Protección bajo el Manto de María Auxiliadora

En el confín donde el mar parece borrarse contra el cielo, allí donde la bruma se espesa tanto que las brújulas convencionales pierden su orientación, se erige el Faro de los Peregrinos.

Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre

«la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo» (n. 662).

Cómo Rezar el Santo Rosario Paso a Paso (Guía Completa con Misterios)

El Santo Rosario es una devoción recomendada por muchos Papas y santos. La misma Virgen pidió que se rezase en Lourdes y Fátima.

Oración a la Virgen del Carmen que trae paz en momentos difíciles

Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo!

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lunes, 5 de octubre de 2026

San Antonio María Claret

 Las oraciones vinculadas a San Antonio María Claret (1807–1870)

Las oraciones vinculadas a San Antonio María Claret (1807–1870)


Las oraciones vinculadas a San Antonio María Claret (1807–1870), fundador de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) y arzobispo de Santiago de Cuba, cuentan con la aprobación eclesial a través de la tradición de la Iglesia Católica y de los textos litúrgicos aprobados por la Sede Apostólica o por el Imprimatur de las diócesis correspondientes.

Estas oraciones se dividen fundamentalmente en dos categorías: las oraciones escritas por el propio santo (que forman parte de su espiritualidad) y las oraciones compuestas por la Iglesia para pedir su intercesión.

1. La Oración Apostólica (Escrita por San Antonio María Claret)

Es la oración más emblemática escrita por el propio Claret (Autobiografía, n. 233). Se rezaba como síntesis de su celo misionero y ha sido oficialmente recogida en el libro de oraciones de la Congregación y en diversos devocionarios diocesanos con la oportuna aprobación eclesiástica.

Texto:

«¡Oh Dios mío y Padre mío!

Haz que te conozca y te haga conocer;

que te ame y te haga amar;

que te sirva y te haga servir;

que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas.

Dame, Padre mío, que todos los pecadores se conviertan,

que todos los justos perseveren en gracia

y que todos consigamos la eterna gloria. Amén.»

Análisis Teológico y Espiritual

  • Dimensión Misionera: Estructurada en pares simétricos («que te conozca / y te haga conocer»), expresa que el encuentro personal con Dios exige inmediatamente la evangeliación.

  • Perspectiva Trinitaria y Filial: Comienza dirigiéndose a Dios como "Padre mío", reflejando una espiritualidad fundada en la filiación divina.

  • Universalidad: Pide la salvación y la conversión de todas las almas, rasgo propio de la caridad pastoral.

2. Oración Litúrgica Colecta (Missale Romanum)

Esta oración es oficial en el Misal Romano para la memoria litúrgica de San Antonio María Claret (24 de octubre), aprobada por la Santa Sede a través de la Congregación para el Culto Divino.

Texto:

«Señor y Dios nuestro, que fortaleciste al obispo San Antonio María Claret con un amor y una paciencia admirables para anunciar el Evangelio a los pueblos, concede a tu Iglesia que, buscando siempre lo que es tuyo, trabaje con ardiente celo por ganar a los hermanos para Cristo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.»

Análisis Teológico y Espiritual

  • Virtudes Heroicas: Destaca el celo evangelizador, el amor y la paciencia en medio de las persecuciones e intentos de atentados que sufrió el santo.

  • Misión Eclesial: La petición no se centra en una gracia individual, sino en pedir que toda la Iglesia asuma el ardor misionero de Claret.

3. Oración de Entrega a María (Acto de Consagración Claretiano)

San Antonio María Claret fue un ferviente promotor del Inmaculado Corazón de María. Diversas fórmulas de consagración redactadas por él o por sus seguidores tienen aprobación de la autoridad eclesiástica.

Texto:

«¡Oh Virgen y Madre de Dios! Yo me entrego por hijo tuyo.

En honor y gloria de tu pureza, te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mis potencias y sentidos,

y te pido la gracia de no cometer jamás ningún pecado.

Madre, heme aquí, tu hijo soy; en ti confío y jamás seré confundido. Amén.»

Análisis Teológico y Espiritual

  • Espiritualidad Cordimariana: Ve en María el camino seguro para unirse a Cristo.

  • Dimensión de Pureza y Protección: Es una oración preventiva contra la tentación, muy difundida para la instrucción catequética de jóvenes y sacerdotes.

4. Oraciones para pedir la intercesión de San Antonio María Claret

Son fórmulas de devoción popular que cuentan con la aprobación ordinaria (Imprimatur) concedida por obispos locales para la devoción de los fieles.

Texto para pedir por una necesidad o por los enfermos:

«Oh San Antonio María Claret, que durante tu vida en la tierra consolaste a los afligidos y mostraste gran amor por los enfermos y necesitados; alcánzame de Dios, por tu intercesión, la gracia que con fe te pido (mencionar la petición).

Haz que, imitando tus virtudes, viva siempre con fidelidad a los Mandamientos y alcance la gloria eterna. Amén.»

Síntesis del Análisis Eclesiástico

  1. Aprobación de la Iglesia: Las obras completas y oraciones escritas por San Antonio María Claret pasaron por el examen doctrinal previo a su beatificación (1934 por Pío XI) y canonización (1950 por Pío XII), garantizando que no contienen error en fe ni en costumbres.

  2. Uso Litúrgico: Las oraciones integradas en el Misal Romano y la Liturgia de las Horas poseen la máxima aprobación de la Iglesia universal (Aprobación Pontificia).

  3. Efecto de la Devoción: Las oraciones claretianas enfatizan la relación inseparable entre oración interior y acción apostólica, eje clave en la teología pastoral contemporánea.

Santos y festividades Católicas más destacadas del mes de octubre

 🎉⛪ Santos y festividades Católicas más destacadas del mes de octubre 😇🔥

Santos y festividades Católicas más destacadas


📍 Mes dedicado al Santo Rosario y a las misiones


- 1 - Santa Teresita del Niño Jesús

- 2 - Ángeles custodios | Primer viernes de mes para reparar el Sagrado Corazón de Jesús

- 3 - Beato Jesús Emilio Jaramillo (Colombiano) | San Francisco de Borja | Primer sábado de mes para reparar el Inmaculado Corazón de María

- 4 - San Francisco de Asís

-  5 - Santa Faustina Kowalska | San Bartolo Longo

- 6 - San Bruno

- 7 - Virgen del Rosario

- 9 - San Luis Beltrán (Patrono de Colombia) | San John Henry Newman

- 11 - San Juan XXIII

- 12 - San Carlo Acutis | Nuestra Señora del Pilar y de Aparecida

- 13 - San Teófilo

- 14 - San Calixto

- 15 - Santa Teresa de Ávila

- 16 - Santa Margarita de Alacoque | Santa Eduviges

- 17 - San Ignacio de Antioquía

- 18 - San Lucas Evangelista | Jornada Mundial de las Misiones

- 19 - San Pablo de la Cruz

- 20 - San Pedro de Alcántara

- 21 - Santa Laura Montoya

- 22 - San Juan Pablo II

- 24 - Beato Colombiano Pedro María Ramírez Ramos “Mártir de Armero” (Huila) | San Antonio María Claret

- 25 - Beato Juan Bautista Velásquez y compañeros mártires (Colombianos)

- 26 - San José Gregorio Hernández

- 28 - Apóstoles San Simón y San Judas Tadeo

- 29 - Beata Chiara Luce Badano y Beato Miguel Rúa

- 30 - San Alonso Rodríguez y Santa Dorotea


🙏🏼 Intenciones del Papa León XIV para octubre: Por la pastoral de la salud mental; “un servicio urgente y cada vez más necesario en nuestra iglesia y en el mundo”. Recemos por los que sufren en soledad ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales. Y de manera extraordinaria ha pedido que oremos también por el fin de las guerras en el mundo y la construcción de la paz. 

Devocional dedicado a San Judas Tadeo

Devocional dedicado a San Judas Tadeo reúne oraciones

reflexiones y letanías estructuradas para la oración diaria, la novena, el triduo y peticiones especiales


Devocional dedicado a San Judas Tadeo reúne oraciones


1. Cantos y Devociones Generales

  • Santo Dios: Plegaria que invoca a la Santísima Trinidad (Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal) pidiendo protección contra el mal, seguida de una dedicatoria a la Virgen María expresando la esperanza de alcanzar la gloria celestial.

  • Canto a las Ánimas (Salgan, Salgan, Salgan): Cántico dedicado a las almas del purgatorio que resalta el poder del Santo Rosario para aliviar sus penas. Presenta dos columnas de versos donde se describe el sufrimiento del purgatorio y se pide a los fieles en la tierra recordar sus lamentos y orar por su descanso.

2. Introducción a la Cuarentena y Oraciones Iniciales

  • Cuarentena en honor a San Judas Tadeo: Explicación de la devoción que consiste en rezar durante 40 días consecutivos frente a la imagen del Santo (comenzando con un Padrenuestro el primer día e incrementando uno cada día) para encomendar necesidades del hogar, la salud o dificultades graves.

Esta devoción de la Cuarentena a San Judas Tadeo, el Apóstol milagroso, con la que las esposas, esposos, novios o quienes pretenden formar un buen hogar, enfermos, pobres y gravemente necesitados, han conseguido del Santo Apóstol milagroso la gracia que le pedían con absoluta confianza, consiste en rezar durante cuarenta días: el primer día un Padrenuestro, el segundo día dos Padrenuestros, el tercer día tres, etc. hasta los cuarenta días, delante de una imagen del Santo, con todo fervor y recogimiento. Se hace así:   Por la señal...   

  • Acto de Contrición y Oración de Introducción: Plegarias para pedir perdón por los pecados, apoyándose en los méritos de la Sangre de Cristo y la intercesión de San Judas Tadeo.

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Padre amoroso de nuestras almas, me pesa de todo corazón haber offendido a vuestra bondad infinita, digna de ser infinitamente amada; pero detestando todas mis culpas y apartándome de todo lo que pueda ser causa de cometer ofensa contra Vos, propongo confesarlas y espero de vuestra piedad inmensa, me habéis de restituir vuestra gracia, perdonarme y salvarme por los méritos del precio infinito de vuestra preciosa sangre y por los de vuestro apóstol San Judas Tadeo, y me ayudaréis a conseguir por su intercesión lo que no pueda mi debilidad. Amén. 
  • Oración e Himnos a los Apóstoles: Plegarias y alabanzas dirigidas a San Simón y San Judas Tadeo que recuerdan su llamado en Canán, su acompañamiento a Jesús durante su vida pública y Pasión, y su posterior martirio.

