Oración a San Benito Abad por el Papa Juan Pablo II

 Oración del papa Juan Pablo II a San Benito

Oración a San Benito Abad por el Papa Juan Pablo II



Por el Monasterio de Santa Escolástica - Domingo 20 de septiembre de 1980

Al final de esta peregrinación que he realizado juntamente con los obispos de Europa a estos lugares tan cargados de espiritualidad y consagrados por la presencia de San Benito, deseo elevar al Santo Patrono de Europa una ferviente invocación:

1. ¡Oh San Benito abad! El humilde Sucesor de Pedro y los obispos de Europa, a la que tú amaste tanto, hemos venido a este lugar, en el que, de joven estudiante, buscaste y encontraste el significado más verdadero de tu existencia; en este lugar, en el cual, ayudado por el silencio, por la reflexión, por la oración, por la penitencia, te preparaste a ser instrumento dócil de la misericordia de Dios, que quería hacer de ti un guía y un maestro para Europa, para la Iglesia, para el mundo.

Hemos venido en peregrinación a fin de expresar, ante todo, nuestra inmensa gratitud a la Trinidad Santísima por el don que hace XV siglos hizo a la Iglesia; y, además, a fin de manifestarte, Santo Patrono de Europa, nuestra fervorosa admiración por tu plena correspondencia a la gracia y escuchar ese mensaje que tú viviste en ti y has transmitido además a las generaciones futuras, arraigado en la fuerza liberadora del Evangelio, que es "poder de Dios para salud de todo el que cree" (Rom 1, 16).

|Oh Santo Patriarca! Tú que no enseñaste de manera distinta a como viviste (cf. Gregorio, Diál. II, 36), haznos sentir a todos, en esta circunstancia singular, la actualidad perenne de tu enseñanza, para que continúes siendo inspirador de bien para el hombre contemporáneo.

2. Tú nos has enseñado que Dios, Creador y Padre, debe ser el "primer servido", mediante la fe viva, el culto digno, la adoración devota, la plegaria asidua, la obediencia alegre a su santísima voluntad.

Tú nos has enseñado que la vida del hombre es digna de ser vivida, sin superficial optimismo utópico ni pesimismo desesperado, porque es don del amor de Dios y debe ser una continua, perenne, constante búsqueda de Dios, el único verdadero y auténtico valor absoluto.Tú nos has enseñado que el cristiano, para ser realmente tal, debe "servir en la milicia de Cristo Señor, verdadero rey" (Regla, pról.), haciendo de Cristo el centro de la propia vida y de los propios intereses.

Tú nos has enseñado que juntamente con el alejamiento interior de los bienes caducos de la tierra, debemos poseer una gozosa y activa apertura de espíritu y de corazón hacia todos los hombres, hermanos en Cristo, hijos del mismo Padre celestial.

Tú nos has enseñado que para el hombre, el trabajo —no sólo el de quien se inclina sobre los libros, sino también el de quien se inclina con la frente empapada de sudor y con las manos doloridas para roturar la tierra— no es humillación ni alienación, sino elevación, exaltación, más aún, participación en la obra creadora de Dios; es aportación consciente y meritoria a la construcción de la ciudad terrena, en espera de la definitiva y eterna.

Tú nos has enseñado que la fe cristiana, lejos de ser elemento de división o de disgregación, es matriz de unidad, de solidaridad, de fusión también en el orden temporal, social, cultural, y que, por lo tanto, la libertad religiosa es uno de los derechos inalienables del hombre.

3. Por esto, oh Santo Patriarca, te invocamos esta tarde: eleva tus amplios, paternales brazos a la Trinidad Santísima y ruega por el mundo, por la Iglesia y, en particular, por Europa, por tu Europa, de la cual eres celeste Patrono; que no olvide, no rechace, no renuncie al extraordinario tesoro de la fe cristiana que, durante siglos, ha animado y fecundado la historia y el progreso moral, civil, cultural, artístico de cada una de sus naciones; que, en virtud de esta matriz "cristiana", sea portadora y generadora de unidad y de paz entre los pueblos del continente y de los de todo el mundo; garantice a todos sus ciudadanos la serenidad, la paz, el trabajo, la seguridad, los derechos fundamentales, como los que conciernen a la religión, a la vida, a la familia, al matrimonio.

