de hoy? 

5) Oración final 

Escucha mi palabra, Yahvé, repara en mi plegaria, atento a mis gritos de auxilio, rey mío y Dios mío. (Sal 5,2-3)  

domingo, 14 de junio de 2026

Lectio Divina: La misión de los doce discípulos

 Lectio Divina: domingo, 14 de junio de 2023 

La misión de los doce discípulos

XI Domingo del Tiempo Ordinario: La misión de los doce discípulos Mateo 9,36-38; 10,1-8 1

Oración inicial 

Padre nuestro, tu Palabra mora en el mundo por medio de la venida de Jesús tu Hijo. Él nos la ha anunciado con sus enseñanzas, pero sobre todo con sus obras y el don de su vida. El Verbo se hizo carne. Antes de dejarnos, nos prometió la ayuda del Espíritu para que pudiésemos recordar todo lo que había dicho y comprender más profundamente el significado escondido en nuestros corazones endurecidos por el pecado. Dónanos ahora tu Espíritu revelador y consolador. Que nuestro corazón se inflame con su presencia y tu Palabra se vuelva provocante viva y eficaz para servirte en los hermanos con gozo. 

2. Lectura 

a) El contexto del pasaje evangélico: 

Estamos al comienzo del segundo de los cinco “discursos” de Mateo, el de la misión. Jesús, el nuevo Moisés, continúa llevando a su cumplimiento (Mt 5,17) la ley antigua enviando a los ciudadanos del nuevo Reino no a juzgar (Jn 3,17s; Mt 11,4-5), sino a liberar a su pueblo de toda suerte de dolencias y enfermedades como hace Él. Este envío en misión sucede durante la vida pública de Jesús. Habrá después otro, solemne y universal, después de la resurrección (Mt 28,18-20). Los doce apóstoles, en continuidad y rotura con las doce tribus de Israel, están llamados a recoger las esperanzas del viejo Israel que asemeja a un pueblo desorientado, como un rebaño sin pastor (Mt 9,36).

 b) Una posible división del pasaje: 

Mateo 9, 36-38: Introducción narrativa Mateo 10,1: La transmisión del poder Mateo 10, 2-4: Los nombres de los doce Mateo 10, 5-8: Instrucción y envío 

c) El Texto:

Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.» 10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; 4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el que le entregó. 5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. 

3. Silencio 

Acojamos la resonancia de la Palabra en nosotros. 

a) Algunos interrogantes para ayudar a la interiorización y actualización: ¿La visión de la gente ha suscitado en mí, alguna vez, un sentimiento particular? ¿Recuerdo un momento de compasión que haya tenido?¿En qué circunstancias?¿He conocido a alguien que haya tenido una gran pasión por la humanidad? ¿He pedido a Dios que me haga su enviado, ser su apóstol? ¿En qué consiste la misión confiada por Jesús a sus discípulos? ¿Misión imposible? ¿Por qué es gratuita? 

b) Una clave de lectura: Jesús, después de haber propuesto su nuevo programa alternativo a la mentalidad corriente (Mt 5), después de haber anunciado la superación de la ley y de la observancia con las exigencias más grandes del amor (Mt 6-7), después de haber dado testimonio con gestos concretos de liberación de aquello que había anunciado (Mt 8-9), llama a sus discípulos y los envía a las gentes dándoles sus mismos poderes (Mt 10). La comunidad está llamada a prolongar y alargar su acción liberadora, restauradora salvífica. El nuevo pueblo de Dios, sobre el fundamento de los doce apóstoles, es un pueblo sacerdotal, real, profético (1Pt 2,4-9) llamado a colaborar con Jesús. 

4. Meditación

Profundicemos en algunos particulares. 

• Y al ver a la muchedumbre sintió compasión, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

• En la introducción, partiendo del versículo 35, viene resumido el ministerio público de Jesús. Repite en parte el 4,23-25, la introducción al discurso de la montaña. Nuestro fragmento parte de la constatación de que le seguían grandes muchedumbres. Gente sin pastor (1Re 22,17) cansada de oír palabras sin el seguimiento de los hechos, abatidas por las innumerables observancias, oprimidas por los jefes que les imponen leyes incomprensibles (Mt 23, 1-4). La compasión que Jesús experimenta (Mt 15,30; Lc 9,11; Jn 6,5) por los hambrientos (Mc 6-34) está aquí dirigida a los “pobres ignorantes del campo”, malditos de los fariseos (Jn 7,49). No hay quien les ame y quien los busque como un buen pastor (Jn 10). 9,37 Entonces dice a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. 38 ¡Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies!” La misión se compara a la siega (cfr. Lc 10,2-3; Jn 4,35-38). Hay muchos hombres dispuestos a responder al evangelio, muchos que esperan una palabra de vida. Los mensajeros de paz son siempre pocos, la multitud es inmensa. La exhortación a la oración viene a significar que Dios está al origen de la misión, Él es el responsable de la mies, a Él debemos convertirnos con la oración. El Espíritu Santo está ya obrando, de hecho la mies está disponible. La mies es un término ligado originariamente al juicio final (Is 27,12; Os 6,11; Jl 3,13). Juan Bautista creía que había llegado el momento del juicio (Mt 3,12). Pero aquí no son los ángeles los llamados a realizar esta obra, sino los hombres a salvar del juicio a otros hombres y no a juzgarlos. Vivimos un tiempo de misericordia, no ha llegado todavía el juicio.

