Protección bajo el Manto de María Auxiliadora

En el confín donde el mar parece borrarse contra el cielo, allí donde la bruma se espesa tanto que las brújulas convencionales pierden su orientación, se erige el Faro de los Peregrinos.

Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre

«la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo» (n. 662).

Cómo Rezar el Santo Rosario Paso a Paso (Guía Completa con Misterios)

El Santo Rosario es una devoción recomendada por muchos Papas y santos. La misma Virgen pidió que se rezase en Lourdes y Fátima.

Oración a la Virgen del Carmen que trae paz en momentos difíciles

Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo!

martes, 25 de agosto de 2026

Oración a San Ángelo, Mártir, Carmelita

 

Oración al Gloriosísimo Mártir  San Ángelo, Mátir, Carmelita 

Oración al Gloriosísimo Mártir  San Ángelo, Mátir, Carmelita


Gloriosísimo Mártir y protector mío San Angelo, hijo predilecto de la Reina de los Angeles, María Santísima, a cuya predilección debéis el nombre celestial con que fuiste agraciado, que indica bien claramente la virtud instintiva con que fué adornada vuestra pura alma y los ardores seráficos de vuestro candoroso corazón; dechado de santidad, compendio de todas las virtudes cristianas y religiosas, taumaturgo del Carmelo, mártir de Jesucristo, tallo hermoso del árbol de la vida plantado por la Madre de Dios en su carmelitano verjel, verdadero hijo de los Profetas, que ya desde niño repudiasteis al mundo y sus placeres, y escogisteis por vuestra única porción y herencia los abatimientos del claustro, y más tarde, la soledad de un desierto en el que pasasteis cinco años en continua contemplación, cual otro Elías, preparándoos para la provechosa predicación que luego emprendisteis: rendidamente os suplico, Santo mío, por tantos timbres como os distinguen en la Iglesia militante y triunfante, roguéis por mí a la soberana Madre de Dios para que se digne encaminar hacia mí sus amorosas miradas y me alcance de su divino Hijo Jesucristo, mi Señor, la gracia que mereciste para vivir santamente y gozar después de esta vida el descanso dulcísimo de la gloria. Amén.



Oración que Puede Recitarse al Hacer Uso del Agua Milagrosa de San Alberto

Oración de Súplica y Bendición Carmelita para Pedir la salud del cuerpo y del alma

San Alberto, Confesor


Omnipotente Señor, que por ser Dios lo sois todo, y fuera de Vos no hay nada que tenga ser; y por tanto sois liberalidad infinita por esencia y os comunicáis sin cesar a innumerables criaturas, así en el orden de la naturaleza como en el de la gracia; en aquel, comunicando virtud medicinal a plantas, árboles, minerales, aguas y otras criaturas para que todas sirvan para vigorizar nuestra frágil naturaleza; y en éste, nos dais médicos celestiales que sin esas medicinas naturales, y con sola vuestra voluntad divina, nos curan nuestras dolencias: os suplico que, pues nos disteis al glorioso San Alberto por médico celestial, os dignéis oir la humilde súplica que por sus méritos os hago de que me concedáis por medio de esta su agua milagrosa que devotamente voy a beber ahora, la salud espiritual y corporal que necesito, para que sirviéndoos dignamente aquí en la tierra, os goce luego eternamente en el cielo. Amén.

 Bendición del Agua de San Alberto, Confesor

Por ser tan grande la devoción de los fieles con el glorioso San Alberto, ilustre Santo Confesor de nuestra sagrada Religión, porque muchos que padecían enfermedades de fiebres, bebiendo el agua bendita en honra del mismo Santo, muchas veces fueron libres de sus enfermedades, por eso en nuestros Conventos se hará la bendición de esta agua en la forma siguiente:

Sacerdote: Nuestro auxilio está en el nombre del Señor.
Todos: Que hizo el cielo y la tierra.
Sacerdote: Bendito sea el nombre del Señor.
Todos: Ahora y por siempre.
Sacerdote: Señor, escucha mi oración.
Todos: Y que mi grito llegue a tu presencia.
Sacerdote: El Señor esté con ustedes.
Todos: Y con tu espíritu.

Concluida esta oración se beberá el agua con mucha devoción y confianza de obtener la salud que se desea, rezando después la siguiente:

Antífona del Santo

¡Oh Alberto, modelo de candor y de pureza! ruega a la madre de misericordia que en este valle de miseria nos defienda de todo mal, y que en la hora de nuestra muerte nos conceda el descanso eterno.

— V. Ruega por nosotros, bienaventurado Alberto.

— R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN

Concedednos ¡oh Dios Omnipotente y misericordioso! que intercediendo el bienaventurado Alberto, vuestro confesor, todos los fieles que piadosa y devotamente bebieren de esta agua reciban la salud de sus almas y de sus cuerpos, permaneciendo constantes en vuestro santo servicio. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Santa María Magdalena de Pazzi - Carmelita


Santa María Magdalena de Pazzi

Santa María Magdalena de Pazzi - Carmelita

Gloriosa Virgen Santa María Magdalena de Pazzis, que abrasada en el amor de Dios, aparecisteis en el Carmelo como un ángel por vuestra pureza y un serafín por vuestra caridad: que al despojo de todos los bienes exteriores, acompañasteis el sacrificio completo de vuestra voluntad, persuadida de que la perfección consiste en amar a Dios y aborrecerse a sí mismo; que entregada por espacio de cinco años a las más violentas tentaciones y a las más terribles pruebas, con el espíritu poseído de una sequedad extrema y un total disgusto y tedio de todos los ejercicios de devoción, en nada os desmentíais a Vos misma, perseverando fiel a vuestro Esposo divino, y llegando vuestra generosidad a decirle, en medio de vuestros espantosos trabajos: «no me dejéis morir, sino padecer», aunque os hubiese sido muy dulce la muerte por libraros de tantos tormentos: alcanzadme del buen Jesús la gracia de que sepa sufrir, a su mayor gloria y para bien de mi alma, las desolaciones y angustias a que Su Divina Majestad quisiere sujetarme en esta vida, y después de haber sido con vos imitador de Cristo en llevar la cruz de las tribulaciones y tormentos, vaya a meinar con El en la gloria. Amén.

lunes, 24 de agosto de 2026

Oración a Santa Eufrasia

 Oración a Santa Eufrasia - Virgen Carmelita

Oración a Santa Eufrasia - Virgen Carmelita


¡Oh amantísima Esposa de Jesucristo, gloriosa Santa Eufrasia, luciente estrella en el cielo de la santa Iglesia, que con la claridad de vuestras resplandecientes virtudes iluminasteis la sagrada religión del Carmen, induciendo con vuestro ejemplo a muchas almas para que conocieran la falsedad de los bienes y placeres transitorios de esta vida y la gloria encerrada en la castidad, pobreza, obediencia y cruz de Jesucristo! 

Gózome, Santa dichosísima, de que el Señor os haya escogido por Capitana de innumerables vírgenes carmelitas que después os han seguido en la vida del claustro, y de que vuestro divino Esposo Jesús os haya enriquecido con tantas y tan esclarecidas virtudes y honrado con tantos y tan asombrosos milagros: y gózome también de la gloria que actualmente disfrutáis en los cielos en premio de vuestros grandes merecimientos, a la vez que os suplico pidáis a Nuestro Señor me conceda pureza de corazón, despego de los bienes terrenos, aprecio de los eternos, cumplimiento de las obligaciones propias de mi estado, fortaleza para vencer todo lo que se oponga a mi santificación y permanencia en el bien obrar, para que, amándole y sirviéndole en la vida, le alabe también en la eternidad. Amén.