   Glorioso apóstol San Judas Tadeo, Abogado eficaz del bien de las almas, conduce al Señor mi petición para que, si le es aceptable, consiga lo que pido. Amén.   (Haga aquí la petición y rece los Padre Nuestros correspondientes).

ORACIÓN

Piadosísimo apóstol San Judas Tadeo, obrero infatigable en la viña del Señor, propagador solícito del Santo Evangelio, que atrajisteis al seno de la Iglesia Católica con vuestra predicación a los que estaban en las tinieblas del gentilismo; presentad ante el trono de nuestro Dios lo que por vuestra mediación yo pido, y alcanzadme del Señor esta gracia; más si mi petición no fuera conducente a la mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de mi alma, pedid por mí lo que más conviniere a estos santos fines. Amén.

ANTÍFONA

Vosotros que habéis dejado todas las cosas y me habéis seguido, recibiréis ciento por uno y poseeréis la vida eterna.

V.- Anunciaron las obras de Dios.

R.- Y sus maravillas las enaltecieron.

San Judas Tadeo

  San Judas Tadeo,  Lor San Judas y San Simón sed mis buenos abogados y alcanzad de nuestro Dios el perdón de mis pecados. Y en la presente ocasión a Dios rogad me conceda que acepte mi petición y a mi humilde ruego acceda.  

  NOVENA A SAN JUDAS TADEOORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS  

  Glorioso Apóstol San Judas Tadeo, siervo fiel y amigo de Jesús, ruega por mí que me encuentro en una gran necesidad.   Ya que la piedad cristiana te ha declarado Patrono y Abogado de las causas difíciles, ven en mi ayuda en esta gran necesidad en que me hallo.   Haz uso de este privilegio especial, que Jesús te ha concedido, y soluciona mi problema favorablemente.   Todo lo espero de tu gran poder y misericordia. Así sea.  

3. Novena a San Judas Tadeo (Meditaciones Diarias)

Cada día de la novena aborda una virtud o aspecto de la vida del apóstol, acompañado de oraciones diarias:

  1. Día Primero – Vocación: Meditación basada en la Imitación de Cristo sobre dejar las tinieblas para seguir a Jesús, destacando cómo el Santo respondió prontamente al llamado apostólico.

El que me sigue, no anda en tinieblas, dice el Señor. Estas palabras son de Cristo con las cuales nos exhorta a que imitemos su vida y costumbres, si queremos ser librados de la ceguera del corazón y alumbrados verdaderamente.   

(Imitación de Cristo, Capítulo I)   

Cuán pronta y generosa mente siguió San Judas e imitó a Jesucristo; puede deducirse se de su vida enteramente consagrado al servicio de Jesús, especialmente desde que fue llamado a ser uno de sus doce Apóstoles. Fue siempre fiel a Cristo, del cual era pariente y uno de sus más celosos apóstoles predicando el reino de Dios y enseñando con toda libertad, sin que nadie se lo prohibiese, lo tocante a nuestro Señor Jesucristo. 

 San Judas Tadeo   (Hechos, Capítulo 27, 31)

También tú, oh cristiano, tienes una vocación aquí en la tierra; aunque no sea de predicador del Evangelio y de extender el reino de Dios como el Sacerdote, el Misionero y la Religiosa en lejanas misiones; pero sí que eres llamado a ser buen cristiano a dar buen ejemplo al prójimo con tu paciencia, humildad, obediencia y todas las demás virtudes cristianas...   

ORACIÓN FINAL (Para todos los días)  

 Oh Dios, que nos concediste la gracia de que llegásemos a conocer tu santo nombre mediante la predicación de tu Apóstol San Judas Tadeo, concédenos también que adelantemos en la virtud. Por Cristo Nuestro Señor. Amén. 
  1. Día Segundo – Amor a Jesús: Reflexión sobre la entrega incondicional a Cristo y la pregunta que le hizo en la Última Cena sobre manifestarse a sus discípulos.

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús y despreciarse a sí mismo por Jesús. Conviene dejar un amor por otro amor, porque Jesús quiere ser amado Él solo sobre todas las cosas. El amor de la criatura es falaz y mudable; el amor de Jesús es fiel y constante. Ama y ten por amigo a Aquel que, aunque todos te desamparen, no te desamparará ni te dejará perecer en el fin (Kempis, Lib. II, Cap. VII). Grande fue el amor de San Judas a Jesús, y quería que todo el mundo le amase como lo dio a entender cuando después de la última cena al decirles Nuestro Señor:
(Evangelio de San Juan, Cap. 14, 21) 
"El que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré, y yo mismo me manifestaré a él", Dícele Judas, no el Iscariote, sino nuestro Santo: "Señor qué causa hay para que te  hayas de manifestar claramente a nosotros, y no al mundo?" Jesús le respondió Cualquiera que me ama, observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos mansión dentro de él. Este amor grande de San Judas a Jesús lo manifiesta en su carta al decirnos: manteneos constantes en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para alcanzar la vida eterna. Pidámosle que nuestro corazón esté siempre inflamado del amor a Jesús. 
  1. Día Tercero – Celo Apostólico: Resalta la pasión del apóstol por difundir el Evangelio y proteger a la comunidad de falsas doctrinas.

El verdadero celo es la más clara muestra y como resultado natural del amor a Jesucristo, pues nada desea Jesús como la gloria de su Padre y la salvación de las almas. San Judas manifestó su amor a Jesús y su gran celo por la salvación de las almas no sólo con la predicación del Evangelio...   San Judas Tadeo   ...hasta las más distantes naciones en donde por amor a Jesucristo dio su sangre y su vida padeciendo glorioso martirio en Persia; sino que quiso dejarnos un recuerdo eterno al decirnos en su carta (17) Vosotros, empero, queridos míos, acordaos de las palabras, que os fueron antes dichas por los apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo, las cuales os decían que en los últimos tiempos han de venir unos impostores que seguirán sus pasiones llenas de impiedad. Estos son los que separan a sí mismos de la grey de Jesucristo, hombres sensuales, que no tienen el espíritu de Dios. Imitemos a San Judas en el celo por la gloria de Dios y la salvación de nuestro prójimo con las palabra y el ejemplo de su vida consagrada al servicio de Jesús.
  1. Día Cuarto – Fe: Meditación sobre la humillación de la razón ante los misterios divinos y el compromiso firme con la doctrina cristiana.

Fe se te pide, y vida recta, dice la imitación de Cristo (Lib. 4 Cap. 18) ni elevado entendimiento, ni el profundizar los misterios de Dios. Si no entiendes ni alcanzas las cosas que están debajo de ti ¿cómo comprenderás las que están sobre ti? Sujétate a Dios y humilla tu razón a la fe". San Judas siguió con fidelidad y fe ardiente el llamamiento a la vida penosa del apostolado que le hizo su Santo Primo Nuestro Señor Jesucristo y aunque era pariente tan cercano de Jesucristo, le reconocía como su Maestro, Señor e Hijo de Dios, aunque hecho Hombre. El predicar la fe y la doctrina de Jesucristo fue su ocupación constante desde que fue llamado al apostolado, y por esa misma fe dio su vida. "Vosotros, carísimos", dice en su carta, "elevaos a vosotros mismos como un edificio espiritual de santísima fe,   San Judas Tadeo   orando en el Espíritu Santo, manteneos constantes en el amor de Dios".   Y exhorta a los fieles a que no olviden los avisos y enseñanzas que les habían dado los apóstoles y que se me guarden de los falsos profetas e impostores que habían de venir al mundo. Devoto de San Judas, si quieres merecer la protección de este Santo, guarda firmemente tu fe, aún a costa de tu sangre si fuese necesario. 
  1. Día Quinto – Fortaleza: Enseñanza sobre la constancia en el combate espiritual, la valentía con la que el Santo reprendió los errores de su época y su martirio.

"Si como varones fuertes", dice la Imitación de Cristo (Lib. 1, Cap. 11), "Procurásemos permanecer firmes en el combate, veríamos sin duda, bajar sobre nosotros desde el cielo el auxilio del Señor". Pues el que nos da ocasiones de pelear, para que salgamos victoriosos está pronto a ayudar a los que pelean, confiados en su gracia. Nuestro Santo. Judas, como se llama a sí mismo y es llamado en los Hechos de los Apóstoles, significa confesión, alabanza, esto es, hombre que confiesa y anuncia las alabanzas del Señor lo cual requiere valor y mucha fortaleza. La cual virtud manifiesta de un modo especial en su carta, la que, aunque una de las más cortas del Nuevo Testamento, es admirable por su lenguaje fuerte contra los herejes; y exhorta a los fieles a permanecer firmes en la fe y en la doctrina que habían recibido de los Apóstoles del Señor. Y con extraordinaria fortaleza reprende a los cristianos degenerados, y los llama, nubes sin agua, llevadas de aquí para allá por los vientos; árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos sin raíces, prescindiendo de las amenazas de esos impíos, condenando valerosamente el error y defendiendo con gran fortaleza la doctrina de Cristo, sufriendo por defender la misma, un glorioso martirio. Pidamos a este valeroso Santo que nos dé esa fortaleza tan necesaria en estos tiempos de cobardía para confesar, claramente, la doctrina santa del Evangelio. 

  1. Día Sexto – Humildad: Meditación inspirada en el Magnificat; destaca cómo el apóstol se presentaba con sencillez como siervo en lugar de resaltar su parentesco con la Sagrada Familia.

Dios derribó del solio a los poderosos" exclama María en su cántico del Magnificat. "Y ensalzó a los humildes; y porque ha puesto Dios los ojos en la humildad de su esclava, he aquí que desde ahora me llamarán", bienaventurada todas las generaciones. Dios protege y libra al humilde, al humilde ama y después de su abatimiento, lo eleva a la gloria. "Al humilde descubre sus secretos; le atrae suavemente a sí", Dice Kempis (Lib. 2 C. ap. 2). La profunda humildad de San Judas brilla de un modo muy especial en su Carta, pues en vez de empezar la llamándose pariente cercano del redentor del mundo, Cristo Jesús y de María, Reina de los cielos y de la tierra, se titula:   Judas siervo de Jesucristo y hermano de Santiago; por esto cumpliéndose la sentencia del Salvador, de que quien se humillare será exaltado no es de maravillar que San Judas brille en el cielo como estrella de primera magnitud junto con los demás apóstoles, y que en la tierra, por su profunda humildad, Dios le haya dado gran poder de socorrer pronto y eficazmente a los devotos que con confianza y humildad le invocan. ¿Nos consideramos como San Judas, humildes siervos de Jesús? Entonces podemos acudir a la valiosa protección de San Judas, quien mirará nuestra pequeñez con ojos de misericordia y nos socorrerá en nuestras necesidades. 
  1. Día Séptimo – Mansedumbre: Exhortación a imitar el trato afable y pacífico de Jesús con el prójimo, incluso ante la persecución.

