Consagración al Mayor Culto y Honra de Nuestra Divinísima y Santísima Madre de La Luz
Culto de los Miércoles del Año
Hecha la señal de la cruz é hincado delante de una efigie de la Santísima Virgen, se dirá la siguiente:
Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Ermosísima y amantísima Señora, Reina del cielo y Madre de los pecadores: llegó el momento en que mi corazón, afligido por la culpa y agobiado por el peso que le han impuesto sus pasiones, vea sus errores y conozca el deplorable estado en que se encuentra: no tengo á quien volver mis tristes ojos; nadie puede darme el alivio ni extender la mano para socorrer á un desvalido; sólo tú, Señora; tú, que eres el remedio de los afligidos, el consuelo de los desamparados, la Madre de los pecadores y la luz que puede alumbrarnos; aquí estoy, Señora, postrado ante tus altares, regándolos con mi llanto y presentándote compungido mi corazón.
¿Para quién, Señora, se hicieron los favores? ¿No fueron para el infeliz? Sí, Señora, es honor vuestro amparar á un desvalido: muévate á piedad la obscuridad en que me hallo; alúmbrame, Señora, y seré salvo; extiende tu mano protectora, y respirará un cautivo del pecado: todo cuanto miro en ti me alienta y conforta; la dulzura de tu nombre, ese semblante agradable y risueño, todo, todo me hace esperar mi felicidad: permite, Señora, que un desgraciado te llame Madre; sí, Madre Santísima, Madre de la Luz, Madre mía, piedad, misericordia; acepta, por tanto, las alabanzas que mis labios te dan, y usa conmigo de tus antiguas gracias.
Oración a Santísima Madre de La Luz
Amantísima y piadosísima Madre de la Luz: quien no conozca tus bondades, quien no sepa lo mucho que amas á los pecadores y el placer que éstos te causan cuando en sus aflicciones y necesidades acuden á la fuente riquísima é inagotable de bienes que manan de tu corazón; ese, pues, soberana Reina, no se acogerá á Ti, que eres la dispensadora de los bienes celestiales y el único amparo de los que gimen en este mundo de miseria y tropiezos.
Mas yo, Reina mía, consuelo mío, tesoro mío, única esperanza y refugio de mi atribulado corazón; yo, celestial Reina, aunque indigno y pecador, me pongo bajo la custodia de tu maternal amparo. Hasta hoy, divina Señora, te ha invocado el desvalido, y al punto le has socorrido en sus trabajos; has oído llorar al desgraciado, y al instante lo has llenado de consuelo; has visto al pecador contrito y humillado, y al punto le has abierto tus brazos maternales.
¿Andarás Tú esquiva conmigo, Madre mía, que sin cesar prodigas tus bondades? ¿He de ser yo el único que, habiendo acudido á Ti, vuelva sin hallar el consuelo y amparo apetecido? ¡Imposible, piadosísima Señora!
Confío y estoy seguro de que me concederás el remedio en mis presentes necesidades, interponiendo para esto tus súplicas hacia tu Santísimo Hijo, que por amor nuestro vertió su sangre en el Calvario. Mas si mis delitos y pecados no me hicieron acreedor á la gracia que solicito, entonces, Madre mía, sumiso acataré tu voluntad, seguro de que después de sufrir en este mundo me llevarás á la eterna bienaventuranza. Amén.
Alabanzas a Nuestra Madre Santísima
Salve al esplendor del cielo,
De piedad fuente infinita;
Madre de la Luz bendita, Sé nuestro amparo y consuelo.
Salve, Reina inmaculada,
Refugio del desvalido,
Consuelo del afligido
Y Virgen la más amada.
Pues eres nuestra abogada,
Haz que gocemos el cielo;
Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.
Entre todas las mujeres
Fuiste tú la más hermosa,
Y prodigas generosa
La dicha, paz y placeres.
Y puesto, Señora, que eres
De perfecciones modelo,
Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.
Tú sola fuiste escogida
Para Madre del Eterno,
Y al dominar al infierno,
Diste al hombre nueva vida.