Oración a San Andrés Corsino - Carmelita

Oración a San Andrés Corsino - Obispo y confesor - Carmelita

Oración a San Andrés Corsino



Celosísimo obispo San Andrés Corsino, escogido por Dios para ser ornamento de su Iglesia y gloria de la religión carmelitana: yo me gozo de veros colmado por el Cielo desde las primeras luces de vuestra razón de las bendiciones de su dulzura, y combatiendo sin tregua y con sana fortaleza las múltiples tentaciones con que el enemigo trató de rendiros, temeroso sin duda del gran fruto que más tarde habían de producir vuestras apostólicas tareas. 

El Señor que en sus altos juicios os tenía destinado para el episcopado, se dignó haceros conocer su voluntad por medio de la voz de un niño, de que aceptaseis la Sede de Fiésoli; lo que hicisteis, no sin gran repugnancia por vuestra parte, pues preferíais el retiro de vuestra celda a todos los honores del mundo. 

Comprendiendo la grandeza de la dignidad a que fuisteis elevado, os dedicasteis con todo empeño a cumplir las obligaciones inherentes a ella con un celo verdaderamente apostólico, que os hizo modelo de Prelados. Vuestra oración fué continua, grandísima vuestra humildad y generosa la liberalidad hacia los pobres, resplandeciendo además en todas las virtudes. 

Por tantos y tan singulares favores con que os distinguió el Altísimo os suplico, Santo mío, me alcancéis el que, a vuestra imitación, desprecie los placeres y los honores de la tierra y sea humilde y caritativo, aspirando sólo a me inviolablemente con mi Dios, para que, viviendo la vida de la gracia, merezca ser conducido a las eternas moradas de la Gloria. Amén.

Oración a San Pedro Tomás - Carmelita

Oración a San Pedro Tomás Obispo y Mártir -  Carmelita

Oración a San Pedro Tomás -  Carmelita


¡Oh glorioso Pontífice e invicto mártir de Jesucristo San Pedro Tomás, astro resplandeciente del Cielo carmelitano, que, por vuestra tiernísima devoción a la Purísima Virgen María y el entrañable afecto que profesasteis a su Orden privilegiada, merecisteis que esta amorosísima Madre se os apareciese para manifestaros 

«que la Orden del Carmen subsistiría hasta el fin de los tiempos, pues que así lo había alcanzado de su divino Hijo el gran Profeta Elías, su fundador, en el instante mismo de su gloriosa Transfiguración!»

 Yo os doy mil parabienes por esta señaladísima distinción con que quiso honraros la Madre de Dios, y que tan consoladora es para todos sus predilectos hijos, así como también por la inapreciable dicha que tuvisteis al derramar vuestra sangre y dar vuestra preciosa existencia en defensa de la fe de Cristo Nuestro Señor, a la vez que os suplico, Santo protector mío, seáis mi intercesor con Dios, para que, por vuestra mediación, alcance una devoción verdadera y constante hacia su Sacratísima Madre, y el que sea preservado de todo contagio y pestilencia, y sobre todo del pecado mortal, que es el mayor de los males, con lo cual, siguiendo vuestro ejemplo aquí en la tierra, pueda merecer después el gozar con Vos de la eterna bienaventuranza. Amén.


viernes, 21 de agosto de 2026

Oración a San Simón Stock, Confesor de la Orden Carmelitana

Oración a San Simón Stock, Confesor de la Orden Carmelitana

Oración a San Simón Stock, Confesor de la Orden Carmelitana


Bienaventurado Confesor de Cristo, glorioso San Simón, que merecisteis por vuestras heroicas virtudes, y especialmente, por la afectuosísima devoción que profesasteis a la purísima Virgen María, y los incesantes afanes y desvelos con que atendisteis al mayor brillo y esplendor de su Orden predilecta durante el tiempo de vuestro generalato, que la misma sacratísima Señora bajase de los cielos a la tierra para haceros entrega de la sagrada divisa con que quiso honrar a sus amados hijos los carmelitas: yo, vuestro devoto, y también vuestro hermano, como miembro que soy, aunque indigno, de la Cofradía del Carmen, os doy mil parabienes por la señaladísima distinción con que se dignó favoreceros la Madre de Dios, eligiéndoos por heraldo suyo y pregonero de las muchas y singularísimas gracias que están vinculadas en su Santo Escapulario; y os suplico, me alcancéis de Su Divina Majestad el que yo sepa apreciar cual se merece tan preciosa dádiva, llevándola siempre con verdadera devoción, para que pueda servirme, según la promesa que os hizo la Santísima Virgen, de señal de salud eterna y de salvación en todos los peligros de alma y cuerpo, haciéndome a la vez acreedor en vida y en muerte, por medio de la imitación de vuestras virtudes, a la bondadosa protección de nuestra amorosísima Madre del Carmelo y también a la vuestra ¡oh dichoso Santo mío! 

Amén.


La histórica oración a la Virgen del Carmen que trae paz en momentos difíciles

Oración a la Virgen del Carmen (Autor, Mons. Ramón Ángel Jara, s. XIX)

Oración a la Virgen del Carmen


¡Oh Virgen Santísima del Carmen! Llenos de la más tierna confianza como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra patria, ha sido señalaros a vos por nuestra especial abogada, protectora y reina. 

Por eso a vos clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Vos sois la Madre de la divina gracia, conservad puras nuestras almas; sois la torre poderosa de David, defended el honor y la libertad de nuestra nación; sois el refugio de los pecadores, tronchad las cadenas de los esclavos del error y del vicio; sois el consuelo de los afligidos, socorred a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; sois el auxilio de los cristianos, conservad nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos. 

 Desde el trono de vuestra gloria atended a nuestras súplicas, ¡oh Madre del Carmelo! 
Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera vos sois la estrella luminosa. Os pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia para los niños; y para la juventud, una cristiana educación. 
 Apartad de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; alejad de nuestros mares las tormentas y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sed el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Sed el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio. ¡Oídnos pues, Reina y Madre clementísima! Y haced que viviendo unidos en la vida por la confesión de una misma fe y la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de esta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que os alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 20 de agosto de 2026

Explicación del Escudo del Carmen

 Orando así de rodillas, se me apareció la Virgen Carmelita

Explicación del Escudo del Carmen


Monte Carmelo, ensalzando con himnos y engrandeciendo a esta Madre de gracias diciendo: 

«Salve, Reina, Madre de misericordia y esperanza nuestra.»

Orando así de rodillas, se me apareció la Virgen Carmelita, la cual me habló en estos términos: 

«¡Oh Juan, oh Juan, Vicario de mi amado Hijo! Así como yo te libré de tu adversario, y por un favor señalado te hago Papa, gracia que he alcanzado de mi Hijo dulcísimo, así tú debes conceder gracia y amplia confirmación a mi santa y devota Orden de Carmelitas, comenzada en el Monte Carmelo por Elías y Eliseo, y como Vicario de mi Hijo debes confirmar en la tierra lo que Él ha determinado en el cielo: que cualquiera que profese, observe y guarde inviolablemente la Regla de mi siervo Alberto, Patriarca, aprobada por mi amado hijo Inocencio, y me persevere en santa obediencia, pobreza y castidad, o entrare en esta santa religión llevando la insignia del santo hábito (Escapulario), llamándose hermanos de mi Orden ya dicha, que desde el día que entraren sean libres y absueltos de la tercera parte de sus pecados, si en la viudez prometen continencia, si en el celibato guardan castidad virginal, si en el matrimonio conservan inviolablemente la fidelidad conyugal, como la Santa Madre Iglesia lo manda. Que los hermanos profesos de dicha Orden sean absueltos de culpa y pena, y el día que éstos salgan de este mundo y vayan apresurados al Purgatorio, yo, su Madre, bajaré a él graciosamente el sábado después de su muerte y libraré a cuantos allí hallare, y los llevaré al Monte Santo de la vida eterna. Mas estos cofrades están obligados a rezar las Horas canónicas como conviniere, según la Regla dada por Alberto: los que no sepan rezarlas, deben ayunar los días que manda la Iglesia, si no es que la necesidad lo impida, y guardar abstinencia de carne los miércoles y sábados, excepto cuando en alguno de estos días cayere la Natividad de mi Hijo.»  

