Aoraciones: Virgen María
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Consagrando las Últimas Dos horas de Nuestra Vida a La Santísima Virgen

Consagración de las últimas dos horas de nuestra vida a la Santísima Virgen María, devoción mariana, Aoraciones
Consagración de las últimas dos horas de nuestra vida a la Santísima Virgen María, buscando su amparo en la hora de nuestra partida. Imagen devocional publicada en Aoraciones.

 

CONSAGRANDO LAS ULTIMAS DOS HORAS DENUESTRA VIDA A LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA

Compuesta por el recién fallecido, Rev. Fr. Ildefonso M. Izaguirre, O.P.

Postrado a Vuestros pies, y humillado por mis pecados, con plena confianza acudo a
Vos, ¡O María! Os ruego aceptar la petición que mi corazón os viene a presentar para
los últimos momentos de mi vida. Madre querida, deseo pedir Vuestra protección y
maternal amor a fin de que, al instante decisivo, hagáis todo cuanto Vuestro amor os
sugiera en mi favor.

A Vos, O Madre de mi alma, consagro LAS DOS HORAS PASADAS de mi vida.
Apresuraos a mi lado, y recibid mi último suspiro. Y cuando la muerte haya destrozado
el hilo de mis días, presentad mi alma a Jesús, diciéndole:"YO LO AMO". Esa única
palabra Vuestra bastará para asegurarme la bendición de Dios y la dicha de
contemplaros por toda la eternidad.

¡O Madre y Esperanza mía! En Vos confío. Y mi confianza no será en vano.
¡O María! ¡Rogad por Vuestro hijo y conducidle a Jesús!

Amén.

"Abandonar a la Madre es un solo paso

de abandonar al Hijo."


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Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María

Paisaje panorámico en Italia con montañas y cielo despejado
Paisaje panorámico en Italia con montañas y cielo despejado.

 Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María: La guía completa para vivir la verdadera devoción a María según San Luis María Grignion de Montfort

Introducción: Por qué leer el Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María hoy

En tiempos de confusión, relativismo y búsqueda de sentido, el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María de San Luis María Grignion de Montfort se alza como una joya espiritual que ofrece un camino seguro, profundo y sencillo para acercarse a Cristo a través de María.

Este tratado no es un libro de piedad superficial: es un camino de santidad probado por santos, recomendado por Papas, practicado por miles de almas fervorosas que desean amar a Jesús con pureza y profundidad. Vivir esta devoción transforma el corazón, ordena las pasiones, fortalece en la fe y da un sentido concreto a nuestra entrega cristiana.

Aquí descubrirás cómo esta consagración mariana cambia vidas, qué significa vivir la verdadera devoción a María, cómo prepararte para tu consagración y cómo integrar este estilo de vida en tu día a día con esperanza, valentía y alegría.


¿Qué es el Tratado de la Devoción a la Santísima Virgen María y quién lo escribió?

El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María es una obra espiritual escrita por San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), sacerdote misionero francés, considerado uno de los grandes apóstoles de la devoción mariana.

Este tratado enseña que la mejor y más segura manera de llegar a Jesús es por medio de María, quien es Madre, Medianera y Camino seguro hacia Cristo. En él, San Luis explica que la consagración total a Jesús por María es la más perfecta renovación de las promesas bautismales, comprometiendo el alma a vivir completamente para Cristo, con la ayuda y protección maternal de María.

Este libro, encontrado más de cien años después de su muerte, ha iluminado a Papas como San Juan Pablo II, cuyo lema “Totus Tuus” se inspira en este tratado, y ha sido recomendado en la Encíclica Redemptoris Mater como vía segura de santidad.


El contexto histórico y espiritual del Tratado de la Verdadera Devoción a María

San Luis escribió el Tratado en un contexto de tibieza y relajación espiritual en la Francia de su tiempo, donde el jansenismo enfriaba la fe y muchos católicos vivían superficialmente su religión. Frente a esta crisis, San Luis proclamó que el remedio era amar y consagrarse a María, la Esclava Fiel, para formar en nosotros a Cristo.

A nivel espiritual, el Tratado se basa en la convicción de que:

  • María es el medio escogido por Dios para traer a Cristo al mundo y, por tanto, para formarlo en nuestras almas.

  • El alma se consagra como “esclava de amor” a María, imitando la humildad de Cristo, quien se sometió a ella en Nazaret.

  • Esta consagración ayuda al alma a despojarse del amor propio y del pecado, revistiendo al cristiano con las virtudes de María para asemejarse a Jesús.

San Luis afirma con contundencia que “la devoción a María es necesaria para la salvación”, no como dogma, sino como camino ordinario de salvación, pues quien ama a María y vive conforme a sus inspiraciones se aleja del pecado y se adhiere a Cristo con mayor fidelidad.


Los pilares de la verdadera devoción mariana según San Luis María Grignion de Montfort

En el Tratado, San Luis expone que la verdadera devoción mariana tiene cinco características esenciales:

1️⃣ Interior: Brota del espíritu y del corazón, no de meras prácticas exteriores.
2️⃣ Tierna: Llena de confianza filial, acudiendo a María como Madre en todas las necesidades.
3️⃣ Santa: Lleva a evitar el pecado y a imitar las virtudes de María.
4️⃣ Constante: No es una devoción de emociones pasajeras, sino que se mantiene en la adversidad y en la sequedad espiritual.
5️⃣ Desinteresada: Busca a Dios y su gloria, no los consuelos espirituales ni intereses personales.

Estas notas permiten distinguir la verdadera devoción de las falsas devociones a María, que pueden ser:

  • Críticas y escrupulosas (evitan hablar de María por miedo a ofender a Jesús).

  • Exterioristas (se limitan a rezos sin compromiso interior).

  • Presuntuosas (creen que con rezar a María pueden seguir pecando).

  • Inconstantes (cambian de devociones sin perseverar).

  • Hipócritas (practican devociones para ser vistos).

San Luis invita a los fieles a vivir esta devoción de forma radical y sincera, permitiendo que María reine en su vida para llevarlos a Jesús.