Por eso, Reina querida,
Ruega por nos con anhelo;
Madre de la Luz, sé nuestro amparo y consuelo.
Agrada al Omnipotente
El que por tu amor le rueguen,
Y no hay dichas que se nieguen
A quien te ama reverente.
Jaculatorias Trinitarias
Eres de la Trinidad
Sagrario, divina Aurora;
Misericordia, Señora;
Madre de la Luz, piedad.
V. Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto.
(Rezar un Ave María)
Cuando el Señor te escogió
Para su Madre y Esposa,
De verte tan primorosa
Todo un Dios se suspendió.
V. Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto.
(Rezar un Ave María)
En el tiempo del dolor,
Como única mujer fuerte,
Viste acabar con la muerte
La vida del Redentor;
V. Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen castísima después del parto.
(Rezar un Ave María)
Tu nombre, bella María,
Que causa espanto al infierno,
Es para el hombre tan tierno,
Que en él halla su alegría.
V. Dios te salve, María Santísima, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.
(Rezar un Ave María)
El canto de la Aurora
Como el viajero que desviado llora,
Gime y suspira por la luz del día,
Así mi pecho tu piedad implora,
Virgen gloriosa, cándida María.
Salve mil veces, ¡oh radiante Aurora!
¡Oh Madre de la Luz, clemente y pía!
A tu esplendor huyó la noche obscura,
Y el cielo se admiró de tu hermosura.
¡Oh Madre de la Luz indeficiente,
Concebida en la gracia más temprana,
Raudal de luz que brota del Oriente,
Purísimo esplendor de la mañana!
Alcánzanos, ¡oh Virgen inocente!,
La gracia de la alteza soberana,
Y de las fauces del dragón furioso
Libértenos tu brazo poderoso.
Práctica de los 7 Sábados
Origen y Modo de Hacerse
Acto de Contrición de los Sábados
Amabilísimo y dulcísimo Jesús, esplendor del Eterno Padre; imagen viva suya, eterna sabiduría, único y sumo bien de mi alma, por ser quien eres, y porque te amo más que al cielo y la tierra, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Yo propongo, prostrado á tus pies y á los de tu Madre María Santísima, no pecar más y desear tu caridad ardentísima. Amén.
Ofrecimiento al Espíritu Santo
Santísimo Espíritu, te doy gracias por los siete dones que comunicaste á tu Esposa, María, Madre inmaculada de la Luz, y te ofrezco estos siete Padrenuestros, junto con todos los himnos de alabanza de la corte celestial, suplicándote que me hagas participante de tus santos dones. Amén.
Oraciones Propias de los Sábados
Sábado Primero: Fuente de Luz Pura
Amabilísima Señora, Madre Santísima de la Luz, os adoro y venero como fuente de Luz la más pura y hermosa. Os pido que me miréis con los ojos de vuestra misericordia, y con los rayos de vuestra clemencia disipéis las obscuras tinieblas de mi ceguedad. Ante vuestra sagrada imagen os consagro mi corazón para siempre. Amén.
Sábado Segundo: Trono de Sabiduría
Sábado Tercero: Espejo de Virtud
¡Oh dechado y Espejo fiel de todas las virtudes! Encamíname por el sendero de las virtudes, esforzándome, Señora, para que viva en adelante con los ojos fijos en el modelo de tu vida y merezca tu santo galardón. Amén.
Sábado Cuarto: Manantial de Beneficencia
Amabilísima Señora, bienhechora liberalísima del mundo, yo te adoro como manantial indeficiente de todos los bienes. Concededme el perdón de mi ingratitud y alcanzadme los auxilios continuos de la gracia. Amén.
Sábados Quinto al Séptimo: Amor, Gracia y Gloria
¡Oh Madre del Puro Amor, Dispensadora de la Gracia y Reina Coronada de los Cielos! Te suplicamos en estos últimos sábados que enciendas nuestro corazón en el fuego divino de la caridad, nos conserves en gracia santificante y nos guíes de la mano en nuestra postrera agonía hasta el Trono de tu Gloria Celestial. Amén.