Dicho esto, estando yo espantado y admirado, la Virgen, cercada de su resplandor admirable y celestial, desapareció de mi vista y subió a los cielos. Y yo, Juan, siervo de los siervos de Dios, di orden de que se cumpliesen con toda presteza y cuidado los mandatos de la Virgen Sacrosanta; y luego, por la mañana, delante de mis hermanos los Cardenales, confirmé el Sagrado Orden de los Carmelitas, lleno de toda santidad y resplandor, fundado en el Monte Carmelo por los santísimos Patriarcas Elías y Eliseo, y asimismo le hice libre y exento y le haré con muchos otros privilegios, y de nuevo otra vez lo confirmo y corroboro en la tierra, como Jesucristo lo confirmó y corroboró en el cielo por el amor de su gloriosísima Madre.  

Por tanto, a ninguno le sea lícito el irritar o con temeraria osadía contravenir a esta Bula de nuestra indulgencia o Estatuto de ordenación, confirmación y aprobación de este sagrado Orden; y si alguno temerariamente intentare hacerlo, sepa que ha incurrido en la indignación de Dios Todopoderoso y de los bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo.  

Dado en Aviñón, a 3 de Marzo de 1322.  

Explicación del Escudo del Carmen


Explicación del Escudo del Carmen


Sobre un fondo blanco, emblema de la pureza del Carmelo, representada por la capa blanca que, como legado de virtud y de poder de su Padre, el Profeta de Dios, San Elías, usan los religiosos carmelitas, se destaca un cono, que es figura del Monte Carmelo, y del Santo Hábito y Escapulario, que dentro de su manto abrigan los propios individuos; hábito que es pardo, negro u obscuro, en demostración de la penitencia continua ordenada en la Regla dada por San Alberto, Patriarca de Jerusalén. Sobre la cima del Monte hay una cruz, en veneración del primer carmelita descalzo, San Juan de la Cruz. Los carmelitas calzados no tienen esa cruz en su escudo.

En el centro de esta figurada montaña se pone una estrella, que ha de ser de plata, la cual es figura de Nuestro Padre San Elías, que en una cueva del corazón del Monte Carmelo instituyó, nueve siglos antes de la existencia del Cristianismo, la escuela o compañía de «Hijos de los Profetas», que por una continuación no interrumpida, son los mismos carmelitas de nuestros tiempos; y a los lados del cono hay otras dos estrellas, que han de ser de oro, las cuales representan la Divinidad y Humanidad de nuestro adorable Redentor, cuya doctrina propagaron y cuya Santa Iglesia ayudaron a consolidar los hijos del Carmelo.

Todo este conjunto se cobija bajo una corona de príncipe, que es la de María, Soberana Emperatriz de cielos y tierra, que así coronada y vestida con los colores y hábito del Carmen se ha dejado ver en distintas ocasiones, y ha expresado que tendrá siempre bajo su celestial amparo a todos los alistados en las filas del Carmelo.

Sobre esta corona se pone la de las doce estrellas, explicada en el Apocalipsis, para significar que nuestra Orden se halla adornada con toda la hermosura y brillantez de la Madre y Decoro del Carmelo. Remata el escudo el fuerte brazo de San Elías con su espada de fuego y el lema «Zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum», lo que significa que sus hijos siguen en todo su ejemplo para el logro de la mayor gloria de Dios, para la honra constante de María y para la salvación de las almas cristianas.

Tengamos, pues, en gran estima tan bella divisa, y no dudemos que, practicando lo que ella expresa, alcanzaremos la bienaventuranza eterna.


viernes, 14 de agosto de 2026

Rosario de Hoy Viernes Por Los Hijos

 Rosario de Hoy Viernes Por Los Hijos: Misterios Dolorosos

Rosario de Hoy Viernes Por Los Hijos



¿Cómo se reza el Rosario?


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

El Credo de los Apóstoles


Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. 

Como era en el principio, ahora y siempre, 

por los siglos de los siglos. Amén 

1. La oración en el Huerto de Getsemaní

Reflexión: En la soledad de Getsemaní, Jesús experimenta la angustia más profunda, la tristeza humana ante el dolor y el abandono. Sin embargo, en medio del miedo, nos enseña la forma más alta de amor y confianza: rendir nuestra voluntad a la del Padre.

  • Enseñanza para la vida: Pedimos la gracia de la paciencia en nuestros propios momentos de oscuridad y la fortaleza para decir siempre: "Que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

 un Padre nuestro, 

 diez Avemarías 

 y un Gloria.

2. La flagelación del Señor atado a la columna

Reflexión: El cuerpo inocente de Cristo soporta latigazos, injusticia y desprecio sin emitir una sola queja. Soportó el dolor físico por sanar las heridas que el pecado deja en nuestro propio cuerpo y espíritu.

  • Enseñanza para la vida: Pedimos la gracia de la pureza, la templanza y el valor para soportar con serenidad y dignidad las ofensas, las injusticias o los sufrimientos físicos.

 un Padre nuestro, 

 diez Avemarías 

 y un Gloria.

3. La coronación de espinas

Reflexión: Quien es el Rey del Universo acepta ser objeto de burlas, humillaciones y el dolor punzante de una corona de espinas. Jesús abraza la humildad absoluta para sanar nuestro orgullo, soberbia y pensamientos vanidosos.

  • Enseñanza para la vida: Pedimos la virtud de la humildad, el dominio de nuestros pensamientos y el respeto hacia los demás, aprendiendo a no juzgar ni burlarnos del prójimo.

 un Padre nuestro, 

 diez Avemarías 

 y un Gloria. 

4. Jesús con la Cruz a cuestas camino al Calvario

Reflexión: El camino de Jesús con la cruz refleja el peso de nuestras propias fallas y las cargas de la vida cotidiana. La aparición de Simón de Cirene nos recuerda que no estamos solos, y que también somos llamados a sostener el peso de nuestros hermanos.

  • Enseñanza para la vida: Pedimos la perseverancia para llevar nuestras cruces de cada día con amor, y el corazón dispuesto a ser "cireneos" para quienes atraviesan dificultades.

 un Padre nuestro, 

 diez Avemarías 

 y un Gloria.  

5. La crucifixión y muerte de Nuestro Señor

Reflexión: En el madero de la Cruz se entrega la prueba de amor más grande de la historia. Jesús perbona a quienes lo crucifican y entrega su último aliento al Padre, abriéndonos las puertas de la salvación eterna.

  • Enseñanza para la vida: Pedimos un corazón capaz de perdonar de verdad a quienes nos han herido y una fe inquebrantable para confíarle nuestra vida y nuestra alma al Padre en todo momento.

 un Padre nuestro, 

 diez Avemarías 

 y un Gloria.