  Hija de la humildad es la mansedumbre de Tadeo. San Judas como apóstol tan humilde, no podía menos que imitar muy   San Judas Tadeo   de cerca a su Primo y Maestro Jesús, quien nos dice: "Aprended de mí a ser mansos y humildes de corazón. Mirad que yo os envío como corderos entre lobos. Si alguno te hiere en la mejilla derecha, vuelve la otra; y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también la capa. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra". Toda esa doctrina del Salvador sobre la necesidad que tenemos de mostrarnos mansos y amables con nuestros semejantes, la practicó San Judas Tadeo de un modo especial, no sólo en la bondad de su rostro, en lo amable de su vista y palabras, en lo alegre, aún en los mayores desprecios y contradicciones que por Jesucristo padeció, sino resplandeciendo como el sol en presencia de Agábaro, admitiendo gustoso las cárceles, y halagando las fieras que los magos le arrojaron por venganza de la victoria que de ellas, con solo la señal de la cruz obtuvo. Pidamos a San Judas Tadeo que seamos lo que su nombre significa: dulces, misericordiosos, benignos, amables y mansos para que después de haber poseído la tierra de los corazones, prometida por Nuestro Señor a los mansos, lleguemos felizmente a la tierra prometida de la Gloria. 
  1. Día Octavo – Sabiduría: Reflexión sobre la luz del Evangelio y el deber de velar por la formación e instrucción espiritual de los hermanos.

Bienaventurado aquel a quien la verdad por sí misma enseña, no por medio de figuras y palabras pasajeras", dice la Imitación de Cristo. Qué diremos pues, de la sabiduría de San Judas Tadeo, pues quien es el Camino, la Verdad y la Vida, te iluminé con los rayos de su divina sabiduría? Y a su mismo nombre de Lebeo que se le da en el texto griego de San Mateo, significa, según San Jerónimo, hombre de sabiduría e inteligencia, la cual demostró a los herejes con fuertes epítetos y símiles, llamándoles meteoros errantes que parecen deslumbrar al mundo por unos instantes y después van a   San Judas Tadeo      pués van a parar en la eterna obscuridad. Nos enseña la grande obligación que tenemos de ir siempre creciendo en el amor de Dios y en conducir a nuestros hermanos por el verdadero sendero de la sabiduría celestial iluminando a todos, especialmente a aquellos que todavía están sentados en las sombras de la muerte, de la ignorancia de las verdades salvadoras, de la verdadera religión de Jesucristo, la Iglesia Católica Apostólica, guiada por el sucesor del príncipe de los Apóstoles, el Vicario de Cristo en la tierra, el Pontífice de Roma, y que el sol del Evangelio que San Judas Tadeo llevó por tan lejanas regiones, vuelva a mostrarlo en estos tiempos de tanta incredulidad e ignorancia religiosa. 
  1. Día Noveno – Poder de Intercesión: Recordatorio de los milagros y conversiones atribuidos a la predicación del Santo, fundamentando su título como patrón de causas difíciles y desesperadas.

Dice San Marcos que los apóstoles de Jesús fueron y predicaron en todas partes confirmando su doctrina con los milagros que la acompañaban. Al me predicar San Judas Tadeo el Evangelio por las apartadas regiones de la Persia que le habían tocado en suerte, convirtió innumerables gentes a la Fe, entre ellos a Agábaro, Rey de Edesa, curado por San Judas en el cuerpo y en el alma, confundiendo a sus enemigos, magos e impostores quitando el veneno mortal a las serpientes que ningún daño pudieron hacer a nuestro Santo. Este milagroso poder de San Judas parece que Nuestro Señor ha querido en estos tiempos hacerlo revivir, sin duda por el olvido en que los fieles.

4. Triduo y Letanías de San Judas Tadeo

  • Triduo: Serie de oraciones breves para tres días seguidos que incluyen invocaciones especiales para repetición y rezos tradicionales (Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

 Por la señal...   Acto de Contrición   
"Señor Mío, Jesucristo..." 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS   

Apóstol glorioso, San Judas Tadeo, por el tierno amor que profesaste a tu divino Maestro, por la docilidad con que anunciaste el Evangelio, por la fortaleza con que derramaste tu sangre y sacrificaste tu vida por Jesucristo, te pido me alcances con tu intercesión, aquellas gracias que han experimentado tus devotos y verme libre de todo peligro espiritual y temporal. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.   * Rece la oración de cada día.
* Haga la petición de lo que desea.
* Rezar luego, tres Padrenuestros, Avemaría y Gloria acompañados de la siguiente invocación, tres veces por cada Padrenuestro: "San Judas Tadeo, socórreme en esta necesidad".   

ORACIÓN PARA EL PRIMER DÍA   

Oh fidelísimo Apóstol San Judas Tadeo, que dócil a los llamamientos de tu divino Maestro, nuestro amadísimo Salvador, supiste abandonarlo todo por seguirle; haz que a imitación tuya sepamos seguir las inspiraciones de la gracia con que tantas veces nos llama nuestro buen Dios y no las resistamos en adelante, para no exponernos al peligro de ser abandonados en la terrible hora de la muerte.   

ORACIÓN PARA EL SEGUNDO DÍA     

 Oh obedientísimo Apóstol San Judas Tadeo, que oyendo las predicciones de tu Divino Jesús, supiste aprovechar de ellas haciendo que su palabra de vida germinara en tu corazón; haz que a imitación tuya la palabra divina y las enseñanzas del Evangelio produzcan en nosotros la renovación de nuestra alma, germinando en el tiempo de la vida, flores y frutos de santidad

  ORACIÓN PARA EL TERCER DÍA 

  Oh generoso Apóstol San Judas Tadeo, que siguiendo el ejemplo de tu divino Maestro renunciaste en el afecto a todos los bienes terrenos, haz que a imitación tuya busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia, y que todo lo demás se nos dé por añadidura.   

ORACIÓN FINAL   PARA TODOS LOS DÍAS  

    Dulcísimo señor Jesucristo, en unión con las eternas y celestiales alabanzas, de corazón yo te alabo, glorifico y bendigo por todas las gracias y privilegios que has derramado sobre tu elegido apóstol e íntimo amigo San Judas Tadeo.   Te ruego por sus méritos me concedas la gracia que te pido y por su intercesión te suplico. Amén.   San Judas Tadeo 
  • Letanías: Lista de aclamaciones de uso privado que invocan el acompañamiento de San Judas con Jesús y María, su valentía en la predicación, sus milagros, su martirio y peticiones comunitarias por la Iglesia y la vida espiritual.

  LETANÍAS DE SAN JUDAS TADEO   

   (Para uso Privado)  
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.   

Oh Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Oh Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Oh Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.   San Judas, pariente de Jesús y María.
San Judas, que viviendo en la tierra fuiste digno de ver a Jesús y María y gozar de su compañía.
San Judas, elevado a la dignidad de Apóstol.   

San Judas, que tuviste el honor de contemplar a tu Divino Maestro humillarse a lavar tus pies.  

 San Judas, que en la última cena recibiste la Sagrada Eucaristía de las manos de Jesús.  

 San Judas, que después del profundo dolor que te causó la muerte de tu querido Maestro, tuviste el consuelo de contemplarlo resucitado de entre los muertos y de asistir a su gloriosa Ascensión. 

  San Judas, que fuiste lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés.  

 San Judas, que predicaste el Evangelio en Persia.   San Judas, que hiciste grandes milagros con el poder del Espíritu Santo.   

San Judas, que volviste la salud de alma y cuerpo a un Rey idólatra.   

San Judas Tadeo   San Judas, que hiciste callar a los demonios y confundiste sus oráculos.  

 San Judas, que pronosticaste a un príncipe débil una paz honrosa con su poderoso enemigo.

   San Judas, que quitaste de las serpientes mortífera el poder de dañar al hombre.  

 San Judas, que despreciando las amenazas de los impíos predicaste valerosamente la doctrina de Cristo.  

 San Judas, que sufriste gloriosamente el martirio por amor a tu Divino Maestro.  

 ¡Oh Apóstol Bendito con confianza te invocamos!   (Se repite 3 veces).  

 

5. Oraciones Finales

  • Petición por una Gran Necesidad: Oración final dirigida al Apóstol para pedir su auxilio urgente en momentos de tribulación o desesperanza, recordando que la Iglesia lo honra de manera universal como abogado de las causas más difíciles.

¡Oh San Judas, esperanza del desesperado, ayúdame en mi aflicción!   (Se repite 3 veces).


Que por tu intercesión, así los sacerdotes como el pueblo fiel de la Iglesia reciban un celo ardiente por la Fe de Jesucristo. Te rogamos, óyenos.

Que defiendas al Soberano Pontífice y alcances la paz y unidad a la Iglesia Santa. Te rogamos, óyenos.

Que los paganos e incrédulos se conviertan a la verdadera fe. Te rogamos, óyenos.

Que la fe, la esperanza y la caridad aumenten en nuestros corazones. Te rogamos, óyenos.

Que nos veamos libres de todos los malos pensamientos y de todas las asechanzas del demonio. Te rogamos, óyenos.

Que nos guardes de todo pecado y de toda ocasión de pecar.

San Judas Tadeo

Te rogamos, óyenos.

Que nos defiendas en la hora de la muerte contra la furia del demonio y de sus malvados espíritus. Te rogamos, óyenos.

Ruega por nosotros, para que antes de la muerte expiemos todos nuestros pecados con sincero arrepentimiento y seamos dignos de recibir los Santos Sacramentos.

Ruega por nosotros para que alcancemos un juicio favorable.

Ruega por nosotros para que seamos admitidos en la compañía de los bienaventurados para gozar de la presencia de Dios eternamente.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo.

Perdónanos, Señor.

jueves, 27 de agosto de 2026

Oración a Santa Mónica por la Conversión y Protección de los Hijos

 Santa Mónica

Oración a Santa Mónica por la Conversión y Protección de los Hijos


Santa Mónica nació en Tagaste (actual Souk Ahras, Argelia) en el seno de una familia cristiana. Casada joven con Patricio, un funcionario pagano de carácter violento e infiel, Mónica encarnó el testimonio evangélico silencioso, logrando la conversión de su esposo y de su suegra antes de la muerte de este.