Con tu oración, oh Santo Patrono de Europa, invocamos suplicantes la intercesión de tu querida hermana.
Oh Santa Escolástica, te confiamos en particular a las muchachas, a las jóvenes, a las religiosas, a las madres, para que, mirando tu ejemplo, sepan vivir hoy su dignidad de ser mujeres, según el designio de Dios.
San Benito y Santa Escolástica, rogad por nosotros.
Amén.

Oración a San Benito por protección 

Glorioso San Benito Abad,
Padre espiritual de todos los monjes,
Tu que ayudaste a quien te lo solicito,
Tu que hiciste milagros,
Pido que remedie mis necesidades,
Ruego que me conceda su ayuda.
¡Oh! Glorioso San Benito Abad,
Ruego que escuche esta plegaria,
e interceda para ayudarme (hacer la petición).
Suplico la paz en mi vida,
Que abunde la tranquilidad y el bienestar,
Que nadie pueda hacernos mal,
Y la luz nos guíe por el camino correcto.
Tu que predicaste la palabra de nuestro señor,
ruego que sea bondadoso y me ayude,
ruego que alivie mis problemas.
Que así sea, Amén.

Oración para alejar todo mal

“Santísimo Padre y Jefe de los monjes,
pido que interceda por esta urgencia
¡Ayúdame!
Aleja de nuestra vida todo mal,
Destierra cualquier cosa que nos impida avanzar,
yo te ruego.
¡Ayúdame!
Yo ruego a San Benito su ayuda celestial,
Yo como fiel y humilde que soy pido su ayuda,
yo te lo ruego,
¡Ayúdame!

Que mis problemas se alejen,
Que mis caminos se abran,
Ayúdame a (hacer la petición)
¡Ayúdame!
Glorioso San Benito,
Pido tu intercesión en mis problemas,
Y que pronto todos desaparezcan.
¡Ayúdame!
Que así sea, Amén.

Oración al Santísimo confesor del Señor para alejar malos espíritus

















Oración al Santísimo confesor del Señor para alejar malos espíritus

Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente.
Destierra de nuestra vida, de nuestra casa, las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías, de malas lenguas y hechicerías.
Pídele al Señor, remedie nuestras necesidades espirituales, y corporales. Pídele también por el progreso de la santa Iglesia Católica; y porque mi alma no muera en pecado mortal, para que así confiado en Tu poderosa intercesión, pueda algún día en el cielo, cantar las eternas alabanzas. Amén.”
Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Oración de protección contra el maligno

¡Oh, Santo Padre Benito, que ayudas a cuantos acudimos a ti! Acógeme bajo tu protección; defiéndeme de todo mal que aceche mi vida; obtenme la gracia del arrepentimiento de mi corazón y una verdadera conversión para reparar las culpas cometidas, y para alabar y glorificar a Dios todos los días de mi vida.

Dios omnipotente y eterno, por los méritos y el ejemplo de San Benito, de su hermana, la virgen Escolástica y de todos los santos sacerdotes renueva en mí Tu Santo Espíritu; dame fortaleza en el combate contra las tentaciones del maligno, paciencia en las tribulaciones de la vida, prudencia en los peligros. 

Aumenta en mí el amor a la castidad, el deseo de la pobreza, el ardor en la obediencia, la humilde fidelidad en la observancia de la vida cristiana. Confortado por ti y sostenido por el amor de mi prójimo, puedo servirte alegre y unirme victorioso en la Patria Celestial a todos los santos. Por Cristo, Nuestro Señor.

Amén.

 

 

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Amén. Dios, Padre y Espíritu Santo te bendiga