DIOS TE SALVE

Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!   

María Asunta al Cielo

 

El Camino de la Esperanza: Reflexión sobre la Oración a María Asunta de San Pablo VI

La Solemnidad de la Asunción de la Virgen María nos invita a contemplar el destino último de la humanidad: la gloria eterna junto a Dios.


La Solemnidad de la Asunción de la Virgen María nos invita a contemplar el destino último de la humanidad: la gloria eterna junto a Dios. Entre las múltiples expresiones litúrgicas y poéticas dedicadas a este misterio, destaca con singular belleza la oración compuesta por el Papa San Pablo VI.

Esta plegaria no es solo un canto de alabanza, sino un mapa espiritual que conecta nuestra fragilidad cotidiana con la grandeza del cielo.

La Oración a María Asunta

Oh María Inmaculada Asunta al cielo,

tú que vives bienaventurada en la visión de Dios:

de Dios Padre que te hizo alta criatura, de Dios Hijo que quiso

ser generado como hombre por ti y tenerte como madre,

de Dios Espíritu Santo que en ti realizó la concepción humana del Salvador.

Oh María purísima,

Oh María dulcísima y bellísima,

Oh María, mujer fuerte y reflexiva.

Oh María, pobre y dolorosa,

María, virgen y madre,

mujer humanísima como Eva, más que Eva;

cercana a Dios en tu gracia, en tus privilegios,

en tus misterios,

en tu misión, en tu gloria.

Oh María asunta a la gloria de Cristo en la perfección completa

y transfigurada de nuestra naturaleza humana.

Oh María, puerta del cielo,

espejo de la Luz divina,

santuario de la Alianza entre Dios y los hombres,

deja que nuestras almas vuelen tras de ti

deja que se eleven tras tu radiante camino

transportadas por una esperanza que el mundo no tiene, la de la dicha eterna.

Consuélanos desde el cielo, oh Madre misericordiosa,

y por tus caminos de pureza y esperanza guíanos un día al encuentro feliz contigo

y con tu divino Hijo nuestro Salvador Jesús. ¡Amén!

Claves de reflexión: ¿Qué nos enseña esta plegaria?

1. La huella de la Trinidad en María

San Pablo VI comienza recordando que la grandeza de María no es un logro aislado, sino la obra perfecta de la Santísima Trinidad:

  • El Padre la crea como la más alta de las criaturas.

  • El Hijo la elige como madre terrenal.

  • El Espíritu Santo realiza en ella la encarnación del Redentor.

2. Mujer «humanísima»: Cercana a nuestras penas

A diferencia de representaciones distantes o frías, esta oración define a la Virgen como una mujer "fuerte y reflexiva", pero también "pobre y dolorosa". María no ignoró el sufrimiento; caminó por el dolor de este mundo y, por lo tanto, comprende profundamente las pruebas por las que atravesamos hoy. Es humanísima, más que la misma Eva, porque en ella la humanidad alcanzó su pleno "sí" a Dios.

3. La transfiguración de nuestra propia naturaleza

El misterio de la Asunción nos recuerda que María no fue llevada al cielo solo en alma, sino en la totalidad de su ser. Ella es la premisa de lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros: transfigurar nuestra naturaleza humana para llevarnos a la gloria de Cristo.

4. Una esperanza que el mundo no tiene

En un tiempo marcado por la incertidumbre, la oración culmina con una petición llena de consuelo: «deja que nuestras almas vuelen tras de ti [...] transportadas por una esperanza que el mundo no tiene». La Asunción de María es la prueba firme de que nuestra historia no termina en la tierra, sino en la dicha eterna.

Vivir hoy el mensaje de la Asunción

Rezar esta oración nos desafía a mirar al cielo sin despegar los pies de la tierra. María nos invita a ser portadores de esa misma esperanza en nuestras familias, trabajos y comunidades.

Al invocar a María como Puerta del Cielo y Espejo de la Luz Divina, le pedimos que nos tome de la mano para recorrer, día a día, caminos de pureza, fe y fraternidad hasta alcanzar el encuentro definitivo con Jesús.



lunes, 27 de julio de 2026

Coronilla a San Miguel Arcángel

 Coronilla a San Miguel Arcángel se comienza la Corona rezando la siguiente invocación:

Coronilla a San Miguel Arcángel


En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

(Hacer Petición o Agradecimiento).


I. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas y así recibir dignamente en nuestros corazones, el fuego de la Caridad Perfecta. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


II. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado, y seguir el camino de la Perfección Cristiana. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


III. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones, el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


IV. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Dominaciones, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


V. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Potestades, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


VI. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de las Virtudes, que Dios Nuestro Señor nos conserve de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


VII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Principados, que Dios Nuestro Señor se digne llenar nuestras almas con el verdadero espíritu de obediencia. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


VIII. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de Los Arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de la perseverancia final en la Fe, y en las buenas obras, y así nos lleve a la Gloria del Paraíso. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


IX. Por la intercesión de San Miguel y el Coro Celestial de los Ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal, y nos guíen a la Gloria Eterna. Amén.

1 Padre Nuestro

3 Avemarías


Conclusión

En honor a San Miguel. (1 Padre Nuestro)

En honor a San Gabriel. (1Padre Nuestro)

En honor a San Rafael. (1 Padre Nuestro)

En honor a nuestro ángel de la Guarda. (1 Padre Nuestro)


O Glorioso Príncipe San Miguel, Jefe Principal de la Milicia Celestial, Guardián fidelísimo de las almas, Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en el Palacio del Rey Divino,…Sois nuestro admirable Guía y Conductor.


Tú que brillas con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, líbranos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a ti Asístenos con vuestra afable protección para que seamos más y más fieles al servicio de Dios todos los días de nuestra vida.


V. Rogad por nosotros, O Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.


Omnipotente y Eterno Dios, te adoramos y bendecimos. En vuestra maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, has escogido al Glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de tu Iglesia.


Humildemente te suplicamos, Padre Celestial, que nos libréis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor Nuestro, guiadnos por medio de este mismo Arcángel. Envíale que nos conduzca a la Presencia de Vuestra Excelsa y divina Majestad. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Información adicional

La coronilla fue revelada en Portugal a la sierva de Dios Antónia de Astónaco aproximadamente en el año 1750. El arcángel Miguel le dijo a la religiosa que deseaba ser honrado mediante la recitación de nueve salutaciones a través de las cuales se invoca la intercesión de San Miguel y del Coro Celestial correspondiente, rezando un padrenuestro y tres avemarías en cada salutación.


Esta devoción se propagó a lo largo de otros países. El papa Pío IX el 8 de agosto de 1851 concedió las siguientes indulgencias a quienes recen la coronilla:


Indulgencia parcial, a los que recen esta Corona con el corazón contrito.

Indulgencia parcial, cada día que lleven consigo la Corona o besaren la medalla de los Santos Ángeles que cuelga de ella.

Indulgencia plenaria, a aquellos que la rezaren una vez al mes, el día que escogieren, verdaderamente contritos, confesados y comulgados, rogando por las intenciones de su Santidad.

Indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, en las fiestas de la Aparición de San Miguel Arcángel (8 de mayo); de su Dedicación (29 de septiembre); y de los Santos Ángeles Custodios (2 de octubre).


Promesas y Beneficios

El arcángel Miguel prometió a quien rece la coronilla:


Enviar un ángel escogido de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la comunión.

Y a quienes reciten estas nueve salutaciones todos los días les asegura que:

Disfrutarán de su asistencia continua durante esta vida y también después de la muerte.

Serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.

Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre

 Padre Nuestro: Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre

Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre


En el Credo encontramos afirmado que Jesús «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». La vida terrena de Jesús culmina con el acontecimiento de la Ascensión, es decir, cuando Él pasa de este mundo al Padre y es elevado a su derecha. ¿Cuál es el significado de este acontecimiento? ¿Cuáles son las consecuencias para nuestra vida? ¿Qué significa contemplar a Jesús sentado a la derecha del Padre? En esto, dejémonos guiar por el evangelista Lucas.


Partamos del momento en el que Jesús decide emprender su última peregrinación a Jerusalén. San Lucas señala: «Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de caminar a Jerusalén» (Lc 9, 51). Mientras «sube» a la Ciudad santa, donde tendrá lugar su «éxodo» de esta vida, Jesús ve ya la meta, el Cielo, pero sabe bien que el camino que le vuelve a llevar a la gloria del Padre pasa por la Cruz, a través de la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. El Catecismo de la Iglesia católica afirma que 

«la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo» (n. 662). 

También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, también cuando requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros programas. La Ascensión de Jesús tiene lugar concretamente en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado en oración antes de la Pasión para permanecer en profunda unión con el Padre: una vez más vemos que la oración nos dona la gracia de vivir fieles al proyecto de Dios.


Al final de su Evangelio, san Lucas narra el acontecimiento de la Ascensión de modo muy sintético. Jesús llevó a los discípulos «hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante Él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53). Así dice san Lucas. Quisiera destacar dos elementos del relato.

 Ante todo, durante la Ascensión Jesús realiza el gesto sacerdotal de la bendición y con seguridad los discípulos expresan su fe con la postración, se arrodillan inclinando la cabeza. Este es un primer punto importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote que, con su Pasión, atravesó la muerte y el sepulcro y resucitó y ascendió al Cielo; está junto a Dios Padre, donde intercede para siempre en nuestro favor (cf. Hb 9, 24). 

Como afirma san Juan en su Primera Carta, Él es nuestro abogado: ¡qué bello es oír esto! Cuando uno es llamado por el juez o tiene un proceso, lo primero que hace es buscar a un abogado para que le defienda. Nosotros tenemos uno, que nos defiende siempre, nos defiende de las asechanzas del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados. 

Queridísimos hermanos y hermanas, contamos con este abogado: no tengamos miedo de ir a Él a pedir perdón, bendición, misericordia. Él nos perdona siempre, es nuestro abogado: nos defiende siempre. No olvidéis esto. La Ascensión de Jesús al Cielo nos hace conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada junto a Dios; Él nos abrió el camino; Él es como un jefe de cordada cuando se escala una montaña, que ha llegado a la cima y nos atrae hacia sí conduciéndonos a Dios. Si confiamos a Él nuestra vida, si nos dejamos guiar por Él, estamos ciertos de hallarnos en manos seguras, en manos de nuestro salvador, de nuestro abogado.


Un segundo elemento: san Lucas refiere que los Apóstoles, después de haber visto a Jesús subir al cielo, regresaron a Jerusalén «con gran alegría». Esto nos parece un poco extraño. Generalmente cuando nos separamos de nuestros familiares, de nuestros amigos, por un viaje definitivo y sobre todo con motivo de la muerte, hay en nosotros una tristeza natural, porque no veremos más su rostro, no escucharemos más su voz, ya no podremos gozar de su afecto, de su presencia. En cambio el evangelista subraya la profunda alegría de los Apóstoles. ¿Cómo es esto? Precisamente porque, con la mirada de la fe, ellos comprenden que, si bien sustraído a su mirada, Jesús permanece para siempre con ellos, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos.


San Lucas narra el hecho de la Ascensión también al inicio de los Hechos de los Apóstoles, para poner de relieve que este acontecimiento es como el eslabón que engancha y une la vida terrena de Jesús a la vida de la Iglesia. Aquí san Lucas hace referencia también a la nube que aparta a Jesús de la vista de los discípulos, quienes siguen contemplando al Cristo que asciende hacia Dios (cf. Hch 1, 9-10).

 Intervienen entonces dos hombres vestidos de blanco que les invitan a no permanecer inmóviles mirando al cielo, sino a nutrir su vida y su testimonio con la certeza de que Jesús volverá del mismo modo que le han visto subir al cielo (cf. Hch 1, 10-11). Es precisamente la invitación a partir de la contemplación del señorío de Cristo, para obtener de Él la fuerza para llevar y testimoniar el Evangelio en la vida de cada día: contemplar y actuar ora et labora —enseña san Benito—; ambas son necesarias en nuestra vida cristiana.


Queridos hermanos y hermanas, la Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él vive en medio de nosotros de un modo nuevo; ya no está en un sitio preciso del mundo como lo estaba antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, cerca de cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: contamos con este abogado que nos espera, que nos defiende. 

Nunca estamos solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros se encuentran numerosos hermanos y hermanas que, en el silencio y en el escondimiento, en su vida de familia y de trabajo, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto a nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, que subió al Cielo, abogado para nosotros. 




Fuente: https://www.vatican.va/

miércoles, 22 de julio de 2026

Rito de la Bendición e Imposición del Escapulario

Rito de la Bendición e Imposición del Escapulario de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo


Rito de la Bendición e Imposición del Escapulario

  1. La bendición e imposición del Escapulario de la B. V. María delMonte Carmelo se hará preferentemente durante una celebración comunitaria.
  2. La imposición del Escapulario comporta la agregación a la familia carmelita. Tienen facultad de bendecir el Escapulario los sacerdotes y diáconos; pueden también imponerlo otras personas autorizadas.
  3. Para la bendición e imposición debe usarse el Escapulario del Carmen en su forma tradicional. Después puede sustituirse por la medalla.
  4. La bendición e imposición del Escapulario se realiza según los ritos y las oraciones que siguen. La celebración comprende los ritos iniciales, la lectura de la Palabra de Dios y las preces, la oración de bendición e imposición del Escapulario y los ritos conclusivos. Así se expresa de manera completa el sentido que tiene el Escapulario en la vida de los fieles que lo reciben.
  5. Es necesario que en la celebración quede bien expresado el sentido espiritual de las gracias unidas al Escapulario de la Virgen del Carmen y los compromisos asumidos con este signo de devoción a la Santísima Virgen.

Rito de la Bendición e imposición del escapulario

Ritos iniciales

 6. Reunidos los fieles ante el altar 

O ante una imagen de la Virgen, el celebrante acoge a los fieles. Se canta oportunamente un canto apropiado o se guarda un momento de silencio. Terminado el canto o el silencio, el ministro dice: 
℣ En el nombre del Padre , y del Hijo y del Espíritu Santo. 
Todos se santiguan y responden: 
℟ Amén.
 Luego, el celebrante saluda a los presentes, diciendo: 
℣ El Señor esté con vosotros. 
Y todos responden:
 ℟ Y con tu espíritu. 
O bien: 
℣ La gracia de nuestro Señor Jesucristo, nacido de la Virgen María, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
Todos responden: 
℟ Y con tu espíritu. 