¿Por qué consagrarse a la Virgen María? Beneficios espirituales y transformaciones en el alma

San Luis enseña que la consagración a la Virgen María es la forma más perfecta de consagrarse a Jesucristo, puesto que:

  • María es el camino más seguro, corto y perfecto para llegar a Jesús.

  • Esta consagración nos ayuda a despojarnos del amor propio y de la esclavitud del pecado.

  • María nos protege, nos cuida y nos forma en las virtudes de Cristo.

  • Se convierten nuestras acciones en méritos mayores, pues María las embellece y purifica.

  • El alma vive en libertad interior y en profunda paz, abandonada en las manos de María.

San Luis afirma: “Si supieran todos cuán poderosa es María y cuán fiel a los que se le consagran, todos se le entregarían sin miedo.”

Muchos testimonios a lo largo de la historia confirman que esta consagración ha transformado vidas, fortalecido vocaciones, sanado heridas del alma y ayudado a encontrar sentido y firmeza en la fe.


Cómo prepararse para la consagración a María: pasos prácticos según el Tratado

San Luis propone una preparación de 33 días antes de realizar la consagración, divididos así:

🔹 12 días iniciales: para vaciarse del espíritu del mundo, renunciar a los ídolos y desapegarse de lo que aleja de Dios.
🔹 7 días para conocerse a sí mismo, viendo las propias miserias y el pecado con humildad.
🔹 7 días para conocer a la Virgen María, sus virtudes, su papel en la historia de la salvación, y aprender a amarla como Madre.
🔹 7 días para conocer a Jesucristo, contemplando su vida, pasión y amor por nosotros.

Durante este tiempo se recomienda:
✅ Rezar el Santo Rosario diariamente.
✅ Hacer examen de conciencia frecuente y confesarse.
✅ Leer el Evangelio y meditar pasajes sobre María y Jesús.
✅ Rezar las oraciones propuestas por San Luis.
✅ Vivir con espíritu de penitencia y recogimiento.

El día 34 se realiza la consagración total a Jesús por María, utilizando la fórmula que San Luis propone en el Tratado, de forma solemne, en un altar, con vela encendida, preferiblemente después de la Misa y la comunión.


La consagración total a Jesús por María: qué significa en la vida diaria

Consagrarse a Jesús por María no es un acto puntual que termina tras la oración de consagración, sino que es el inicio de un estilo de vida mariano. Significa:

  • Vivir cada pensamiento, palabra y acción bajo la mirada de María.

  • Ofrecerle cada obra buena para que ella la presente a Jesús.

  • Pedirle su guía antes de tomar decisiones importantes.

  • Confiar en ella en momentos de tentación y dificultad.

  • Imprimir en el alma las virtudes de María: humildad, pureza, caridad, obediencia, fe y fortaleza.

San Luis insiste en que María forma en nosotros a Cristo, si le permitimos actuar en nuestra alma. Por eso, esta consagración lleva a una transformación progresiva, ayudando a purificar las intenciones, amar a Dios con mayor intensidad y vivir en gracia.


Errores comunes al leer y aplicar el Tratado de la Devoción a María y cómo evitarlos

Algunos errores frecuentes son:

🚫 Creer que sustituye la relación con Cristo: Al contrario, nos lleva a Cristo de forma más perfecta.
🚫 Pensar que es superstición: No es una fórmula mágica, sino un compromiso serio de vida cristiana.
🚫 Quedarse solo en lo exterior: La verdadera devoción es interior, aunque las prácticas externas ayuden a sostenerla.
🚫 Hacer la consagración sin preparación: La preparación ayuda a asumir la consagración con madurez y fruto espiritual.
🚫 No renovar la consagración: Se recomienda renovarla al menos una vez al año, preferiblemente en una fiesta mariana.

La mejor forma de evitar estos errores es leer el Tratado con oración, guiado por un sacerdote o director espiritual si es posible, y tener un corazón dispuesto a dejarse transformar.


Testimonios e historias que muestran el poder de la consagración mariana

🌹 San Juan Pablo II afirmó que este Tratado cambió su vida y fue su guía espiritual durante toda su existencia.
🌹 San Maximiliano Kolbe se consagró a la Virgen y fundó la Milicia de la Inmaculada, siendo mártir de caridad en Auschwitz.
🌹 Santa Teresa de Calcuta recomendaba esta consagración a todos sus misioneros como medio de permanecer fieles a Cristo.
🌹 Muchos fieles laicos han relatado cómo, tras esta consagración, lograron abandonar vicios, superar crisis espirituales y vivir con mayor alegría y entrega.


Preguntas frecuentes sobre la devoción a la Santísima Virgen María y la consagración

¿Es obligatorio consagrarse a María para ser buen católico?
No es obligatorio, pero es un camino recomendado para quienes desean avanzar en santidad.

¿Puedo hacer la consagración más de una vez?
Sí, puedes renovarla anualmente o en fechas marianas importantes.

¿Debo cambiar de vida tras la consagración?
Sí, la consagración implica un compromiso de lucha contra el pecado y de vivir en gracia, confiando en María como Madre y Maestra.

¿Puedo consagrarme aunque sea pecador?
Sí, todos somos pecadores. María nos ayuda a levantarnos y perseverar.


Oraciones recomendadas durante el proceso de consagración mariana

  • Santo Rosario diario.

  • Letanías de la Virgen María.

  • Oración de San Luis María de consagración.

  • Ave Maris Stella.

  • Acto de abandono a María: “Madre mía, te entrego todo cuanto soy y tengo para que seas tú quien me conduzca a Jesús.”


Conclusión: La importancia de la devoción a María para acercarnos a Jesús hoy

El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María sigue siendo actual, transformador y poderoso. En un mundo herido y necesitado de amor verdadero, María nos ofrece su manto maternal para guiarnos hacia Jesús con firmeza, humildad y esperanza.