El drama del hijo pródigo

Su mayor prueba fue su hijo mayor, Agustín. Agustín buscó la verdad en el intelecto y el placer: cayó en el hedonismo y abrazó la herejía del maniqueísmo. Frente a esta desviación espiritual y moral, Mónica adoptó una triple postura teológica:

  1. Grito del alma e intercesión incesante: Mónica ofreció rezos, ayunos y lágrimas a Dios durante casi tres décadas. San Ambrosio de Milán le dirigiría la profética frase que consuela a la Iglesia: "Es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas".

  2. Acompañamiento en el amor: A pesar del dolor doctrinal que le causaba la extraviada fe de Agustín, nunca le retiró su afecto maternal ni su apoyo, siguiendo sus pasos desde África hasta Roma y Milán.

  3. El éxtasis de Ostia: Tras el bautismo de Agustín en el año 387 por manos de San Ambrosio, ambos experimentaron en la ciudad portuaria de Ostia Tiberina un anticipo de la visión beatífica. Días después, habiendo visto cumplida la única misión de su vida —ver a su hijo convertido en cristiano católico—, Mónica entregó su alma al Creador.

Oración por los Hijos (Inspirada en la Devoción Litúrgica Aprobada)

En la devoción católica, la oración por los hijos bajo la intercesión de Santa Mónica apela al cumplimiento de las promesas de Dios mediante la paciencia y la gracia eficaz.

Oración por la Conversión y Protección de los Hijos

Oh Dios, consuelo de los que lloran y salvación de los que en Ti esperan, que acogiste piadosamente las lágrimas fecundas de Santa Mónica por la conversión de su hijo Agustín:

Concédenos, por su intercesión filial, la gracia de lamentar nuestros propios pecados y alcanzar tu perdón misericordioso.

A ti recurro, gloriosa Santa Mónica, patrona y ejemplo de las madres. Deposito en tus manos protectoras el alma y la vida de mi(s) hijo(s) [mencionar el nombre o nombres]. Pide al Señor que conceda el don de la fe, la pureza de corazón y la firmeza moral a quien tanto amo.

Tú que perseveraste sin desfallecer ante el desvío de tu hijo, alcánzame la paciencia para comprender, la sabiduría para guiar y la perseverancia para orar sin cesar. Que el Espíritu Santo toque sus corazones, venza sus resistencias y los conduzca de regreso al aprisco de la Santa Iglesia Católica.

Por Jesucristo, nuestro Señor, en la unidad del Espíritu Santo.

Amén.

Santa Mónica enseña a las familias que la labor de un padre o una madre no concluye en la crianza humana; su principal llamado teológico es el engendramiento espiritual de los hijos para la vida eterna mediante la perseverancia en la oración.













martes, 25 de agosto de 2026

Oración a San Ángelo, Mártir, Carmelita

 

Oración al Gloriosísimo Mártir  San Ángelo, Mátir, Carmelita 

Oración al Gloriosísimo Mártir  San Ángelo, Mátir, Carmelita


Gloriosísimo Mártir y protector mío San Angelo, hijo predilecto de la Reina de los Angeles, María Santísima, a cuya predilección debéis el nombre celestial con que fuiste agraciado, que indica bien claramente la virtud instintiva con que fué adornada vuestra pura alma y los ardores seráficos de vuestro candoroso corazón; dechado de santidad, compendio de todas las virtudes cristianas y religiosas, taumaturgo del Carmelo, mártir de Jesucristo, tallo hermoso del árbol de la vida plantado por la Madre de Dios en su carmelitano verjel, verdadero hijo de los Profetas, que ya desde niño repudiasteis al mundo y sus placeres, y escogisteis por vuestra única porción y herencia los abatimientos del claustro, y más tarde, la soledad de un desierto en el que pasasteis cinco años en continua contemplación, cual otro Elías, preparándoos para la provechosa predicación que luego emprendisteis: rendidamente os suplico, Santo mío, por tantos timbres como os distinguen en la Iglesia militante y triunfante, roguéis por mí a la soberana Madre de Dios para que se digne encaminar hacia mí sus amorosas miradas y me alcance de su divino Hijo Jesucristo, mi Señor, la gracia que mereciste para vivir santamente y gozar después de esta vida el descanso dulcísimo de la gloria. Amén.



Oración que Puede Recitarse al Hacer Uso del Agua Milagrosa de San Alberto

Oración de Súplica y Bendición Carmelita para Pedir la salud del cuerpo y del alma

San Alberto, Confesor


Omnipotente Señor, que por ser Dios lo sois todo, y fuera de Vos no hay nada que tenga ser; y por tanto sois liberalidad infinita por esencia y os comunicáis sin cesar a innumerables criaturas, así en el orden de la naturaleza como en el de la gracia; en aquel, comunicando virtud medicinal a plantas, árboles, minerales, aguas y otras criaturas para que todas sirvan para vigorizar nuestra frágil naturaleza; y en éste, nos dais médicos celestiales que sin esas medicinas naturales, y con sola vuestra voluntad divina, nos curan nuestras dolencias: os suplico que, pues nos disteis al glorioso San Alberto por médico celestial, os dignéis oir la humilde súplica que por sus méritos os hago de que me concedáis por medio de esta su agua milagrosa que devotamente voy a beber ahora, la salud espiritual y corporal que necesito, para que sirviéndoos dignamente aquí en la tierra, os goce luego eternamente en el cielo. Amén.

 Bendición del Agua de San Alberto, Confesor

Por ser tan grande la devoción de los fieles con el glorioso San Alberto, ilustre Santo Confesor de nuestra sagrada Religión, porque muchos que padecían enfermedades de fiebres, bebiendo el agua bendita en honra del mismo Santo, muchas veces fueron libres de sus enfermedades, por eso en nuestros Conventos se hará la bendición de esta agua en la forma siguiente:

Sacerdote: Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
Todos: Que hizo el cielo y la tierra.
Sacerdote: Bendito sea el nombre del Señor.
Todos: Ahora y por siempre.
Sacerdote: Señor, escucha mi oración.
Todos: Y que mi grito llegue a tu presencia.
Sacerdote: El Señor esté con ustedes.
Todos: Y con tu espíritu.

Concluida esta oración se beberá el agua con mucha devoción y confianza de obtener la salud que se desea, rezando después la siguiente:

Antífona del Santo

¡Oh Alberto, modelo de candor y de pureza! ruega a la madre de misericordia que en este valle de miseria nos defienda de todo mal, y que en la hora de nuestra muerte nos conceda el descanso eterno.

— V. Ruega por nosotros, bienaventurado Alberto.

— R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN

Concedednos ¡oh Dios Omnipotente y misericordioso! que intercediendo el bienaventurado Alberto, vuestro confesor, todos los fieles que piadosa y devotamente bebieren de esta agua reciban la salud de sus almas y de sus cuerpos, permaneciendo constantes en vuestro santo servicio. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Santa María Magdalena de Pazzi - Carmelita


Santa María Magdalena de Pazzi

Santa María Magdalena de Pazzi - Carmelita

Gloriosa Virgen Santa María Magdalena de Pazzis, que abrasada en el amor de Dios, aparecisteis en el Carmelo como un ángel por vuestra pureza y un serafín por vuestra caridad: que al despojo de todos los bienes exteriores, acompañasteis el sacrificio completo de vuestra voluntad, persuadida de que la perfección consiste en amar a Dios y aborrecerse a sí mismo; que entregada por espacio de cinco años a las más violentas tentaciones y a las más terribles pruebas, con el espíritu poseído de una sequedad extrema y un total disgusto y tedio de todos los ejercicios de devoción, en nada os desmentíais a Vos misma, perseverando fiel a vuestro Esposo divino, y llegando vuestra generosidad a decirle, en medio de vuestros espantosos trabajos: «no me dejéis morir, sino padecer», aunque os hubiese sido muy dulce la muerte por libraros de tantos tormentos: alcanzadme del buen Jesús la gracia de que sepa sufrir, a su mayor gloria y para bien de mi alma, las desolaciones y angustias a que Su Divina Majestad quisiere sujetarme en esta vida, y después de haber sido con vos imitador de Cristo en llevar la cruz de las tribulaciones y tormentos, vaya a meinar con El en la gloria. Amén.

lunes, 24 de agosto de 2026

Oración a Santa Eufrasia

 Oración a Santa Eufrasia - Virgen Carmelita

Oración a Santa Eufrasia - Virgen Carmelita


¡Oh amantísima Esposa de Jesucristo, gloriosa Santa Eufrasia, luciente estrella en el cielo de la santa Iglesia, que con la claridad de vuestras resplandecientes virtudes iluminasteis la sagrada religión del Carmen, induciendo con vuestro ejemplo a muchas almas para que conocieran la falsedad de los bienes y placeres transitorios de esta vida y la gloria encerrada en la castidad, pobreza, obediencia y cruz de Jesucristo! 

Gózome, Santa dichosísima, de que el Señor os haya escogido por Capitana de innumerables vírgenes carmelitas que después os han seguido en la vida del claustro, y de que vuestro divino Esposo Jesús os haya enriquecido con tantas y tan esclarecidas virtudes y honrado con tantos y tan asombrosos milagros: y gózome también de la gloria que actualmente disfrutáis en los cielos en premio de vuestros grandes merecimientos, a la vez que os suplico pidáis a Nuestro Señor me conceda pureza de corazón, despego de los bienes terrenos, aprecio de los eternos, cumplimiento de las obligaciones propias de mi estado, fortaleza para vencer todo lo que se oponga a mi santificación y permanencia en el bien obrar, para que, amándole y sirviéndole en la vida, le alabe también en la eternidad. Amén.

Oración a San Andrés Corsino - Carmelita

Oración a San Andrés Corsino - Obispo y confesor - Carmelita

Oración a San Andrés Corsino



Celosísimo obispo San Andrés Corsino, escogido por Dios para ser ornamento de su Iglesia y gloria de la religión carmelitana: yo me gozo de veros colmado por el Cielo desde las primeras luces de vuestra razón de las bendiciones de su dulzura, y combatiendo sin tregua y con sana fortaleza las múltiples tentaciones con que el enemigo trató de rendiros, temeroso sin duda del gran fruto que más tarde habían de producir vuestras apostólicas tareas. 

El Señor que en sus altos juicios os tenía destinado para el episcopado, se dignó haceros conocer su voluntad por medio de la voz de un niño, de que aceptaseis la Sede de Fiésoli; lo que hicisteis, no sin gran repugnancia por vuestra parte, pues preferíais el retiro de vuestra celda a todos los honores del mundo. 