7. El celebrante exhorta a los presentes a participar en el rito

Explicando la naturaleza de la celebración con estas o parecidas palabras:
 [Encarnación — fe — Sacramentos] 
Durante la vida terrena de Jesús, aquel que tocaba, aunque sólo fuese los flecos de su manto, quedaba curado. Alabamos al Señor porque en su Iglesia continúa usando los medios más humildes para mostrarnos su inmensa misericordia. 
También nosotros podemos utilizarlos para glorificar al Señor, para expresar nuestro deseo de servirlo y para renovar nuestro compromiso de fidelidad, contraído por la consagración bautismal para toda nuestra vida. [El Escapulario de la B.V.M del Monte Carmelo] 
El Escapulario del Carmen es un signo del amor maternal de la Virgen María, que recuerda su iniciativa en favor de los miembros de la familia carmelita, particularmente en los momentos de mayor necesidad.
Es un amor que pide una respuesta también de amor.
Este Escapulario es signo de comunión con la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, dedicada al servicio de la Virgen para el bien de toda la Iglesia. Con él expresáis el deseo de participar del espíritu y de la vida de la Orden. El Escapulario es un espejo de la humildad y de la castidad de María; por su sencillez nos invita a vivir modestamente y con pureza.

Llevándolo día y noche es signo de nuestra oración continua y de nuestra particular dedicación al amor y al servicio de la Virgen María. Llevando el Escapulario renováis vuestro compromiso bautismal de revestiros de nuestro Señor Jesucristo. En María será salvaguardada vuestra esperanza de salvación, porque el Dios de la Vida ha fijado su morada en Ella. Proclamación de la Palabra de Dios.

8. Luego uno de los presentes

O el mismo celebrante, proclama un texto de la Sagrada Escritura, seleccionado principalmente entre los que en Leccionario hacen referencia al misterio de la salvación o a Santa María Virgen. 
Se indican a continuación algunos textos considerados los más apropiados: 
  1. Del Antiguo Testamento: Pr 8, 17-21: Yo amo a quienes me aman. Is 61, 10-11: Me ha revestido de un manto de justicia. 2Re 2, 7-13: El manto de Elías cae sobre Eliseo. Ba 5, 1-5: Revestíos de la belleza de Dios. Ez 16, 8-14: Tu belleza era perfecta. 
  2. Del Nuevo Testamento: Mc 5, 25-34: La mujer tocó el vestido de Jesús y quedó curada. Lc 2, 4-8: María envolvió en pañales a su Primogénito. Rm 12, 1-2: Este es vuestro culto espiritual. Gal 4, 4-7: Dios ha enviado a su Hijo nacido de una mujer. Ef 4, 17.20-24: Revestíos del hombre nuevo. Ef 6, 10-17: Tomad fuerza del Señor.

 9. Terminada la lectura

El ministro exhorta a los presentes: ‒ explicando el sentido de la celebración, ‒ las gracias y los compromisos que se derivan del Escapulario, a la luz de la Palabra de Dios. ‒ Luego, es conveniente unos instantes de silencio. Preces 

10. Sigue la oración común

Se proponen algunas intenciones, de las que se pueden elegir las más adecuadas o añadir otras relacionadas con las peculiaridades de los fieles o de las circunstancias. El celebrante empieza diciendo:
 ℣ Pidamos ahora al Padre por intercesión de la Virgen María, en cuyo seno se encarnó el Hijo de Dios para habitar entre nosotros, que testimoniemos con nuestras obras el Evangelio, y digamos: 
℟ Concédenos, Señor, revestirnos de Jesucristo.
 ℣ Padre santo, que has querido que tu Hijo asumiera nuestra carne para hacernos partícipes de tu vida divina, — por intercesión de María, su perfecta discípula, haz que nos revistamos interiormente de tu gracia.
 ℟ ℣ Padre santo, que has querido que tu Hijo se hiciera semejante a nosotros, excepto en el pecado, para que, siguiendo sus huellas, nos configuremos con él, — por intercesión de la Virgen, haz que imitemos a Cristo y que seamos por nuestras obras ofrenda agradable a ti.
 ℟ ℣ Padre Santo, que para revelarnos tu amor nos invitas al banquete de la gracia y nos pides revestirnos con el hábito nupcial, — por intercesión de la Madre de tu Hijo, haz que nos revistamos de su caridad operante y de su amoroso servicio. 
℟ ℣ Padre santo, que has querido que la Virgen María aplastara la cabeza de la serpiente, — por su intercesión, haz que seamos capaces de vencer las insidias del maligno en nuestro vivir en medio del mundo. 
℟ ℣ Padre santo, que has elegido a la Virgen María como arca de la Nueva Alianza, — por su intercesión, purifica nuestros corazones y fortalece nuestra fe. 
℟ ℣ Padre santo, que has mirado la humillación de tu esclava para que proclamara tu grandeza, — por su intercesión, haz que anunciemos tu reino y proclamemos tu misericordia de generación en generación. 
℟ ℣ Padre santo, que has dado a tu Hijo una madre, que lo cuidara amorosamente, — por su intercesión, haz que amemos a los pobres y marginados, y con ellos construyamos un mundo más justo y fraterno. 
℟℣ Padre santo, que nos has revestido con el manto de la justicia y de la santidad, — por la intercesión de la Virgen María, santifícanos en Cristo y haznos cooperadores generosos en la obra de salvación del mundo. 
℟ ℣ Padre santo, que nos has bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales, — por la intercesión de la Virgen María, haz que pasemos felizmente de la muerte a la vida que no se acaba. 
℟ Oración de bendición 

11. El celebrante, con las manos extendidas

Añade: ℣ Oh Dios, origen y cumplimiento de nuestra santidad, que llamas a la plenitud de la vida cristina y a la perfección de la caridad a los que han renacido del agua y del Espíritu Santo, mira con bondad a estos siervos tuyos que reciben con devoción este Escapulario del Carmen que llevarán diligentemente como un signo de su consagración a la Virgen María del Monte Carmelo. Haz que sean imagen de Cristo, tu Hijo, y así, terminado felizmente su paso por esta vida, con la ayuda de la Virgen Madre de Dios, sean admitidos en el gozo de tu morada. Por Jesucristo nuestro Señor. ℟ Amén.

A continuación, el celebrante hace la aspersión con agua bendita.

Imposición del Escapulario 

12. Luego, el celebrante impone el Escapulario a los candidatos, diciendo: 

℣ Recibe este Escapulario por el cual quedas admitido en la cofradía de la familia de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, y confía en el amor de tan gran Madre. Compórtate de tal manera que, con la ayuda de la santísima Virgen, te esfuerces cada día más en vestirte de Cristo y hacer que su vida se manifieste en la tuya para gloria de la Santísima Trinidad y para el bien de la Iglesia y de los hombres. ℟ Amén. 

13. Según las circunstancias

El celebrante pronuncia la fórmula de imposición en voz alta una sola vez para todos. Todos a la vez responden Amén y se acercan al celebrante, o a la persona autorizada, para recibir el Escapulario.

14. Terminada la imposición

El celebrante, vuelto hacia los que han recibido el Escapulario, dice: ℣ Por la bendición e imposición de este Escapulario habéis sido admitidos en la familia del Carmelo, dedicada a la imitación y al servicio de la Virgen, Madre de Dios, para que podáis servir con mayor dedicación a Cristo y a su Iglesia, con el mismo espíritu contemplativo y apostólico de la Orden del Carmen. Para que lo consigáis con más perfección, yo, con la potestad que se me ha concedido, os admito a participar de todos los bienes espirituales de la misma Orden. 