Consagrarse a María no es huir de las responsabilidades, sino asumirlas con la fuerza que brota de un corazón unido a Cristo por medio de María. Es un camino que forja santos, que renueva almas y que da sentido a la vida cristiana.

Si deseas vivir con mayor entrega, amar a Jesús con un amor puro y encontrar un camino seguro de santidad, no dudes en abrir las páginas de este Tratado y recorrer este camino de la mano de la Virgen.

María, “la obra maestra del Altísimo”, quiere hacer de tu alma un pequeño Nazaret donde Jesús viva y reine. Permítele actuar en tu vida, y descubrirás que esta devoción es el secreto para una vida cristiana plena y fecunda.


La Reina del Mediodía: Significado Bíblico, Católico y Espiritual

La Reina del Mediodía: Significado Bíblico, Católico y Espiritual


¿Quién es “La Reina del Mediodía” en la Biblia?

Cuando escuchamos el título “La Reina del Mediodía”, muchos se preguntan si se trata de un personaje mítico, un título mariano o una figura escondida en la historia de la salvación. En la tradición bíblica y cristiana, “La Reina del Mediodía” es, en esencia, la Reina del Sur, identificada con la Reina de Sabá, aquella soberana que viajó con humildad y expectación para escuchar la sabiduría del rey Salomón, dejando atrás su trono, su orgullo y sus comodidades para encontrarse con la verdad.

Jesús mismo la menciona en los Evangelios, afirmando con firmeza:

“La Reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.”
(Mateo 12:42; Lucas 11:31)

Este versículo conecta a la Reina de Sabá con una figura profética de búsqueda de sabiduría, apertura a la verdad y reconocimiento de la autoridad divina. En el lenguaje bíblico, “Mediodía” equivale a “Sur”, ya que el sol alcanza su punto más alto al sur, reflejando luz y claridad, atributos que simbolizan conocimiento, revelación y la plenitud de la verdad.

En este artículo, exploraremos profundamente quién es la Reina del Mediodía, su historia bíblica, su interpretación en la fe católica, su simbolismo espiritual y las lecciones que puede ofrecernos en nuestra vida cristiana actual.


La Reina del Sur: Contexto bíblico y cultural

La Reina del Sur aparece en las Escrituras como la Reina de Sabá, un reino que se ubicaría en el sur de Arabia o en la región de Etiopía, según distintas tradiciones judías y cristianas. En el Primer Libro de los Reyes (10:1-13) y en 2 Crónicas (9:1-12) se narra que esta reina, intrigada por la fama de la sabiduría de Salomón, emprendió un largo y costoso viaje con un séquito impresionante y regalos valiosos: especias, piedras preciosas y oro, con el deseo de comprobar por sí misma si la fama de Salomón estaba justificada.

Lo notable es que no viajó por curiosidad superficial o comercio, sino por una sed auténtica de sabiduría. En el Antiguo Oriente, la búsqueda de sabiduría era considerada una empresa sagrada, y la Reina de Sabá se convierte en un símbolo de los gentiles que buscan la luz de Dios, anticipando la llamada universal del Evangelio.

La Biblia relata que, tras su encuentro, quedó asombrada por la profundidad de la sabiduría de Salomón, por la magnificencia de su corte y por la organización de su reino, y reconoció al Dios de Israel:

“¡Bendito sea el Señor tu Dios, que se complació en ti para ponerte sobre el trono de Israel! Porque el Señor ha amado a Israel para siempre, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.”
(1 Reyes 10:9)

Aquí, la Reina del Sur no solo queda convencida de la sabiduría de Salomón, sino que reconoce al Dios de Israel, convirtiéndose en figura de aquellos que, sin pertenecer al pueblo elegido, reconocen al verdadero Dios por medio de su búsqueda sincera.


La Reina de Sabá: Viaje, encuentro y búsqueda de sabiduría

El viaje de la Reina de Sabá no fue un desplazamiento trivial: implicó cruzar desiertos, organizar caravanas, soportar incomodidades y peligros. Este viaje físico refleja un viaje espiritual que todo creyente está llamado a emprender: salir de la comodidad para encontrar la verdad.

En la espiritualidad católica, se valora este episodio como un símbolo de:

  • Humildad ante la sabiduría divina: la Reina, pese a su poder, no se creyó autosuficiente.

  • Valor de la búsqueda: no se conformó con rumores, sino que fue a la fuente.

  • Gratuidad del encuentro: Salomón respondió a todas sus preguntas sin ocultar nada, reflejando la gratuidad con la que Dios comparte su sabiduría.

Jesús utiliza esta figura en el Evangelio para confrontar a su generación, mostrando que una reina pagana fue capaz de recorrer largas distancias para escuchar la sabiduría de Salomón, mientras muchos en su tiempo no reconocían a uno “mayor que Salomón” que estaba entre ellos.

Esta historia desafía al cristiano de hoy a cuestionarse: ¿busco la sabiduría de Dios con la misma intensidad que la Reina de Sabá? ¿O me he acostumbrado a la mediocridad espiritual?


Interpretación católica de la Reina del Sur

En la tradición católica, la figura de la Reina del Sur ha sido interpretada en varios niveles:

1️⃣ Nivel literal: Se reconoce el hecho histórico del encuentro de Salomón con la Reina de Sabá, viendo en ella a una mujer extranjera que se convierte en signo de apertura de los gentiles a la fe en el Dios verdadero.

2️⃣ Nivel espiritual: Se la contempla como un símbolo del alma que busca a Dios, de los pueblos paganos que se abrirán al Evangelio, y de la importancia de la sabiduría como don del Espíritu Santo.

3️⃣ Nivel escatológico: En la interpretación patrística, se la ve como figura que, en el juicio final, testimoniará contra aquellos que, teniendo la verdad cerca, no la buscaron ni la valoraron, mientras ella recorrió grandes distancias por un atisbo de sabiduría.

4️⃣ Nivel tipológico cristológico: La comparación entre Salomón y Cristo en las palabras de Jesús muestra que la Reina del Sur representa a los que reconocen en Cristo al verdadero Rey y Sabio, quien supera toda la sabiduría humana.