Comprendiendo la grandeza de la dignidad a que fuisteis elevado, os dedicasteis con todo empeño a cumplir las obligaciones inherentes a ella con un celo verdaderamente apostólico, que os hizo modelo de Prelados. Vuestra oración fué continua, grandísima vuestra humildad y generosa la liberalidad hacia los pobres, resplandeciendo además en todas las virtudes. 

Por tantos y tan singulares favores con que os distinguió el Altísimo os suplico, Santo mío, me alcancéis el que, a vuestra imitación, desprecie los placeres y los honores de la tierra y sea humilde y caritativo, aspirando sólo a me inviolablemente con mi Dios, para que, viviendo la vida de la gracia, merezca ser conducido a las eternas moradas de la Gloria. Amén.

Oración a San Pedro Tomás - Carmelita

Oración a San Pedro Tomás Obispo y Mártir -  Carmelita

Oración a San Pedro Tomás -  Carmelita


¡Oh glorioso Pontífice e invicto mártir de Jesucristo San Pedro Tomás, astro resplandeciente del Cielo carmelitano, que, por vuestra tiernísima devoción a la Purísima Virgen María y el entrañable afecto que profesasteis a su Orden privilegiada, merecisteis que esta amorosísima Madre se os apareciese para manifestaros 

«que la Orden del Carmen subsistiría hasta el fin de los tiempos, pues que así lo había alcanzado de su divino Hijo el gran Profeta Elías, su fundador, en el instante mismo de su gloriosa Transfiguración!»

 Yo os doy mil parabienes por esta señaladísima distinción con que quiso honraros la Madre de Dios, y que tan consoladora es para todos sus predilectos hijos, así como también por la inapreciable dicha que tuvisteis al derramar vuestra sangre y dar vuestra preciosa existencia en defensa de la fe de Cristo Nuestro Señor, a la vez que os suplico, Santo protector mío, seáis mi intercesor con Dios, para que, por vuestra mediación, alcance una devoción verdadera y constante hacia su Sacratísima Madre, y el que sea preservado de todo contagio y pestilencia, y sobre todo del pecado mortal, que es el mayor de los males, con lo cual, siguiendo vuestro ejemplo aquí en la tierra, pueda merecer después el gozar con Vos de la eterna bienaventuranza. Amén.


martes, 23 de junio de 2026

Novena a San Josemaría por la familia

 Novena a San Josemaría por la familia por la gracia de formar una auténtica familia cristiana

Novena a San Josemaría por la familia por la gracia de formar una auténtica familia cristiana


Cómo Hacer la Novena de la Familia

Esta novena tiene por finalidad pedir a Dios, por intercesión de san Josemaría, la gracia de formar una auténtica familia cristiana y de mantenerla y mejorarla continuamente, sobre la base firme del amor a Cristo y del ejemplo de la Sagrada Familia.

Cada día de la novena consta de dos partes

  1. La primera es una selección de textos de san Josemaría para reflexionar, hacer examen y rezar.
  2. La segunda parte consta de una serie de intenciones o peticiones dirigidas a Dios para que lo meditado se traduzca en propósitos concretos, en esfuerzos sinceros, en actitudes y en acciones para el bien de la familia.

Cómo hacer la novena

Esta novena está dirigida principalmente a esposos, padres y abuelos; y también a todas aquellas personas que, por sus circunstancias personales deseen aprovechar esta devoción. Puede practicarse en pareja, a solas o en conjunto con otros matrimonios a lo largo de nueve días consecutivos, o en un solo día semanal a lo largo de nueve semanas; o en plazos mayores y ritmos menos regulares, según las posibilidades de los que la practican. La lectura de todos o de algunos textos puede realizarse en voz alta por quien dirige la novena. Después de leer cada reflexión y cada intención, se aconseja una pausa de silencio para rezar. San Josemaría desde el Cielo puede interceder ante Dios para fortalecer la unidad de una familia, mejorar la relación en un matrimonio o ayudar a los hijos ante alguna dificultad.

ORACIÓN A San Josemaría

Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen otorgaste a san Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, escogiéndole como instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: haz que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor. Concédeme por la intercesión de san Josemaría el favor que te pido... (pídase). Así sea. Amén. 
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
ÉSTA ORACIÓN SE REZA DESPUÉS DE CADA REFLEXIÓN E INTENCIÓN

Día 1. El Matrimonio, Vocación Divina

Reflexión Palabras de José María

¿Para qué estamos en el mundo? Para amar a Dios, con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma, y para extender ese amor a todas las criaturas. ¿O es que esto parece poco? Dios no deja a ningún alma abandonada a un destino ciego: para todas tiene un designio, a todas las llama con una vocación personalísima, intransferible. El matrimonio es camino divino, es vocación. (Conversaciones, 106)
El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural. Sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, dice san Pablo, y, a la vez e inseparablemente, contrato que un hombre y una mujer hacen para siempre, porque —queramos o no— el matrimonio instituido por Jesucristo es indisoluble: signo sagrado que santifica, acción de Jesús, que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle, transformando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra. (Es Cristo que pasa, 23) 
Llevo casi cuarenta años predicando el sentido vocacional del matrimonio. ¡Qué ojos llenos de luz he visto más de una vez, cuando —creyendo, ellos y ellas, incompatibles en su vida la entrega a Dios y un amor humano noble y limpio— me oían decir que el matrimonio es un camino divino en la tierra! (Conversaciones, 91)
Es importante que los esposos adquieran sentido claro de la dignidad de su vocación, que sepan que han sido llamados por Dios a llegar al amor divino también a través del amor humano;que han sido elegidos, desde la eternidad, para cooperar con el poder creador de Dios en la procreación y después en la educación de los hijos; que el Señor les pide que hagan, de su hogar y de su vida familiar entera, un testimonio de todas las virtudes cristianas. (Conversaciones, 93) Los esposos cristianos […] deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad. (Conversaciones, 91) El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios. Realizad las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid —insisto— ese algo divino que en los detalles se encierra… (Conversaciones, 121)

Intenciones

Que nos haga comprender la grandeza del matrimonio cristiano; que entendamos que se trata de una vocación divina –una llamada personal, amorosa, de Dios– y de una misión que Él nos confía en el mundo: formar una familia cristiana, sana y santa, “célula fundamental, célula vital –como dijo el Papa Juan Pablo II– de la gran y universal familia humana” y de la Iglesia. Que nos conceda la alegría de saber que nuestro matrimonio y nuestra familia son un camino divino, en el cual –cultivando una intensa vida espiritual y ayudándonos unos a otros– podemos y debemos seguir a Cristo, camino, verdad y vida, e imitar su amor y su entrega. Que no nos olvidemos nunca de que Dios nos acompaña, fortalece y ampara con la gracia del Sacramento del Matrimonio; y, por eso, que confiemos en que Él –con la gracia del Espíritu Santo– nos llenará de bendiciones y nos hará capaces de enfrentar fielmente todas las responsabilidades y problemas de la vida familiar. Que Él siempre nos recuerde el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, que –llenos de fe y de amor, y olvidándose de sí mismos– vivieron plenamente entregados a amar a Dios Padre, y unos a otros, con una dedicación alegre y sencilla, llena de generosidad y de espíritu de servicio.
Rezar la ORACIÓN A San Josemaría

Día 2. El matrimonio, Camino de Santidad

Reflexión Palabras de José María

Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Hoy, una vez más me lo propongo a mí, y os recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera: ésta es la Voluntad de Dios, que seamos santos […] ¿Y qué nos dice a los casados? ¿Qué, a los que trabajamos en el campo? ¿Qué, a las viudas? ¿Qué, a los jóvenes? […]. Y suelo puntualizar que Jesucristo Señor Nuestro predicó la buena nueva para todos, sin distinción alguna […]. A cada uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajen donde trabajen, estén donde estén. (Amigos de Dios, 294) El matrimonio está hecho para que los que lo contraen se santifiquen en él, y santifiquen a través de él: para eso los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo. Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado — con la gracia de Dios— todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive. Por esto pienso siempre con esperanza y con cariño en los hogares cristianos, en todas las familias que han brotado del sacramento del matrimonio, que son testimonios luminosos de ese gran misterio divino. (Conversaciones, 91) Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión; cometerían por eso un grave error, si edificaran su conducta espiritual a espaldas y al margen de su hogar. La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que los esposos cristianos deben sobrenaturalizar [santificar]. (Es Cristo que pasa, 23) [El nacimiento de Jesús, nuestro Salvador] se cumple en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer que da a luz, una familia, una casa. La Omnipotencia divina, el esplendor de Dios, pasan a través de lo humano, se unen a lo humano. Desde entonces los cristianos sabemos que, con la gracia del Señor, podemos y debemos santificar todas las realidades limpias de nuestra vida. No hay situación terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar hacia el Reino de los cielos. (Es Cristo que pasa, 22) Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. (Conversaciones, 113) Admira la bondad de nuestro Padre Dios: ¿no te llena de gozo la certeza de que tu hogar, tu familia, tu país, que amas con locura, son materia de santidad? (Forja, 689) Santificar el hogar día a día, crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia: de eso se trata. Para santificar cada jornada, se han de ejercitar muchas virtudes cristianas; las teologales [fe, esperanza, caridad] en primer lugar y, luego, todas las otras: la prudencia, la lealtad, la sinceridad, la humildad, el trabajo, la alegría... (Es Cristo que pasa, 23)

Intenciones

Que comprendamos que, viviendo con amor y con la mirada puesta en Dios los deberes conyugales y familiares (deberes de esposos, de padres, de hijos), podemos santificarnos; o sea, que podemos ir alcanzando, paso a paso, las cumbres del ideal cristiano de santidad, y crecer día tras día en la identificación con Jesucristo, imitando especialmente su amor y las demás virtudes cristianas. Que Él coloque en nuestro corazón el entusiasmo por ese ideal de santidad, que no es sólo para las almas totalmente dedicadas a Dios en el celibato, sino también para nosotros, los casados, pues la vocación para la santidad, como enseñó san Josemaría y la Iglesia proclama insistentemente, es para todos los hijos de Dios, para todos los bautizados: solteros, casados, viudos…, sea cual sea su situación en el mundo. Que nos ayude a crear un auténtico ambiente de familia, que sepamos luchar para vivir las virtudes que nos lleven “a ser y a hacer familia”: el cariño abnegado, la humildad y el olvido de sí, la comprensión, la grandeza de corazón para olvidar y perdonar, y todo lo que contribuya a vencer las pequeñeces del egoísmo y a hacer triunfar el amor. Que nos demos cuenta de que Cristo está presente y nos espera en todos los momentos y circunstancias de la vida familiar, y que enfoquemos cada uno de nuestros deberes como una respuesta de amor a Jesús, una respuesta a lo que Él espera de nosotros en ese momento.