15. El celebrante 

Instruye a los fieles sobre los compromisos y obligaciones que comporta la admisión en la familia del Carmelo. Conclusión del rito 

16. El celebrante concluye el rito con la bendición solemne

  •  ℣ Dios Padre os llene de su amor misericordioso, que nos ha dado en Cristo Jesús, hijo de la Virgen María. 
  • ℟ Amén.
  •  ℣ Nuestro Señor Jesucristo os haga partícipes del amor del Padre y de la ternura materna de la Virgen del Carmen, para que podáis obrar todo bien. 
  • ℟ Amén. 
  • ℣ El Espíritu Santo, que os ha inspirado ponernos bajo el manto de María, os haga apóstoles para recorrer los caminos de la paz y de la justicia. 
  • ℟ Amén. 
  • ℣ Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo descienda sobre vosotros. 
  • ℟ Amén. O bien:
  • ℣ El Señor nos bendiga , nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna. 
  • ℟ Amén. 

17. Es aconsejable terminar el rito con un canto mariano adecuado

Por ejemplo: Flos Carmeli, Salve Regina, o Sub tuum praesidium. 

Rito Breve de Bendición e Imposición del Escapulario

Rito inicial 

18. El celebrante, delante de una imagen de la Virgen

Exhorta a los que van a recibir el Escapulario, invitándoles a participar dignamente en la celebración. Luego, dice: 
℣ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
 ℟ Amén. 
℣ La gracia de nuestro Señor Jesucristo, nacido de Santa María Virgen, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. 
℟. Y con tu espíritu

19. El celebrante expone brevemente el significado de la bendición e imposición del Escapulario. 

Lectura de la Palabra de Dios 

20. Uno de los presentes, o el mismo celebrante, proclama un texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo: 

  1. Del Antiguo Testamento: Pr 8, 17-21: Yo amo a quienes me aman. Is 61, 10-11: Me ha revestido de un manto de justicia. 2Re 2, 7-13: El manto de Elías cae sobre Eliseo. Ba 5, 1-5: Revestíos de la belleza de Dios. Ez 16, 8-14: Tu belleza era perfecta. 
  2. Del Nuevo Testamento: Mc 5, 25-34: La mujer tocó el vestido de Jesús y quedó curada. Lc 2, 4-8: María envolvió en pañales a su Primogénito. Rm 12, 1-2: Este es vuestro culto espiritual. Gal 4, 4-7: Dios ha enviado a su Hijo nacido de una mujer. Ef 4, 17.20-24: Revestíos del hombre nuevo. Ef 6, 10,17: Tomad fuerza del Señor. Preces 

21. Sigue la oración común

Se proponen algunas intenciones, de las que se pueden elegir las más adecuadas o añadir otras relacionadascon las peculiaridades de los fieles o de las circunstancias. El celebrante empieza diciendo: ℣ Roguemos a Dios, nuestro Padre, por intercesión de la Virgen María, diciendo:
 ℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario sean revestidos de Cristo con la gracia del Espíritu Santo, roguemos, al Señor: 
℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario vivan su compromiso bautismal de revestirse de Cristo, roguemos al Señor: 
℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario sean fortalecidos en la fe, la esperanza y la caridad, roguemos al Señor: 
℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario sean siempre miembros vivos de la familia del Carmelo con sus oraciones, sacrificios y buenas obras, roguemos al Señor: 
℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario sean una continuación del amor que Jesús profesaba a su Madre, roguemos al Señor:
 ℟ Te rogamos, óyenos.
℣ Para que quienes visten el Escapulario se revistan de las virtudes de la Virgen purísima, sepan escuchar la palabra de Dios y vivirla cada día, roguemos al Señor:
 ℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario, por la intercesión de María, sean iluminados en la contemplación, gozosos en la fraternidad y celosos en el servicio a los demás, roguemos al Señor:
 ℟ Te rogamos, óyenos. 
℣ Para que quienes visten el Escapulario vivan de modo que entren a formar parte de la asamblea de los santos, con María santísima, revestidos del vestido nupcial, roguemos al Señor:
 ℟ Te rogamos, óyenos. Oración de bendición 

22. El celebrante, con las manos extendidas, dice: 

℣ Padre santo, que te complaces en la caridad y la acrecientas, tú has querido que tu Unigénito Jesucristo se encarnara en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; concede a este hijo tuyo (esta hija tuya), que recibe con devoción el Escapulario de la familia de la bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, la gracia de revestirse del Señor Jesús en todas las circunstancias de esta vida y alcance así la gloria eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amén. El celebrante hace la aspersión con agua bendita.

 Imposición del Escapulario 

23. El celebrante impone el Escapulario diciendo:

 ℣ Recibe este Escapulario por el cual quedas admitido en la familia de la bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, llévalo como signo de su protección maternal y de tu compromiso de imitarla y servirla. Que ella te ayude a revestirte de Cristo, para gloria de la Santísima Trinidad y para cooperar en la Iglesia al bien de los hermanos.
 ℟ Amén. 

24. Terminada la imposición

El celebrante anuncia la admisión a la familia Carmelitana con estas o parecidas palabras: Por la facultad que me ha sido concedida, te admito a la participación de todos los bienes espirituales del Orden del Carmen. El celebrante explica los compromisos y las obligaciones que comporta el vestir dignamente el Escapulario.

 Conclusión del rito

 25. El celebrante concluye el rito con la bendición, diciendo: 

℣ La bendición de Dios todopoderoso  , Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.
℟ Amén. O bien: 
℣ El Señor nos bendiga , nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna. 
℟ Amén.

 Avisos prácticos 

 El Escapulario se impone una sola vez en la vida. La imposición se debe realizar con uno de tela. ‒ Cuando a alguien a quien ya se le ha impuesto se le deteriora el santo Escapulario (de tela), lo cambia por otro nuevo que ya no necesitará de bendición. ‒ Una vez impuesto, está autorizado el uso de la medalla-escapulario, siempre que por un lado lleve la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y por el otro la de la Santísima Virgen María. 



jueves, 16 de julio de 2026

Oración a Nuestra Virgen del Carmen para Darle Gracias

 Oración a Nuestra Virgen del Carmen para Darle Gracias  por un Favor Recibido

Oración a Nuestra Virgen del Carmen para Darle Gracias  por un Favor Recibido


¡Oh esperanza dulcísima de los que os invocan, Santísima Madre mía del Carmen! El amor y la gratitud me conducen a vuestros sagrados pies, para rendiros el homenaje de mi profunda gratitud por el señalado beneficio que de la infinita bondad de Dios me habéis alcanzado. Alaben al Señor por ello los cielos y la tierra, y no cese mi lengua de cantar las bondades divinas, y vuestra infinita misericordia ¡oh Madre mía! al interceder por mí pobre pecador. Que sepa corresponder a este gran beneficio, viviendo desde hoy en adelante más estrechamente unido a Vos, para que, perseverando firme en la senda de la perfección cristiana, viva santamente y pueda algún día cantar el himno eterno de la gloria. Amén.

Oración a Nuestra Señora del Carmen Por la Salud de Un Enfermo

Oración a Nuestra Señora del Carmen Para Pedir la Salud de Un Enfermo




Oración a Nuestra Señora del Carmen Para Pedir la Salud de Un Enfermo
¡Oh piadosísima Madre mía del Carmen! Aquí vengo a ponerme en vuestra sagrada presencia para solicitar de Vos una gracia, la curación de este pobre enfermo (o enferma) que deseo obtener de vuestra bondad sin límite. 

Tened compasión de él (o de ella) Madre mía, Vos que sois la salud de los enfermos; dádsela cumplida, aunque su enfermedad sea grave y su estado desesperado (si así fuera) pues Vos todo lo podéis con vuestro Hijo Divino. 