Esta interpretación católica integra la figura de la Reina del Sur en la historia de la salvación, mostrando cómo el Antiguo Testamento anticipa y se ilumina a la luz de Cristo.


Simbolismo espiritual: Humildad y búsqueda de la sabiduría divina

El simbolismo de la Reina del Mediodía es profundamente espiritual:

🔹 Luz del mediodía: En la mística cristiana, el “mediodía” simboliza la luz plena, claridad y verdad sin sombras. Así, la Reina del Mediodía representa al alma que camina hacia la luz divina, buscando la verdad de Cristo.

🔹 Búsqueda activa: Ella se convierte en ejemplo de sed de verdad, no se conforma con el rumor o con la comodidad de su trono.

🔹 Humildad espiritual: A pesar de ser reina, viaja para aprender. Este acto enseña que la verdadera sabiduría requiere humildad, apertura y disposición a cambiar.

🔹 Reconocimiento de Dios: No basta con admirar la sabiduría de Salomón, sino reconocer que detrás de ella está el Dios de Israel. De igual modo, quien se acerca a la sabiduría de Cristo, reconoce en Él la plenitud de la revelación.


¿Es la Virgen María la Reina del Mediodía? Interpretaciones marianas

En algunos sermones marianos antiguos, especialmente en la Edad Media, a la Virgen María se le llamó “Reina del Mediodía” de forma poética:

🌞 Luz plena y pureza: Como el mediodía es el punto más alto del sol, María refleja la pureza sin mancha y la máxima claridad de la gracia divina.

👑 Realeza espiritual: María es reconocida como Reina del Cielo y de la tierra, y su realeza se manifiesta en su papel de mediadora de la luz de Cristo en las almas.

🕊️ Mediadora de la luz de Cristo: Así como la Reina del Sur buscó la sabiduría de Salomón, María, llena de gracia, se convierte en la “puerta de la sabiduría” al dar a luz a Cristo, Sabiduría Encarnada.

Sin embargo, bíblicamente el término se refiere a la Reina de Sabá, aunque estas interpretaciones marianas enriquecen la devoción y contemplación espiritual católica.


La sabiduría de Salomón y la superioridad de Cristo

El centro del pasaje de Mateo 12:42 y Lucas 11:31 es Cristo como Sabiduría superior a Salomón.

Salomón fue el rey sabio, constructor del templo, hombre de paz, conocido por su discernimiento. Sin embargo, Cristo es la Sabiduría de Dios hecha carne:

“En Él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”
(Colosenses 2:3)

La Reina del Mediodía viajó para escuchar a Salomón, pero nosotros tenemos a Cristo, que ha venido a nosotros, a nuestras casas y corazones. Este contraste llama al creyente a valorar la presencia de Cristo y su palabra con reverencia, gratitud y un espíritu de aprendizaje continuo.


Lecciones espirituales de la Reina del Sur para la vida actual

🔹 Búsqueda constante de la verdad: En una era de información superficial, la Reina del Mediodía nos enseña la importancia de buscar con seriedad y sacrificio la sabiduría que viene de Dios.

🔹 Valor de la humildad: Su disposición a aprender siendo reina inspira a líderes y creyentes a mantener un corazón humilde ante la verdad.

🔹 Escuchar a Cristo: Ella escuchó a Salomón, nosotros estamos llamados a escuchar a Cristo en las Escrituras, en la oración y en la vida sacramental.

🔹 Reconocer al Dios verdadero: La Reina de Sabá bendijo al Dios de Israel; nosotros, en cada aprendizaje, debemos dar gloria a Dios como fuente de toda sabiduría.


La Reina del Mediodía y la sed de verdad en la mística cristiana

Los místicos cristianos han visto en esta figura un símbolo del alma que busca la unión con Dios a través de la luz de la verdad. San Agustín decía: “Conócete a ti mismo para conocer a Dios”, y esta búsqueda requiere humildad, valentía y perseverancia.

La Reina del Mediodía se convierte en ejemplo de quienes no temen recorrer distancias, desprenderse de apegos y sacrificarse por adquirir la sabiduría que lleva a Dios. Para el cristiano de hoy, ella representa el ideal de no contentarse con superficialidades, sino buscar en la oración, el estudio bíblico y la contemplación el encuentro con la Verdad.


Conclusión: El legado espiritual de la Reina del Mediodía

“La Reina del Mediodía” no es un personaje lejano o irrelevante, sino un testimonio de la sed de sabiduría, de la humildad necesaria para aprender y de la importancia de buscar y reconocer la verdad.

En la tradición católica, su figura invita a:

Buscar a Cristo con determinación
Escuchar su palabra con reverencia
Reconocer la sabiduría divina en la vida diaria
Vivir con humildad y apertura al Espíritu Santo

Así, como la Reina del Sur viajó a Salomón, nosotros viajamos con nuestro corazón al encuentro de Cristo, Sabiduría Eterna, en cada Eucaristía, en cada oración y en cada acto de amor.

Oración profunda y esperanzadora a la Virgen de la Encarnación

 

Oración a la Virgen de la Encarnación

Oh Virgen Santísima de la Encarnación, Madre del Verbo eterno, elegida por el Padre desde toda la eternidad y llena del Espíritu Santo, te alabamos y te bendecimos con todo nuestro corazón. En tu seno purísimo, el Hijo de Dios tomó carne humana para habitar entre nosotros y redimirnos del pecado. Tú eres el sagrario viviente del Amor divino, la puerta por la cual vino la salvación al mundo.

Madre admirable, que dijiste “sí” con humildad y fe, enséñanos a vivir con esa misma disponibilidad. Enséñanos a escuchar la Palabra, a meditarla en el corazón y a dejar que transforme nuestras vidas, como lo hiciste Tú en Nazaret. Que tu obediencia inspire la nuestra, y tu silencio orante nos guíe en medio del ruido del mundo.