Día 3. El Amor Cristiano

Reflexión: Palabras de San Josemaría

El amor tiene necesariamente sus características manifestaciones. Algunas veces se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad. Y no es así: amor verdadero es salir de sí mismo, entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea, que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero dolor real, porque supone vencer el propio egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de cada una de nuestras acciones. (Es Cristo que pasa, 43) El amor puro y limpio de los esposos es una realidad santa que yo, como sacerdote, bendigo con las dos manos [...]. El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido [...]. Ningún cristiano, esté o no llamado a la vida matrimonial, puede desestimarla. (Es Cristo que pasa, 24) El amor humano, el amor de aquí abajo en la tierra cuando es verdadero, nos ayuda a saborear el amor divino. Así entrevemos el amor con que gozaremos de Dios y el que mediará entre nosotros, allá en el cielo, cuando el Señor sea todo en todas las cosas (I Corintios 15, 28). Ese comenzar a entender lo que es el amor divino nos empujará a manifestarnos habitualmente más compasivos, más generosos, más entregados. (Es Cristo que pasa, 166)
Cada uno de nosotros tiene su carácter, sus gustos personales, su genio —su mal genio, a veces— y sus defectos. Cada uno tiene también cosas agradables en su personalidad, y por eso y por muchas más razones, se le puede querer. La convivencia es posible cuando todos tratan de corregir las propias deficiencias y procuran pasar por encima de las faltas de los demás: es decir, cuando hay amor, que anula y supera todo lo que falsamente podría ser motivo de separación o de divergencia. En cambio, si se dramatizan los pequeños contrastes y mutuamente comienzan a echarse en cara los defectos y las equivocaciones, entonces se acaba la paz y se corre el riesgo de matar el cariño. (Conversaciones, 108) Sólo serás bueno, si sabes ver las cosas buenas y las virtudes de los demás. Por eso, cuando hayas de corregir, hazlo con caridad, en el momento oportuno, sin humillar..., y con ánimo de aprender y de mejorar tú mismo en lo que corrijas. (Forja, 455)

Intenciones

Que nos libre del egoísmo y haga que nunca consideremos el matrimonio como una solución para nuestra realización egoísta, como un modo de ejercer “el derecho de ser feliz”. Que veamos que eso sería diluir el valor del matrimonio y transformarlo en un simple medio para alcanzar satisfacciones egocéntricas, placeres y sueños puramente personales. Que no perdamos de vista que es una vocación de amor, de aquel amor verdadero, que –como enseña Jesús– encuentra más alegría en dar que en recibir. Que alcancemos el amor auténtico, que consiste en “querer bien”, o sea, en querer el bien de los demás (esposa, marido, hijos): aquello que les puede ayudar a ser mejores, a trabajar con más alegría; lo que les puede aliviar los dolores y las sobrecargas; lo que contribuye a aumentar el cariño entre todos; lo que nos pueda unir más, hasta que todos juntos formemos –como dice el Papa Juan Pablo II– una “comunidad de vida y de amor”. Que mujer y marido comprendamos que no nos pertenecemos a nosotros mismos, pues, delante de Dios, ofrecimos el uno al otro la disponibilidad generosa del cuerpo –para vivir la unión conyugal santa y pura, de acuerdo con la ley de Dios y de la Santa Iglesia–, y ofrecimos también mutuamente nuestros corazones. Que, por eso, estemos decididos a vivir las atenciones, las delicadezas, la dedicación y el sacrificio propios del amor santificado; y que vivamos con responsabilidad el deber de proteger nuestra fidelidad, con toda la sensibilidad y prudencia necesarias (procurando viajarjuntos, siendo discretos y reservados en el trato con colegas, parientes y amigos del otro sexo, etc.). Que todos nos empeñemos –pidiéndole a Dios mucha ayuda– en corregir nuestro mal genio, nuestro mal humor, las fluctuaciones de carácter, nuestras manías, nuestra comodidad, y todos los defectos que perjudican la convivencia; y, al mismo tiempo, que sepamos tener comprensión y paciencia con las faltas ajenas, sin exagerarlas ni dramatizar los problemas.

Día 4. El Amor de Cada Día

Reflexión: Palabras de San Josemaría

No olviden [los esposos] que el secreto de la felicidad conyugal está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar; en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo de todos los días, en el que colabora la familia entera; en el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad. (Conversaciones, 91) Para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas y con picardía también. Si el marido llega a casa cansado de trabajar, y la mujer comienza a hablar sin medida, contándole todo lo que a su juicio va mal, ¿puede sorprender que el marido acabe perdiendo la paciencia? (Conversaciones, 107) [Para las esposas] Es siempre actual el deber de aparecer amables como cuando erais novias, deber de justicia, porque pertenecéis a vuestro marido: y él no ha de olvidar lo mismo, que es vuestro y que conserva la obligación de ser durante toda la vida afectuoso como un novio. Mal signo, si sonreís con ironía, al leer este párrafo: sería muestra evidente de que el afecto familiar se ha convertido en heladora indiferencia. (Es Cristo que pasa, 26) Cuando la fe vibra en el alma, se descubre que los pasos del cristiano no se separan de la misma vida humana corriente y habitual. Y que esta santidad grande, que Dios nos reclama, se encierra aquí y ahora, en las cosas pequeñas de cada jornada. (Amigos de Dios, 312) Cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria... (Conversaciones, 116) Realizad [los esposos] las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid —insisto— ese algo divino que en los detalles se encierra: toda esta doctrina encuentra especial lugar en el espacio vital, en el que se encuadra el amor humano. (Conversaciones, 121)

Intenciones

La gracia de no caer nunca en la rutina y el cansancio en la forma de actuar, de mirar, de hablar unos con otros; en el cariño con que nos saludamos al encontrarnos o despedirnos; en la alegría que manifestamos al llegar a casa; en la educación con que pedimos las cosas (“por favor”) y con que las agradecemos; en la delicadeza con que avisamos de nuestras salidas (“voy a salir, estaré en tal lugar hasta las…”), y en el esmero con que cuidamos las cosas materiales del hogar. Que marido y mujer, nos tratemos siempre “como si fuéramos novios” (como aconsejaba san Josemaría); que pensemos en las alegrías cotidianas que podemos darnos el uno al otro y a los hijos, a través de tantos pequeños detalles; que no caigamos nunca en el abandono personal (que no caigamos en el abandono personal, en una presentación descuidada, en posturas inadecuadas o en el aislamiento de la familia, sea por comodidad o con la excusa del cansancio); que huyamos, como del demonio, de las groserías, las inconveniencias y las palabras ofensivas. Que no permitamos que la televisión y el ordenador –Internet– se conviertan en los “dueños” de nuestra casa, en tiranos que ahogan y eliminan los momentos de intimidad, de cambios de impresiones; o la cordialidad de las charlas en la mesa, o los momentos de confidencias a solas entre marido y mujer y entre padres e hijos. Que, como decía san Josemaría, sepamos hacer, de la prosa diaria, poesía heroica, viendo en todos los momentos y circunstancias del trabajo del hogar, del cumplimiento de los deberes cotidianos, hasta de los más materiales (como lavar los platos, hacer la propia cama, poner o recoger la mesa, limpiar la cocina, etc.) ocasiones de amar y de servir, con alegría y con sencillez, servicios que procuramos repartir y asumir entre todos, con generosidad y alegría.

Día 5. Hogares Luminosos y Alegres

Reflexión: Palabras de San Josemaría

Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida. (Es Cristo que pasa, 22) La fe y la esperanza se han de manifestar en el sosiego con que se enfocan los problemas, pequeños o grandes, que en todos los hogares ocurren, en la ilusión con que se persevera en el cumplimiento del propio deber. La caridad lo llenará así todo, y llevará a compartir las alegrías y los posibles sinsabores; a saber sonreír, olvidándose de las propias preocupaciones para atender a los demás; a escuchar al otro cónyuge o a los hijos, mostrándoles que de verdad se les quiere y comprende; a pasar por alto menudos roces sin importancia que el egoísmo podría convertir en montañas; a poner un gran amor en los pequeños servicios de que está compuesta la convivencia diaria. (Es Cristo que pasa, 23) Lo que verdaderamente hace desgraciada a una persona —y aún a una sociedad entera— es esa búsqueda ansiosa de bienestar, el intento incondicionado de eliminar todo lo que contraría. La vida presenta mil facetas, situaciones diversísimas, ásperas unas, fáciles quizá en apariencia otras. Cada una de ellas comporta su propia gracia, es una llamada original de Dios: una ocasión inédita de trabajar, de dar el testimonio divino de la caridad. A quien siente el agobio de una situación difícil, yo le aconsejaría que procure también olvidarse un poco de sus propios problemas, para preocuparse de los problemas de los demás: haciendo esto, tendrá más paz y, sobre todo, se santificará. (Conversaciones, 97) Verdaderamente es infinita la ternura de Nuestro Señor. Mirad con qué delicadeza trata a sus hijos. Ha hecho del matrimonio un vínculo santo, imagen de la unión de Cristo con su Iglesia, un gran sacramento en el que se funda la familia cristiana, que ha de ser, con la gracia de Dios, un ambiente de paz y de concordia, escuela de santidad […] Si se vive el matrimonio como Dios quiere, santamente, el hogar será un rincón de paz, luminoso y alegre. (Es Cristo que pasa, 78) Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado. (Surco, 795) No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes (Surco, 57). Propósito sincero: hacer amable y fácil el camino a los demás, que bastantes amarguras trae consigo la vida. (Surco, 63) La atención prestada a su familia será siempre para la mujer su mayor dignidad: en el cuidado de su marido y de sus hijos o, para hablar en términos más generales, en su trabajo por crear en torno suyo un ambiente acogedor y formativo, la mujer cumple lo más insustituible de su misión y, en consecuencia, puede alcanzar ahí su perfección personal [...]. Eso no se opone a la participación en otros aspectos de la vida social [...]. También en esos sectores puede dar la mujer una valiosa contribución, como persona, y siempre con las peculiaridades de su condición femenina [...] Es claro que, tanto la familia como la sociedad, necesitan esa aportación especial, que no es de ningún modo secundaria. (Conversaciones, 87)