 • 10:1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio el poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar toda enfermedad y toda dolencia Esta llamada de los doce en Mateo no es como en Marcos 3,13-15 o en Lc 6,13. No es el resultado de una selección, sino del encargo que se les confía. Es un grupo ya formado (Mt 4,18; 8,19- 22) que ahora recibe un mandato. El número doce está referido a las doce tribus de Israel. Para anunciar la nueva ley del nuevo Moisés, hay necesidad de un nuevo pueblo que acoja la palabra del nuevo Moisés (Jesús). En la Sagrada Escritura el número doce indica, sobre todo, el pueblo de Dios en su totalidad. Sobre el fondo del pueblo de las doce tribus hay que colocar la llamada de “los doce” (Mc 9,35; 10,32 par.; Jn 6,70; 20,24; 1Cor 15,5 y en otros sitios) por parte de Jesús durante su ministerio en Galilea. El número doce no hay que entenderlo en sentido restrictivo, sino de excelencia. La misión de los discípulos está puesta en estrecho paralelo con la misión de Jesús. La idea dominante es que el ministerio de los apóstoles es la prolongación del de Jesús. Se les da a los discípulos el mismo “poder” que tenía Jesús (9,6-8; 7,29; 8,9) y el mismo obrar sanador (4,23; 9,35). No se trata de un poder de guiar, de mandar, sino de aquello que se necesita para realizar la misión a ellos confiada, para servir a la humanidad. El contesto es aquí antes de la resurrección. El término “apóstol” se encuentra solo en Mateo, en otro lugar habla de discípulos (11,1; 20,17, 26,14.20.47). 

• No se usa como en Lucas y Pablo para indicar un encargo, sino en el sentido etimológico como “mandados” “ enviados”. Por tanto se puede entender como una invitación dirigida a todo el nuevo Israel a través de los doce, columnas del nuevo pueblo de la nueva ley, la del amor. La comunidad de judíos convertidos a los que se dirigía Mateo veía aquí el comienzo del nuevo Israel, la Iglesia. Continuidad y rotura con la sinagoga. 10:2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo Y Judas el Iscariote, el que le entregó. 

• Las varias listas de los doce (Mc 3.16-19; Lc 6,13-16; Act 1-13) colocan siempre a Pedro en el primer puesto y a Judas en el último. Los nombres tiene pocas anotaciones que varían en las diversas listas. Hay que anotar las dos parejas de hermanos (SimónAndrés y Santiago-Juan) como indicando la fraternidad como fundamento de la nueva comunidad. La diversidad: un publicano, un cananeo, un iscariota que lo traicionará. 

• Nada de gente grande, ni ilustre, ni de toda confianza. La llamada proviene de una libre elección de Jesús y no por los méritos o por la importancia de las personas, para que en la debilidad de éstos se revele la potencia de Dios (1Cor 27-29). 

• 10:5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: “No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; 6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.

• La instrucción para la misión, traída aquí solo en parte, se completa al final del versículo 16. Los versículos 5-8 son exclusivos de Mateo, excepto el mandato de proclamar que el reino está cerca (Lc 10,9.11). La limitación de los confines de la misión en este contexto antes de la resurrección no está en contradicción con Mt 24,25, después de la resurrección, en el que se dice ir a todo el mundo. Subraya la prioridad que hay que dar a la casa de Israel. Un interés por “las ovejas perdidas” (Ez 34,1-16; Is 53-16) ante todo y luego por aquellas “desconocidas” (los gentiles). Mateo pone en evidencia el amor de Dios por el pueblo de Israel. El mandato confiado a los apóstoles es muy comprometido: curar enfermos, resucitar muertos, arrojad demonios. ¿Hay que entenderlo en sentido metafórico? Ciertamente hay enfermedades y muertes espiritualmente no menos fáciles de curar y revivir que las físicas, hay también los poseídos por ideologías y mentalidades destructivas. Hay que recordar que es Jesús el que envía, que nada le es imposible “creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí; sino, creedlo por las mismas obras. En verdad os digo: también el que cree en mí hará las obras que yo hago y las hará mayores que éstas, porque yo voy al Padre” (Jn 14,11-12). Juan Pablo II de venerada memoria escribió en la encíclica Redemptoris missio: “La liberación y la salvación, puertas del reino de Dios alcanzan a la persona humana en sus dimensiones tanto físicas como espirituales” (RM 14) La misión por tanto está hecha de predicación y curación, anuncio y promoción humana, venida del reino junto con la lucha por la justicia y la paz.

• La misión por tanto no puede ser nada más que gratuita, no pertenece a los enviados. No puede ser disfrutada para propio aprovechamiento material, así se pone en acto el espíritu de las bienaventuranzas (Mt 6, 25-34). 

5. Oración con el Salmo 100

 ¡Aclama a Yahvé, tierra entera, servid a Yahvé con alegría, llegaos a él con júbilo! Sabed que Yahvé es Dios, él nos ha hecho y suyos somos, su pueblo y el rebaño de sus pastos. Entrad por sus puertas dando gracias, por sus atrios cantando alabanzas, dadle gracias, bendecid su nombre. Pues bueno es Yahvé y eterno su amor, su lealtad perdura de edad en edad. 

6. Contemplación 

Oh Padre, que has hecho de nosotros un pueblo profético y sacerdotal, llamado a ser signo visible de la nueva realidad de tu reino; concédenos vivir en plena comunión contigo en el sacrificio de alabanza y en el servicio a los hermanos, para llegar hacer misioneros y testigos del Evangelio. Haz que tu compasión sea nuestra compasión, tu urgencia misionera nuestra urgencia, ¡sí Señor, mándame!

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