Intercede, Virgen de la Encarnación, por todos los que dudan, por quienes sufren, por los que no encuentran sentido a sus días. Ruega por las madres que esperan a sus hijos, por los que comienzan un nuevo camino y por aquellos que necesitan renovar su fe.

Madre del Verbo encarnado, protégeme bajo tu manto maternal. Refúgiame en tu ternura y preséntame ante tu Hijo Jesús, para que Él me conceda la gracia que humildemente te pido (mencionar aquí la intención personal).

Oh María, llena de gracia, llena de Dios, ayúdanos a acoger el misterio de la Encarnación en nuestras propias vidas. Que cada día, con tu ayuda, sepamos encarnar el amor, la esperanza y la paz de Cristo en el mundo. Amén.

Claret Coromoto – Aoraciones

Oración a la Madre de Aparecida

 

Oración final a la Madre de Aparecida - Papa Francisco

Oración final a la Madre de Aparecida - Papa Francisco 

Madre Aparecida, tal como vos un día, así hoy me siento yo delante de ti y de mi Dios, que nos propone para la vida una misión cuyos contornos y límites desconocemos, cuyas exigencias apenas vislumbramos.

 Pero en nuestra fe de que para Dios nada es imposible, tú, Madre, no dudaste y yo tampoco puedo dudar.

 “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”, 

de igual manera Madre, como tú, yo abrazo mi misión, coloco mi vida en vuestras manos, para que vayamos tú, Madre, y tu Hijo, a caminar juntos, creer juntos, luchar juntos, vencer como siempre juntos; caminantes, tú y tu Hijo. 

“Mujer he aquí a tu hijo, hijo he aquí a tu Madre”. 

Madre Aparecida, un día llevaste a tu Hijo al templo para consagrarlo al Padre, para que fuese completamente disponible para la misión. 

Llévame al mismo Padre, conságrame a Él con todo lo que soy y con todo lo que tengo. Aquí estoy, envíame. 

Madre de Aparecida, pongo en vuestras manos, para que la eleves ante el Padre, nuestra juventud, vuestra juventud, la Jornada Mundial de la Juventud

Cuánta fuerza, cuánta vida, cuánto dinamismo que brota y explota y que puede estar al servicio de la vida de la humanidad. 

Padre, acoge y santifica a tu juventud. 

Finalmente, Madre, te pedimos permanece aquí, siempre acogiendo a vuestros hijos y a vuestras hijas peregrinos, pero también ven con nosotros, estate siempre a nuestro lado y acompaña nuestra misión, la familia grande de los devotos, principalmente cuando más nos pesa la cruz. Sustenta nuestra esperanza y nuestra fe. 

“Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida”. Amén.

María Auxiliadora ayúdanos en nuestras dificultades

Imagen devocional de María Auxiliadora
María Auxiliadora, Auxilio de los Cristianos.

Hoy celebramos a María Auxiliadora, siempre dispuesta a ayudarnos en las dificultades

Cada 24 de mayo la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de ‘Santa María, Auxilio de los cristianos’ [Maria Auxilium Christianorum], conocida popularmente como Santa María Auxiliadora.

“En el cielo nos quedaremos gratamente sorprendidos al conocer todo lo que María Auxiliadora ha hecho por nosotros en la tierra”, solía decir San Juan Bosco, fundador de la familia salesiana y gran promotor de esta advocación mariana.

Devoción de raíces profundas

Desde los primeros siglos, los cristianos invocaban a la Virgen como “auxiliadora”. Inscripciones antiguas de iglesias orientales ya usaban los títulos Theotokos (Madre de Dios) y Boeteia (Auxiliadora).

Grandes santos como San Juan Crisóstomo la llamaban “Auxilio potentísimo… fuerte y eficaz”. San Juan Damasceno introdujo la jaculatoria: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.

“Oh María, tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe…”, escribió San Germán de Constantinopla hacia el año 733.

María, Auxilio de los cristianos

En el siglo XVI, tras la victoria de Lepanto, el Papa San Pío V incluyó en las letanías la invocación “María, Auxilio de los cristianos”.

Ya en el siglo XIX, el Papa Pío VII, prisionero de Napoleón, pidió el auxilio de María. Al ser liberado, decretó el 24 de mayo como día de esta fiesta mariana.

Don Bosco y los monumentos a María

Detalle devocional de María Auxiliadora
María Auxiliadora, consuelo y guía de los fieles.

Un año después de la liberación del Papa, nació Juan Bosco, quien construyó dos monumentos: la Basílica de María Auxiliadora en Turín y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

San Juan Bosco recomendaba el rezo de la novena y la jaculatoria para obtener gracias: “Confiad siempre en Jesús Sacramentado y María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”.

¡Acógete a la Madre que siempre nos auxilia!

Todo para la Mayor Gloria de Dios y por el Próximo Triunfo del Inmaculado Corazón de María. Amén

Oración a María Auxiliadora para Casos Urgentes

Una súplica poderosa y confiada a María Auxiliadora en momentos de angustia, perfecta para quienes necesitan un milagro urgente.

Oh María Auxiliadora, Madre compasiva de todos los cristianos, me acerco a Ti con el corazón afligido, buscando tu auxilio poderoso en esta hora difícil.

Tú que conoces mis penas y angustias, Tú que jamás desoyes al que clama con fe, escucha esta súplica que hoy elevo con lágrimas y esperanza.

Madre tierna, consuelo de los necesitados, intercede ante tu Hijo amado, y alcánzame la gracia que tanto anhelo: (haz aquí tu petición con fe).

No me dejes solo/a en esta necesidad urgente. Ven pronto en mi ayuda, Virgen fiel, y muéstrame que eres verdaderamente el Auxilio de los cristianos.

Confío en tu bondad maternal, y prometo difundir tu nombre bendito y dar testimonio de tu poderosa intercesión.

Amén.

María Auxiliadora, ruega por nosotros.
María Auxiliadora, alivia mi urgencia.
María Auxiliadora, no me abandones.