Intenciones

Que nos conceda la gracia de no exagerar las contradicciones, los conflictos y los sacrificios diarios, las cosas que nos hacen sufrir; que sepamos tener grandeza de alma para aceptar y ofrecer esas cruces a Dios –muy unidos a la Cruz de Cristo–, evitando descargarlas sobre los demás en forma de quejas, de lamentos, de palabras rencorosas, de comentarios que amargan la vida del hogar. Y que huyamos, como del propio demonio, de los celos enfermizos, esas obsesiones sin fundamento serio, que son una verdadera tortura y que pueden destruir la armonía del matrimonio. Que seamos capaces de encubrir con una sonrisa –por amor a Dios y a los demás– el sacrificio de nuestra dedicación, nuestra paciencia con los defectos de los demás y con sus manías, y también nuestro cansancio; y que nunca andemos con aires de víctima o con la cara triste del que se siente incomprendido y despreciado, porque cree que los demás no reconocen todo lo que hace, ni corresponden como deberían. Que sepamos dar siempre un tono optimista a nuestras conversaciones; que evitemos juicios y comentarios pesimistas sobre los hechos y las personas; que no dramaticemos los momentos de dificultad económica, sino que sepamos luchar y rezar juntos para superarlos; de forma que la certeza de que Dios nos ama y la virtud de la esperanza envuelvan en serenidad toda la vida familiar. Que comprendamos que la paz y la serenidad del hogar se apoyan, sobre todo, en estas bases firmes: la confianza en Dios; la humildad (que nos lleva a olvidarnos de nosotros y a darnos a los demás); y también la virtud del orden (orden material, orden en los horarios, orden en los planes familiares, orden en las cuentas…), pues la paz, como repiten los santos, “es la tranquilidad en el orden”, y es, por lo tanto, incompatible con el desorden y el abandono.

Día 6. Superar con Dios las Crisis y Dificultades del Matrimonio

Reflexión: Palabras de San Josemaría

Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un Sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido. Como dice la Escritura, aquae multae [“las muchas aguas”] —las muchas dificultades, físicas y morales— non potuerunt extinguere caritatem [“No pudieron apagar el amor”] (Cant 8, 7), no podrán apagar el cariño. (Conversaciones, 91) Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte (Cant 8, 6). (Es Cristo que pasa, 24) El marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura […] las virtudes del hogar cristiano. [...] Es preciso aprender a callar, a esperar y a decir las cosas de modo positivo, optimista. Cuando él se enfada, es el momento de que ella sea especialmente paciente, hasta que llegue otra vez la serenidad; y al revés. Si hay cariño sincero y preocupación por aumentarlo, es muy difícil que los dos se dejen dominar por el mal humor a la misma hora. (Conversaciones, 108) Si alguno dice que no puede aguantar esto o aquello, que le resulta imposible callar, está exagerando para justificarse. Hay que pedir a Dios la fuerza para saber dominar el propio capricho; la gracia, para saber tener el dominio de sí mismo. Porque los peligros de un enfado están ahí: en que se pierda el control y las palabras se puedan llenar de amargura, y lleguen a ofender y, aunque tal vez no se deseaba, a herir y a hacer daño. (Conversaciones, 108) Otra cosa muy importante: debemos acostumbrarnos a pensar que nunca tenemos toda la razón. Incluso se puede decir que, en asuntos […] ordinariamente tan opinables, mientras más seguro se está de tener toda la razón, tanto más indudable es que no la tenemos. Discurriendo de este modo, resulta luego más sencillo rectificar y, si hace falta, pedir perdón, que es la mejor manera de acabar con un enfado: así se llega a la paz y al cariño. (Conversaciones, 108) Un último consejo: que no riñan nunca delante de los hijos: para lograrlo, basta que se pongan de acuerdo con una palabra determinada, con una mirada, con un gesto. Ya regañarán después, con más serenidad, si no son capaces de evitarlo. La paz conyugal debe ser el ambiente de la familia, porque es la condición necesaria para una educación honda y eficaz. Que los niños vean en sus padres un ejemplo de entrega, de amor sincero, de ayuda mutua, de comprensión; y que las pequeñeces de la vida diaria no les oculten la realidad de un cariño, que es capaz de superar cualquier cosa. (Conversaciones, 108)

Intenciones

Que comprendamos que todas las “crisis” matrimoniales pueden tener dos salidas, dependiendo de la fe y de la grandeza de corazón de los dos: o “acaban” con el matrimonio, rompiendo la unidad y provocando la separación (lo que suele ser el triunfo del egoísmo y la alegría del demonio); o, por el contrario, marido y mujer ven en la “crisis” una llamada de Dios para profundizar los dos juntos en las causas de sus desacuerdos y peleas. Ésa es la salida que Dios espera. Después de haber rezado mucho y de pedir consejo, los dos tendrán que decidirse a corregir los antiguos defectos; con humildad, verán la mejor manera de ayudarse, teniendo la seguridad de que así saldrán fortalecidos de la crisis, con más madurez de carácter y virtudes más firmes; de manera que lo que podría haber sido una piedra de tropiezo en el camino, se transforme en un escalón que les haga subir y crecer en su santa unión. Que sepamos tener la sinceridad de reconocer que, cuando decimos “no aguanto más”, en el fondo todos sabemos que, rezando con fe y acercándonos más a Dios –sobre todo por medio de la confesión y de la comunión–, podremos levantar más alta la Cruz y cargarla con más garbo; y que, de este modo, seremos capaces de transformar nuestro amor –mediante la paciencia, el perdón y la generosidad– en un cariño más puro, reflejo del amor misericordioso de Cristo, y alcanzar la gracia de la conversión de nuestros corazones. Y que no nos olvidemos de que, sobre todo en las crisis más serias, podrá ser necesario buscar, con humildad y confianza, la orientación de un sacerdote, el tratamiento de un  psiquiatra cristiano, el consejo de un matrimonio amigo. Que evitemos con toda el alma comentarios despectivos, críticas y expresiones ofensivas sobre los parientes (el suegro, la suegra, los cuñados y cuñadas, primos y primas); y que, en general, evitemos todas las actitudes, palabras, omisiones y olvidos que puedan herir el amor propio de los demás y dejar abiertas llagas difíciles de curar. (Si desgraciadamente ya hubo una separación) Que el que haya padecido una injusticia (porque el otro le fue infiel, porque no le concedió el perdón cuando volvió arrepentido, porque no quiso comprender), vea con claridad que ahora, más que nunca, necesita estar cerca de Dios, fortalecido por la gracia divina y por la orientación espiritual de un buen confesor; y que comprenda que, en esos momentos, Dios le pide principalmente dos cosas: primero, que rece para vencer el resentimiento contra el que tuvo la culpa principal en la separación, al mismo tiempo que mantiene la esperanza en el milagro de la reconciliación; y, en segundo lugar, que no se cierre en su amargura, sino que se dedique con más empeño a los hijos, al apostolado, a las obras de caridad. Y que el que provocó con su comportamiento la separación piense que Dios le pide la humildad de arrepentirse, de pedir perdón con toda sinceridad y de reparar, procurando compensar lo más posible el mal causadol

 Día 7. Colaboradores de Dios

Reflexión: Palabras de San Josemaría

El Señor santifica y bendice el amor del marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de sus almas, sino la de sus cuerpos [...]. Nos ha dado el Creador la inteligencia, que es como un chispazo del entendimiento divino, que nos permite —con la libre voluntad, otro don de Dios— conocer y amar; y ha puesto en nuestro cuerpo la posibilidad de engendrar, que es como una participación de su poder creador. Dios ha querido servirse del amor conyugal, para traer nuevas criaturas al mundo y aumentar el cuerpo de su Iglesia. (Es Cristo que pasa, 24) El sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad. Ese es el contexto, el trasfondo, en el que se sitúa la doctrina cristiana sobre la sexualidad. Nuestra fe no desconoce nada de lo bello, de lo generoso, de lo genuinamente humano, que hay aquí abajo. (Es Cristo que pasa, 24) La castidad –la de cada uno en su estado: soltero, casado, viudo, sacerdote– es una triunfante afirmación del amor. (Surco, 831) Participáis del poder creador de Dios y, por eso, el amor humano es santo, noble y bueno: una alegría del corazón, a la que el Señor —en su providencia amorosa— quiere que otros libremente renunciemos. Cada hijo que os concede Dios es una gran bendición divina: ¡no tengáis miedo a los hijos! (Forja, 691) Bendigo a los padres que, recibiendo con alegría la misión que Dios les encomienda, tienen muchos hijos. E invito a los matrimonios a no cegar las fuentes de la vida, a tener sentido sobrenatural y valentía para llevar adelante una familia numerosa, si Dios se la manda. Cuando alabo la familia numerosa, no me refiero a la que es consecuencia de relaciones meramente fisiológicas; sino a la que es fruto de ejercitar las virtudes cristianas, a la que tiene un alto sentido de la dignidad de la persona […], a la que sabe que dar hijos a Dios no consiste sólo en engendrarlos a la vida natural, sino que exige también toda una larga tarea de educación: darles la vida es lo primero, pero no es todo. Puede haber casos concretos en los que la voluntad de Dios –manifestada por los medios ordinarios— esté precisamente en que una familia sea pequeña. Pero son criminales, anticristianas e infrahumanas, las teorías que hacen de la limitación de los nacimientos un ideal o un deber universal o simplemente general. (Conversaciones, 94) No es el número por sí solo lo decisivo: tener muchos o pocos hijos no es suficiente para que una familia sea más o menos cristiana. Lo importante es la rectitud con que se viva la vida matrimonial. El verdadero amor mutuo trasciende la comunidad de marido y mujer, y se extiende a sus frutos naturales: los hijos. El egoísmo, por el contrario, acaba rebajando ese amor a la simple satisfacción del instinto y destruye la relación que une a padres e hijos [...]. Decía que, por sí solo, el número de hijos no es determinante. Sin embargo, veo con claridad que los ataques a las familias numerosas provienen de la falta de fe: son producto de un ambiente social incapaz de comprender la generosidad, que pretende encubrir el egoísmo y ciertas prácticas inconfesables con motivos aparentemente altruistas. (Conversaciones, 94)

