San Antonio de Padua: Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo
Este santo que se llamaba originalmente Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo nació en Lisboa, Portugal, en 1195; a los 15 años ingresó a los Canónigos Regulares de San Agustín, pero diez años después ingresó a los Frailes Menores Franciscanos donde a los 25 años adoptó el nombre de Antonio.
Tenía voz clara y fuerte, memoria prodigiosa y un profundo conocimiento, el espíritu de profecía y un extraordinario don de milagros. Como era un gran predicador lo mandaron como misionero por numerosas ciudades por Italia y Francia.
Convirtió a muchos pecadores sobre todo con su buen ejemplo. Cuentan que mientras oraba en su habitación se le apareció Jesús, le puso las manitas al cuello y lo besó. Antonio recibió esta gracia extraordinaria por que mantuvo su alma limpia incluso del más mínimo pecado y amaba mucho a Jesús.
Cuando Antonio enfermó se retiró a un monasterio en las afueras de Padua, donde murió a la edad de 36 años, el 13 de Junio de 1231. Sucedieron muchos milagros después de su muerte, y su fama de obrar actos prodigiosos nunca ha disminuido por lo que en la actualidad es reconocido como el más grande taumaturgo de todos los tiempos, y se le llama el “Santo de los milagros".
Treinta y dos años después cuando sus restos fueron trasladados a Padua, se encontró íntegramente conservada la lengua, mientras que el cuerpo estaba aniquilado. El entusiasmo popular ha hecho que San Antonio, sea reconocido por los fieles de todo el mundo como el "Santo Universal"; y fue el franciscano, San Buenaventura, quien dijo: "Acude con confianza a Antonio, que hace milagros, y él te conseguirá lo que buscas."
El Papa Gregorio IX lo canonizó menos de un año después de su muerte en Pentecostés el 30 de Mayo de 1232.
Salúdote, Antonio Santo de Padua, padre mío espíritual, por la gran fe que yo he tenido y tengo en vuestro creador y mío , Jesucristo, a quien lealmente servisteis, y en su Santísima Madre, siempre Virgen María, que tanto amasteis, y por el dulcísimo niño Jesús que en vuestro aposento hallasteis, por los treinta y tres años que vivió y murió en la cruz por nuestro amor, y por los tres años que vos estuvisteis en el desierto, deseoso de hallar aquel Supremo Señor quien se os apareció y dijo aquellas dulces palabras: Antonio, siempres estaré a tu lado, sellaré tu corazón. Por el hábito que vestisteis, por el cordón que ceñísteis, por los muchos milagros que Dios ha obrado y obra todos los días por medio vuestro, por la grande confianza que tengo en vuestra intersesión, os suplico postrado en tierra, con humilde corazón, querráis interceder delante de Nuestro Señor Jesucristo, me conceda por vuestro medio la gracia que deseo, hágase su voluntad, a la cual me remito totalmente por la salud de mi alma. Amén





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Amén. Dios, Padre y Espíritu Santo te bendiga