Historia de la Dormición y Asunción de María

La Virgen María en su Dormición rodeada de apóstoles, mientras es elevada al cielo en su Asunción

Un suspiro al cielo: la historia de la Dormición y Asunción de María

En un pequeño rincón del Líbano, a orillas del Mediterráneo, vive Sor Evelyne, una religiosa maronita de 84 años que durante décadas ha custodiado con amor un antiguo manuscrito. Según la tradición oral de su convento, dicho documento —escrito en siriaco— relata una historia preservada durante siglos por los primeros cristianos del Oriente Medio: el tránsito de la Virgen María y su gloriosa Asunción a los cielos.

La historia comienza en Jerusalén, en el Cenáculo, lugar donde María pasó sus últimos años en oración y contemplación. Se cuenta que, al aproximarse el final de sus días, fue visitada por el arcángel Gabriel, quien le anunció que pronto sería llevada al cielo, en cuerpo y alma. María, llena de serenidad, aceptó el designio divino con las mismas palabras que una vez dijera en Nazaret: “Hágase en mí según tu palabra”.

Durante los días siguientes, los apóstoles comenzaron a llegar misteriosamente desde todas las partes del mundo donde predicaban. La tradición dice que fueron transportados milagrosamente por el Espíritu Santo para despedirse de la Madre del Salvador. Tomás, sin embargo, no llegó a tiempo, como también ocurrió en la resurrección de Cristo.

En el momento de su Dormición, los apóstoles rodearon su lecho, y un perfume celestial llenó la estancia. El rostro de María resplandecía con una paz inexplicable. Cerró los ojos suavemente, como quien se entrega al sueño confiado en los brazos de Dios. Fue así como “durmió”, sin dolor, sin angustia, sin corrupción.

El cuerpo fue depositado en una tumba del valle del Cedrón, cerca del huerto de Getsemaní. Durante tres días, los discípulos velaron el sepulcro, entonando salmos y oraciones. Al llegar finalmente Tomás, lloró desconsolado por no haberla visto partir, y pidió que se abriera la tumba para despedirse de ella.

Al abrir la sepultura, encontraron únicamente flores blancas y una fragancia celestial más intensa aún que la anterior. El cuerpo de María no estaba. En ese momento, los cielos se abrieron y una visión gloriosa apareció ante ellos: María era elevada en cuerpo y alma, rodeada por ángeles que la entonaban como Reina del Cielo.

Este testimonio oral, conservado por comunidades cristianas de Oriente, coincide con múltiples visiones místicas registradas siglos después por santos como Santa Brígida de Suecia o la Beata Ana Catalina Emmerick, quienes describieron con detalles sobrenaturales la Dormición y Asunción de María.

Lo que hace aún más conmovedora esta historia es que Sor Evelyne afirma haber tenido, cuando joven, una visión que la marcó para siempre. En ella, vio a la Virgen dormida, envuelta en luz, mientras una voz decía: “La Mujer vestida de sol no conocerá la corrupción”.

Desde entonces, cada año, el 15 de agosto, el convento maronita celebra una vigilia en la que se cantan antiguos himnos en arameo y se renueva la fe en la resurrección prometida. Para ellas, la Asunción no es solo un dogma: es una esperanza viva, un llamado a creer que el amor de Dios transforma incluso la muerte.

Esta historia, aunque no está escrita en los evangelios canónicos, vive en la memoria de la Iglesia desde los primeros siglos. Fue confirmada como dogma en 1950 por el Papa Pío XII, pero mucho antes ya era celebrada por la liturgia, el arte y la devoción del pueblo cristiano.

En la basílica de la Dormición en Jerusalén, aún se pueden ver iconos que retratan el tránsito de María, rodeada de los apóstoles, con Cristo llevándose su alma como una niña vestida de blanco. Esta iconografía resume el misterio: María fue elevada porque vivió unida totalmente a Dios.

En el corazón del creyente, la Asunción de María se convierte en promesa. Así como ella fue llevada al cielo, también nosotros seremos glorificados si vivimos en gracia. Ella es la primera redimida, la anticipación de la gloria que Dios ha preparado para quienes lo aman.

Hoy, esta historia llega hasta ti no como una leyenda, sino como una llama de fe viva. María no está en un sepulcro. Está en el cielo, intercediendo por nosotros. Y cada vez que la invocamos con amor, su presencia se hace cercana, maternal, luminosa.

Recordemos con amor este misterio: María, que nos dio a Cristo, ha sido glorificada por Él. Su Dormición fue paz. Su Asunción, victoria. Y su historia, un puente entre el cielo y la tierra para todos los que confiamos en su ternura maternal.

Exaltación Mariana de Raquel Criado Allés

Exaltación Mariana de Raquel Criado Allés: Un Homenaje a la Virgen María

Exaltación Mariana de Raquel Criado Allés: Un Homenaje a la Virgen María

En la Exaltación Mariana de 2011, Raquel Criado Allés expresa su profunda devoción hacia la Virgen María, exaltando su figura central en la vida cristiana. El discurso, cargado de sentimiento religioso, destaca cómo la Virgen guía a los fieles, especialmente en la tradición cofrade de Almería. Criado Allés combina vivencias personales y teología, convirtiendo su homenaje en un acto de fe que resalta el impacto espiritual de María.

"A tus plantas me postro, Santísima Virgen, para pregonarte. Permíteme Madre, alabar en este día tu nombre, tu vida, tu gloria."

En este fragmento, la autora refleja el amor filial y la devoción profunda hacia la Virgen, pidiendo su permiso para alabar su nombre y gloria. Este tipo de oraciones se repiten a lo largo de la exaltación, mostrando la cercanía espiritual entre la autora y la Virgen María.

"Que tu manto maternal nos cobije, Virgen María, y nos guíe hacia la paz y la esperanza que solo tú puedes brindarnos."

Raquel Criado Allés destaca, además, el papel protector de la Virgen María, quien bajo su manto es capaz de ofrecer consuelo y guía en tiempos de necesidad.

Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería

Oración a la Virgen María, Madre Dolorosa y Esperanza Nuestra

Oración a la Virgen María, Madre Dolorosa y Esperanza Nuestra

Oración a la Virgen María, Madre Dolorosa y Esperanza Nuestra



Oh María, Madre Santísima

que en silencio sufriste al pie de la cruz,

 con el corazón traspasado por el dolor de

 tu Hijo, te miramos con amor y esperanza.


Tú conociste el abismo del sufrimiento

y, sin embargo, nunca dejaste de confiar.

Tu sí en medio del dolor

es luz en nuestras noches más oscuras.


Madre de los que lloran,

consuelo de los que sufren,

guíanos en este valle de lágrimas

hacia la esperanza que no defrauda.


Así como ofreciste tu dolor junto al de Cristo

para la salvación del mundo,

enséñanos a ofrecer nuestras penas con fe,

y a creer que del dolor puede brotar la vida.

Aoraciones

Virgen de la Esperanza,

sé refugio en nuestras tribulaciones,

fortaleza en nuestras pruebas,

y estrella que nos conduzca a la paz.

Amén.



¿Quieres que adapte esta oración a una situación específica, como una pérdida personal o una intención particular?

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La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

 

La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

“Vuelve tus ojos a la Virgen y contempla cómo vive la virtud de la lealtad. Cuando la necesita Isabel, dice el Evangelio que acude cum festinatione —con prisa alegre.”

Acompaña a María

Acompaña con gozo a José y a Santa María... y escucharás tradiciones de la Casa de David. Oirás hablar de Isabel y de Zacarías, te enternecerás ante el amor purísimo de José, y latirá fuertemente tu corazón cada vez que nombren al Niño que nacerá en Belén.

Caminamos apresuradamente hacia las montañas, hasta un pueblo de la tribu de Judá. (Lucas 1, 39)

Llegamos. Es la casa donde va a nacer Juan, el Bautista.

Isabel aclama, agradecida, a la Madre de su Redentor: “¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme?” (Lucas 1, 42-43)

El Bautista nonato se estremece... (Lucas 1, 41) La humildad de María se vierte en el Magníficat.

Segundo Misterio Gozoso del Santo Rosario

“Bienaventurada eres porque has creído”, dice Isabel a nuestra Madre. La unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque “lleva” a Cristo.

María, Maestra de Fe

¡Bienaventurada tú, que has creído!, así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

La paz de sabernos amados por nuestro Padre Dios, incorporados a Cristo, protegidos por la Virgen Santa María, amparados por San José. Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos.

Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se perciba un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida.

Reflexión inspirada en “Es Cristo que pasa”.

Virgen María trono de sabiduría

 

La Virgen María: Trono de la Sabiduría Divina

Nuestra Señora de la Aurora

La palabra Sabiduría tiene en la Sagrada Escritura varios significados: en primer lugar la Sabiduría personal o subsistente, esto es, el Verbo Divino, y Jesucristo como Hombre, ya que en Él la Humanidad creada estaba unida a la Divinidad en unidad de persona; en segundo lugar, la Sabiduría impersonal, hábito o cualidad de los seres inteligentes, y por último, la Sabiduría, Don del Espíritu Santo.

Bajo estos tres significados la Virgen María es llamada y es verdaderamente Trono o Sede de la Sabiduría. El Evangelista Lucas concluye su Evangelio de la Infancia recordándonos que “Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52). Cuando la contemplación nos brinda la posibilidad de adentrarnos en este pasaje podríamos formular en estos o en semejantes términos la misma pregunta que San John Henry Newman se hacía comentando este título de las Letanías:

“[…] si una intimidad con su Hijo tan cercana y continua produjo en ella una santidad inconcebiblemente grande, ¿no debió haber sido también grande, profundo, diversificado y completo, el conocimiento que obtuvo durante esos años al conversar con Él del presente, del pasado y del futuro, de modo que, aunque era una pobre mujer sin ventajas humanas, tuviese un conocimiento de la creación, del universo y de la historia que excediera al de los más grandes filósofos, un conocimiento teológico que superase al de los más grandes teólogos, y un discernimiento profético que aventajara al más favorecido de los profetas?”.

Y, sin embargo, puede que el ser Trono de la Sabiduría condujese a María no tanto a obtener la sabiduría de este mundo cuanto aquella otra sabiduría que “se justifica con sus hijos”; aquella Sabiduría divina que habla... “no al mundo, sino a sus hijos, o sea, los que ya están bajo su instrucción y que, conociendo su voz, comprenden sus palabras, y son jueces conforme a ellas” (J. H. Newman, Sermón Universitario IV, 1).

A las pruebas tendríamos que remitirnos. Si no, cómo cabría responder a un planteamiento como el que sigue: “¿Por qué nos sucede a menudo que no nos hallamos preparados para tomar parte en estas festividades, sino porque no somos lo bastante buenos, porque el dogma es en nosotros una mera noción teológica y no una imagen viviente dentro de nosotros?” (J. H. Newman, Gramática del Asentimiento). O entender este argumento:

“El hecho de la revelación es en sí mismo algo cuya verdad puede demostrarse; pero no por ello es irresistiblemente verdadero. Si no, ¿cómo es que hay quien, de hecho, se resiste? Existe una gran distancia entre lo que la revelación es en sí misma y lo que es para cada uno de nosotros. La luz es una cualidad de la materia, como la verdad lo es del cristianismo. Pero la luz no puede ser vista por los ciegos, y hay quienes no pueden ver la verdad, no porque la verdad tenga algún defecto, sino porque el defecto está en ellos mismos. No puedo convertir a nadie partiendo de presupuestos que ellos no me quieren conceder, y sin presupuestos nadie puede probar nada sobre nada” (J. H. Newman, Gramática del Asentimiento).

María es Trono de una Sabiduría que no tiene nada que ver con “una gran memoria” o con haber visto “mucho mundo”. La Sabiduría de la que es Trono María tiene más que ver con aquella otra Sabiduría con la que estaba adornada la Teología de los Santos Padres por la que los que la conocen a menudo experimentan “una viva sensación de crecimiento mental” (J. H. Newman, Sermón Universitario XIV, 17).