Intenciones

Que sepamos agradecerle todos los días el gran don de los hijos –si Él nos los dio–, y veamos en ellos, en su educación humana, en su formación cristiana, en su verdadero bien espiritual y material, una parte importantísima de la misión que Dios nos confió al llamarnos con la vocación matrimonial y familiar. Que no olvidemos nunca que un hijo nuestro, aun cuando sepamos que va a nacer –o ya nació– con alguna deficiencia física o mental, es un hijo de Dios dotado de un alma inmortal, alma creada directamente por Dios a su imagen y destinada a gozar eternamente del amor de la Santísima Trinidad. Que, con esa seguridad, no nos dejemos nunca influenciar por los consejos criminales (como el de abortar) recibidos de personas que no saben lo grande que es el menor de los hijos de Dios, amado y redimido por Cristo, que murió por él en la Cruz, como si fuera único en el mundo. Que tengamos la generosidad, la fe y el valor de recibir de Dios todos los hijos que honrada y generosamente podamos criar y educar; y, que, si alguna vez hay motivos objetivamente graves, serios y justos (nunca por pura comodidad o egoísmo) –como enseña la doctrina católica– para espaciar por algún tiempo o indefinidamente la llegada de hijos, sepamos seguir fielmente (pidiendo el consejo y la orientación oportunos) las indicaciones de la Iglesia sobre los métodos naturales correctos para diferir el embarazo. [Para los que no han tenido hijos] Que estemos convencidos de que, si Dios no nos ha dado hijos, eso no significa que haya querido disminuir en nosotros el ideal santo de la paternidad y de la maternidad, porque siempre lo podremos ejercitar –buscando diligentemente hacer la voluntad de Dios–, dedicándonos a otros miembros de la familia, o a entidades y actividades caritativas cristianas que cuidan de niños abandonados; o trabajando activamente en la formación cristiana de la juventud; y, si es el caso, estudiando la posibilidad de adoptar, con el debido consejo y prudencia, uno o más niños sin hogar.

Día 8. Educar a los Hijos

Reflexión: Palabras de San Josemaría

La paternidad y la maternidad no terminan con el nacimiento: esa participación en el poder de Dios, que es la facultad de engendrar, ha de prolongarse en la cooperación con el Espíritu Santo para que culmine formando auténticos hombres cristianos y auténticas mujeres cristianas. Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable. (Es Cristo que pasa, 27) Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años. (Es Cristo que pasa, 28) Si tuviera que dar un consejo a los padres, les daría sobre todo éste: que vuestros hijos vean —lo ven todo desde niños, y lo juzgan: no os hagáis ilusiones— que procuráis vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no está sólo en vuestros labios, que está en vuestras obras; que os esforzáis por ser sinceros y leales, que os queréis y que los queréis de veras. Es así como mejor contribuiréis a hacer de ellos cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones que la vida les depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren más tarde, en la sociedad. (Es Cristo que pasa, 28) Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad —o la verdad entera— que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad. (Es Cristo que pasa, 27) Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios. [...]. Unas palabras más, para referirme expresamente [...] a la decisión [de los hijos] de emplearse en el servicio de la Iglesia y de las almas. Cuando unos padres católicos no comprenden esa vocación, pienso que han fracasado en su misión de formar una familia cristiana, que ni siquiera son conscientes de la dignidad que el Cristianismo da a su propia vocación matrimonial. (Conversaciones, n. 104)
Intenciones
Que sepamos entregarnos de verdad a la misión de educar integralmente a los hijos que Dios nos confió, sabiendo que –en materia de educación– nada en el mundo puede sustituir el ejemplo diario de los padres, ni la dedicación con que se consagran, con esfuerzo y perseverancia, a formar a los hijos para que se hagan hombres y mujeres de carácter y buenos cristianos. Y que –al mismo tiempo– no olvidemos que, para formar hombres y mujeres de carácter se necesita unir, al cariño, la fortaleza de saber decir que no, cuando es necesario para evitarles un mal o un peligro moral, aunque eso los haga sufrir, pues la debilidad y la condescendencia cobarde de los padres (o de los abuelos) sólo sirven para causar daño a los hijos. Que Dios nos ayude a evitar el autoritarismo irritado –que no es más que una explosión de mal genio–, las imposiciones ásperas, las riñas violentas, el descontrol de los nervios, pues muchas veces son una señal clara de que a los padres les faltó el sacrificio suficiente para dedicar tiempo y paciencia a oír a los hijos, a comprenderlos, a dialogar con ellos… Que Dios nos ayude especialmente a ver el modo práctico de enseñarles las virtudes básicas, como la lealtad, la sinceridad, el respeto por todo tipo de personas, la generosidad y el desprendimiento, el orden, la disciplina, la responsabilidad en el estudio y en el trabajo, la solidaridad con los necesitados..., virtudes humanas que son la base de las sobrenaturales. Y que entendamos que sólo se puede exigir mucho y con cariño, cuando se ha dado mucho.
Que nunca olvidemos que –como enseñaba san Josemaría– cada ser humano es como una piedra preciosa, que tiene un modo propio, único, de ser tallada y de llegar a la perfección. Que evitemos, por eso, educar a los hijos en serie, intentando meterlos en el mismo molde. Las virtudes cristianas se pueden adquirir por diversos caminos –sin hacer concesiones al error, al abandono, ni a la tibieza–, y el corazón de los padres debe tener la “sabiduría del amor”, que sabe respetar la natural diversidad de los hijos y tratar a cada uno de ellos con justicia, del modo más adecuado a sus condiciones personales. Que los padres cristianos sepamos comprender que cada uno de nuestros hijos es, por encima de todo, hijo de Dios, y que lo más importante para cada uno es lo que Dios le pide, su auténtica vocación, tanto en el terreno humano (vocación profesional, desarrollo de sus dones y aptitudes), como en el terreno espiritual: la vocación a la santidad en el matrimonio; o en la llamada a una dedicación total al servicio de Dios y de los demás, viviendo el celibato; y también la dedicación a diversas manifestaciones de responsabilidad y servicio social, de apostolado, de catequesis, de asistencia, etc.

Día 9. Dios en el Hogar

Reflexión: Palabras de San Josemaría

Los matrimonios tienen gracia de estado —la gracia del sacramento— para vivir todas las virtudes humanas y cristianas de la convivencia: la comprensión, el buen humor, la paciencia, el perdón, la delicadeza en el trato mutuo. Lo importante es que no se abandonen, que no dejen que les domine el nerviosismo, el orgullo o las manías personales. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura —por un motivo humano y sobrenatural a la vez— las virtudes del hogar cristiano. Repito: la gracia de Dios no les falta. (Conversaciones, 108) En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da la natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir —más que enseñar— esa piedad a los hijos. (Conversaciones, 103) ¿Los medios? Hay prácticas de piedad —pocas, breves y habituales— que se han vivido siempre en las familias cristianas, y entiendo que son maravillosas: la bendición de la mesa, el rezo del rosario todos juntos […], las oraciones personales al levantarse y al acostarse […]. De esa manera, lograremos que Dios no sea considerado un extraño, a quien se va a ver una vez a la semana, el domingo, a la iglesia; que Dios sea visto y tratado como es en realidad: también en medio del hogar, porque, como ha dicho el Señor, donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mat. 18, 20). (Conversaciones, 103) No se pierde nunca la piedad que las madres metéis en el corazón de vuestros hijos. (Boletín Romana, 2001, vol. 1, pág. 121) Pienso siempre con esperanza y con cariño en los hogares cristianos, en todas las familias que han brotado del sacramento del matrimonio, que son testimonios luminosos de ese gran misterio divino —sacramentum magnum! (Eph 5, 32), sacramento grande— de la unión y del amor entre Cristo y su Iglesia. Debemos trabajar para que esas células cristianas de la sociedad nazcan y se desarrollen con afán de santidad. (Conversaciones, 91) Quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos [...] Familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído. (Es Cristo que pasa, 30)

Intenciones

Que nos ayude a comprender que no hay nada que atraiga más hacia Dios a los hijos que ver que la fe y la práctica religiosa de sus padres se traduce, día tras día, en frutos prácticos, en virtudes cristianas. Que vean que el padre y la madre están más alegres, más unidos, que son más pacientes, que tienen fuerzas para enfrentar con optimismo –confiando plenamente en Dios– las tribulaciones, por grandes que sean; que saben comprender, disculpar y perdonar las ofensas o ingratitudes que reciben. En resumen, que los hijos noten que nosotros, los padres, más que con palabras o sermones, enseñamos con el ejemplo una conducta impregnada por el amor de Cristo. Que los hijos vean que la participación de los padres en la Santa Misa, la comunión frecuente, el Santo Rosario, las oraciones de la mañana y de la noche, la bendición de la mesa, etc., se viven con fidelidad alegre y no mecánicamente o como una obligación. Que, en todas nuestras prácticas religiosas, noten un auténtico amor a Dios Padre, a Jesucristo (sobre todo en la Eucaristía), al EspírituSanto, un cariño filial a Nuestra Señora, y también la confianza con los santos Ángeles y la “amistad” familiar con los santos de particular devoción de cada uno. Que, con la ayuda de la gracia divina, no nos cansemos de rezar los unos por los otros, y especialmente los padres por los hijos, sobre todo si esos se encuentran en dificultades serias (morales, espirituales, de hábitos o compañías peligrosas); que no nos falte  una fe grande en que el cariño, el ejemplo y la paciencia, unidos a una oración perseverante –contando siempre con la mediación de la Virgen–, dejarán una buena semilla plantada en el corazón de los hijos, semilla que no se perderá, sino que terminará por dar su fruto, aunque tarde años. Que, muy conscientes de que –como repetía el Papa Juan Pablo II– “el futuro de la humanidad pasa por la familia”, se encienda en nuestros corazones el ideal de formar un hogar cristiano, que pueda ser un punto luminoso en medio de la oscuridad de este mundo materialista y hedonista; que sea como una luminaria que atraiga a muchos matrimonios y novios jóvenes, y despierte en ellos el deseo de hacer todo lo posible para formar una familia cristiana, unida, alegre y fecunda.

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

“Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria”. (Homilía Amar al mundo apasionadamente, 8-X-1967)
San Josemaría Escrivá nació en Barbastro (España) el 9-I-1902. Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 28-III-1925. El 2-X-1928 fundó, por inspiración divina, el Opus Dei. El 26-VI-1975 falleció repentinamente en Roma. En ese momento el Opus Dei estaba extendido por los cinco continentes, sirviendo a la Iglesia con el mismo espíritu de plena unión al Papa y a los obispos que vivió siempre san Josemaría. San Juan Pablo II le canonizó en Roma, el 6-X-2002. Su fiesta litúrgica se celebra el 26 de junio. El cuerpo de san Josemaría Escrivá reposa en la Iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. Viale Bruno Buozzi 75, Roma.