El es la resurrección y la vida, la fuente perenne de todo bien, y Vos sois el canal por donde se nos comunican todas las gracias, la llave que nos abre todos sus tesoros. A los innumerables enfermos que habéis sanado, agréguese también este por quien hoy os ruego. Alcanzadle la salud si le conviene, para que, recobrada con ella la alegría interior del espíritu, sirva fielmente al Señor en esta vida, y después vaya a cantar sus misericoridias y las vuestras en el cielo por toda la eternidad. Amén.


Oración a la Virgen del Carmen Para Pedir La Coversión de Un Pecador

Súplica para la conversión de un pecador



Virgen Santísima del Carmen! Aquí me tenéis postrado a vuestras virginales plantas implorando vuestro poderoso
¡Oh especial abogada y refugio de pecadores, Virgen Santísima del Carmen! Aquí me tenéis postrado a vuestras virginales plantas implorando vuestro poderoso valimiento a favor del desventurado pecador cuya eterna salvación tanto me interesa. Miradle con ojos de misericordia, ¡oh Madre mía!; hacedle comprender el tristísimo estado de interceder por mí pobre pecador. Que sepa corresponder a este gran beneficio, viviendo desde hoy en adelante más estrechamente unido a Vos, para que, perseverando firme en la senda de la perfección cristiana, viva santamente y pueda algún día cantar el himno eterno de la gloria. Amén.


Oración a Nuestra Señora del Carmen Por Los Navegantes

A la Virgen del Carmen Por Los Navegantes

Oración a Nuestra Señora del Carmen Por Los Navegantes
A Vos claman fervorosamente ¡oh hermosísima y lucidísima Estrella de los mares, María Santísima del Carmen!, los que por deber o necesidad surcan las aguas del mar. En Vos ponen su confianza y a Vos se encomiendan al emprender la travesía: 

a Vos acuden durante ella para que los libréis de los peligros a que continuamente se ven expuestos, ora por la furia de los vientos, ora por la fiereza de la tempestad; y a Vos llaman en su socorro con ayes lastimeros de dolor en el momento de la borrasca, cuando las espumosas y encrespadas olas envuelven a la nave amenazando sumergirla de uno a otro instante. 

Vos, como madre amantísima, acudís entonces en auxilio de vuestros siervos y devotos y, concediéndoles bonanza, los libráis de un seguro naufragio,no cesando en vuestra protección hasta haberlos conducido a seguro puerto.

Yo me uno, Virgen Santísima del Carmen, a las plegarias con que os invocan todos los navegantes, y os suplico, Señora, encarecidamente que los amparéis y salvéis de todos los riesgos del mar. Especialmente os pido por vuestro siervo (o sierva) N. N., que en este momento se halla navegando. Cubridlo con vuestro manto maternal y protector; mostraos con él (o ella) Madre amorosísima, defendiéndole de todo peligro, y conducidlos a feliz destino.

Os pido también, Virgen Sacratísima, por esos pobres pescadores que en frágiles barquillas se lanzan a turbulentas costas o peligrosas bahías por ganar el propio sustento y el de sus familias. Amparad a todos los que navegan, y sea vuestro Santo Escapulario escudo que los defienda, faro que los ilumine, áncora que los salve y nave que los conduzca también al deseado puerto de la gloria eterna. Amén.



Lamentos de las Benditas Ánimas del Purgatorio

Que Dios nos saque de penas Y nos lleve a descansar

Lamentos de las Benditas Ánimas del Purgatorio

Oíd, mortales piadosos,

Y ayudadnos a alcanzar

Que Dios nos saque de penas

Y nos lleve a descansar.

¡Oh vosotros, caminantes,

Suspended, oíd, parad!

Bastará solo el oírnos

A mover vuestra piedad:

Hoy pide nuestra aflicción

Que queráis cooperar.

Que Dios nos saque de penas

Y nos lleve a descansar.

¡No hay dolor, angustia, pena,

Ni martirio el más cruento,

Que llegue a sombra o pintura

De nuestro menor tormento!

Sólo alivia nuestros males

De vuestro amor esperar.

Que Dios nos saque de penas

Y nos lleve a descansar.

¡Ay de mí, ay Dios severo!

¡Ay llama voraz y activa!

¡Ay bien merecido fuego!

¡Ay conciencia siempre viva!

¡Ay Justicia que no acabas!

Ay, ¿cuándo se ha de llegar?

Que Dios nos saque de penas

Y nos lleve a descansar.

Aquí estoy en Purgatorio,

De fuego en cama tendido,

Siendo mi mayor tormento

La ausencia de un Dios querido:

Padezco sin merecer,

Por mí no basto a alcanzar

¡Ay culpa, lo que me cuestas!

Nunca pensé en tu fiereza:

Pues con tanto fuego pago

Lo que juzgué ligereza.

¡Cielos, piedad! ¡Basta, Cielos!

¿Cuándo el día se ha de llegar?

Todo lo que aquí padezco

Es justo, santo y debido,

Pues no se purga con menos

Haber a un Dios ofendido.

¡Ay, que pude no ofenderle!

¡Ay, que no hay más que esperar!

Padres, hermanos, amigos,

¿Dónde está la caridad?

¿Favorecéis a un extraño

Y para mí no hay piedad?

¡Ea, venga una limosna,

Un sufragio o un rogar!

Hijo ingrato que paseas

Tan ricamente vestido,

Y a costa de mis sudores

Descansas en tanto olvido:

¡Mira a tu padre quemando,

Y lo puedes remediar!

Quizá en ti no será arbitrio,

Sí obligación de justicia,

Pues no cumples testamentos,

Aquí estoy por tu perezosa malicia.

¡Abre los ojos, despierta!

Paga, haciendo acelerar.

Hermanos todos en Cristo,

Los que oís estos suspiros,

Si queréis podéis sacarnos

De estos lóbregos retiros,

Con sufragios, sacrificios,

Y devotamente orar

El más alto sacrificio

Del Cordero Inmaculado

Nos es el primer sufragio

Para purgar el pecado.

Su santa Cruz y Pasión

Son medios para lograr

De Getsemaní en el Huerto

Sangre sudó el Redentor,

Contemplando de estas penas

El gran tormento y rigor:

Al Padre Eterno se ofrece,

No cesando allí de orar

Es María del Monte Carmelo

Y su ilustre Cofradía,

Quien nos libra de los males

Y nos colma de alegría:

Su nombre el mal nos mitiga,

Siendo el medio de alcanzar

En vista de tal piedad,

No te olvides, oh mortal,

De este pío camposanto,

Cementerio de hospital.

Sigue, pues, la Cofradía

Que tierna te insta a clamar

Atiende y mira, cristiano,

Que en aqueste cementerio

Tal vez tus padres y deudos

Esperan de ti el remedio.

A la Virgen y a los santos,

Pedidles, quieran mediar

Cofrades, fieles, amigos,

Dad crédito a estos lamentos:

Obrad bien, evitad culpas,

Para huir de estos tormentos.

¡Socorro, piedad, alivio!,

Concluimos con gritar:

Oíd, mortales piadosos,

Y ayudadnos a alcanzar

Que Dios nos saque de penas

Y nos lleve a descansar.

Antífona: Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua.

L/: Y oí del Cielo una voz que me decía.

R/: Bienaventurados los que murieron en el Señor.

ORACIÓN

Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.




OBSEQUIO: En sufragio de las santas Ánimas, tomar la generosa resolución de asistir al Novenario cada día o de suplir haciendo la Novena en casa, si alguno estuviese impedido de ir a la iglesia.