Dicho de un modo más directo pero inspirado en los Padres: Esa sabiduría pastoral que responda a la pluralidad de situaciones con la que podemos encontrarnos a diario (cf. Directorio para la Catequesis, 65). Para comprender bien las cosas conviene partir de un dato esencial: “La sabiduría es el último don del Espíritu, y la fe el primero” (J. H. Newman, Sermón Universitario XIV, 30). Y en ambas se da un elemento común especialmente necesario para el hombre: ambas se distinguen perfectamente de todo tipo de “estrechez de miras”. Fe y sabiduría tienen un alcance tan amplio que “no hay ningún tema que la fe activada por la caridad no pueda incluir en su ámbito, sobre el cual no pueda formar un juicio y al cual no pueda hacerse justicia” (J. H. Newman, Sermón Universitario XIV, 40).

No en vano “[…] la verdadera catolicidad, es decir, la plenitud del cristianismo, responde a todas las dimensiones de la indigencia de la naturaleza humana” (J. H. Newman, Sermón Universitario XIV, 45). De este modo se entiende con no poca claridad: “El hombre, al encontrar el amor de Dios en Cristo, no sólo experimenta lo que es realmente el amor, sino que igualmente experimenta de forma irrefutable que él, pecador y egoísta, no tiene el verdadero amor. Ambas cosas las experimenta en una: la finitud creatural del amor y su culpable entumecimiento” (H. Urs Von Balthasar, Sólo el amor es digno de fe).

Ya quisiéramos haber podido auscultar los pensamientos de la oración de Aquella que es el Trono de la Sabiduría y, sin embargo, con sus mismas palabras a buen seguro que en sus oraciones irían siempre entremezclados estos y otros pensamientos: “Sea siempre objeto de nuestra plegaria y de nuestros esfuerzos la apertura para captar el conjunto de los designios de Dios, y el crecimiento ‘hasta que alcancemos la talla de la plenitud de Cristo’ (Ef 4, 13). Que todo prejuicio, seguridad en nosotros mismos, doblez interior, falta de realismo, absolutismo y sectarismo queden lejos de nosotros, gracias a la luz de la sabiduría y al fuego de la fe y el amor. Hasta que veamos las cosas como Dios las ve, con el juicio de su Espíritu y conformes al sentir de Cristo” (J. H. Newman, Sermón Universitario XIV, 48).

© 2023 Nuestra Señora de la Aurora

Los 5 Minutos de María

 

Los 5 Minutos de María - Oraciones a la Virgen del carmen

Los 5 Minutos de María


Madre de Dios y señora mía, María.

Como se presenta a una gran reina

Un pobre andrajoso y llagado,

Así me presento a ti, reina de cielo y tierra.


Desde tu trono elevado dígnate

Volver los ojos a mí, pobre pecador.

Dios te ha hecho tan rica

Para que puedas socorrer a los pobres,

Y te ha constituido reina de misericordia

Para que puedas aliviar a los miserables.

Mírame y ten compasión de mí.

Mírame y no me dejes;

Cámbiame de pecador en santo.


Veo que nada merezco y por mi ingratitud

Debiera verme privado de todas las gracias

Que por tu medio he recibido del Señor.

Pero tú, que eres reina de misericordia,

No andas buscando méritos,

Sino miserias y necesidades que socorrer.

¿Y quién más pobre y necesitado que yo?


Virgen excelsa, ya sé que tú,

Siendo la reina del universo,

Eres también la reina mía.

Por eso, de manera muy especial,

Me quiero dedicar a tu servicio,

Para que dispongas de mí como te agrade.

Te diré con san Buenaventura: Señora,

Me pongo bajo tu servicio

Para que del todo me moldees y dirijas.

No me abandones a mí mismo;

Gobiérname tú, reina mía. Mándame a tu arbitrio

Y corrígeme si no te obedeciera,

Porque serán para mí muy saludables

Los avisos que vengan de tu mano.


Estimo en más ser tu siervo

Que ser el dueño de toda la tierra.

Soy todo tuyo, sálvame” (Sal 118, 94).

Acéptame por tuyo y líbrame.

No quiero ser mío; a ti me entrego.

Y si en lo pasado te serví mal,

Perdiendo tan bellas ocasiones de honrarte,

En adelante quiero unirme a tus siervos

Los más amantes y más fieles.

No quiero que nadie me aventaje

En honrarte y amarte, mi amable reina.

Así lo prometo y, con tu ayuda,

Así espero cumplirlo. Amén.

Santa María, Madre de la Iglesia

Santa María, Madre de la Iglesia y Madre de Dios, imagen devocional para orar con confianza
Santa María, Madre de la Iglesia y Madre de Dios. Imagen devocional publicada en Aoraciones para fortalecer tu oración mariana.

Santa María, Madre de la Iglesia, Madre de Dios

- Publicado en Aoraciones

Santa María, Madre de la Iglesia y Madre de Dios
Santa María, Madre de la Iglesia y Madre de Dios. Imagen devocional publicada en Aoraciones para fomentar la oración mariana.

La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer (cf. Gál 4,4), la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia.

Esto estaba ya de alguna manera presente en el sentir eclesial a partir de las palabras premonitorias de san Agustín y de san León Magno. El primero dice que María es madre de los miembros de Cristo, porque ha cooperado con su caridad a la regeneración de los fieles en la Iglesia; el otro, al decir que el nacimiento de la Cabeza es también el nacimiento del Cuerpo, indica que María es, al mismo tiempo, madre de Cristo, Hijo de Dios, y madre de los miembros de su cuerpo místico, es decir, la Iglesia. Estas consideraciones derivan de la maternidad divina de María y de su íntima unión a la obra del Redentor, culminada en la hora de la cruz.

En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia», como aparece en textos de algunos autores espirituales e incluso en el magisterio de Benedicto XIV y León XIII.

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

Fuente: Robert Card. Sarah, Prefecto

Rosario de Mar a Mar